#MaríaElenaWalsh “Hace tiempo que somos como niños”

Nadia Benitez
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Nadia Benitez

Redactora at Corriendo La Voz
Licenciada en Comunicación Social | Periodista | El staff de #CLV me llama "Pepe" | Manija de la música, sobre todo, el rock | Mafaldista.
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– ¿Y cómo te gustaría que te recordaran?
– Como alguien que quería dar alegría a los demás, aunque no le saliera siempre.

A esta altura es casi imposible no haber escuchado jamás la historia de la tortuga Manuelita que vivía en Pehuajó o no haber recibido la invitación de tomar el té junto a la famosa tetera de porcelana. Hablamos de relatos y canciones que quedaron en el imaginario cultural porque lograron trascender varias generaciones. Grandes y chicos quedaron atrapados para siempre en esta narrativa atípica que revolucionó la literatura infantil (y un poco también la adulta). La responsable de esta innovación hoy estaría cumpliendo 86 años. Esto no es más que un simple homenaje por habernos hecho crecer en un mundo del revés y enseñarnos a mirar desde otra perspectiva la vida.

El 1 de febrero de 1930 nació por el oeste de Buenos Aires (Ramos Mejía) María Elena Walsh. Multifacética y emprendedora, supo encontrar una manera distinta de decir lo que sentía y pensaba por medio de la escritura. Walsh fue realmente transgresora pero no sólo en lo profesional sino también en como vivía su vida.

Poeta, escritora, música, cantautora, dramaturga y compositora argentina. Es cierto que su público predilecto fueron los niños pero con algunas vueltas de tuerca llegó muchas veces a los más adultos. El propósito de esta nota no es redactar su biografía completa (aunque nunca está de más leerla). Sí queremos rescatar los tesoros más valiosos que nos dejó por herencia a todos, sin distinción de clases, edades o géneros.

Su pasión por la lectura, la llevó a la edad de 15 años a publicar su primer poema en la revista El Hogar. Al poco tiempo, tuvo un espacio para escribir en el diario La Nación. Dos años más tarde, sufrió la muerte de su padre, pérdida que la llevó a publicar su primer libro de poemas titulado “Otoño imperdonable”. Esta primera obra recibió el segundo premio Municipal de Poesía luego de que los jueces confesaran que no había ganado el primer puesto por ser tan joven.

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Sin embargo, a pesar del éxito y las buenas críticas, no todo era color de rosas para esta joven María Elena que empezaba a experimentar el mundo. Nadie lo percibía, pero la realidad es que se sentía bastante abrumada por las represiones familiares y sociales que pujaban en torno a su sexualidad. Una parte de su vida que siempre intentó mantener reservada tanto para la mirada ajena como para el clima político de esos tiempos (peronistas – antiperonistas).

Tantas veces te mataron, tantas resucitarás, tantas noches pasarás desesperando.
A la hora del naufragio y la de la oscuridad alguien te rescatará para ir cantando.
Como la cigarra – María Elena Walsh

Walsh había demostrado que los poemas y la literatura infantil eran su fuerte pero su carrera dio un giro en 1968 cuando estrenó su primer espectáculo de canciones para adultos “Juguemos en el mundo”, que se constituyó en un acontecimiento cultural que influiría fuertemente en la nueva canción popular argentina formada por diversos enfoques (folklore, tango, jazz, rock).

Las temáticas abordadas por “Juguemos en el mundo” abarcaron canciones de protesta que comenzaron a florecer en Latinoamérica por aquellos años, así como también otros asuntos prácticamente ausentes del cancionero argento como la emigración. Walsh habló también del peronismo y la pasividad social de las clases medias en canciones como “Mirón y Miranda”.

Las últimas baladas y reflexiones

Aunque rebelde y atrevida, el asunto de su sexualidad no era lo único que la agobiaba. Walsh también fue víctima de censura durante el período de la última dictadura cívico –  militar de nuestro país. En 1978, en plena Copa Mundial de Fútbol, decidió “no seguir componiendo ni cantar más en público”. A pesar de ello, varias de sus canciones se convirtieron en símbolo de lucha por la democracia como  “Oración a la justicia”, “Como la cigarra”, “Canción de cuna para un gobernante”, “Canción de caminantes” o “Postal de guerra”.

Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. Cuando el censor desaparezca ¡porque alguna vez sucumbirá demolido por una autopista! estaremos decrépitos y sin saber ya qué decir. Habremos olvidado el cómo, el dónde y el cuándo y nos sentaremos en una plaza como la pareja de viejitos del dibujo de Quino que se preguntaban: “¿Nosotros qué éramos?”
Suplemento Cultural del diario Clarín (1979) – María Elena Walsh

La vida es muy corta cuando se la vive con tal intensidad y haciendo lo que más nos gusta. Llegamos a la parte que más nos entristece de estas notas. Lamentablemente Walsh partió. La artista falleció el 10 de enero de 2011 “luego de una prolongada internación y de varios padecimientos crónicos que la aquejaban”, indicó un parte médico del Sanatorio de la Trinidad. Sus restos fueron velados en una de las sedes de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic) y trasladados al Cementerio de la Chacarita.

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Un lápiz y un papel, un simple poema o las estrofas de una canción, su lugar en el mundo. María Elena Walsh alegró (y alegra) a grandes y chicos. Transitó melodías desde la inocencia a la reflexión. Experimentó baladas y folklores. Pero nadie puede negar que no exprimió al mango el género del rock. Walsh fue y seguirá siendo rock en su máxima potencia. La ironía y las metáforas, la rebeldía y la concientización, el grito a la disconformidad jamás estuvieron ausentes en sus letras. Por eso, gracias María Elena Walsh por haber aportado tanto rock a la historia cultural argentina.

Canción del jardinero – Dale PLAY y subí el volumen que es rock pibe.

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