Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

La víspera del feriado de carnaval arrancó con el segundo show de Raly Barrionuevo en el Konex, cerrando su ya tradicional Peña de Verano que este año recibió al músico de Frías durante todo el fin de semana. Con invitadas sorpresa, la banda de Yacaré Manso abriendo el domingo y casi tres horas de música en un ambiente de fiesta, el público de Buenos Aires disfrutó una vez más de un recital que dio para todo tipo de emociones. Corriendo la Voz estuvo ahí y te acerca algo de lo que fue este reencuentro con Raly y toda su banda.

Un domingo ideal de verano para un show a cielo abierto, fresco y sin lluvia. Las puertas abrieron puntuales. Pasados los cuarenta minutos de las seis, con la gran mayoría del público en el predio, la banda de Yacaré Manso subió al escenario haciendo de soporte y agitando la peña con un repertorio elegido con un muy buen criterio para mostrar el trabajo reunido en los discos La Corriente (2013) y Acoplandocielo (2017). El primer tema fue Un sendero, siguió con La corriente y cambió el mood completamente en el tercero cuando en una especie de reggae litoraleño hizo bailar a la gente con su tema Como la luz. Con el público a su favor y la escucha atenta, interpretó El fuego del sol, tema inédito hasta 2018, cuando lo presentó durante los conciertos de celebración por sus veinte años de carrera, que coinciden con su decisión de migrar hacia Buenos Aires. Así, a tempo de rap cantaba: “despacio, despido a la vieja ciudad / te aviso mi hermano / te voy a extrañar / ahora es la hora de hacer las maletas / sabemos que nadie es profeta en su tierra”. Para cerrar su participación, Yacaré siguió a ritmo de chacareras con Doña Laureana y La tierras, esta última dedicada a los pueblos originarios y especialmente a las mujeres. A esta altura, el patio del Konex respiraba aire de fiesta, ganas de corear, manos alzadas para la foto final con la banda de Yaca y todos los ánimos preparados para recibir a Raly, que no tardaría mucho en subir al escenario.

La organización del encuentro propuso en la difusión de los shows que el del domingo fuera apto para todo público y la peña se pobló de familias enteras, amigas, hermanos, niños y niñas, de diferentes edades, público fiel de Raly desde que, en 2001, irrumpió en la escena como un folclorista que sabe moverse cómodo entre el rock y la música popular de raíz latinoamericana. Raly tiene la magia de convertir un espacio urbano en el centro de la ciudad en un clima de patio de provincias donde la guitarreada se arma entre lo planeado y lo espontáneo. Genuino, con el ego trabajado, no se hace esperar y apenas sale la banda asoma al escenario saludando con sonrisa franca y el brazo en alto. Con la guitarra de bandera, por encima de sus hombros, levantada. Era fácil darse cuenta que la fiesta iba a ser larga y generosa.

La niña de los andamios fue el primer tema que interpretó, y al terminar dijo: “el agua es reflejo de lo que somos, nos dice la verdad cuando hay sequía. Al final, seremos agua. Este es un homenaje a nuestros montes”, para seguir con un repaso de su último disco y con el que está recorriendo salas y festivales, La niña de los andamios (2017). Así pasaron Y seremos agua, La ocasión, Siete palabras y Agua de los tiempos, entre otros. Entre tema y tema Raly apenas deja el espacio para respirar, mirar de frente, agradecer el aplauso y seguir tocando. “Vamos a seguir, en el camino, mientras tengamos vida”, dice, y el público estalla. Y el patio se vuelve carnavalito porque ya suena Tu memoria y tu mañana, la gente lo sabe, lo canta y lo baila. Imposible no recordar a ‘Juanita’, una de las primeras integrantes de Madres de Plaza de Mayo, que murió días atrás, a los 101 años de edad, mientras Raly canta “Cada lagrima valió / una estrella y un color / Un misterio y un amor / una espera de metralla / La frontera se corrió y el avaro destruyo / sin escrúpulo ni son / Y sin importarle nada…

Un par de canciones más y Raly presentó a Kartu, un artista, muralista, ubicado sobre las escaleras centrales del patio del Konex, pintando un gran lienzo en simultáneo al concierto. Un largo aplauso para él y una ovación al unísono para Raly. Después de presentar a la banda lanzan al aire una seguidilla de chacareras, una tras otra, sin pausas, sin esperas, para bailar, para moverse, ¡vamos Unquillo!, grita el friense, “llegará gente del campo / mi casa se ha vuelto fiesta”, canta. A esa altura, hacía rato que el Konex era una fiesta y, como no, la casa de Raly y su gente. En el medio, dedicó un tema al gran Paulo Freire, contó una anécdota con Eduardo Galeano, compartió la historia de un sueño que tuvo tiempo atrás para presentar el tema La niña bendita y, sonando con fuerza el bombo y la percusión, cerró el pase de chacareras con Amiga tierra querida, como una plegaria, un pedido de amparo y cuidado a la Pacha donde destacaba, sin dudas, el violín de Cecilia Quiroga. Ya habían pasado más de veinte temas cuando invitó al escenario a la compositora chilena Elizabeth Morris, quien abrió el show del día anterior, el del sábado 2 de marzo. Con ella hicieron dos temas, Darte luz, de la cantautora, y el tema Eva Luna, de Raly y Ernesto Guevara que Eli incorporó en su último disco Encuentros y despedidas (2016).

La noche siguió con una selección de covers de zambas y chacareras y la presencia en el escenario de una invitada especial, Carolina Peleritti, que desde hace unos años está dedicada a la música y no resulta raro encontrarla en festivales y ciclos de conciertos. Con ella hicieron dos chacareras, invitaron a la gente a seguir bailando y después de nueve temas más, Raly anunciaba que estaba llegando el final de la noche. Por supuesto, el público no iba a dejarlo ir sin pedir una más y dos y tres. Y así fue, Raly se quedó solo en el escenario, sin banda, guitarra en mano y en un clima de intimidad cantó Zamba de abril y el tema con el que abrió Cosquín dedicado a su padre, Mi esfera de cristal, que narra una pérdida, una despedida.

El cierre llegaba después de treinta y tres temas, con toda la banda en el escenario, sonando la chacarera Somos nosotros, verdadera declaración de principios: “somos musiqueros / porque así lo dicta el sol / somos los heroicos guerrilleros del amor / somos compañeros de Las Madres del dolor / somos mensajeros de la lucha y la verdad / somos peregrinos de la amada libertad”. Y la gente estallando, cantando cada verso.

Fotos: Paula Ruiz

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