Nora, la Madre de todos

Quienes la conocen, se sorprendieron de que Nora Cortiñas haya sido una de las oradoras en el acto realizado el miércoles contra el 2×1 en Plaza de Mayo. “Estoy un poco excitada”, bromeó desde el escenario después de haber enumerado los crímenes de la dictadura y pedido justicia a sangre en cuello por cada uno. Muchos sentimos que su intervención nos llevó al acto que queríamos y necesitábamos. Cómo fue el recorrido de esta líder del movimiento de los derechos humanos que integra Madres de Plaza de Mayo de Línea Fundadora, pero con una línea política minoritaria, y cuya referencia fue consagrada por los organismos de derechos humanos independientes. Cómo se impuso su derecho a hablar en esa convocatoria, después de años sin hacerlo en las actividades de los organismos alineados al kirchnerismo. 

Hoy presenció la segunda audiencia del juicio que acusa a tres efectivos de la ex Policía Metropolitana por disparar con balas de plomo contra los manifestantes en la represión realizada en 2013 por el entonces Jefe de Gobierno Mauricio Macri para garantizar el desalojo de la toma de la Sala Alberdi. También está cada año en las jornadas por los derechos humanos organizadas en La Matanza por los Familiares y amigos de Luciano Arruga. Nora acompaña todas las marchas convocadas por el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, y también fue a los Tribunales de Morón cada vez que se lo requirió la lucha por la absolución de Luz Gómez y Diego Romero.

Además, con el correr de los años, Nora se hizo feminista. Por eso estuvo aguerrida presenciando el juicio contra las hermanas Jara, que enfrentaron dos años de cárcel por defenderse de un violador. Conmocionada y con indudable y unánime acuerdo de las cientos de miles de mujeres que acudieron, Nora cerró con una breve pero intensa intervención la movilización histórica realizada a Plaza de Mayo luego del primer Paro Internacional de Mujeres.

Sin embargo, cada 24 de marzo, va religiosamente a las dos marchas, a la del Encuentro Memoria Verdad y Justicia por afinidad política, y a la de los organismos alineados al kirchnerismo por su pertenencia institucional pero, sobre todo, va a las dos porque tiene la firme convicción de que debería ser una sola. Esa convicción no es una enunciación vacía contra unos u otros, tampoco es una chicana de desprecio hacia ciertos agrupamientos, tampoco quiere Nora una unificación a costa de cualquier cosa. “Juntos, pero no revueltos”, insistirá en cada oportunidad que tenga para referirse al tema.

Nora vive en Castelar, pero el tiempo que pasa en su casa es tan reducido que a veces sólo duerme y, quizás, desayuna. Alguien dijo una vez que, cuando llega a su casa, se arrodilla al lado del teléfono y comienza a escuchar y a anotar en su mesita todos los mensajes que le dejaron en el contestador mientras no estuvo. A los 88, también se aggiornó a los avatares tecnológicos, y tiene correo electrónico y Whatsapp.

Si no hay dinero de las actividades a las que está invitada para garantizar su ida y su vuelta, no se hace problema, es una usuaria frecuente del transporte público y, en especial, del tren Sarmiento. Su familia se desesperó cuando sucedió la tragedia de Once y ella tenía el teléfono apagado por estar dentro de una audiencia en un juicio. Por eso es que se emociona tanto cuando visita las actividades de los Familiares y amigos de víctimas y heridos de la Tragedia y por eso sintió tanta repulsión cuando, luego de la masacre ferroviaria más grande de la historia, en 2012, Cristina Kirchner dijo a las familias de víctimas que tengan en cuenta que Madres y Abuelas esperaron 35 años para obtener justicia. “Qué desafortunados fueron los dichos de la presidenta”, se lamentó en aquel momento.

“La presidenta tiene la llave”, interpeló cuando le dieron la palabra el 25 de marzo de 2015 en la actividad de conmemoración del aniversario del golpe genocida y el asesinato de Rodolfo Walsh en el Gorki Grana organizada por el Municipio de Morón, entonces de Nuevo Encuentro. Nora siempre interpela, es una de sus características. Cuando el tono de su interpelación al kirchnerismo subía paulatinamente ante la falta de respuestas, paulatinamente también le iban vedando los espacios de intervención oficiales, pero el trompo siguió girando a toda velocidad. Nunca se detuvo a forzar las puertas que se le cerraron entonces: Nora no pierde el tiempo, esa es otra de sus características.

La potencia de su trayectoria la hace igual a cada Madre de Plaza de Mayo, pero se destaca por el camino de cada día. Juicios contra el gatillo fácil, manifestaciones contra causas armadas, reuniones con ambientalistas anti-mineros y anti-sojeros, originarios perseguidos, víctimas de la corrupción, resistencia en tierras fiscales tomadas, agrupamientos espontáneos por la liberación de algún militante, marchas sindicales, por mujeres presas por abortar, por víctimas de femicidios, juicios en Francia contra guerrilleras kurdas que luchan por su liberación, encuentros en Honduras contra la dictadura allí, trabajo social en África, congresos en Brasil contra la deuda externa. Nora va todos los días a un lugar diferente, pero siempre es un lugar donde su presencia es indispensable. Los jueces, policías y políticos piensan dos veces lo que sea que vayan a hacer si hay un pañuelo blanco mirándolos.

Nora es desde hace décadas una referente indiscutida del movimiento de derechos humanos independiente, y es una gran conciliadora, a pesar de dejar en claro, siempre, que ‘juntos’ no implica ‘revueltos.  Nora se impuso, impuso su porte, su pecho, su pañuelo prolijamente bordado, no estuvo en ese escenario por la presión de nadie más que su propia potencia. Su discurso en la Plaza contra el 2×1 fue evidentemente el más despierto y dinámico, y el único que se salió del libreto –documento-. Luego se animó a pedir que renuncien Avruj, Rosenkratz y Rossati. Tiene espaldas para eso y mucho más.

Pocas veces, aunque tiene épocas, se refiere a la desaparición de Gustavo, que ayer hubiera cumplido 65 años. Cuando lo hace, la invade la emoción más primaria, la de aquella madre que supo en abril de 1977 que un operativo militar en la casa de su joven suegra le estaba confirmando lo peor: que Gustavo no iba a volver con vida. “Mamá, seguí. Mamá, no te canses. Mamá, dale”, dice que lo escucha al día de hoy. Probablemente no recuerde el día o el momento, probablemente no recuerde si pasó esa decisión por la razón, pero lo cierto es que Nora un día se transformó en otra. No en la que es hoy, porque parte de la transformación implica reinventarse a diario. Hoy se ríe de la ama de casa que fue, de algún día haber tenido el desafío diario de hacer la comida en el momento correcto y planchar las sábanas, se ríe del conservadurismo de su marido y de lo que pensaría si la viera hoy, feminista, con el pañuelo verde por la legalización del aborto. O bajar del tren pasadas las diez, once o doce de la noche. O juntarse a tomar un vinito en algún bar de Congreso con Osvaldo Bayer, su amigo entrañable. O ir a la comisaría a sacar a una chica que filmó una detención ilegal. O saludar como lo hizo el miércoles en la Plaza: “Hola, hijos e hijas”, porque Nora ya se abrazó a la idea de ser la madre de todos nosotros.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email