#Pañuelazo: El día que el país alzó los pañuelos

Juan Agustin Maraggi

Juan Agustin Maraggi

Editor de Análisis Político y Social en #Corriendo La Voz
Colaborador en Revista Mascaró | Estudiante de Sociología en la Universidad de Buenos Aires
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En la tarde de ayer, y mientras la noche comenzaba a mostrarse, las principales plazas del país comenzaron a llenarse de gente. Pañuelos blancos, banderas y cánticos hicieron desaparecer el ruido del tránsito para hacer espacio a un grito al unisono, un rechazo unánime y una manifestación que se inscribe entre las marchas con mayor concurrencia de la historia del país.

Tras el polémico fallo de la Corte Suprema de la Justicia que habilitó la aplicación del 2×1 al represor Luis Muiña (acá dos análisis en CLV 1 y 2), el aplauso de ciertos medios de comunicación, el silencio – o los dichos contradictorios – del macrismo y la concentración masiva de los abogados de los represores en las puertas de los juzgados para pedir el mismo beneficio, los organismos de DDHH tomaron la posta y convocaron a marchar en todas las plazas argentinas.

Cuando iniciaba la semana, en un gesto de grandeza, el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, decidió pasar la marcha que tenía planificada para el jueves 11 y unificar el rechazo en una única manifestación, que se esperaba de carácter histórica.

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Llegó el miércoles 10, por las redes sociales ya se viralizaban canciones e indicaciones para que el transcurso de la marcha fuera pacifico: no entrar en provocaciones, no aparatear la plaza, evitar todos los conflictos. Los pañuelos, el icónico símbolo de una generación, esta vez iba a ser utilizado por todas y todos. Los transportes públicos comenzaron a colapsarse desde temprano y por problemas aún no especificados cuatro de las seis líneas de subte tenían demora, incluso, de hasta 25 minutos.

Desembarcar en las calles aledañas al centro porteño no fue fácil, todas las avenidas comenzaron a colapsarse de grupos de personas, familias y columnas que iban caminando despaciosamente a concentrar. “Teque teque, toca toca, la memoria no se toca, los milicos a la cárcel, 2×1 las pelotas” se comenzó a escuchar en una especie de contagio entre garganta y garganta.

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Cayó la noche, y con ella, una de las demostraciones más importantes que dio el pueblo en las últimas décadas. Se estima que sólo en la ciudad porteña entre 400.000 y 500.000 personas coparon la plaza y sus inmediaciones. Por donde se caminara brotaba la gente, los cánticos y el histórico canto “el pueblo, unido, jamás será vencido”.

Nora Cortiñas tomó el micrófono y arrancó: “Hola Hijos, hijas de corazón” y la plaza se estremeció. Es que, para todas y todos nosotros que Nora Cortiñas, madre de la resistencia y referente de todas y todos los que luchamos contra la impunidad así nos llame es un llamado a la reflexión: algo estamos haciendo bien.

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La palabra pasó también por Taty Almeida y Estela de Carlotto y se alzaron los pañuelos, como si fueran una parte de las manos de los concurrentes, para pintar el cielo de blanco. Ya no había Plaza de Mayo, ni banderas rojas o azules, había pañuelos y voces, esas que exclamaban a gritos afónicos que no habrá ni olvido, ni perdón.

Terminó el acto, y arrancó la desconcentración. Las caras mostraban todo: esas muecas de bronca por el 2×1 iban tratando de disimular ese sentimiento que inundó a todas y todos y es que, una vez más, el pueblo dio la cara por sus derechos en una fiesta sin igual.

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