#SemanaDelChe El otro Cortázar, encontrado en La Habana

Gabriela Krause
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Periodista | Escritora | Poeta, feminista y militante de causas que se presumen perdidas. ¿Dónde está Santiago Maldonado?Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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“Fue en La Habana donde encontré al otro Julio, ése al que yo acompañé durante tantos años”

Julio Cortázar fue un escritor clave de la literatura argentina. Con aires franceses y argentos, según la ocasión, ha dejado detrás de si un material de lectura inagotable. Sus temáticas fueron variadas, como lo fueron los géneros por los que ha oscilado durante su carrera. Pero aparte fue considerado una especie de intelectual, y por tanto, se lo consultaba muchísimo – así como se pronunciaba, también, desde el arte – sobre temas de política coyuntural. El contexto en el cual vivió, fueron épocas muy turbulentas y las vio, algunos dicen, desde la lupa que posó en Francia, desde su exilio. Algunos le atribuyen una visión burguesa. Otros, observan un compromiso fuerte en la figura del escritor. Entre tantas cosas sobre las que se pronunció, Cortázar ha mencionado al Che, tanto en conferencias, como en cuento, poesía y entrevistas. ¿Eran conciliables, el hombre detrás del papel y el comandante de la Patria Grande?

Cuando el nombre de Julio sale a la luz, en una charla tanto de tinte político como de tinte puramente literario, resultan inevitables las menciones respecto de las posturas políticas. Muchos peronistas dirán que Cortázar era un burgués de derecha, lo mismo que muchas personas de izquierda, pero para los burgueses, Cortázar era un zurdo más. Esto sucede a menudo, cuando nacen las supuestas contradicciones entre los dichos y el modo de vida. Como a un militante de izquierda hoy se le cuestiona la veracidad de sus palabras si provienen desde un iPhone, a Cortázar no se le perdona su mirada latinoamericana naciendo desde el exilio, desde la supuesta vida cómoda.

El animal literario 

“Así como los franceses suelen referirse al hombre como un animal pensante o un animal filosófico, yo soy un animal literario. Nací para la literatura y si fui asumiendo lentamente este compromiso de tipo ideológico que ustedes me conocen, eso fue al término de un proceso muy lento, muy complicado y a veces muy penoso. (…) bueno, hay momentos en lo que, lo confieso porque es verdad, tengo un gran desánimo. Porque me digo: “bueno, ¿alguna vez voy a poder escribir una novela?” (…) Por eso es que cada vez más me convierto en un cuentista, porque los cuentos los escribes en el avión, en tu casa, en la calle…” (“Julio Cortázar y Latinoamérica: debemos luchar contra el chovinismo”) 

El animal literario no calla, pero rara vez actúa. Es un planteo habitual que alguna vez también hemos leído en Galeano. El animal literario planta una trinchera detrás de las letras y en ellas se escuda y desde ellas combate. Se puede cuestionar, como todo en esta vida. Se puede contabilizar cuánto ayuda y cuánto no. Algunas personas necesitan números, cifras. Pero el escritor, desde su pluma, hace. Hacer a veces es acercar al entendimiento popular a ciertos materiales ideológicos e intelectuales e incluso hacer, es lograr que el exiliado latinoamericano se pueda sentir en su hogar desde muy lejos, tender esta especie de puente. Lo importante es que el animal literario hace. Tiene voz. Y elige las posturas a tomar.

Después de su visita a Cuba en 1962, Cortázar experimenta un cambio radical, tanto en lo personal como en sus influencias literarias. Conoce de cerca la Revolución Cubana, y esto lo lleva a promulgarse abiertamente afín a la ideología socialista. En 1965, escribe el relato “Reunión” (Todos los fuegos el fuego, 1966) y el poema “Yo tuve un hermano” a 20 días del fusilamiento del Che.

“Yo vivía en Francia cuando estalló la revolución cubana, cuando la lucha en Sierra Maestra. Es decir, que todo eso era a nivel de telegramas: a los franceses les importaba un bledo, y los cables era de fuente norteamericana, o sea bastante deformados y sin muchos detalles. Sin embargo, algo, una cuestión de olfato, me dijo que eso era importante. Que eso no era, una vez más, un levantamiento contra un dictador. Yo no tenía una declaración precisa de lo que era el gobierno de Batista. Lo asimilaba cualquiera de los otros dictadores del momento, pero algunas declaraciones de Fidel, cuando recibió a aquellos periodistas yanquis, Matthews y demás, me abrieron los ojos. Había una cuestión de tono y me dije: ‘Esto es diferente’. No se me ocurrió directamente ir a Cuba. Yo estaba instalado en mi vida europea con muy poca, prácticamente ninguna connotación o participación de tipo ideológico o político con el socialismo, una cuestión de simpatía teórica y nada más, la actitud típica de un liberal que se imagina de izquierda. (…) Y fui a Cuba y me di cuenta de que había hecho muy bien en ir, y que, efectivamente, era la cita, porque me bastó, un mes ahí y ver, simplemente ver, nada más que dar la vuelta a la isla y mirar y hablar con la gente, para comprender que estaba viviendo una experiencia extraordinaria, y eso me comprometió para siempre, con ellos y con el camino que luego fueron siguiendo”. (Cortázar. De cronopios y compromisos, Enzo Maqueira, Ed. Longseller, 2002)

Reunión 

“Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista, apoyado en un tronco de árbol, se dispone a acabar con dignidad su vida”. (Ernesto Che Guevara, La sierra y el llano, 1961)

Característicamente cortazariano, Reunión es un laberinto de entre-lecturas. Con la cita de Guevara como punto de partida, la historia nace en un entrecruzamiento de lectores que se leen y se escriben. Así, asistimos los lectores ajenos a una ensalada de letras donde Guevara lee a London, Cortázar lee a Guevara y lee a London y Guevara culmina por leer a Cortázar.

El relato narra – en una primera persona que es mezcla del realismo del Che con ese “perseguidor” que vive en Cortázar y que evoca recuerdos y pensamientos sobre el porvenir productos de la imaginación – un pasaje de Guevara en Sierra Maestra en ocasión de ser alcanzado por una bala enemiga, con un tono fantástico, de ese tipo de fantasía utilizada por el escritor en más de una ocasión, aquella que plantea un universo real con desmadres de tipo fantástico. La fantasía inmiscuyéndose en cotidianidades o contextos históricos reales. Castro (llamado Luis en la ficción) está presente todo el tiempo. Este cuento, que según fuentes cercanas al Che, al protagonista no le pareció gran cosa, o demasiado esclarecedor de nada, reivindica a su particular manera el compromiso de Cortázar con la revolución latinoamericana, no desde su contenido sino desde la elección misma del tema. Cortázar elige este tema y esa elección también es una declaración de principios, una toma de postura. Con este texto, Julio reivindica al hombre que fue el Che y reivindica algo más grande: La Revolución, con mayúsculas.

Che (yo tuve un hermano)

No nos vimos nunca 
pero no importaba. 
Yo tuve un hermano 
que iba por los montes 
mientras yo dormía. 
Lo quise a mi modo, 
le tomé su voz 
libre como el agua, 
caminé de a ratos 
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca 
pero no importaba, 
mi hermano despierto 
mientras yo dormía, 
mi hermano mostrándome 
detrás de la noche 
su estrella elegida.

Sobre este tema: 

Cortázar, el Che, la revolución y la actualidad 
 
Cortázar evoca al Che, el Che evoca a London, Cortázar desayuna revolución cubana en París, todos sueñan con la Patria Grande, los años pasan y las luchas siguen, pero ya no hay Che ni hay Cortázar y no puede no caber la pregunta de qué pasaría si aquellos personajes habitaran nuestro tiempo y nuestra lucha. Pero resulta que, cliché mediante, hay obras que trascienden las coyunturas exactas. Estas obras se pueden seguir utilizando para posar como una lupa para seguir entendiendo la realidad.
 
Incapaz de acción política, no renuncio a mi solitaria vocación de cultura, a mi empecinada búsqueda ontológica, a los juegos de la imaginación en sus planos más vertiginosos; pero todo eso no gira ya en sí mismo y por sí mismo, no tiene ya nada que ver con el cómodo humanismo de los mandarines de occidente. En lo más gratuito que pueda yo escribir asomará siempre una voluntad de contacto con el presente histórico del hombre, una participación en su larga marcha hacia lo mejor de sí mismo como colectividad y humanidad. Estoy convencido de que sólo la obra de aquellos intelectuales que respondan a esa pulsión y a esa rebeldía se encarnará en las conciencias de los pueblos y justificará con su acción presente y futura este oficio de escribir para el que hemos nacido. Carta aparecida originalmente en Casa de las Américas, Nº 45 (1967) y luego en “Último Round”, de Julio Cortázar.
 
Julio, escritor, sujeto cultural, no ha despertado, como ya postulamos, sus ideales políticos hasta luego de vivir de cerca la revolución cubana. Si bien se definía simpatizante de las ideas socialistas desde el punto de vista del burgués acomodado y progresista desde antes, no surgen hasta luego sus verdaderos compromisos como no surgen hasta luego sus maneras de volcarlo en una obra muy rica en contenido político, social, cultural y crítico entre un montón de otras variantes que entretejen una danza exquisita entre lo políticamente comprometido y la diversión fantástica que nace de la imaginación. 
En un texto escrito para MARCHA, de Montevideo, se refiere a las jornadas de Mayo de 1968 en París y a la ocupación de la casa de la Argentina en la Ciudad Universitaria por un grupo de compatriotas. “¿Como no iba a manifestarse ese salto hacia una realidad auténtica cuando bajo su techo se venía reiterando la injusticia, la discriminación, la estafa moral que no era más que el reflejo de lo que sucede allá en la patria, allá en los países de América Latina? Tomar esa residencia ha significado para los estudiantes entrar escoba en mano en una casa sucia para limpiarle el polvo de mucha ingominia, de mucha hipocresía. Pero en el fondo esto es sólo un episodio dentro de un contexto infinitamente más rico, que no se engañen los que quieran ver en ese gesto una mera oposición política en el plano nacional. Detrás de la ocupación de lo que es propio hay una conciencia que va mucho más allá de perímetro de una residencia universitaria; simbólicamente, poéticamente, estos muchachos han tomado a la Argentina entera para devolverla a su verdad tanto tiempo falseada; y decir eso es decir también América Latina, es sentir a través de este impulso y esta definición toda la angustia de un continente traicionado desde dentro y desde fuera. Cómo no comprender, entonces, el sentido más profundo que tiene hoy aquí, entre nosotros, la evocación del ejemplo vivo del Che, como no comprender que lo sintamos tan cerca de los jóvenes que se baten en la calles y dialogan en los anfiteatros. Pero esto no es un homenaje labial; no hemos de recaer una vez más en los esquemas del respeto solemne, de las conmemoraciones a base de palmas y oratoria. Para el Che sólo podía y sólo puede haber un homenaje; el de alzarse como lo hizo él contra la alienación del hombre, contra su colonización física y moral. Todos los estudiantes del mundo que luchan en este mismo momentoson de alguna manera el Che. No siempre hacen falta cirujanos para transplantar un corazón en otro cuerpo; el suyo está latiendo en cada estudiante que libra este combate por una vida más digna y hermosa.

¿Diría lo mismo en este contexto, donde los estudiantes siguen tomando espacios para combatir una coyuntura desigual? ¿Diría lo mismo de aquellos que toman sus espacios para modificar la realidad y seguir ganando espacios? No podemos hablar por un hombre que ya no está, que no ha vivido ésta nuestra era, pero podemos citarlo para comprender un poco mejor el entorno que l
nos rodea. No es difícil seguir evocando al Che en esos actos revolucionarios que la burguesía sigue intentando postular como pequeños pero que son necesarios para la culminación de un propósito mayor. El corazón del Che sigue latiendo en cada estudiante que libra este combate por una vida más digna y hermosa.
Desde manifestarse acerca de la revolución hasta manifestar su preocupación no ya por su escritura sino por quiénes podrían leer luego sus materiales, refiriéndose a las cifras preocupantes de analfabetismo en América Latina en ese entonces, el escritor fue clave para analizar y comprender la coyuntura tanto en Argentina como en la Patria Grande en general, y es que Cortázar, nacido en Bélgica, criado en Argentina y radicado en Francia, fue un trotamundos que vivió su vida adulta mirando a Cuba, evocando a Cuba, siguiendo a pasitos agigantados la causa que él también defendió desde su particular trinchera: la causa de la Revolución, aquella que hizo engranar los motores que hicieron vivir, pelear y morir al Che. 
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