#Micaela y la lista de cosas para decir

Cecilia Chiaramello

Cecilia Chiaramello

Comunicadora Social. 25 años. Mi abuela me dijo que no estudie periodismo. No la escuche.
Hablo sin S porque soy de Santa Fe. Escribo, leo, miro series y tomo tereré porque sino me aburro. No sé esperar los segundos entre capítulos de Netflix. Soy fan de la gente y me río con ruido.
Cecilia Chiaramello

Latest posts by Cecilia Chiaramello (see all)

El fin de semana pasado desapareció Micaela García, de 21 años. Hoy, en Gualeguay (Entre Ríos) apareció su cuerpo asesinado. La mató Sebastián Wagner, condenado por dos violaciones. Nos queremos vivas, nos queremos libres y todavía hay quienes niegan que la violencia de género es una realidad. A ellos les hablo hoy.

17862541_1891541767794409_7673731951253512630_n

Necesitamos saber qué pasó. Micaela me duele en el cuerpo como una fiebre que es síntoma de algo peor. Necesitamos saber por qué.

Podría enumerar autores, podría recomendarte libros para que entiendas el feminismo, para que sepas cómo se constituye el patriarcado, podría refregarte las estadísticas de femicidios en Argentina, podría contarte cómo surgió el movimiento #NiUnaMenos, podría explicarte porque sos machista, podría hablarte de cosificación, de la mujer objeto, de la mujer mercancía. Podría decirte que somos un país de mujeres y hombres machistas que criamos hijos machistas. Podría explicarte los distintos tipos de violencia, incluso podría nombrarte leyes o contarte qué es un crimen por odio al género.

Pero hoy no tengo ganas, porque me duele Micaela. Porque todo eso ya lo sabes, pero no te importa, no lo queres ver, no lo entendes, los barrotes mentales de tu educación te grabaron a fuego el algo habrán hecho, porque para vos la víctima tiene la culpa. Podría destrozar en dos segundos tu argumento falaz de la pollerita corta. Pero no tengo ganas. Hoy no. Hoy estamos todos un poco cansados. Y eso está mal. Muy mal.

Podría ayudarte  a pensar que las mujeres no tenemos la culpa, y que los femicidas no son locos. Pero en el 2017, en serio no tengo ganas. Ya no. Tengo bronca y dolor. Y Micaela me sigue doliendo en el cuerpo como una fiebre que no baja con nada. Con nada.

Podría explicarte la génesis de la violencia machista, podría decirte que sos muy ignorante cuando al #niunamenos le anexas el nadie menos y la foto de tu perro.

“NI UNA MENOS”, dije. Y hoy no tengo ganas de gritar, y sé que está muy mal. Podría contarte que hoy a la mañana la plaza de Gualeguay estaba llena de gente sentada en silencio. Un silencio tan fuerte, tan ensordecedor. Esa gente que la buscó una semana, hoy buscaba una respuesta en silencio, como perdidos, sin entender ¿Por qué? Podría contarte que el papá de Micaela no cree en la justicia por mano propia. Que habla sereno, pausado, que dijo que va a luchar.

Pero como hoy no tengo ganas de educar tu mente patriarcal, retrógrada y machista te cuento que el Juez Rossi liberó al asesino de Micaela, cuando no tenía que hacerlo. Lo liberó porque si. “Ninguna opinión de informe es relevante para mi decisión de liberar”, dijo. En cambio, el papá de Mica dijo Ni Una Menos. Ni una Mica más.

Wagner, el femicida que mató a Micaela, ya había violado. Dos veces. Una vez y otra vez. Dos veces. Y ahora tres. Por las dudas, Juez Rossi, eso es lo que hace un violador reincidente.  El juez lo liberó porque la Justicia argentina es una eterna letanía de cagadas, de mentes machistas que se niegan a aggiornar el papel a la realidad. Justicia machista que no ve la relación entre sus fallos arcaicos y este dolor colectivo que es Micaela. Micaela joven, entusiasta, sonriente, nunca debería haber sido un dolor colectivo. Nadie debe ser un dolor colectivo. Pero es tarde. Es tarde Juez Carlos Alfredo Rossi, muy tarde.

También podría decirte que la próxima puede ser tu hermana, tu sobrina, tu prima o tu hija, pero veo que no te importa. Porque es una remota posibilidad, hasta que Micaela te mira desde la tele. Me duele Micaela como la fiebre, en los huesos, en la cabeza, me duele en los ojos.

Podría decirte que no quiero una Micaela reducida al resultado de una autopsia, ni a un Wagner reducido a un enfermo mental que no puede contener sus compulsiones. No quiero. Quiero Justicia, espero Justicia de un sistema que no está preparado para impartirla. Por eso me duele, porque el Estado no nos acompaña, porque el botón antipánico no es la panacea definitiva, pero recortar el presupuesto designado a luchar contra la violencia de género, no sólo es un sinceramiento de las prioridades políticas, sino también una hijaputez.

Micaela me va a doler un rato más, un rato que es para siempre, y el dolor se va a ir cuando puedas entender de una vez por todas que no somos tuyas.

Y cuando el dolor no nos paraliza, se convierte en palabras y en organización. Tal vez debamos ser la fiebre de cada una de las plazas del país, y quedarnos ahí, sin necesidad de hacerte entender nada, hasta que nos veas, hasta que el Estado nos vea, nos mire a la cara y se le ocurra defendernos. Tal vez debemos seguir llenando plazas. Gritando o en silencio, pero llenando. Una y otra vez. Porque cuando la fiebre se va, todo se ve con más claridad.

¡Vivas nos queremos!

#NiUnaMenos

 

Facebook Comments