Macri 2019, o el arte de la fuga hacia adelante

Pedro Lacour

Pedro Lacour

Periodista | Columnista en Misiones Opina | Colaborador en #CLV | Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires
Pedro Lacour

Cuando en marzo del año pasado el juez federal Rodolfo Canicoba Corral decidió dar por cerrada la causa por el supuesto cobro de coimas que pesaba sobre el titular de la AFI, Gustavo Arribas, la primera reacción de Mauricio Macri fue respirar aliviado. Poco le importó al Presidente que el magistrado, una de las figuras más cuestionadas de los ya de por sí cuestionados tribunales de Retiro, no haya esperado la llegada de la información que él mismo había solicitado a Brasil. En la Casa Rosada confiaban en que, gracias a ese gesto de buena vecindad de parte de Comodoro Py, estaba garantizado el resguardo del principal pilar que hasta el día de hoy sostiene el relato cambiemita: la transparencia institucional.

Pero la dinámica judicial excede los entretelones domésticos del fuero federal porteño. El caso Arribas acabó por volver a escena este mes: mientras Macri inauguraba las sesiones ordinarias del Congreso, desde San Pablo llegaban las placas rojas que mostraban al jefe de los espías nuevamente bajo la lupa, esta vez sospechado de recibir transferencias de dinero en el marco de una investigación por corrupción en los manejos de la recolección de basura en esa ciudad brasilera. El verano había vuelto a activar la alarma en torno a las cuentas en paraísos fiscales de varios funcionarios de la alianza gobernante. Escándalos offshore como los del ministro de Finanzas Luis Caputo y el de un hasta entonces ignoto Valentín Díaz Gilligan, que debió renunciar a  su cargo al frente de la subsecretraría de la presidencia, dejaron al descubierto una matriz de negocios común entre los miembros del gabinete nacional.

Cambiemos llegó al poder en 2015 envuelto en las banderas de la regeneración moral, un mandato electoral que, aunque reafirmado en octubre, comenzó a ser puesto en duda por un sector de su propia base de apoyo. Los 10 puntos de caída en las encuestas llevaron al equipo comandado por Jaime Durán Barba a diseñar una estrategia integral con el fin de retomar la iniciativa perdida. Ante la evidencia de una opinión pública con más dudas que certezas, desde el oficialismo se hicieron eco de la creciente demanda social en torno al derecho al aborto. A lo que se le sumó el impulso de una agenda de paridad género que, como lo anunció Macri en su discurso ante la Asamblea Legislativa, esta semana arribó a la Cámara de Diputados.

Un capítulo central de la nueva jugada tuvo el lugar el pasado viernes en Parque Norte. El PRO convirtió su habitual plenario nacional en un acto de lanzamiento del proyecto reeleccionista de Macri. En un contexto económico apremiante por donde se lo mire, con jubilados cobrando un 5% menos respecto de su anterior aumento, los bolsillos siendo golpeados por los tarifazos y el intento explícito de imponer un techo a las paritarias, la primicia no se explica por otra razón que no sea la de intentar salir lo más rápido posible del desfiladero en el que se encuentra el Gobierno desde la aprobación del ajuste previsional. “Es lo natural, es lógico que así sea, al igual que María Eugenia y Horacio, porque están dadas las condiciones y es el sentir no sólo de Cambiemos sino de muchos sectores de la sociedad”, expresó, al ser consultado por el sorpresivo anuncio, el jefe de bloque PRO en el Senado, Humberto Schiavoni, en declaraciones a FM Millenium.

 

Astilla del mismo palo

Las palabras que pronunciara el ministro de Producción, Francisco Cabrera, pidiendo a los empresarios de la UIA que “dejen de llorar e inviertan”, tampoco escapan del todo del organigrama diseñado desde las usinas de marketing gubernamental. Los fuegos de artificio contra los industriales dibujaron los contornos de un enemigo a medida: los empresarios asociados a los favores públicos y que crecieron, como la fortuna presidencial, al calor del aparato de Estado. El espectáculo de un gobierno de ricos enfrentándose con los ricos puede llegar a tomar desprevenido a algún observador externo. Busca instalar la imagen de un Macri traicionando a su clase y demandando a los capitalistas locales que actúen de acuerdo al espíritu schumpeteriano que encarnarían personajes como Marcos Galperín de MercadoLibre: con innovación y emprendedorismo.

Las pujas entre las distintas fracciones de la clase dominante argentina son un hecho. Su condición inherentemente heterogénea no impidió, sin embargo, que hoy puedan aunar voluntades en torno a un núcleo de intereses comunes, traducidos en tres demandas concretas: que el Estado sea capaz de proveer los dólares que no alcanza a generar el comercio exterior, mantener a raya la puja distributiva en detrimento del poder adquisitivo del trabajador y sostener en el tiempo el proceso de achicamiento del sector público. En otras palabras, cuidar lo que hay, conseguir disputar mercado con las importaciones e intentar bajar costos por el lado del salario y los impuestos. Ningún empresario espera que eterno sueño macrista de la lluvia de inversiones genere una revolución productiva, apenas busca mejorar su tasa de ganancia. La modestia ante todo.

Tampoco sorprende que el Presidente les recrimine a los hombres de negocios la pasada sumisión a Guillermo Moreno o el acompañamiento a Daniel Scioli en 2015. Ni que por estos días la Justicia repare en las dudosas actuaciones de un ex titular de la UIA durante la administración anterior. Lo más llamativo es que el oficialismo les remarque a los empresarios la falta de compromiso con políticas que a todas luces los terminarían favoreciendo. Los paños fríos llegaron finalmente el lunes, en un encuentro convocado en la Casa Rosada. “Hemos encontrado un enorme acompañamiento en el Gobierno para salir a competir en el exterior, para volver a ganar mercados, a recuperarlos, eso no se recupera de un año para el otro. Eso lleva tiempo”, se refirió un conciliador Miguel Acevedo, dirigente de la entidad empresaria, al salir de la reunión con el ministro Cabrera.

Habiendo consolidado un modelo de redistribución regresiva del ingreso, con ganadores y perdedores bien definidos, el oficialismo hace equilibrio echando mano al recurso más inestable de todos: la deuda externa. Para peor, los sondeos comienzan a marcar, por primera vez, que la mayoría culpa de los problemas económicos al actual gobierno y no a la herencia kirchnerista, lo que convierte a la reactivación del consumo en una necesidad tan imperiosa como, en lo inmediato, inalcanzable. La fuga hacia adelante delineada por Durán Barba tiene, en principio, una meta de corto plazo: llegar sin sobresaltos a junio, cuando las tarifas hayan dejado de subir y empiece el Mundial. Pero Cambiemos no está solo en la cancha. El peronismo comienza a mostrar intensión de disputar la pelota. Sus tribus juegan con reagrupamientos que, a pesar de sus acaloradas internas, les permita volver a posicionarse como alternativa real de poder en un 2019 cada vez más presente en la cabeza de los dirigentes políticos.

 

Nota para Misiones Opina

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