Patricia Palmer: «Hace más de veinte años que quería hacer Golpes a mi puerta»

    Golpes a mi puerta / Ph. Adrián Arellano

    Andrea Beltramo

    Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
    Andrea Beltramo

    Caracas, 1983. Juan Carlos Gené, desde el exilio, termina de escribir Golpes a mi puerta, una obra de teatro sobre el compromiso, la liberación y el amor al prójimo como acción política en tiempos de miedo y represión. Ana, la protagonista, es una mujer que con la decisión de dar cobijo a Pablo, un militante que viene escapando de las patrullas, desestabiliza las estructuras más cercanas, invisibles y perversas del orden social.

    Buenos Aires, 2019. Patricia Palmer, tras más de veinte años de querer hacer la obra, hoy encarna a Ana en escena. Junto a un gran elenco compuesto por María Marta Guitart, Pablo Caramelo, Livia Fernán, Rodrigo Álvarez, Silvina Muzzanti, César Repetto, Leandra Rodríguez, Jorge Duarte, Lucas Méndez, y bajo la dirección de Dora Milea, dan vida a esta gran historia, que se estrenó hace pocas semanas en la sala del Teatro CELCIT (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral). Corriendo la voz conversó con la actriz sobre la coyuntura actual en el que se presenta esta pieza, los valores que se ponen en discusión, las instituciones, el movimiento feminista y su pertenencia al colectivo de actrices.

    Patricia Palmer en la imagen del cartel de la obra Golpes a mi puerta / Mutuverría PR

    Una obra sobre la violencia institucional, la desigualdad social, el miedo y el amor que moviliza y se vuelve motor para la acción política, casi cuarenta años después de haber sido escrita.

    PP: Es un momento bastante interesante para hacerla. Creo que fundamentalmente es el momento para hacerla.

    Sobre todo cuando toda discusión o posición, en este momento, la planteamos como una disputa entre enemigos…

    PP: Sobre todo creemos que nuestro par es un enemigo. Nos hacen creer, ¿no? Bien de manual de El Príncipe, de Maquiavelo, divide y reinarás. No sé si viste en Netflix un documental nuevo que se llama Nada es privado. Te lo súper recomiendo. Justamente, de cuáles son los manejos que hacen los gobiernos neoliberales para enfrentarnos y dividirnos. Yo creo que las cúpulas de poder se pueden constituir en base a la división.

    Instalando el miedo…

    PP: Claro, lo que te divide es el miedo. No hay otra cosa. Obviamente, el amor no te divide.

    Será que el acto de Ana, tu personaje, el de abrir la puerta, o no cerrarla… ¿es una acción contra el miedo?

    PP: Yo creo que en nuestra existencia hay dos caminos, el amor o el miedo, y siempre están salpicados uno de otro. Pero el amor es la ausencia del miedo y lo que a mí me parece es que Ana tiene miedo, mucho miedo, pero su amor es más grande. Y eso es lo que uno tiene que aprender de Ana. Que en la vida uno puede tener miedo, no se es cobarde por tener miedo. Todos tenemos miedo, dudas, debilidades, miserias. Lo importante no es qué hacemos con eso sino qué hacemos con el amor. Si podemos sufrirlo, presentarlo todo el tiempo, el amor que tiene que ver con la ética, con la compasión, con el otro.

    Y si lo podemos entender como una llamada a la acción.

    PP: ¡Claro! Exactamente, y una llamada de propósito a nuestra existencia. De amar y aprender a amar. De eso se trata, de este nivel energético por el que estamos transitando. Y en ese sentido, me parece que Ana golpeó a mi puerta, también. Como todos los personajes, como todas las cosas que pasan por la vida de uno. Por todas las personas. En nuestro caso, los actores, los personajes son como maestros, puentes que cruzan de una orilla a la otra. Algo dejás atrás, algo mirás para adelante. Con cada persona, con cada personaje. Por la vía negativa o la positiva.

    Golpes a mi puerta, escena / Ph. Adrián Arellano

    Una patrulla pasa por la calle, en marcha acompasada y lúgubre.

    Ana: Ahí están, ¿los oyes? Vienen masacrando pobres para defender a los ricos. ¿Qué debo hacer? ¿De qué lado estamos Tú y yo? ¿Con los ricos, con los que entrarán en tu Reino después que el camello haya pasado por el ojo de la aguja? ¿O con los pobres, de quienes dijiste que verían a Dios? (Silencio. Protesta desalentada.) No va a haber una señal, ¿no es cierto? Somos la «generación malvada», que necesita señales… (Desesperada, se echa de rodillas.) Por lo menos, quítame el miedo, como a Severa, aunque me guardes de la rabia.

    El silencio se le hace insoportable. Se levanta con decisión, decidida a movilizarse.

    Ana: Pronto, hagamos algo contra el miedo. En el pánico, las señales no se perciben.

    Fragmento de la obra Golpes a mi puerta

    Escuchaba hace un rato una entrevista a Gené donde reivindicaba al teatro como el verdadero espacio, o al menos una forma, para cambiar el mundo. Sobre todo por el encuentro, una ceremonia viva, una reflexión que se pone en común.

    PP: Totalmente, una reflexión que se pone en común… Y una manera de concientizar que estás vivo. Porque te trae inmediatamente al tiempo presente. Es una comunión en tiempo presente. Gené… tuve el placer de que fuera mi maestro en dirección. Porque yo a esta obra la quiero hacer hace mucho tiempo. Muchos años. La íbamos a hacer con Virginia Lago, pero él tenía un gran amor por Verónica Oddó, su mujer, y se la había escrito para ella y no la quería dar. Él me decía «Patricia, esta obra es de Verónica«. Así que no me la quería dar. Y quizás estaba bien, porque las cosas suceden cuando tienen que suceder y este es un momento muy interesante para que suceda la obra. Quizás no lo era hace quince años atrás cuando con Virginia la queríamos hacer. Así que, bueno, agradecida una vez más al universo que siempre se complota para ayudarte a aprender y crecer.

    ¿También era con Dora como directora aquel proyecto?

    PP: No, no era con Dora en esa oportunidad.

    Con ella ya trabajaste en varias obras, ahora se reunieron para Golpes a mi puerta

    PP: Con Dora es la cuarta obra que hago. Yo se la llevé a ella hace un par de años cuando ya existía la posibilidad real de tenerla. Y ella muchas ganas no tenía… No la había atrapado mi pasión por esta obra. Y un día, hace poco, cinco o seis meses, me dijo «sabés qué, vamos a hacerla». Porque ahora sí. Las cosas se fueron dando, no con una tremenda facilidad, sino cuando tenían que ser. Y aquí estamos. Con esta bella obra, un elenco maravilloso. Estamos los que tenemos que estar.

    Livia Fernán, Patricia Palmer y María Marta Guitart / Golpes a mi puerta, escena / Ph. Adrián Arellano

    Entre las personas del elenco compartís con Livia Fernán, es muy conmovedora su presencia. Imagino que es un privilegio enorme para ustedes.

    PP: Mirá es un privilegio de actriz, de persona y de experiencia. Livia tiene ochenta y seis años, es una maestra de la vida, del teatro. Yo estoy tan agradecida por su presencia que, la verdad, es como un impulso todo el tiempo de crecer, de hacer. ¡Está en tres obras Livia!, en tres obras de teatro, ¿podés creer? Yo tengo una escena con ella y soy tan feliz cuando trabajamos porque es, realmente, de esos regalos que te da la vida, poder trabajar con una artista tan impresionante.

    Hacerla justamente en el CELCIT, ¿cómo opera la nostalgia en un espacio tan cercano a su autor?, fue fundador, director, presidente, ¡defensor!…

    PP: ¿Vos sabés que eso fue una casualidad? Nosotros no la presentamos en el CELCIT. La presentamos en el Teatro del Pueblo, en el CCC, no se me había ocurrido el CELCIT, te soy sincera. Y se ve que Juan Carlos, desde el más allá, la quiso hacer en su teatro. Porque en el Teatro del Pueblo no sabían cuándo terminaban de construir, en el CCC la programación ya estaba cerrada y bueno, en mi teatro estaba todo programado… Yo tengo un teatro.

    Sí, claro, el Taller del Ángel…

    PP: …me acuerdo que Gené cuando hice La Música, de Marguerite Duras, me dijo ¿por qué no la hace en su teatro?, ¿por qué tiene que ir a otro teatro? El maestro… Pero estaba todo programado en mi teatro cuando Dora me dijo de hacerla. Y mirá donde estamos, en el CELCIT. No se puede creer.

    Cuando pienso en Golpes a mi puerta, tanto en su versión teatral, como la película, siempre me resuena la desaparición y muerte de las monjas francesas durante la última dictadura militar, Léonie Duquet y Alice Domon y la responsabilidad de Astiz como infiltrado entre ellas y las Madres. En fin, conocemos la historia. Pero esta obra, escrita a principios de los ’80, en los primeros años de la vuelta a la democracia, me hace pensar irremediablemente en este genocida en particular…

    PP: De todas estas cosas que mencionás, nosotros inevitablemente, en el proceso de ensayo hemos hablado. Porque empezás con la época del proceso que yo creo que fue lo que más nos enseñó a delatar. O a desconfiar del vecino. Y bueno, la obra es tan provocadora que todos estos temas aparecen. Y también a un universo privado sobre la ética y los principios. Pero inevitablemente caíamos en “yo lo haría”, “yo no lo haría”.

    Golpes a mi puerta, escena / Ph. Adrián Arellano

    ¿Creés que Ana y Úrsula, los personajes centrales de la obra, son mujeres de fe, mujeres que reivindican en un amor que acaba accionando político, tal vez?

    PP: Yo creo que tienen fe, pero fundamentalmente tienen fe en ellas. Son feministas de algún modo, sororas, muy. O sea, que eso también está muy presente en este momento. Mirá, después de la entrevista yo tengo la reunión en el teatro de la colectiva de autoras y también estoy en la colectiva de actrices. Entonces, a mí se me juntan estas cosas. Estos movimientos que tenemos las mujeres de tanta sororidad y unión para poder hacernos lugar y para poder tener una paridad. Y también para cuestionar a un sistema que también daña al varón. Y a mí me parece que ese mundito entre ellas dos con ese hombre ahí provoca una unión entre ellas muy importante. De mucho sentido del prójimo. Porque, las dos dudan. Todo el tiempo dudan. No son heroínas. Ana tampoco es una heroína, es un ser humano absolutamente vulnerable, con muchas dudas. También duda de la fe. Y no sé si se va teniendo fe o no. No lo sé, porque lo duda y lo manifiesta. Por lo menos de la institución, muchísimo. De la Iglesia. Así que, bueno, por donde la mires es muy provocadora.

    Si, de hecho reivindica el no llevar hábito religioso…

    PP: ¡Claro! Ana dice: “nos sacaron el hábito para que no nos diferenciemos de la gente, y sin embargo, nos salvan porque somos monjas, llevamos el hábito incrustado en la frente. Se pueden negociar lo poderes, no somos la gente común”.  

    Eso mismo, la cuestión del poder. Y qué relación tan directa con este momento donde nos estamos preguntando todo, donde estamos interpelando todo…

    PP: Totalmente… También, hoy en día, hay un replanteo de las elecciones de las instituciones, que están tan decadentes, corruptas y tan desprestigiadas pero que son necesarias para una sociedad. Porque el anarquismo no funcionó. Pero hace falta una reflexión y todas estas cosas colaboran.

    ¿Creés que el teatro puede transformar?, ¿participa de la transformación, de alguna manera?

    PP: Yo, por lo menos, creo que el teatro es provocador. No sé si transformador, pero sí provoca. Quizás a una transformación, a un camino. No sale igual a como entró un espectador. Ni hablar. Sale provocado, molesto o enojado, o reflexionando, o conmovido, pero igual que cuando entró a ver esta obra, no sale. Y eso está bueno.

    De alguna manera se desestabiliza el orden en el que convivimos, que nos inventamos y nos organizamos para la vida.

    PP: Claro, y en un punto, no sé si ese orden nos lo inventamos o somos víctimas, todos, de un sistema que nos excede, un sistema muy perverso. Y creo que es un poco lo que pasa en la obra. En ese sentido nos podemos encontrar.

    Golpes a mi puerta, escena / Ph. Adrián Arellano

    Y el personaje de Pablo, ¿qué tipo de víctima es? De alguna manera es el que habilita la discusión y pone en escena a todos los demás.

    PP: Pablo es el disparador de los conflictos internos de todos los personajes. Todos los personajes tienen conflictos internos. El único que no lo tiene y que sabe lo que quiere desde que empieza hasta que termina es Pablo. Por su juventud, también. Yo creo que él no es tan consciente de ese sistema que lo oprime. Creo que él todavía cree que puede cambiar el mundo. Como lo creímos todos cuando teníamos esa edad. Y son necesarios. Por algo se va cambiando.

    Volviendo a eso que decías sobre el teatro como un provocador, pensaba que el sólo hecho de provocar el encuentro, el tener que movilizarte hasta un espacio y ver actuar en presente, toda la operación a la que invita el teatro es un poco antisistema.

    PP: A mí me gusta el momento que estoy viviendo, ¿sabés? Me da esperanza y me da mucho placer, yo tengo sesenta y cuatro años y veo cosas muy buenas, muy lindas. Por ejemplo, lo que hacemos con las chicas tanto en la colectiva de autoras como la de actrices, que son agrupaciones apartidarias, tal y como lo hemos decidido en nuestros manifiestos. Y lo son. Porque nunca hablamos de política, y cuando alguna vez alguien quiere mandar alguna propaganda política o algo, le recordamos que hay un manifiesto. No podemos decir apolíticas porque todo lo que es construcción social es político.

    ¿Tiene que ver con este momento de movilización feminista, específicamente? Te lo pregunto en el marco de este debate que se está dando en la prensa, a veces con bastante mala intención, con un tratamiento de escándalo, sobre las diferencias expresadas por algunas actrices con el colectivo.

    PP: Mirá, Las Bolten no es una colectividad, no es una agrupación, no es nada. Ya manifestado por ellas. Son cuatro o cinco actrices que decidieron irse, que hicieron un chat que se llama las Bolten, casi como algo que surgió en el momento. Ellas mismas salieron a decir que no hay ruptura. Y eso es maravilloso.

    Tal cual…

    PP: Ellas se fueron de nuestro colectivo porque no se sintieron apoyadas en determinadas ocasiones. Una fue lo de Darín y otra fue con Lanata, que son episodios que la colectiva no contiene. Si vos te llevás mal con un compañero de trabajo no lo contiene la colectiva. Nosotras estamos por la Ley del Aborto y sí, cuando vino ésta compañera en particular, Thelma (Fardin) y nos dijo que un actor la había violado. Son cosas de una dimensión distinta a que te lleves mal con un compañero. Y entonces, para no perder el rumbo de la colectiva, se decidió no apoyar todos los reclamos de todas las participantes porque, además, no tenemos estructura ni capacidad. No era el objetivo. Ellas en su momento sintieron que este no era el lugar pero no están divididas. Y la prensa, claro, también es divide y reinarás porque la prensa responde a un amo. A uno o a otro. Yo fui directora de un canal y sé que la prensa no es imparcial.

    Absolutamente. Y se rige por una razón patriarcal, también. Entonces, si vemos mujeres peleando tiremos barro…

    PP: ¡Destruyámoslas!… Claro. Aparte, están todos con miedo. Tuvieron que cuidarse mucho después de lo de Thelma, ¿no?

     

    Golpes a mi puerta, escena / Ph. Adrián Arellano

    Ficha técnico-artística:
    Elenco: Patricia Palmer, María Marta Guitart, Pablo Caramelo, Livia Fernán, Rodrigo Álvarez, Silvina Muzzanti, César Repetto, Leandra Rodríguez, Jorge Duarte, Lucas Méndez
    Diseño de Iluminación: Leandra Rodríguez (ADEA)
    Asistente de Iluminación: Sofía Montecchiari
    Diseño del  Espacio Escénico: Marcelo Valiente (ADEA)
    Realizador de Utilería: Augusto Latorraca
    Diseño de Vestuario: Alejandro Mateo (ADEA)
    Diseño Sonoro: Julieta Milea- Marcelo Andino
    Diseño Gráfico y Fotos: Adrían Arellano
    Fotografía: Gianni Mestichelli
    Prensa: Mutuverría PR
    Asistencia de Dirección: Mauro J. Pérez
    Producción Ejecutiva: Alejandra García
    Dirección: Dora Milea
    Duración: 100 minutos
    GOLPES A MI PUERTA
    Funciones: Domingos a las 19 hs
    Localidades: $350.-
    Estudiantes, Jubilados y Docentes: $250.-
    En CELCIT, Moreno 431, CABA
    Reservas en Alternativa Teatral
    Última Función: 29 de Septiembre
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