Redes:

CorriendoLaVoz

CorriendoLaVoz at Corriendo La Voz
Medio de Comunicación Digital | Otra forma de comunicar |
CorriendoLaVoz
Redes:

Después de dos semanas esas palabras siguen en los carteles de toda la gente que sale cada día a protestar. Cada una de estas personas han visto los videos de jóvenes sin ojos, de educadoras parvularias siendo arrastradas por la calle, de gente siendo torturada, de personas desangrándose en la acera, de niños con perdigones en el cuerpo. Muchos de ellos tienen amigos que han sangrado y todos ellos están conscientes de que nadie les dará amparo ni protección.

Se enfrentan con banderas, carteles, cacerolas, con sus voces y puños en alto a camiones blindados, coches lanza agua, bombas lacrimógenas y escopetas. Están conscientes del peligro, están conscientes de que no pueden llamar a la policía, pues es la policía quien les está disparando.

Y a pesar de eso, siguen saliendo.

Han salido cada día desde que los escolares decidieron evadir las tarifas del metro en vez de seguir el consejo del ministro de economía y ex-chicago boy Juan Andres Fontaine de “madrugar para pagar menos”.

La gente sigue saliendo porque está consciente de cómo su madre espera la llamada de su primera quimioterapia, con una angustia que oculta a sus hijos debido a que su vida depende de una lista de espera, pues pagar la clínica privada es básicamente imposible. Está consciente de cómo su abuelo de 80 años tiene que vender ensaladas envasadas en la calle si quiere lograr sobrevivir cada mes. Está consciente de cada táctica que la televisión utiliza para tratar de ocultar el poder de lo que está pasando en las calles, porque son tácticas que ellos recuerdan de décadas atrás.

Siguen saliendo porque están conscientes que después de 30 años del fin de la dictadura, los que estaban en el poder entonces siguen en las mismas sillas hoy en día y el pueblo sigue sufriendo debido a su codicia.

Cada día se manifiestan, hasta que la marcha pacífica llega a su fin cuando las fuerzas policiales y militares comienzan a disparar. Usando cada uno de sus juguetes disparan a un pueblo pacífico armado de cacerolas. Disparan sin importar familias o niños. Disparan con el fin de interrumpir de forma violenta una marcha pacífica, con el fin de generar rabia y luego desaparecen por completo, dejan que la gente que queda iracunda descargue la rabia, dejan que miembros infiltrados de su institución sean los instigadores de estos desmanes, dejan simplemente que el fuego haga lo suyo y queme todo. Causan el caos y luego se van sin detenerlo, pues la violencia es lo que necesitan para separar.

La gente vuelve de las protestas cansada, apestando a humo, con hematomas, sudor y sangre, prenden la televisión nacional y se encuentran con las postales de fuego y destrucción que comienzan a repetir continuamente esperando que el pueblo chileno rechace aquello que ven. En esos noticieros se encuentran con el presidente Sebastián Piñera diciendo que “estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable y que no respeta a nada ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite.”

Este “enemigo” que Piñera tiene es difícil de describir, puede ser el peñi mapuche que ha luchado durante décadas la misma brutalización, abuso y violencia que su gente ha sufrido por cientos de años y finalmente ve al pueblo chileno marchando junto a él. Puede ser el profesor con 40 años de oficio que nunca ha tenido y jamás tendrá una casa propia. Puede ser el universitario que egresa con una cuerda en el cuello gracias a las deudas millonarias que tuvo que adquirir para poder costear educación superior. Puede ser la dueña de un local de barrio, que con pánico espera poder pagar la patente de su negocio cada mes y que está plenamente consciente que cuatro cuadras más abajo, la fábrica de coca cola paga medio dólar dos veces al año.

El enemigo de Piñera son las cifras de heridos, torturados y muertos que la diputada Pamela Jiles presenta ante el ahora ex-ministro Chadwick justo antes de ser destrozadas por el oficialismo. El enemigo es aquel que mira incrédulo como al siguiente día en aquel lugar, el mismo oficialismo que destrozó las cifras de las vidas humanas, cuelga carteles de los supermercados saqueados y las estaciones de metro quemadas.

El enemigo de Piñera es aquel que sale todos los días a manifestarse con una profunda frustración, una pena que la gente trata de convertir en rabia por temor de caer en el miedo, miedo de que si bajan las manos, esto quedará en nada. El enemigo de Piñera es un pueblo que  vive en el único país del mundo en donde el agua está a manos de privados, es un enemigo que debe endeudarse para llegar a fin de mes, es un enemigo que sabe que vive en un país en donde las fuerzas armadas se quedan con un 75% de los excedentes del cobre sin rendirle cuentas a nadie. El enemigo de Piñera sabe que las fuerzas policiales no son más que los guardianes de una élite que sigue beneficiándose de una constitución escrita en dictadura que los mantiene ricos con el sufrimiento de la clase baja.

Los enemigos de este gobierno, son aquellos que marchan pacíficamente cantando las mismas canciones que cantaba en época de dictadura, versos cuya relevancia actual producen un sabor amargo, son un colectivo sin vocero, pero con una voz que grita la necesidad de cambio al unísono  una y otra vez.

El enemigo del gobierno es peligroso, pero no porque sea violento, sino porque lo que quieren es un cambio total del sistema: es un enemigo que exige una vida digna y justicia a personas que han amasado sus riquezas gracias a la injusticia.

El “enemigo” con que Piñera está en guerra no sale en los noticieros nacionales, se ve en las redes sociales, siendo baleado por militares bajo toque de queda, se ve en twitter siendo atropellado por efectivos policiales, se ve en facebook con las piernas rotas mientras Carabineros de Chile lo dejan tirado en el suelo, se ve en instagram sujetando el ojo que le han reventado perdigones, se ve en whatsapp mientras llora porque acaba de ser violada.

Las personas que marchan no están en guerra. Las personas que marchan son nuestra profesora, nuestro enfermero, nuestro basurero, nuestra vecina, nuestro hermano, nuestra gente.

Es un pueblo cansado, que no aguantara más medias medidas, que será escuchado de una vez por todas. Son voces infantiles, jóvenes, adultas y viejas que dicen su mensaje claro y fuerte.

Es un pueblo que ve detrás suyo 30 años de descuido, miseria, abuso y promesas rotas y al unísono grita.

¡BASTA!

Nota escrita por Chessire Valik

Fotos: Negro The Panter

 

Comenta

Print Friendly, PDF & Email
Compartir