#Aborto No queremos, Francisco, pedir perdón ni permiso

Gabriela Krause
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Periodista | Escritora | Poeta, feminista y militante de causas que se presumen perdidas. ¿Dónde está Santiago Maldonado?Contacto: genero@corriendolavoz.com.ar / breveeternidad@corriendolavoz.com.ar
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El domingo finalizó el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, período que se había abierto como un tiempo de “indulgencia y promulgación de la fe”. Este lunes 21 de noviembre, se dio a conocer la carta apostólica post-jubileo que se destaca, entre otras cosas, por el cambio de posición del Vaticano respecto al aborto. Se ha concedido a los sacerdotes la facultad de perdonarlo.

“no existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio. Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina” 

Eso explica el Papa sobre el perdón, y entonces, y luego de otorgar el perdón divino a las hijas pecadoras de Dios, explica: “Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre”.

Cabe destacar que, si bien se otorga el perdón, el nivel de pecado cometido continúa siendo el mismo. No hay contemplaciones. Si bien es verdad que el debate sobre el aborto debería dejar de lado lo que dice la Iglesia – sobre todo, en un estado laico -, la realidad es que el Vaticano juega, todavía hoy, un papel muy importante en las decisiones a tomar a nivel político. El alcance es internacional, y parece que a siglos de las cruzadas, las cazas de brujas, las misiones y todo tipo de armas que usa la Iglesia para uniformar, seguimos siendo, todos, puntos en la mira de la sucursal de Dios en la tierra.

Si morimos, nuestras cenizas deben tirarse en lugares permitidos por la Iglesia católica. Esto, lejos de demostrar alguna especie de sacralización del cuerpo, implica un claro interés económico. El perdón a las mujeres que abortan, lejos de ser útil o un gesto humano de quien realmente cree en el infierno, es otro claro repudio al aborto mismo y una evidente declaración de poder respecto a una iglesia que, aunque muchos creen que se vuelve más abierta y más generosa, lo que hace, en realidad, es adaptarse a los tiempos que corren y a su progreso para poder manipular sin sucumbir.

Entonces, ¿qué hace una mujer que no desea tener un hijo? ¿Basta con abortar y luego ir a pedirle perdón a Dios? ¿Y qué pasa con las miles y miles de mujeres que mueren todos los años? ¿Hay que pedir perdón por ellas? ¿El Papa sabrá reconocer a las arrepentidas para salvarlas del fuego eterno?

Francisco: no queremos pedir perdón ni permiso sobre lo que decidamos hacer con nuestros cuerpos. No queremos tu indulgencia. Queremos decidir y actuar en consecuencia. Queremos leyes que salven a las mujeres sin recursos de la muerte por aborto en un lugar clandestino y sin higiene.  Francisco: no te perdonamos. No perdonamos que mueran todas esas mujeres y que la Iglesia forme parte del grupo que, en todos lados, ejerce presión para prohibirnos decidir.

Si somos putas, pecamos. Si somos aborteras, también pecamos. Si decidimos, por amor, tener sexo con alguien con quien no dimos el “sí”, pecamos. Pecamos, también, si aprendemos a decir que no.

Somos brujas, Francisco. No necesitamos tu perdón.

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