#NiUnaMenos en La Plata: Ese grito que ya no se puede callar

Leandro Ojeda

Leandro Ojeda

Redactor at Corriendo La Voz
21 años. Estudiante de comunicación social. Casi cinefilo. Fanático de Boca Juniors y de "el loco" Bielsa. Muerdo las pastillas que no se muerden y trago casi sin masticar los caramelos masticables.
Leandro Ojeda

Toda la ciudad de testigo y un sinfín de voces ensordecedoras que gritaban ‘ya no se callan mas’. Todas las pibas que escucharon y masticaron bronca, mientras sufren día a día y en carne propia el sistema patriarcal, salieron nuevamente a las calles. En esta crónica y fotogalería, te mostramos una jornada plagada de lucha en la ciudad de La Plata.

-¡Malo, malo, malo eres! No se daña quien se quiere no. Tonto, tonto, tonto eres, no te pienses mejor que las mujeres…

La frase de la canción de Bebe retumba en toda la plaza San Martín. Una voz aguda y desgastada, casi ronca, la recita a través de un micrófono plantado en el medio de un escenario que, a poco más de las ocho de la noche, ya queda diminuto y casi que se pierde  entre multitud. Un sinfín de banderas y carteles tiñen de colores la movilización. Casi tres horas pasaron desde que comenzó a moverse la caravana que fue desde Plaza Moreno hacia el espacio en donde ahora se están dando los discursos. Ese lugar abierto, y casi sin reparo, se llena de eco cuando los aplausos cerrados y las canciones entonadas a pulmón repiten una y otra vez lo que a esa altura de la noche parece casi evidente: “el patriarcado se va a caer”.

Todo había comenzado horas antes en Plaza Moreno, allí el colectivo Ni Una Menos convocó  la concentración que partiría desde ese punto, para iniciar el recorrido por gran parte del centro platense. “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”, rezaba la consigna de la fecha. Era claro que el ajuste y los despidos no serían un tema que pasaría desapercibido en el discurso de cierre de la jornada.

Cuando el reloj marcó las cinco de la tarde, la lluvia que, desde hace poco menos de una hora azotaba la ciudad, se detuvo. Las baldosas quedaron brillantes y llenas de agua, al igual que una estatua que llamaba la atención por el reflejo de las gotas y porque ya desde hace un rato tenía un pañuelo verde atado en su cuello. Verde, rosa, violeta, eran los principales de colores que estaban en los carteles, en las banderas de las agrupaciones, en los pañuelos por el aborto legal, seguro y gratuito, en las caras pintadas de todas las pibas. Un par de redoblantes y algún bombo más se encargaban de la percusión, que llevando el compás de la murga, hacían bailar a unos y unas cuantas.

Las dos bengalas verdes que se prendieron en una esquina de la plaza dieron comienzo a la marcha. Todas las columnas se agruparon una tras la otra, por cuadras y cuadras mientras caminaban por el centro de la ciudad. “Ojala fuera pared para que te indignes cuando me toquen sin permiso”, decía un cartel que una chica llevaba en su espalda. Como ese había miles, todos pasando por las calles más céntricas de la ciudad ante la mirada atónita de los comerciantes, quienes cuadra tras cuadra dejaban sus negocios y se paraban en la vereda a mirar lo que les pasaba por enfrente. Algunos sonreían y miraban con aprecio, casi con deseo, como queriendo estar allí y no en el negocio que los atrapaba y  no les permitía sumarse a la caravana.

Cuando por fin quedo la movilización agrupada en la plaza San Martín. Comenzaron los discursos, la efervescencia se apoderó del lugar, una especie de orgullo mezclado con bronca, no se sabe bien, pero el resultado es un masa de gente, en su mayoría pibas que cantaban y se abrazaban, que bailaban entre banderas y, consciente o inconscientemente, miraban para arriba mientras se acordaban de sus compañeras muertas, abusadas y/o violentadas. Es un sonido casi unánime, al que la plaza de a poco se va acostumbrando, son miles de voces gritando, algunas más desgarradas que otras, pero todas llevando en si la convicción de que luchan porque todos y cada día se escuche una mayor cantidad de voces cantando y gritando sin parar: ¡ NI UNA MENOS!

PH: Sofía Aylem y Pablo Sabando Aburto

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