#SantiagoMaldonado ¿Qué pasó con el respeto por el dolor?

Daniel Adrian Lico

Daniel Adrian Lico

Redactor at Corriendo La Voz
Periodista. Estudiante de Comunicación Social en UNLaM. Toda la vida tiene música. Messista e hincha de la Selección. Todo es política.
Daniel Adrian Lico

Ya pasó un año… Si, un año. ¿Mucho tiempo? Sí, mucho, pero pocas respuestas. Todas las dudas generadas alrededor de lo ocurrido con Santiago Maldonado, aquel primero de agosto de 2017, volvieron a tomar fuerzas con las declaraciones del criminalista Enrique Prueger.  El especialista, criticó los 28 peritos forenses que trabajaron en la autopsia del cuerpo del joven “no es posible que haya estado sumergido 78 días (…) el cuerpo fue plantado”.

A lo largo de todo este año, políticos, periodistas y jueces, jugaron sólo para su propio beneficio, sin importarles en lo más mínimo encontrar la verdad. Todo esto no hace más que acrecentar el dolor de una familia que, todavía, no ha tenido una resolución clara y no ha podido encontrar justicia luego de lo ocurrido con Santiago. A muchas personas se les olvida que, más allá de las cuestiones políticas e ideológicas, se trata de una vida que fue arrebatada en un operativo represivo de la Gendarmería.

“Santiago es un pibe bohemio, con sus ideales bien puestos. Defiende varias causas o por lo menos en las que cree, las de los pueblos originarios, contra las megas minerías…” Así, describía Sergio a su hermano. Y así fue como se lo vio la última vez con vida, relacionado con la causa Mapuche en la comunidad Pu Lof en Cushamen, cuando el violento desalojo de la Gendarmería tuvo lugar en la ruta nacional número 40.

Setenta y ocho días después de aquel vehemente operativo cargado de una inusitada violencia – como se puede observar en los videos a los que se han accedido para mostrar el accionar de la fuerza nacional – la noticia que no se quería ni pensar, llegaba para golpear aún más toda la sensibilidad que generaba el inhóspito ambiente. Se confirmó el hallazgo de un cuerpo sin vida en el Río Chubut en una zona donde ya se habían hecho otros tres rastrillajes, pero en los cuales no se había encontrado absolutamente nada.

Sergio, con una prudencia y tranquilidad admirable pero también lleno de tristeza, comentó que no sabía si se trataba de su hermano y que hasta no saberlo iba a seguir buscándolo. Lamentablemente, fue él mismo, quien terminó dando el peor de los escenarios; atestiguó que se trataba de Santiago, que había podido reconocerlo gracias a los tatuajes. Si todo era angustia y abatimiento, esa confirmación, acrecentó la desolación y el dolor.

La familia fue la que más sufrió. Esa misma familia que tuvo que ver como las fuerzas políticas, ciertos periodistas, la justicia y parte de la opinión publica, utilizaba lo sucedido con su hijo, hermano, cuñado, sobrino, nieto para hacer política que beneficiaria sus propios intereses personales. Dejando de lado el terrible padecimiento que todo Maldonado tuvo que pasar en esos largos y horribles tres meses.

¿Era tan difícil tener prudencia y respeto por todo el tormento que sacudió a una familia que, de un día para el otro, se encontró con que la realidad había cambiado su vida para siempre? La respuesta parece ser afirmativa. Por eso, siempre fue para destacar, la serenidad que presentaron cada vez que les tocaba participar de alguna conferencia o comunicado. Sin dudas, ellos dieron una lección moral y ética de cómo llevar adelante una situación tan desesperante. Así debió ser Santiago, el fiel reflejo de su familia.

Las facciones políticas mostraron su cara menos humana. Intentaron sacar siempre provecho de esta horrible situación, fueron calculadoras hasta en lo más mínimo, para ver cuanto afectaba a su imagen electoral. Desde el gobierno nacional, no hubo comunicación con la familia hasta el día de la ratificación de que el cuerpo era de Santiago, ningún llamado antes, nada. A Cambiemos le intereso despolitizar el tema, quitar el foco de tensión sobre la gendarmería, criminalizar la protesta, y remarcar todo como una jugada sucia de la oposición, en vez de hacerse cargo del problema.

Por otro lado, los bloques de Massa y Cristina sólo usaron el tema para golpear al oficialismo e intentar debilitarlo social y políticamente. La verdad sobre lo acontecido quedo relegada. Por grandes momentos a nadie le intereso saber que había ocurrido con Santiago, sólo importaba que lo que sea que hubiera pasado, este en relación con sus intereses. Además, estas fuerzas políticas tampoco tuvieron contacto con la madre, el padre o el hermano para, aunque sea, dar su apoyo o preguntar cómo habían pasado el día.

Párrafo aparte para la Izquierda, siempre relacionada con las luchas sociales, quienes, desde sus diferentes partidos, organizaciones, colectivos, fueron los que más presente estuvieron. Acompañando en las marchas, y dejando siempre en claro que se buscaba el paradero de un pibe del que no se sabía nada. Mientras Santiago todavía no estaba, la mayor parte de las dirigencias políticas del país estaban más preocupada por saber que ideología tenía Santiago que de poner todos los recursos para encontrarlo y brindar apoyo a los familiares.

Entre tanto oportunismo político, comentarios nefastos y dolor, las Abuelas de Plaza de Mayo aparecieron para dar un poco de luz ante tanta oscuridad. Su compañía a la familia en las marchas y en los días en los que no se sabía absolutamente nada, fue de los gestos más emotivos. Su compromiso sincero y leal hacia toda causa justa, se vio reflejado en aquel abrazo que le dio Taty Almeida a Sergio. Esa fue la imagen más conmovedora que se podría haber visto por aquellos días. La tristeza de un hombre que ya no sabe qué hacer para encontrar a su hermano hecha carne.

El horroroso escenario que a la familia le tocó vivir, impidió también que puedan llevar el luto, ya que, angustiosamente tuvieron que estar muy atentos a desmentir cada información que se daba desde el gobierno nacional. Esto llegó a punto tal de pasar ocho horas al lado del cuerpo de Santiago por no confiar en nadie del Estado. Nadie los cuidó. Sólo estuvieron acompañados por una gran parte de la sociedad que, en las distintas marchas y manifestaciones, tomó el caso como si le estuviera pasando a un pariente cercano, a un compañero, con un unánime pedido de justicia.  

“Santiago, donde estés, quiero que sepas que te quiero. Cada día que pasa te extraño más… y me pregunto porque sos vos el que está pasando esto y no yo, la respuesta es inmediata, yo nunca me involucre con diferentes causas como lo haces vos. Las personas como vos nos enseñan, nos abren los ojos, nos muestran el camino, pero también dejan en evidencia las miserias humanas”, De esta forma, emocionado, Sergio hablaba de su hermano en Plaza de Mayo.

A un año de su desaparición, nos seguimos preguntando… ¿Qué paso con Santiago Maldonado? Y pedimos JUSTICIA.

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