Ropa usada como arma frente al neoliberalismo: la lucha de las economías populares en La Plata

Marcelo Javier Moreno

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Marcelo Javier Moreno

En 2016, un grupo de mujeres cansadas de no conseguir trabajo decidió reunirse en Plaza San Martín, tirar sus mantas y vender ropa usada. Desde entonces, el flujo de feriantes creció a medida que aumentaba el hambre y la desocupación. Hoy son alrededor de 500 familias, entre adultos, adultos mayores y niñes, las que han sido despojadas de su único medio de subsistencia: la venta de indumentaria y objetos usados.

Foto: Marcelo Javier Moreno

Ir a la Plaza San Martín, en la Ciudad de La Plata, no se acota sólo a disfrutar de tirarse al pasto o llevar a les chiques a jugar. Al ingresar se percibe cierto aroma familiar: niñes jugando y madres amamantando mientras un grupo de mujeres prepara la copa de leche para que les más chiques no pasen hambre ni frío. Se ven mantas, una pegada a la otra. Camperas, remeras, pantalones, cintos, zapatos, tazas, revistas, libros, teléfonos viejos, herramientas, la lista de objetos usados en venta es interminable. Lo que más abunda es la ropa, que constituye la principal atracción por la cual la gente se acerca: remeras desde 20 pesos, pantalones de jean a 50, camperas a 400.

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“Yo vengo de un trabajo, salgo a las 10 de la mañana y de ahí me vengo para acá, para poder juntar unos mangos más. Cada vez nos alcanza menos, por más que haga lo que haga igual no nos va a alcanzar”. Quien narra es Eva, una de las tantas manteras de la Feria Americana. “Nosotros hace años que estamos trabajando acá, pero cada vez es peor, cada vez hay más hambre. Ahora nos quieren sacar, por eso vamos a luchar para que no nos saquen. La mayoría son todas mujeres, son muy pocos hombres. Somos todas las mujeres las que salimos al frente.”

Y efectivamente, las sacaron.

“Estamos en plan de lucha, esperando un proyecto para que se apruebe la ley de zona franca que nos habilite a nosotros como feria americana y poder vender nuestras cosas. Hoy estamos en plan de lucha porque verdaderamente queremos seguir trabajando”, grita Diego con un megáfono, en el borde de la plaza.

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La Ordenanza de Feria Franca rige desde el año 2008 y no se cumple.La Dirección Operativa de Ferias Francas, que establece el Artículo 4de dicha ordenanza, se encuentra vacía. “Se quiera o no aceptar, existe esta normativa municipal de feria franca. Lo que establece es que en toda la ciudad hay determinadas plazas que están habilitadas para el desarrollo de ferias americanas, artesanales y frutihortícolas, con normas de convivencia que cumplíamos en plaza San Martín, como días y horarios de armado, cuidado y limpieza de la plaza, no armar sobreestructuras, ni gazebos, ni percheros, ni sobre los bancos, sólo manta”, comenta Julián

Amanda cuenta que “para las y los trabajadores de la economía popular, la plaza San Martín representa un espacio de supervivencia. Para el municipio, por el contrario, representa un territorio en disputa. Acá estamos los salvajes, los incivilizados. Los pobres no tenemos lugar, les damos vergüenza a Garro y a Vidal, justamente por que somos pobres, negros y sucios. Lo único que queremos hacer es trabajar sin molestar a nadie”.

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Amparándose bajo la Ordenanza 6147 (Artículos 132 a 135), el Municipio de La Plata desalojó sin escrúpulos a les feriantes por “venta ilegal de productos”. La solución que les otorgaron a las familias es mudarse a un predio donde funciona un paseo de compras. El mismo queda en 80 y 134, bastante lejos de la zona céntrica del casco urbano platense. Al ingresar, le otorgarían a les feriantes un puesto sin cargo por seis meses. Finalizado el plazo, deberán abonar un canon de 25.000 pesos, contar con monotributo, declarar la procedencia de la ropa y abonar 350 pesos por día de trabajo. Como si fuera poco, dentro del predio competirán con negocios comerciales que venden ropa y objetos nuevos.

“¿Sabes a cuanto vendes la ropa acá? a 20, 50 pesos. ¿Y vamos a ir a un predio donde tengo que pagar 25.000? Yo a veces vendo menos de 300 pesos por día. Acá hay cada vez más manteros pero no porque se hacen más ricos, es por necesidad. Necesitan vender aunque sea 300 pesos para comprar una garrafa”, relata Amanda. Julián agrega: sino tenemos sube para llegar hasta el centro menos para ir a ese predio de venta de ropa nueva, ese paseo de compras que es totalmente distinto al contexto de feria americana

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El viernes 7 de junio a las siete de la mañana, 500 efectivos policiales formaron un vallado humano alrededor de toda la plaza, saboteando así el tejido social del colectivo de economía popular, familiar y solidario. Desde entonces se encuentra una guardia diaria que se refuerza los días de feria. Tenemos muchas figuritas para completar el álbum: la Policía Bonaerense, la Policía Local, la División de Caballería (pero sin caballos), la UTOI (sí, la Unidad policial multipropósito de despliegue rápido). Un impresionante despliegue policial que propone el Intendente Julio Garro y el secretario de Seguridad Municipal, Dario Ganduglia. Pareciera que allí, en esa misma plaza, operan redes de trata y de narcotráfico. Pareciera que allí secuestraron a Johana Ramallo, o que asesinaron a Carolina González Abad (“La moma”). Quizá sea la misma plaza donde el cabo Diego Walter Flores mató de un balazo en el pecho a Omar Cigarán

“La plaza, con esta guardia, implica que no hay democracia plena ni estado de derechos y que se nos criminaliza cuando en realidad no somos comerciantes que enriquecen patrimonios, ni somos ilegales, sino que no estamos regulados por una deuda histórica del Estado hacia nuestro emprendimiento, somos emprendedores que reciclamos, reutilizamos la ropa usada que ya pasó por IVA”, comenta Julián. 

Foto: Marcelo Javier Moreno

Mientras cientos de familias piden más seguridad en los barrios aledaños (y no tan aledaños) al casco urbano, el intendente gasta el presupuesto municipal en efectivos emplazados en una plaza donde solo van a encontrar niñes con hambre y familias queriendo ganarse el pan de cada día.

“Sabes que feo que es que tu nieta te diga ‘pan, pan’… yo estoy a mate todo el día y le tengo que mentir, le tengo que decir que no tengo hambre”. Con los ojos cristalizados, Mónica cuenta el calvario que está pasando desde que la desalojaron. El hambre es un crimen que no se combate borrando del mapa a los pobres. ¿Que lógica manejan los funcionarios?Está claro que a tan solo diez cuadras de donde ellos están se cometen los crímenes más horribles de la ciudad. Forman parte de la cotidianidad las noticias de pibas secuestradas en pleno centro o de chicas que pudieron zafar por alguna u otra razón. Es bastante obvio que las redes de trata más peligrosas de la provincia recorren toda la calle 1 desde 50 hasta 70 y toda la diagonal 73 desde 60 hasta 66. Hay muchas cosas obvias, solo hay que ver el bolsillo de quién se incrementa con todo este conflicto. 

La identidad feriante se encuentra en peligro de extinción, por eso hay que recordar que emprender con ropa usada no es un crimen, el hambre si.

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