Primera parte; los dueños del aguante

Damian Martin

Damian Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Periodista. Futbolero y amante de lo que aprecio. Colaborador sección Cultura.
Damian Martin

En esta nota, se realizará una profunda investigación entre la relación entre la política y las barras; como también entre la cultura del aguante y un sinfín de conexiones entre drogas, crimen organizado y violencia.

Vínculos directos con la política, protección de jueces y fiscales, nexos con el narcotráfico y asociaciones delictivas con acérrimos rivales. Así de increíble como peligroso es el fenómeno de las barras bravas. Un grupo de hampones y mercenarios que pregonan ser los anfitriones y encargados del colorido en las tribunas, pero en realidad son los dueños del terror. Drogas, armas, poder, violencia, sangre y códigos similares a cualquier otra mafia del mundo se esconden detrás de esas banderas y del humo de las bengalas.

Este tipo de violencia institucionalizada ha ido evolucionando en paralelo con la sociedad, con los dirigentes y con el país. Decir que este tipo de violencia viene ligada directamente al deporte es una falacia según el periodista y escritor Amílcar Romero (especialista en la violencia dentro del fútbol) y se ha convertido en la manera más sencilla de naturalizar los acontecimientos que suceden en los estadios de nuestro país. Definir a este tipo de agresividad como un producto de nuestra exacerbación por el deporte en sí o por los colores de nuestra camiseta es querer tapar el bosque con solo una falange del dedo.

Las diferencias con las demás hinchadas radicales del resto del mundo son abismales, pero hay dos detalles que rompen cualquier molde y convierten a las barras en algo temeroso: la vinculación y la protección del poder político y judicial en una especie de simbiosis eterna que atraviesa todos los estratos posibles del tablero social, y el enorme dineral que se maneja detrás de escena y que contribuye a la ambición de poder.

Las primeras muertes en canchas de nuestro país se registran a partir de 1920 e incluso ya por aquellos años los ingleses, quienes habían traído este deporte a Argentina, se mostraban sorprendidos de la poca caballería mostrada por sus alumnos del sur de América. Se debe tener en cuenta que para un país que fue una pseudo colonia británica desde mediados del siglo XIX e intentaba imitar el estilo de vida inglés, el hecho de competir contra ellos era toda una hazaña.

Si bien en un principio las diferencias deportivas eran muy grandes, con el correr de los años la formación de distintos clubes que representaban a un barrio en particular, quitando ese estatus elitista que le habían otorgado los británicos, el sentido de pertenencia a ese club y la pasión por conseguir la épica, de ser David derribando a Goliat, el nacimiento de un estilo, una manera propia de ver el futbol, y el particular embrujo del balón generaron un caldo de violencia que años más tarde fue explotado política y comercialmente.

La postal de la hinchada local dando aliento a sus jugadores, inventándolos a no rendirse, a ir en busca del triunfo, de la gloria, nunca fue tan romántica. En épocas donde la violencia a nivel social no tenía tantas restricciones, era muy común que los hinchas le peguen con alma, puños y vida a los jugadores, y cuando no, a la parcialidad visitante. La policía hacía muy poco y cuando se decidía a participar no medía consecuencias. De hecho, el segundo asesinato en una cancha, un niño de apenas nueve años que quedó atrapado en medio de una trifulca, fue alcanzado por una bala policial que tampoco fue resuelto por la justicia. Todo un presagio de lo que sucedería con el correr de los años.

Ya en la década del ’30 Roberto Arlt defenestraba a las incipientes hinchadas por considerarlos una camorra, un grupo de inadaptados que hacían de las tribunas y los barrios un santuario de la agresión. Nuevamente, la pasión excedía los límites y se transformaba en algo contraproducente. Aun así, para los jugadores y los dirigentes, tener el griterío de su parcialidad era un buen antídoto para contrarrestar y desmoralizar al rival de turno. Y si las cosas no salían bien se utilizaba la última carta: invasión de cancha y golpiza general.

Con el correr de los años, la evolución del deporte y de la sociedad fue ubicando a estos mercaderes del aliento en otro plano. Ya no estaba bien visto tanta anarquía en las tribunas. Las sanciones perjudicaban futbolística y económicamente a las instituciones, lo que producía descalabros a nivel dirigencias, y provocaba la furia generalizada de los socios. Esto era un negocio frustrado para los encargados de llevar las riendas de la gestión del club, por lo que empezaron a buscar distintos tipos de soluciones. Argentina ya ha dejado atrás la irrupción radical, la nefasta década infame y se asomaba a un nuevo tipo de política, con un nuevo líder y unos dirigentes con una visión completamente diferente a la hora de manejar las masas y tomar las riendas del Congreso y de los estadios.

Algunos lo llaman populismo, los admiradores le dirán carisma, los detractores gritarán demagogia, y sin embargo en esta discusión vana se pierde de foco la verdadera importancia de estos cambios. El vuelco en la manera de llevar a cabo las negociaciones con el público masivo, las unidades básicas y el clamor popular hacia un líder indiscutido cambió las reglas del juego para siempre. Juan Domingo Perón en la Presidencia de la Nación, Alberto J. Armando en la dirigencia de Boca, Julián Kent en la cúpula de River Plate. La 12. Los borrachos del Tablón. Surge La guardia imperial en Avellaneda. Ya nada volverá a ser igual.

Todos estos negociados políticos comenzaron a traer beneficios que derivaron en un entramado de ilegalidad que oculta negocios, fuerzas de choque, votos, publicidad y el poder de fuego para lograr alcanzar una ventaja por encima del otro. Fue el principio de un juego de ajedrez perverso fomentado por la política que va en busca de un capital social especifico utilizando a las masas como alfiles y a los diferentes actores necesarios como torres o caballos con los cuales atraviesa todos los estratos sociales para poder cumplir con la misión de proteger a la reina del juego: la supremacía de la cultura del aguante por sobre todos los actores posibles.

La cultura del aguante

La cultura del aguante podría ser descripta como un lastre que la sociedad arrastra y que tiene su centro de origen nutritivo en la marginalidad y la desigualdad de oportunidades que simulan ser compensadas (en parte) por ciertos personajes de dudosa idolatría, que no solamente son los dueños y las máximas referencias de distintos barrios, localidades, zonas o municipios, también cuentan con el dinero y apoyo necesario además de ser hombres de negocios (espurios, claro está) que se manejan como señores feudales a la hora de negociar con quien sea y son auténticos generales prusianos al momento de tener que hablar mediante la violencia. Un punto a observar es que muchos de los jerarcas más resonantes provienen de barrios marginales y fueron criados en el delito, dando ese aire de guapos, de hazaña, de épicos.

Está claro, la agresión no es un medio más, es el más accesible. Junto al dinero llega el poder, las ventajas y las guerras por territorios e ingresos económicos. Para poder confrontar y salir ileso de estos enfrentamientos se necesitan ciertos contactos aceitados que serán de ayuda. Obviamente que estos contactos serán retribuidos de manera suculenta. Y estas personas incluyen un listado que contiene dirigentes de la política nacional, jueces, fiscales, personas con peso dentro del club y fuerzas policiales.

Las dos hinchadas más emblemáticas de Argentina son las que representan a Boca Juniors, conocida como La 12, y la que ocupa la tribuna Sívori (ex Almirante Brown) en el estadio Monumental, Los Borrachos del Tablón. Estas dos son las que generan más ingresos a sus arcas, ya sea por partido o mediante recitales, y llevan un control de ingresos estricto para poder financiar viajes, soldados y distintos tipos de negocios que incluyen jueces, policías y abogados. Unas organizaciones similares tienen las demás hinchadas, lo que realmente hace diferencia es la cantidad de billetes por eventos que ingresan, pero tanto Independiente, Racing, Central, Newell’s, Talleres y Belgrano de Córdoba, entre otras tantas, generan enormes ingresos y poseen contactos políticos y policiales.

¿Pero qué tipo de negocios tienen? A continuación, detallaremos solo algunos de los que se conocen y de los cuales se pueden realizar números estimativos, ya que al ser negocios clandestinos resulta difícil obtener cifras legitimas.

Se sabe que las barras bravas generan ingresos millonarios por mes y algunos de estos son anotados minuciosamente en cuadernos. Son auténticas empresas clandestinas. Este dinero recaudado es el eje mediante el cual se mueven los hilos y por donde surgen las internas que derivan en guerras y caos dentro de las tribunas. Estas recaudaciones se utilizan para costear los viajes al interior del país, o fuera de este, y en algunos casos incluye hospedaje.

También es necesario asegurarse buenos abogados, darle la porción correspondiente a la policía (socios por conveniencia y connivencia) y contratar “soldados” para eventuales combates o simplemente para evitar confrontaciones y engrosar sus filas. Algunos de estos ingresos se generan cada vez que el equipo juega de local, aunque algunos, como el de los trapitos, se extiende al resto del mes y es parte de una asociación inédita como la que poseen barras de Boca, San Lorenzo, River, Nueva Chicago y otros para obtener el control de zonas específicas que van desde Núñez a Liniers pasando por Almagro, Flores, Palermo, Villa Crespo y Mataderos.

  • Trapitos: es uno de las mayores recaudaciones posibles. Se estima que tienen distribuidas diferentes zonas específicas en los alrededores del estadio con una capacidad para estacionar unos 8000 autos (River y Boca), a razón de $250 (tarifa fija y que se abona al bajar del vehículo) lo que entrega una caja de, aproximadamente, $2000000 por partido o recital. La ganancia se divide en tres partes no equitativas: los empleados, la policía y la barra. Anualmente las ganancias que ingresan a las tribunas son de unos $3600000 con los descuentos correspondientes.
  • Merchandising: Es la indumentaria no oficial que se vende en los alrededores del estadio. Remeras, buzos, gorros, etc. También consiguen (beneficiados por los dirigentes) la ropa oficial, como remeras y conjuntos que son utilizados por ellos y además la mayoría de las barras tiene una línea propia con el nombre de la hinchada que también es comercializada.
  • Puestos de comidas: Se cobra a los puesteros un fijo para que puedan trabajar “tranquilos”. Se le dice protección”, aunque la realidad es que el resguardo es contra la barra misma.
  • Reventa de entradas: La barra entra gratis a los partidos, pero también se le expenden alrededor de 1000 entradas sin cargo. Estas se negocian con un valor que va desde los $2000 a $10000 dependiendo de la ubicación. Actualmente el negocio se hace con los carnets de socios, lo que permite hacer recaudaciones aún mayores, ya que un carnet puede ser pasado en más de una ocasión, aunque también se liberan los molinetes. 
  • Tour para extranjeros: Adrenalina Tour es el nombre que le da La 12 al recorrido exclusivo para turistas extranjeros. El combo incluye un lugar de privilegio para ver el partido en el corazón de la barra, un paseo por Caminito y un almuerzo. El valor es de U$S 500 per cápita. En la tribuna de River, sobre todo en los clásicos, se utiliza un método similar.
  • Cuevas financieras: Los dólares y la plata ilegal de los distintos ingresos se pone en circulación en distintas cuevas desde donde se busca blanquear las divisas. 
  • Drogas: La liberación de zonas para ventas de estupefacientes dentro del estadio y en los alrededores cuenta con el aval de los jerarcas, al igual que los hurtos. A veces se desligan y cobran una comisión, en otros casos están totalmente ligados al negocio como en el caso de las barras de Newell´s y Central donde el entramado es aún más complejo.
  • Peñas: Este concepto fue creado por La 12 y los registros no muestran a otros clubes que utilicen el mismo método. Aprovechan la lejanía de las peñas del interior y del conurbano, su dificultad de conocer a sus ídolos y llevan a dos jugadores del plantel profesional a cenar, firmar autógrafos y sacarse fotos. El precio ronda los $1000 y se venden alrededor de 500 cubiertos. También tienen nexos con distintas peñas a las cuales les facilitan entradas para los partidos y le cobran un adicional. 
  • Planteles profesionales y Cuerpos Técnicos: Los aplausos y los silbidos tienen un precio: una colaboración para “los muchachos”. La colecta incluye dinero, ropa del club y participación en distintos eventos sociales con la barra.
  • Representantes y pases de jugadores: Las barras presionan a familiares para que firmen con ciertos representantes a cambio de oportunidades para que el jugador pueda concretar su sueño de jugar en primera. Los casos de los pases de Ángel Di María (Rosario Central) y Gonzalo Higuaín (River) en los cuales parte de esas ventas fue a parar directamente a las arcas de la barra son algunos de los ejemplos. También tienen el poder suficiente para hacer presión y concretar la llegada de un jugador al club.

 

Pronto la segunda entera

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