#NiUnaMenos en Rosario: paren de matarnos

PH: Ana Ayala

Leonela Esteve Broun

Redactora at Corriendo La Voz
Estudiante de Letras. Feminista. Melómana. Tengo una frase de Friends para todo.
Leonela Esteve Broun

Como desde hace 4 años, el 3 de junio representa un día de lucha. Como ese 3 de junio de 2015, en el que por primera vez, salimos masivamente a las calles a gritar #NiUnaMenos, este año nos volvimos a encontrar, en Rosario y otros puntos del país, para pedir que no nos sigan matando.

La previa de la marcha tuvo su lugar de encuentro, como siempre, en la Plaza San Martín. Esa plaza cargada de historia, rodeada por el Museo de la Memoria, la Ex Jefatura, lugar de detención clandestina durante la última dictadura, y por la Facultad de Derecho. Punto neurálgico del centro rosarino, con esas cuadras que transpiran el espíritu argentino de lucha por los derechos humanos.

La marea feminista comenzó a llegar desde temprano. Sobre el pasto, aparecieron las mantas de feriantes, artistas, emprendedores que desplegaron un abanico de posibilidades: pañuelos verdes, violetas, rosas; libros, copas menstruales y toallitas de tela, stickers, pines, ropa interior, comida casera, glitter. Las marchas son lugar de encuentro y lugar de circulación de toda una resistencia popular que no sólo le busca la vuelta a la crisis sino que defiende lo alternativo, lo autogestivo y lo artesanal como valores feministas.

Más cerca de la hora de la convocatoria, empezó el despliegue artístico. El más pequeño pero no menos relevante de los grupos de amigas que se maquillaban entre sí, con el verde y el violeta como los colores preferidos. Risas y glitter, en una conjunción maravillosa. Y a mayor escala, las perfomance de colectivos feministas que sacan a relucir los entramados artísticos que alberga Rosario, siempre creadora y vibrante. Los infaltables grupos de percusionistas que aportan siempre la nota musical y ponen en movimiento lxs cuerpxs; las puestas en escena que buscan visibilizar la violencia, vestidxs de negro y con los nombres de aquellxs que nos arrebató la violencia. 

PH: Ana Ayala

Alrededor de las seis de la tarde, los pies se pusieron en movimiento y la marcha comenzó a vibrar en toda su diversidad. Adelante de todo, iba la bandera de Ni Una Menos, portada por referentes feministas locales y, en especial, por Alberto Perassi, padre de Paula, quien fue desaparecida y asesinada, presuntamente luego de haber sido obligada a abortar. El 2 de mayo, luego de un juicio que duró varios días, todos los imputados por la desaparición y femicidio de Paula fueron absueltos. El grito por la (in)justicia patriarcal fue más fuerte que nunca.

Otro de los nombres que aparecieron entre innumerable carteles, pidiendo justicia, fue el de Johanna Ramallo, cuyo cuerpo fue encontrado hace algunas semanas, recordándonos la peor de la realidades: la trata nos sigue explotando y asesinando, con el apoyo policial. En una provincia que sabe de complicidad policial, las feministas no la olvidamos y Johanna caminó entre nosotras por las calles rosarinas.

La multiplicidad de consignas que nutren y conforman la lucha feminista no sólo recordó femicidios sino que pidió por la aplicación efectiva de la Educación Sexual Integral en las escuelas, por las jubilaciones de amas de casa, por el cupo laboral trans, por el acceso al sistema de salud, por políticas de gobierno que dejen de precarizarnos y ajustarnos. 

PH: Ana Ayala

La columna que más se hizo escuchar fue la de los centros de estudiantes secundarias. Las pibas están organizadas y dejaron en claro que hace rato que le declararon jaque mate al patriarcado: «señor, señora, no sea indiferente/nos matan a las pibas en la cara de la gente» cantaban a coro. Cabe destacar que fueron el grupo que menos varones cis tenía, dato que resulta relevante si se compara con gremios integrados por personas de mayor edad, en los que la presencia de hombres llegaba a veces a superar a las de mujeres o disidencias. 

Uno de los momentos más poderosos se dio cuando la bandera de la Campaña Nacional por el Aborto Seguro, Legal y Gratuito, acompañada por uno de los grupos más grandes, llegó a las cercanías de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario. Allí los cantos se hicieron más fuertes, recordando la complicidad histórica de la Iglesia Católica en las distintas dictaduras («Iglesia, basura/vos sos la dictadura»), el rol que ocupa como adoctrinador de las camas ajenas, impidiendo que la Educación Sexual Integral llegue a las escuelas («A la Iglesia/Católica Apostólico Romana/que se quiere meter en nuestras camas/le decimos que se nos da la gana/de ser putas, travestis y lesbianas») y, por supuesto, la participación central que tiene en el lobby antiderecho que se mete en los hospitales e impide que las mujeres y los cuerpos gestantes ejerzamos nuestro derechos a decidir sobre nuestros cuerpos («aborto libre y legal ya/ y que los curas se vayan a laburar»).

PH: Ana Ayala

La violencia machista no da tregua. Según el Registro Nacional de Femicidios realizado por el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora que sí nos ven”, el número de femicidios desde el primer #NiUnaMenos, aquel 3 de junio de 2015, hasta hoy es 1193. Nos faltan 1193. Y seguramente muchxs más que no llegan a las noticias, como suele suceder con los transfemicidios y otros crímenes de odio a la disidencias. La falta, la bronca, el enojo, la angustia y el dolor nos llevan a las calles, a reunirnos, a encontrarnos, a unirnos en un mismo pedido: paren de matarnos. Con un gobierno que se vanagloria, con la complicidad de quienes dicen representar a las mujeres, de tener como presidente «al feminista menos pensado» pero que asigna sólo 11 pesos por mujer para presupuesto de género, con políticas de ajuste que repercuten con más fuerzas en las vidas de mujeres y disidencias, las razones para salir a marcha sobran. Pero #NiUnaMenos, así como otras efemérides feministas, no es sólo una día de protesta. Poner el cuerpo, refugiarnos en lo colectivo es la manera que encontramos para recordarnos y recordarles a quienes nos hambrean, nos insultan, nos violan, nos golpean y nos matan que el fuego no se apaga. Estamos y seguiremos estando, luchando por lo que es nuestro y honrando la memoria de las que ya no están, de la mejor manera que sabemos: juntas. Vivas nos queremos. 

 

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