Pese a los malhumores sociales, Macri vuelve a la carga con su reforma laboral

Pedro Lacour

Pedro Lacour

Periodista | Columnista en Misiones Opina | Colaborador en #CLV | Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires
Pedro Lacour

Mientras el malestar por los aumentos de tarifas continúa acaparando los primeros lugares de la agenda pública, el Gobierno vuelve a la carga con uno de sus anhelos pendientes: la reforma laboral. Tan antipopular como estratégico para el programa de Cambiemos, el proyecto que busca introducir modificaciones a la Ley de Contrato de Trabajo fue enviado al Congreso a última hora del pasado viernes. Es una jugada arriesgada de parte de Mauricio Macri. El Presidente se encuentra transitando la caída más prolongada en las encuestas desde su llegada a la Casa Rosada. La inflación que no cesa y la corrida cambiaria en curso, que motivó una sangría de las reservas del Banco Central equivalente a miles de millones de dólares, dejan expuestos de manera descarnada los pies de barro del modelo económico macrista.

El verano obligó a Macri a barajar y dar de nuevo. Jaqueado por las masivas movilizaciones de diciembre, el oficialismo hizo pública, a comienzo de año, su decisión de desdoblar el proyecto de ley para su tratamiento en el Parlamento. Si bien en un principio trascendió que sus puntos más polémicos no tendrían lugar en un primer envío, la letra de la iniciativa presentada ante el Senado terminó confirmando lo contrario. Al plan de registro de trabajadores informales, las pasantías y la conformación de una Agencia Nacional de Salud, tres ítems acordados en su momento por el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, en reuniones con el triunvirato de la CGT, se le agregó una iniciativa que no tardó en levantar polvareda: el intento de introducir modificaciones en el cálculo de las indemnizaciones.

En las condiciones actuales, las indemnizaciones por despido se calculan sobre el sueldo más alto percibido por el empleado al momento de ser echado. A ello se le suman bonos o premios, el aguinaldo y todo “reconocimiento de gastos que el empleador efectúe hacia el trabajador”. El proyecto, tal y como fue desplegado, señala que la nueva fórmula no tendría en cuenta ninguno de esos componentes. Como contrapartida, se crearía un “fondo de cese laboral”. Es una caja en donde los trabajadores podrían depositar parte de su sueldo para financiar su propio despido, administrada de manera conjunta por los sindicatos y las empresas. De esta manera, la indemnización dejaría de ser pagada por el empleador que despide sin causa, dejando a los empleados en una situación de suma desprotección frente a los abusos patronales. “Cada convenio tiene la posibilidad de recurrir a este fondo de cese y cada sector define el alcance del mismo. Sólo cuando estos convenios lo quieran, el fondo de cese reemplazaría las indemnizaciones tradicionales”, definió el ministro Triaca a radio Mitre, en un intento de acallar los murmullos en contra y persuadir a los sindicalistas para que apoyen la medida.

En la Casa Rosada confían en la posibilidad de sacar provecho del nuevo mapa sindical constituido a partir del 21F. Están convencidos de que la crisis interna por la que transita la CGT, con un Moyano lejos del timón de mando y en vías de una renovación de su conducción, permitirá reunir mayores consensos en torno a los cambios que prevé la reforma. Sin embargo, el proyecto ya comenzó a cosechar críticas entre los dirigentes gremiales. “En estos días nos desayunamos con un proyecto que quiere volver a bajar las indemnizaciones y otro que las quiere hacer desaparecer, como si eso fuera el problema de la inversión en la Argentina”, resumió el triunviro Héctor Daer, el pasado 1º de mayo en Azopardo, acompañado por la ex presidenta brasileña Dilma Rousseff. Daer había sido el único secretario general de la central obrera en ver con buenos ojos la propuesta de la Casa Rosada de discutir la reforma laboral “en cuotas”. Otro de los que mostró sus diferencias para con el proyecto fue Juan Carlos Schmid. El líder del sindicato de Dragado y Balizamiento declaró que “no hay confianza en las propuestas del Gobierno porque primero dice una cosa y termina haciendo otra. Si en el proyecto aparece este tema de rebaja de indemnización ante despidos, lo voy a rechazar”.

Según pudo saber MISIONES OPINA, el ingreso de la iniciativa al Congreso tomó por sorpresa a las bancadas opositoras. Desde el entorno de Miguel Ángel Pichetto son concluyentes: “No vamos a discutir un proyecto que antes no haya sido aprobado por la dirigencia sindical”. El jefe de bloque del PJ en el Senado fue uno de los artífices del fracaso de su tratamiento legislativo el año pasado. Luego de que Pablo Moyano insinuara la posibilidad de una nueva ley Banelco, el rionegrino abrió el paraguas: en noviembre, mediante una conferencia de prensa, expresó públicamente que el tema no iba a ser debatido mientras los distintos sectores cegetista no lograsen llegar a un punto de acuerdo. ¿Habilitará Pichetto la discusión en el contexto de una CGT todavía más fracturada?

Los equipos de comunicación de Durán Barba empezaron a diagramar cómo transmitir los puntos centrales de la reforma, a través de las redes sociales y en el discurso de los funcionarios. “Queremos que la reforma laboral salga por consenso”, adelantan en el Ministerio de Trabajo. El Gobierno trabaja en una campaña que pondrá el foco, sobre todo, en el problema de la creación de empleo. También hará hincapié en un punto presente hace tiempo en el relato oficialista: la necesidad de bajar los altos niveles de ligitiosidad laboral. La suspensión de las sumas no remunerativas y el nuevo cálculo que reduce las indemnizaciones serían esfuerzos en ese sentido.

En las últimas horas, trascendió la existencia de un documento oficial de 17 páginas en el cual se plasma la visión sobre la reforma y los ejes centrales que serían girados a la Comisión de Trabajo en el transcurso de los próximos días. En cuanto al contexto del mercado de trabajo de la Argentina, el mismo plantea:
• Hay 12,2 millones trabajadores registrados entre enero de 2016 y agosto de 2017.
• Más de tres millones de trabajadores informales (33,7%) que no acceden a los derechos que les corresponden ni a la protección del sistema de seguridad social.
• Las mujeres tienen una tasa de actividad de 48% y los hombres de 72%. A su vez las mujeres tienen una mayor tasa de desocupación (10,2%) y de informalidad (34,9%).
• La tasa de desocupación de jóvenes de entre 16 y 24 años es de 25%, esto es 3,7 más que los adultos.
• Entre 2011 y 2017 el crecimiento de la población fue del 1,1% por año mientras que el trabajo registrado creció 0,7%.

Al informe se le podrían agregar algunos datos más: según CIFRA, entre 2015 y 2016 se destruyeron aproximadamente 220 mil puestos de trabajo, algo que no logró revertirse pese a la creación de empleo que se registró durante 2017. También la calidad del trabajo disminuyó. Dentro del empleo formal, crecieron los trabajadores independientes a costa de aquellos en relación de dependencia. Consecuencia lógica: aumentaron las modalidades de ocupación menos estables, con menores ingresos y peores condiciones de trabajo. Lo curioso es que, según la hipótesis del Gobierno, los cambios impulsados en la legislación laboral ayudarían a combatir esta situación cada vez más dramática. ¿Y si, como enseña la historia, no hicieran más que profundizarla?

Macri juega con fuego. Aunque le aconsejen cuidarse de no provocar mayores chispazos que puedan volver a agitar la calle, al Presidente nada parece correrlo de su objetivo principal: flexibilizar aún más las condiciones laborales es la piedra angular sobre la que se sostiene el mentado “cambio cultural” de Cambiemos. Desde su asunción en el poder, la alianza gobernante fue preparando el terreno para la presentación en sociedad de su reforma. Su estrategia consistió en instalar la idea de que el salario es asimilable a un costo y el trabajador a un bolo alimenticio pasible de ser “comido y descomido”, según la escatológica metáfora enunciada alguna vez por el secretario de Empleo, Miguel Ángel Ponte. Es lo que se esconde detrás de las promesas “modernizadoras”: alterar las relaciones de fuerza entre empleados y empleadores, siempre a favor del beneficio empresario.

Columna para MO.

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