Mientras Vidal calla, la universidad pública le habla

Daniel Adrian Lico

Daniel Adrian Lico

Redactor at Corriendo La Voz
Periodista. Estudiante de Comunicación Social en UNLaM. Toda la vida tiene música. Messista e hincha de la Selección. Todo es política.
Daniel Adrian Lico

El país se encuentra inmerso en la tercera semana de Paro Universitario Nacional por las paritarias a la baja y los constantes ataques a la educación pública. La política del macrismo se traduce en un constante golpe al financiamiento de la misma. Desde Corriendo La voz proponemos recordar los dichos de María Eugenia Vidal sobre la universidad pública y como se relaciona con la pobreza. Además, recopilamos testimonios de docentes y alumnos, que reivindican a la enseñanza pública mientras cuestionan la palabra de la mandataria de la provincia más poblada del país.

Fue Ernesto Sábato quien dijo que la educación es lo mas decisivo en el porvenir de un pueblo, y que por esa razón es avasallada por quienes pretenden vender al país como oficinas de los grandes consorcios extranjeros. La Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires cree que es un error la construcción de universidades públicas, porque no generarían la inclusión que se pretende, pero estudiantes, profesores y estadísticas oficiales parecen llevarle la contra.

María Eugenia Vidal, el pasado miércoles 30 de mayo, en un discurso dado en el Rotary Club, se mostró en contra de la creación de universidades públicas en el conurbano bonaerense. “¿Es de equidad que durante años hayamos poblado la Provincia de Buenos Aires de universidades públicas, cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?”, lanzó sin escrúpulos la gobernadora.

Sus palabras en el evento pasaron como desapercibidas: los presentes en el acto siguieron sosegados, sin reponer en lo que la mandataria había expresado. Pero ni la sociedad educativa, ni los sectores populares dejaron de lado esas declaraciones. Hubo un fuerte repudio a sus dichos, y sobre todo, una reafirmación del trabajo de las instituciones universitarias en su compromiso con los estudiantes de las clases sociales más vulnerables.

En primer lugar, los datos que devuelven todos los estudios realizados en torno a esta cuestión  hablan por sí solos. Por ejemplo, teniendo en cuenta un estudio realizado por Chequeado.com y la Universidad Nacional Arturo Jauretche, en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), el 94% de los estudiantes tienen padres sin estudios universitarios finalizados.

Una situación similar enfrenta la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), ya que el 74% de los alumnos son considerados primera generación universitaria. Las cifras siguen desmintiendo a Vidal: las aulas de la Universidad Nacional General Sarmiento contienen estudiantes que en el 75% de los casos tienen un padre que como máximo ha alcanzado el nivel secundario.

Historias de vida y de estudio matanceras

Luciana Pastoriza es alumna de la UNLaM y es la primera generación de estudiantes de su familia. Afirma que creció sabiendo que todo cuesta mucho y que hay que cuidar aquello que se consigue. Además, comenta con alegría que cuando ingresó a la facultad su logro fue festejado como un recibimiento.

“Lo hago por mí, y lo hago por ellos, porque soy el resultado de sus luchas y de sus esfuerzos”, sentenció Luciana para definir su pasaje con orgullo por la casa de altos estudios. Actualmente se encuentra a solo cinco materias de poder contar con su título de Licenciatura en Comunicación Social.

La historia de Paula Kornetz puede ayudar a entender que la vida universitaria no está solo al alcance de las clases más favorables. Tiene 52 años, es la única de cinco hermanos que asiste a la universidad y hoy se encuentra estudiando junto a su hija de 25. Convencida de que aunque cuesta se puede lograr lo que uno busca, atestigua que pasaron muchos sacrificios para poder estudiar: desde las complicaciones a la hora de viajar, las dificultades económicas para mantener a la familia, hasta la búsqueda de imprimir los apuntes de modos alternativos, ya que son costos  arduos de sortear. En conversación con CLV, sostuvo que “la universidad pública es el único modo de que todos aquellos que nacemos en hogares humildes podamos acceder a una carrera universitaria y no al revés”, contradiciendo las supuestas verdades de perogrullo que señaló la gobernadora Vidal.

“Mi hermana y yo somos la primera generación en la familia que pudo asistir a la universidad, gracias al esfuerzo de las generaciones anteriores que no pudieron por su clase social baja. Inclusive mi madre no pudo terminar sus estudios secundarios, por eso el hecho de poder realizarlo tiene gran importancia dentro de la familia”, aseveró Celeste Godintola.

Con 23 años, Celeste representa con mucho orgullo todo lo que su familia tuvo que pasar para que ella pueda gozar de la posibilidad de tener educación de alto nivel académico. A la vez, no acepta que la gobernadora de Buenos Aires genere “una perpetuación de la pobreza y la estigmatización de la provincia” y agrega que su postura es “elitista y que trasmite un mensaje de desesperanza y marginación”.

La universidad te genera la posibilidad de conocer mucha gente, que además comparte una realidad muy diferente a la de uno. Ariel Cipolla es estudiante de la UNLaM y pregona esta comunión entre los distintos sectores al explicar que “el trato con personas de otros estratos ayuda a eliminar o reducir los prejuicios que siempre existen al desconocer formas de vida diferentes a las nuestras”. 

Argentina ha disfrutado con grandes resultados del derecho a la universidad pública, y es por eso que, para Ariana Nicolete, es fundamental en el desarrollo del país. “La enseñanza pública es símbolo de justicia social, y a su vez incita al crecimiento educativo de nuestra sociedad. La universidad pública nos motiva y nos da la oportunidad de ser quien queremos ser realmente”, sentenció al ser consultada sobre lo que había dicho María Eugenia Vidal.

Lo que expresa Malena Srur pone sobre la mesa la superación y el compromiso de una familia que buscan lo mejor para su hija. Ella lo deja bien en claro cuando habla de su vida: “yo soy hija de un encargado de edificio, quien sólo tiene título secundario y que vivió su adolescencia bastante sesgada por culpa de la última dictadura militar. Mis viejos siempre me insistieron en que curse una carrera universitaria, sobre todo mi papá; y lo hice en cuanto pude y no dudé nunca de ir a una universidad pública”.

“Viniendo de una familia a la que siempre le costó un poco más que a los demás llegar a fin de mes, donde se trabajaba más que otra cosa, poder alcanzar un título es todo un logro”, remarcó la joven al hablar sobre la importancia del estudio, y el deseo de llegar al recibirse. 

Carlos Romero: un profesor comprometido

En concordancia con estos dichos, el periodista y docente de las materias Análisis y Producción periodística, y del Taller 5 y 6 de gráfica de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNLaM, Carlos Romero, analiza -con dolor- que los comentarios fueron muy desalentadores y erróneos, ya que para él, si hay algo que las universidades del conurbano muestran, es la enorme presencia de estudiantes que de otra manera no hubieran accedido a la educación universitaria.

Desde su experiencia personal, Romero comentó: la universidad para mí era un lugar donde encontraba al Estado cumpliendo ese rol de venir a compensar esas situaciones que ningún otro actor social compensa”. Esta afirmación da la posibilidad de entender la universidad como el resultado de políticas inclusivas, y como un factor más hacia la equidad entre las distintas clases sociales. 

La universidad pública es una de las cosas más valiosas que tiene este país, que es fruto de muchas luchas, muchas resistencias y de procesos históricos. Que es referencia para muchos otros países que no tienen la misma posibilidad que el nuestro, y que además, es evidente el rol dinamizador en la sociedad que cumplen estas universidades, no solo para aquellos que pueden ingresar a estudiar”, razona el profesor.

En relación a esta situación, el periodista sostiene que si hay gente que no puede acceder a la educación universitaria, es el Estado el que tiene que trabajar para que esta situación no se produzca. De esta forma, se contrapone al pensamiento que tiene el Gobierno, y ratifica: “el Estado no tiene que ser una analista resignado de la realidad, si ve algo que está mal, justamente su tarea es actuar sobre eso”.

Por otro lado, a Romero le hace ruido el ensañamiento con las universidades públicas. Recuerda que Mauricio Macri, en su campaña del 2015, también había atacado al mismo sector. Siguiendo esta línea, se pregunta: “si uno tuviera que elegir un listado de problemas en el conurbano bonaerense, ¿por qué motivo pondría en los primeros puestos a las universidades públicas?”.

“La universidad es parte de mi identidad, ahí conocí a docentes, que algunos son ahora compañeros de trabajo. Ahí conocí a mi esposa que es la madre de mi hija, y alumnos que me llenan de orgullo”, asevera Carlos Romero cuando tiene que describir qué es la universidad pública. Por último, sintetiza -con entusiasmo- lo que siente: “es un lugar de oportunidad, donde se concentran muchas de las cosas buenas que tenemos como sociedad. Es un símbolo de lo que podemos lograr si trabajamos todos en conjunto”.

“Estudiar, pensar, resistir… no aflojar”

El profesor de Sociología General de la UBA, Miguel Ángel Forte, avizora una gran problemática: “lo que más me preocupa de la afirmación, es que tirar una cosa de ese orden como una ley natural es un problema: naturalmente el pobre no está dotado para llegar a la universidad. Hay un dispositivo ahí que dice: pobre no va a la universidad; para que tener universidades entonces, si los pobres no van”.

Por otra parte, examina el discurso de Vidal, y manifiesta la realidad de la pobreza ante la cuestión del estudio, y que esconde la gobernadora al expresarse: “la pobreza tiene hoy otra característica porque, digamos, si no llegas ni siquiera a sobrevivir, no podes llegar a la educación tampoco. Pero esto no está dicho de esta manera para resolverlo, si no que esta dicho, para recortar”.

Es interesante la visión que Forte tiene acerca de la universidad pública en relación a las oportunidades laborales, y de formación que esta misma puede dar. “En mi imaginario una universidad que se abre en la provincia, es un polo de trabajo, donde se da trabajo. Si se da trabajo, y además, se instruye, se educa a la gente, y no hace falta que la capital sea el centro de la educación universitaria, para mi es una cosa altamente positiva. Es en lo último que yo pensaría recortar”.

“La universidad nos da un bien enorme. Le hace bien a la gente, la mejora, la ayuda. Es más accesible de lo que las personas piensan. Porque uno puede poner su propio ritmo, de acuerdo a sus necesidades materiales, planificar su estudio. Eso es lo bueno de la universidad pública, los mejores profesionales están acá, se buscan los egresados de la universidad pública, por algo hay que defenderla y mantenerla”, reflexiona el profesor.

Al igual que a Romero, a Forte, le genera preocupación que se la ataque cuando, en el radar, aparecen complicaciones económicas que afectan el equilibrio del país. “Hay otros problemas económicos muchísimos más graves, el país es un récord en fugas de capitales que no son ni los profesores universitarios, ni los no docentes los que lo fugan. Como no se puede disciplinar a la clase dominante -donde está el gran problema deficitario- quieren cortar por el hilo más delgado”.

Miguel Ángel Forte, es una persona que se considera “hijo” de la enseñanza pública, ya que toda su experiencia relacionada con el estudiar fue en establecimientos públicos, desde el colegio hasta la universidad. Por eso tiene una noción especial de lo que significa una facultad: “es la gran posibilidad de formarnos en un lugar donde la cuestión política es parte integral de la formación de un buen profesional. La alta participación, la cercanía con lo que se está viviendo en el mundo, o en el país, me parece que es fundamental”.

La gobernadora queda expuesta con su discurso, ya que no se corresponde con la realidad. Los estudiantes y docentes, quienes viven el día a día en las universidades, defienden la educación pública con orgullo y están convencidos de que es el camino para lograr una verdadera igualdad de oportunidades. Los gobernantes parecen ir por una búsqueda más mercantil. Por lo cual, se podría preguntar: ¿por qué tanto miedo de educar al pueblo?

 

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