Russian Doll: una ácida y angustiante masterpiece de Netflix

Blas Martin

Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

Hace pocos días Netflix daba la nota con Sex Education y su vuelta de tuerca del género adolescente. Ahora vuelve a hacerlo despabilando a sus acostumbrados suscriptores con otra joyita de la ficción en –cortas- entregas: Russian Doll (Muñeca Rusa). Aquí algunos motivos por la cual la recomendamos, sin spoilers.

Bueno, ya sabemos que la industria audiovisual es mucho más larga, ancha y rica que lo que encontramos cotidianamente en el carroussel de algoritmos y pochoclos de Netflix. Ahora bien, la plataforma de streaming que se ha instalado en buena parte de los hogares de la clase media profesional argenta existe, y concentra millones de dólares en presupuesto que cada tanto –muy cada tanto- invierten en producciones interesantes.

¡Atención! ¡El trailer sí puede contener spoilers!

¿Por qué Russian Doll concentra una crítica positiva casi con unanimidad (98% en Rotten Tomatoes)? En principio nos encontramos con un espacio y un tiempo –y unos colores, vaya militancia de la saturación que tiene Netflix- que no escapan al común de los relatos de la clase profesional urbana, con tildes progresistas, con que nos tienen acostumbrades las narrativas pop del siglo XXI. Natasha Lyonne –creadora de la serie- interpreta a Nadia Vulvokov, que será el núcleo alrededor del cual girará la historia, los personajes, los conflictos y sus desenlaces. Una joven programadora de videojuegos que encuentra en la fiesta de su cumpleaños n°36 una calle sin salida, un loop del cual no puede salir.

Bueno, para les millenials que forjamos nuestro gusto por el cine a partir de las películas que los canales de aire entregaban los fines de semana por la tarde, la referencia a la épica y noventosa Groundhog’s Day (Hechizo de tiempo, o el Día de la marmota, de Harold Ramis), protagonizada por Bill Murray, es ineludible. Y sí, hay una referencia, hay un homenaje (alto homenaje, como me replicó Jota en Twitter), pero más que a una película, podríamos decir, a todo un subgénero fantástico de bucles temporales (del cual la pieza de Ramis es uno de sus máximos exponentes), en el que Russian Doll hace pie para saltar más allá y caer dejando atrás y lejos los motes de remake, revival o burda copia.

«Morir es fácil. Es vivir lo difícil».

¿Por qué decimos que va más allá? Como una verdadera mamushka (de ahí el nombre de la serie), cada uno de los ocho capítulos de entre 24 y 30 minutos va agregando datos que no son entregados en bandeja al espectador sino que aparecen más bien de manera paralela, que exigen una cierta atención a los comentarios y a los detalles que sólo al promediar la serie tomarán forma más evidente. ¿Es casualidad que el click temporal se haya dado en Nadia el día de su cumpleaños 36? ¿Por qué le resuena la misteriosa figura del homeless del parque?

Otro dato: así como en Sex Education, la mayoría de les responsables de su creación y adaptación son mujeres. Junto a Lyonne (más recordada por Nicky de Orange is the new black que por su participación en American Pie), Leslie Headland y Amy Poehler fueron las responsables de crear la serie cuyo embrión había sido rechazado tiempo atrás por la NBC, y de conformar una sala de escritoras repleta de mujeres. Y eso se traduce no sólo como algo –todavía- llamativo para la industria, sino como un aire fresco para la creación de personajes. Podremos encontrar, así, tanto hombres como mujeres ocupando roles que no son los estancos modelos tradicionales: desde la protagonista, cuya vida dista de cualquier estereotipo adjudicado a una mujer próxima a los 40, sin que ello sea nudo de la trama o siquiera algo con lo que ironizar; hasta los personajes masculinos, tres exponentes que desde su lugar retoman, rechazan y profundizan características asociadas al género: seguridad, autoestima, desprolijidad, control sobre sus vidas, entre otros lugares comunes que la industria produce y reproduce hacia adentro y hacia afuera de las pantallas.

Headland declaró a INSIDER: «Una cosa que creo que es genial de tener un equipo de escritura y dirección totalmente femenino es que cuando haces un show como este, donde los deseos y necesidades de la protagonista no se basan, básicamente, en su relación con un hombre, o en la cultura heterosexual masculina, o la influencia masculina en ellas, implica que no se trate de encontrar una pareja romántica”, y concluye señalando que se produce “un atajo entre mujeres escritoras y mujeres directoras, solo porque tienen la experiencia de ser un ser humano en el mundo con esos deseos, necesidades y sentimientos, que simplemente no tienes que explicar”, donde explicar es explicárselo a un director o un escritor varón.

¿Y qué hay con el hechizo de tiempo de Nadia, que la hace volver tras cada muerte a su fiesta donde suena una y otra vez Gotta get up de Harry Nilson? Bueno, primero y principal: no es un hechizo, y no se rompe con un final feliz de príncipe azul y caminata sobre la nieve neoyorquina en vísperas de navidad. No diremos mucho más para no spoilear, pero la manera en que ¿se resuelve? el loop temporal en el que está atrapada Nadia tiene muchos puntos a favor, sobre todo por no terminar de cerrar un círculo de una manera feliz, tranquilizadora y definitiva.

En definitiva, encontraremos en Russian Doll todos estos condimentos y muchos otros: humor ácido, dramas existenciales y momentos de extrema angustia y ansiedad que parecen meternos en un loop también a quienes estamos del otro lado de la pantalla negra. Todo bajo el tamiz de Natasha Lyonne, que será recordada como uno de los personajes más emblemáticos de –por lo menos- las producciones de 2019.

Pese a un final satisfactorio, el final de Russian Doll no es definitivo: sus creadoras declararon que presentaron a Netflix un paquete de tres temporadas, y que la productora, fiel a su estilo, respondió “Bien, cuanto más, mejor”. Un nuevo desafío para Netflix, que ha sabido forzar la continuidad de grandes éxitos sin buenos resultados (entre los que podríamos nombrar las icónicas Stranger Things y Black Mirror, queda la pregunta por TEOTFW), pero que se empecina en extraer la última pepita de oro de sus micro-minas de ficción.

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