#SALTALABANCA Rock desenchufado y sofisticación

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Gabriela Krause

Editora at Géneros
Periodista | Editora de Géneros | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente | Autora de Alikal & Misoprostol: caja de herramientas para sobrevivir al machismo.
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El pasado jueves, la banda se presentó en el Gran Rex en un formato desenchufado y de traje que conmovió a todo un público joven y acostumbrado a otros ambientes más «rocanrol».

 

A las 20, cuando llegué, los alrededores del Gran Rex estaban ya colmados de gente de todas las edades esperando en cada esquina que llegara la hora de entrar. Yo estaba nerviosa: no sabía muy bien cómo funcionaban las acreditaciones y temía no haber entendido bien y no poder ingresar a tiempo o fuera de él. Sentí las ansias de todos los presentes y, a las 21, entré al teatro, sin problemas.

Con las luces aún encendidas, empezaron a escucharse los aplausos, primero tímidos y cada vez más fervorosos, intimando a la banda a salir. Unos minutos después de las nueve, se presentaron en un escenario soberbio, ambientado a la perfección y trajeados, desbordando sofisticación. Sonaron los primeros acordes de Tren al edén, como un anuncio de lo que sería la noche que empezaba a nacer: una de clásicos, de temas viejos cargando una madurez sonora evidente y mucho aire añejo, añejo como de cabernet que, al correr los años, mejora, se reinventa casi sin quererlo. Inmediatamente después del caballito de batalla de los románticos, empezó a sonar Labios de café, también caballito de batalla, tal vez de los más nostálgicos seguidores de la banda. Siguió una lista muy tentadora para cualquiera que haya ido esperando una especie de viaje del tiempo. Curioso viaje: hemos sido transportados al pasado, al presente y al futuro, sin pausa y con un ritmo vertiginoso, falsamente paulatino entre muchos vientos y una batería muy soft que nada tuvo que envidiarle al jazz.

Al cierre de Soldado, Santiago habló de la coyuntura política que se está viviendo en el país, habló sobre los unos y los otros y, citando al Che, cerró diciendo que «este es el foco ideal para hacer una revolución», lo que fue significativo porque dio el pie a Ellos. Ponele llegó virgen de edición y salió del teatro madura, veterana. La siguieron, en desfile, El cuarto de al lado, manteniendo las bases de reggae; Fuimos; Aventura Diurna, con Pili y su impecable acordeón; del árbol, sin murga, pero con un teatro en pleno sentado y cantando a viva voz, latiendo todos juntos como si de un gigante órgano vivo se tratara. Sonó jardín de mis agonías y entonces, como en un audio viejo en el que rompe las cuerdas, Santiago nos recordó que la sal la lleva aunque se vista de gala, perdiendo en el escenario más extraño hasta la fecha un transporte, tras lo cual cantó un fragmento de «Qué calor», para subrayarnos que no sólo lleva la sal: también el barrio.

El clima de fiesta tranquila siguió con Luna del luna; No hay (en una versión casi igual a la de Niceto, para los nostálgicos de una de las mejores fechas del 2010); Estigma; un poquito de cumbia para los manijas (te necesito para vivir…); Solsticio; Yo; Tú; Tu entrega; Hay que saber; Yo te culpo; Tus iniciales; Unos versos; Dolores, y acá me freno: primero, se levantó uno y bailoteó. El boletero, si es que ésa era su función, lo apuntó con un láser verde, como para que se baje. No se bajó y lo siguieron uno, dos, tres: cuando todo el Gran Rex se encontró de pie y cantando, ya hasta el hombre del láser, resignado, bailaba sonriendo y sin poder comprender del todo el fenómeno que se daba a su alrededor. Cuando Santiago anunció Quién dice, un poco deseé, y asumo que no fui la única, escucharla en su viejo formato: esa versión arpegiada y un tanto más frenada que solemos escuchar si la buscamos en su versión original.

Le siguieron Mejillas de amapola; Otro domingo; Destilando optimismo, completamente renovada; Increíble, casi un himno en el que todas las gargantas se volvieron a encontrar; Sueño, tal vez un tanto lenta y la frutilla de siempre: Que Salte La Banca. Entre gritos de «Tocá La Espada» y tantos otros de «mucha ropa» y afines, el público y la banda volvieron a demostrar lo de siempre: que caminan juntos, que crecen juntos, que juntos sueñan y juntos, otra vez, cumplen esas locas fantasías.

El Gran Rex de Salta La Banca fue, sin lugar a dudas, un enorme paso hacia una madurez que ya parece consagrada y fue, sobre todo, el cumplimiento de una promesa – la de renovar ciertos temas – y una nueva, desprendida: la de seguir creciendo y creciendo, para seguir regalando calidad, clima de fiesta y corazón.

PH: El Acople

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