Miren cómo nos ponemos

Gabriela Krause
Redes:

Gabriela Krause

Editora at Géneros
Periodista | Editora de Géneros y Breve Eternidad | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente.
Gabriela Krause
Redes:

Latest posts by Gabriela Krause (see all)

En el día de ayer, el Colectivo de Actrices Argentinas hicieron algo enorme: convocaron a una conferencia de prensa, utilizaron la mediatización a su favor, impusieron la cobertura periodística y le sirvieron de escudo humano a Thelma Fardin, quien puso al tanto a todo el periodismo y el país de la denuncia efectuada a Juan Darthes en Nicaragua por violación.

Thelma tenía 16 años cuando el actor, de más de cuarenta y actuando con ella en una tira juvenil, la forzó, la penetró, le practicó sexo oral y le dijo que mire cómo lo ponía. Todo al son del no y del basta de la joven actriz.

En las redes y en las calles la repercusión fue inmediata: el video en el que Thelma cuenta la violación que sufrió en primera persona no pasó desapercibido para nadie. Thelma, de una fuerza incuestionable, vino a poner en juego una vez más lo que el feminismo repite a diario: las mujeres somos violadas en todos lados, todos los días, en todas las clases sociales y posiciones -o no- de privilegio.

Hay quienes tildan al movimiento de exagerado, hay quienes se escudan en la ausencia de denuncias penales, hay quienes ponen en duda la voz de las mujeres que se alzan para gritar basta: ninguno de ellos puede argumentar, no sólidamente, en favor de Juan Darthes, ya denunciado previamente por otras actrices por acoso y ahora formalmente denunciado por la violación de una menor.

¿Qué logró el feminismo que tanto les molesta?

El feminismo vino a lograr muchas cosas. Una de ellas, es la de imponerse en una agenda mediática acostumbrada hasta ahora a poner a la mujer en un lugar decorativo, sin voz y sin demasiados derechos. Desde el año pasado, no hubo canal que pueda callarse frente a la lucha incansable por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, no hay quienes puedan callarse frente al pedido de aplicación de la ESI y no hay quienes puedan callar, les guste o no, frente a la ola de mujeres cada vez más grandes que denuncian haber sido violadas en cualquier contexto.

¿Son las actrices privilegiadas?

Las actrices son privilegiadas en tanto que están expuestas mediáticamente, por lo tanto cuentan con una voz de mayor alcance que la mayoría de nosotras. Podrían usarlo como quieran, para lo que quieran: lo usan para poner sobre la mesa unas cuantas realidades, unas cuantas violencias, y alzar una voz que es la de todas. Necesitamos esa exposición porque gritando desde nuestras casas no nos escuchan tan bien. A quienes se animan a denunciar estas cosas se las ridiculiza, se las oprime doblemente, se las cuestiona y se las obliga a callar, pero obligando a los medios a hablar de estas cuestiones se está evidenciando más que nunca una realidad.

No nos callamos más

Ni las actrices, ni las periodistas, ni las mujeres que laburan a diario en distintas industrias, ni las amas de casa, ni las desocupadas. El silencio y el miedo cambiaron de bando, ya no nos pertenecen. La mejor manera de poner en evidencia una violación es hablando en primera persona, exponiendo los hechos, contando la verdad. La mejor manera de terminar con la cultura de la violación es terminar con la cultura del silencio, nacido de la culpa y la vergüenza que nos enseñaron a sentir, para que quienes empiecen a sentir culpa y vergüenza sean aquellos que deciden abusar de su poder y violar a las mujeres simplemente porque pueden. No pueden más. No, al menos, en el anonimato y la oscuridad. Ya no hay oscuridad: una mujer decide hacer pública sus vivencias y otras cincuenta le toman la mano. Doble mensaje: le dicen a ella que no está sola y le dicen también a los tipos, a los que descreen, a los medios y a todos que ella no está sola. No pueden hacerse los boludos, no pueden callar, no pueden quedarse quietos. Son, somos un montón.

Te caga la vida

De chiquita me enseñaron a temerle a la violación porque “te caga la vida”. Eso te dicen, eso te enseñan, con eso te machacan para que te vistas decentemente, para que vuelvas acompañada, para que no tomes un taxi cualquiera de la calle, para que no viajes sola. Te caga la vida. ¿Te caga la vida?

Una violación es un hecho traumático, por supuesto. Un hecho que ninguna de nosotras debería vivir. Pero lo vivimos. Muchas más que las que lo admitimos, muchas más que las que nos animamos a hacerlo público, muchas más que las que tienen cámara, muchas más que las que tienen voz. Somos violadas. ¿Tenemos todas las vidas cagadas, o simplemente atravesamos un momento de mierda que no podemos evitar?

Cagarse la vida o no cagársela es un poco una elección personal. Claro que hay que tener herramientas, contención, apoyo, fuerza de voluntad y un montón de otras cosas, innumerables cosas. Pero si tomamos conocimiento de que somos un montón, no podemos simplemente resignarnos a ser lo que esperan que seamos: víctimas cabizbajas, silenciosas, avergonzadas.

Para elegir no cagarnos la vida, nos queda una opción: la de contar lo que vivimos para demostrarle a las que siguen que se puede luchar contra eso. No podemos evitar ser violadas. No lamentablemente. Pero podemos evitar lo que viene después y podemos evitarle a otras mujeres el dolor. Decir fui violada es un acto político de una valentía inmensa.

Mirá cómo nos ponemos

Mujeres violadas hay de dos tipos: las que mueren y las que no. Las que viven, las que vivimos, tenemos todavía una carta que jugar: sabemos lo que se siente, en primera persona, y sabemos lo que necesita una víctima porque nosotras también lo necesitamos. Hablarlo, cuestionarlo, problematizarlo, volverlo arte, enseñar, hacer una conferencia de prensa, usar nuestras armas, no claudicar: esa es nuestra fortaleza.

Estamos vivas. Cometieron ese error. Ahora miren cómo nos ponemos cuando nos tocan.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email