Melina Romero: Justicia a medias, pero justicia al fin

Florencia Slucki

Florencia Slucki

Redactora at Corriendo La Voz
Estudiante de Comunicación Social en la UBA | A veces me cuelgo haciendo un análisis social de cada cosa que me rodea | Aprendí a leer con Todo Mafalda | Vivo esperando que vuelvan a estar de moda los rulos | Un día me subí a la tela y nunca más me bajé.
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El martes se declaró culpable a Joel “Chavito” Fernández, uno de los responsables del femicidio de Melina Romero, el emblemático caso ocurrido en agosto de 2014. El juicio por jurados duró cinco días y ahora el juez debe decidir la pena. Su aplicación, que debiera haber sido ayer, se postergó dos semanas por el pedido del acusado de tener en consideración su “complicada situación familiar”. 

“Se hizo justicia”: el vaso medio lleno

El juicio se realizó por jurados. Es decir, se seleccionó a doce ciudadanas y ciudadanos de forma aleatoria (pero corroborando que cumplieran con los requisitos para ser jurados). Seis mujeres y seis varones. Por este grupo quedó dictaminado que Joel Fernández debe ser declarado culpable del femicidio de Melina, por homicidio preterintencional con privación ilegal de la libertad. Esto quiere decir que el culpable no tenía intenciones de asesinar a su víctima, pero sí la intención de dañarla y provocarle lesiones, y que la víctima fue secuestrada y retenida en contra de su voluntad. Ahora, queda en el juez dictaminar la condena. Marcelo Biondi, el abogado de la familia de Melina, estima que por la gravedad del caso podrían darle 11 años de prisión. Por su parte, Joel Fernández pide que se atenúe su condena y se postergue su aplicación “por su complicada situación familiar”.

Se sabe que hubo más responsables por la muerte y el abuso de la joven, pero los principales sospechosos, Elías Fernández y César Sánchez, quedaron en libertad “por falta de pruebas”, según María Fernanda Billone, la fiscal que había tomado el caso hasta febrero de este año. A partir de entonces la familia fue la querellante, sin fiscales, con un abogado privado, Marcelo Biondi.

Además no se pudo probar que Melina haya sido abusada, con lo cual no hubo unanimidad en el jurado popular para culpar a Fernández de ese delito; a pesar de que la testigo clave, Melody, la amiga de Melina que sobrevivió a esa noche de horror, afirmara que a las dos las drogaron, abusaron de ellas y a Melody la apuntaron con un fierro. Todo esto, antes de subirlas al auto desde el cual arrojaron el cuerpo de Melina.

La madre de Melina, Ana María, reclama que se haga el juicio a los otros responsables. “Es un trabajo que él solo (Joel Fernández) no hizo“. Pero se muestra optimista ante la gran conquista ganada ayer: “Ahora puedo empezar a confiar en la Justicia

Un caso emblemático

Melina Romero había salido a festejar su decimoséptimo cumpleaños el 24 de agosto de 2014 y nunca regresó a su casa. Había ido al boliche Chankanab y a la madrugada había ido a buscar a Melody a la casa junto con Joel Fernández, César Sanchez y Elías Fernández. Fue hallada muerta, tras una intensa búsqueda, un mes después, en el Camino del Buen Ayre, en dos bolsas de basura. La autopsia indicó que había muerto asfixiada. Fue hallada a 13km del boliche adonde había ido a bailar en San Martín.

El caso de Melina se hizo muy conocido y fue uno de los casos emblemáticos que antecedieron al movimiento #NiUnaMenos, que se consolidaría el año siguiente. ¿El motivo? Melina fue el foco de la agenda mediática durante ese mes, pero no por la indignación del crimen, sino porque en el medio del proceso de búsqueda, se la culpabilizó y responsabilizó por su desaparición. Se alegó, sobre todo por el diario Clarín, que ella se lo había buscado por haber abandonado la secundaria, por haberse peleado con su mamá, por tener piercings, ser fanática de los boliches y muchos perfiles en Facebook.

Afortunadamente, tres años después no sólo se lleva a cabo el juicio sino que una nota como aquella, hoy en día, sería imposible de publicar. La lucha feminista ha logrado que los medios de comunicación hegemónicos del país hayan tomado conciencia (o al menos, corrección política) y no culpabilicen a las víctimas de la violencia de género con tanta impunidad como antes, aunque queda todavía un arduo camino por recorrer. La mayor parte de la sociedad sigue responsabilizando a las víctimas: que la minifalda, que la conducta, que por qué caminaba sola, que ella provocó, que debería alegrarse de que alguien la deseara (!). Que ella se lo buscó. En el caso de Melina, como no pudieron encontrar ninguna pollera corta ni un paseo solitario nocturno, Clarín optó por hacerla responsable porque no había terminado la secundaria, le gustaba ir a bailar y tenía una relación difícil con los padres, tomando, en el colmo de la impunidad mediática, los testimonios familiares para criminalizar a la joven, que en ese entonces faltaba de su casa.

La deconstrucción de la cultura de la violación parece tener un lejano punto de llegada. Sin embargo hoy la familia puede sentir calma y confianza porque la justicia se asomó y condenó al femicida de Melina, que se encuentra detenido hasta la sentencia final. Para terminar con la violencia de género, todavía queda un arduo camino. 

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