Marcha por la educación: desventuras y luchas en la educación argentina.

Patricia López
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Patricia López

Docente de inglés en varios niveles educativos. Curiosa por naturaleza. Amante de la literatura, la cocina y las plantas. Escucho de radio desde niña. Lectora incansable. Trabajadora docente en lucha por la educación pública.
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Ayer, en la plaza del Congreso, se congregaron gran cantidad de agrupaciones docentes y estudiantiles en una marcha pautada desde la semana anterior. Sindicatos de trabajadores de educación inicial, primaria, secundaria y universitarias manifestaron en repudio a los recortes en educación. Reviví la jornada en esta crónica y postales.

No es nuevo el destrato al que se están viendo sometidos les docentes argentinos. Sabemos de sus luchas. Por haberlas vivido o por haberlas aprendido de nuestra historia reciente. Durante los años de la dictadura, muchas maestras y maestros, profesores y estudiantes fueron perseguidos, encarcelados y torturados, en el mejor de los casos, o muertos y desaparecidos en el peor. Ya en democracia, y durante los 90, supimos de flexibilización, que en el área educativa se realizó por medio del pase de los servicios educativos a las provincias, lo que supuso una fragmentación y pauperización a nivel nacional. Luego llegaron las reformas traídas de Europa, cuando allí ya habían fracasado: la creación de la EGB con el agregado del tercer ciclo a la escuela primaria, y la desnaturalización de las escuelas técnicas con la creación del Polimodal.

La década del 90 terminó con la emblemática Carpa Blanca, liderada principalmente por CTERA, que fue sostenida durante mil días y logró una gran visibilidad del conflicto docente; no fue levantada hasta la promulgación de la Ley de Financiamiento Educativo, que volvió a poner el protagonismo en el Estado nacional en el pago de los sueldos docentes del país, pero resultó ser solamente un paliativo para la conformación de los salarios y no una medida de fondo.

Esta ley, a lo largo de los años siguientes, demostró ser solo un parche de emergencia; así, en muchas provincias siguieron las medidas de lucha durante cada negociación paritaria salarial. La barbarie tuvo su punto más alto en 2007, cuando el maestro Carlos Fuentealba fue asesinado por la policía durante un corte de ruta en Neuquén.

En estos últimos casi tres años, lo novedoso, el “cambio”, llegó orquestado desde múltiples frentes de ataque. Al decir del inefable Esteban Bullrich cuando era ministro de educación en CABA, lo de este gobierno es el ataque simultáneo por varios frentes para que los afectados deban dispersar su atención y energía y de este modo, ganar en algunas cuestiones pero perder en tantas otras en el mientras tanto. Desde el oficialismo se comenzó una agresiva campaña de desprestigio hacia el campo popular en general y a los actores de la educación en particular, por parte de los medios hegemónicos de comunicación y de los principales referentes del gobierno, tales como la gobernadora Vidal, quien a pocos días de asumir declaró que “la educación no da para más”.

En medio de informes que hablaban de funcionarios que viajaban a Finlandia para estudiar su exitoso sistema educativo, operativos de evaluación a nivel nacional, y capacitación docente que se retaceaba o agendaba para los días de paro, se desfinanciaron las universidades; se ofrecieron sumas irrisorias en las paritarias tanto a docentes primarios y secundarios como a los universitarios; se cancelaron programas provinciales y nacionales de todo tipo; se intentó precarizar a docentes de ciertas áreas de la educación primaria y secundaria; se presentó un proyecto para recortar en cientos de horas la currícula en las escuelas técnicas en la provincia de Buenos Aires y descentralizar los Equipos de Orientación Escolar, y se cerraron los bachilleratos de adultos.

Todas estas estrategias de vaciamiento y recorte incluyeron el ahorro en obras de infraestructura para las escuelas, desde las estructurales a las más básicas, lo cual no pudo tener otro resultado más que una tragedia claramente anunciada. La brutal muerte de Sandra Calamano y Ruben Rodríguez no hizo más que desnudar la precariedad en la que se encuentran muchos de los establecimientos en la provincia más poblada del país. Y ahora, durante este último mes, las autoridades se vieron desbordadas por las bases del distrito de Moreno, que no han abierto las escuelas desde la muerte de les compañeres.

Y al silencio de la gobernadora Vidal la comunidad de Moreno respondió con organización; con docentes que se ocuparon de preparar tareas para los alumnos sin clase y con ollas populares para ofrecerles un plato de comida caliente, en vez de la vianda lastimosa que envía Dirección General de Escuelas. Al duelo lo transformaron en acción por les niñes y en lucha por lograr justicia.

Sin embargo, y como ya nos tienen acostumbrados, el horror redobló la apuesta. Como en los mejores tiempos de la dictadura, el grupo de docentes ocupadas en alimentar a les alumnes recibieron amenazas anónimas en diversas oportunidades y por último, una de ellas fue secuestrada, torturada y liberada con la marca del mensaje de disciplinamiento y silencio que se quiere imponer a la clase trabajadora en su conjunto.

Hoy en la plaza del Congreso se congregaron cantidad de agrupaciones docentes y estudiantiles en una marcha pautada desde la semana anterior. Fueron miles de manifestantes y de todos los niveles, de las escuelas primarias y secundarias, los SEC, centros de estudiantes, y de las universidades, además del sector de la educación privada subsidiada. Estas manifestaciones se replicaron en plazas de varias provincias argentinas y en todas se repudió el ajuste no solo en educación sino en salud, en ciencia y en tecnología.

En disonancia con el reclamo, la cámara de Diputados de la Nación que tenía previsto para el día de la fecha el tratamiento de varios proyectos relacionados con la Paritaria Nacional Docente, infraestructura escolar, el Fondo Nacional de Incentivo Docente y la emergencia en el presupuesto para las universidades, no pudo sesionar debido a que los legisladores oficialistas no dieron el quórum necesario. Una muestra más de la poca voluntad de reconocimiento de las problemáticas y su nula intención de buscar soluciones.

La avenida Callao se vio colmada por la gran variedad de manifestantes, portando las banderas de sus agrupaciones, pero también consignas espontáneas que hacían referencia al ajuste, al recorte, al condicionamiento al FMI y sobre todo al elogio de las ollas populares y con ellas a la lucha y la resistencia de les trabajadores. El acto terminó con un llamamiento de los dirigentes sindicales a un paro general de treinta y seis horas para el 24 y 25 de este mes. La incógnita es si el gobierno tomará nota de la unidad de los trabajadores de la educación o seguirá en su camino de ajuste, vaciamiento y represión en aras de un modelo funcional al reducido grupo que benefician sus políticas económicas.

Imágenes de Laura Reyes y Nico Avelluto

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