Luciano Arruga: el villero que el Estado no quiso buscar

Tatiana Scorciapino

Redactora at Corriendo La Voz
Todo lo que es una feminazi, bruja y abortera.
Tatiana Scorciapino

Míralo. Es un nene. Míralo bien, tiene 16 años. Usa gorrita, campera deportiva y sus sueños como motor. Míralo, le arrancaron la vida. Míralo bien, lo mataron porque no quiso venderle su dignidad a la maldita policía. Era un adolescente que quería vivir, pero míralo bien, no lo dejaron.

Luciano Nahuel Arruga, nació en el barrio 12 de Octubre. Allá en zona oeste, en Lomas del Mirador, partido de La Matanza, donde el Estado no llega y a los pibes los mata el abandono y la policía. Lu era hincha de river y fanático de su barrio. Conocía a cada uno de sus vecinos. Mientras, Mónica, su mamá, no entendía cómo logró saber el nombre de toda la manzana con tan pocos años vividos en ella. Luciano, como tantos otros, tuvo que colgar el guardapolvo para ponerse a tirar de un carro y juntar cartones, en su casa la plata no alcanzaba para llenarse la panza e irse a dormir sin que duela del hambre. Pero “El Negro”, no se rendía. Le prometió a Vane, su hermana, que le llevaría el título del secundario de regalo, a Moni que la llevaría de viaje y a sus hermanos que les construiría una casa linda. Pero, míralo bien, no lo dejaron.

El 12 de Octubre, es un barrio de una manzana, rodeado de otros barrios repletos de gente de clase media, que se cruza de calle cuando ve a pibes con gorrita y agarra fuerte su bolso cuando les pasan por al lado. Esto, es moneda corriente en la vida de cualquier pibe pobre y villero. La desigualdad de un sistema estigmatizante, los aparta y desprecia, dejándolos sin oportunidades. Fue este desprecio, uno de los sufrimientos más presentes en la vida de Luciano. Vane y Moni actuaron como pieza fundamental para que este pibe con proyectos no se desmorone. Ellas, secaban sus lágrimas y le recordaban que él era mucho más de lo que querían hacerle creer. Pero míralo bien, no lo dejaron.

El destino de los pibes que nacen fuera del círculo de interés estatal, es robar para la policía. Con promesas de ‘protección’, zonas liberadas, vehículos y herramientas de trabajo, son captados con el fin de venderse a un sistema que los exprime y, una vez que ya no sirven, los descarta. Aunque muchas sean las advertencias para no dejarse engañar, el olvido, el hambre y la falta (y quita) de oportunidades, logra que nuestros adolescentes, cedan ante el poder policial con tal de llevar un plato de comida a sus casas. A Luciano, como a tantos otros, la propuesta no le tardó en llegar: El Negro, necesitaba llevar más plata para ayudar en su casa y un conocido, se aprovechó de su situación. Le comentó que conocía una persona que lo podía ayudar. Esa persona, era un policía que, bajo todas las garantías que puede ofrecer el poder y la corrupción, le propuso trabajar para él. A pesar de intentar venderle todos los espejitos de colores, Luciano se negó y fue ese, el comienzo del fin. Detenciones ilegales en la vía pública, hostigamientos, golpes y amenazas, fueron sólo una pequeña porción de todo lo que a este pibe de 16 años, pobre y villero le esperaba.

Dibujo: Agus Baini para Corriendo La Voz.

El 22 de Septiembre del año 2008, la policía bonaerense le crea una falsa causa por robo de un mp3 y un celular -causa que, dicho sea de paso, no consta en ningún registro- y es detenido a las siete de la mañana en el destacamento policial de Lomas del Mirador, el cual no se encontraba habilitado para la reclusa de detenidos. Allí, fue torturado y golpeado, mientras su familia no sabía dónde se encontraba, violando todas las leyes de protección a los menores existentes. Monica y Vanesa, fueron notificadas a las once de la mañana de la situación, pero fue cuando llegaron al destacamento, que comprendieron la gravedad del asunto. Escucharon gritos de Luciano que venían desde la cocina del lugar. “Vane, sácame de acá que me están cagando a palos”, gritó. Llanto, miedo, torturas, todo porque un negrito de mierda, se atrevió a decirles que no. Dieciséis horas pasaron desde su detención hasta que, después de divertirse de todas las maneras posibles con él, lo liberaron.

“Vos tenés que quedarte callado, no digas nada, tenés que agachar la cabeza”

Mónica sabe bien cómo son las cosas para los pobres, ellos no pueden reclamar, ni exigir, ni protestar porque sin recursos, sin títulos y sin educación, para este sistema, no sos nadie.

Pasaron los meses y las amenazas y hostigamientos, continuaron. Luciano ya no iba a bailar, ni salía hasta tarde por el barrio, porque tenía miedo de que los bufones del aparato represivo estatal, le hicieran borrar esa sonrisa blanca otra vez. Él era muy claro: no se iba a vender.

El 31 de enero del 2009, El Negro, estuvo todo el día en su casa. Mientras ayudaba a Moni a lavar algo de ropa, juntos organizaban su cumpleaños número 17. Luciano quería que su hermana le regale un cajón de cervezas, que su vieja le amase unas pizzas y que su abuela le compre ropa, para salir y festejar su casi mayoría de edad con los pibes del barrio de la mejor manera. Se hicieron las once de la noche, y El Negro se juntó con sus amigos en la misma plaza de siempre. Decidieron salir a bailar, por lo que Luciano fue hasta la casa de Vanesa para que le preste plata para esa noche. Les prometió a sus amigos que volvía, pero míralo bien, no lo dejaron.

La madrugada de ese 31 de enero, Luciano fue subido de manera violenta y absolutamente ilegal a un patrullero que no había cumplido con su recorrido programado. Tras golpearlo y torturarlo, Luciano fue llevado al cruce de General Paz y Emilio Castro (en el barrio porteño de Mataderos) y obligado a cruzar la Avenida. Mientras lo hacía, fue atropellado por un auto. Una persona que vio el accidente, se comunicó inmediatamente con el SAME. El Negro, casi sin signos vitales, fue trasladado al Hospital Santojanni y como no tenía documento, fue ingresado como NN, en donde fue operado y horas después, falleció.

Se hicieron las cinco de la mañana y Monica se preocupó porque Luciano todavía no había vuelto. Junto a Vanesa, comenzaron a caminar el barrio, golpear puertas, recorrer comisarías, llorar en hospitales y rezar en morgues, para encontrar al negrito de 16 años que les habían arrancado. La misma noche del accidente, Vanesa y Monica se acercaron al Santojanni a preguntar si habían tenido el ingreso de un adolescente con las características de Luciano, pero en sus registros solo contaban con la internación de un adulto de unos supuestos 26 años y, aunque insistieron para poder verlo, no se lo permitieron y continuaron con la intensa búsqueda que duró cinco años y ocho meses. Tras pericias y recopilaciones, tiempo después, la familia de Luciano se enteró que ese adulto de 26 años, en realidad era un nene de 16 , sin documentos y con su futuro arrancado por la más odiosa mafia que acecha en los barrios del conurbano: la policía bonaerense.

El cuerpo de Luciano permaneció 24 horas en la morgue del hospital y, como nadie fue a reconocerlo, lo trasladaron a la morgue judicial en donde permaneció otros tres meses, hasta que, en mayo de 2009, fue enterrado como NN en el cementerio de Chacarita.

 

 

 

Desde el primer momento, la búsqueda de Luciano, estuvo rodeada de corrupción judicial, policial y política. Cuando Mónica y Vanesa se acercaron al destacamento, en el cual Luciano había estado detenido meses antes, les negaron la presencia de él en el lugar. Tiempo después, con testigos y resultados de diversas pericias, lograron probar que el libro de ingresos de detenidos, había sido adulterado y que, efectivamente, Luciano había sido torturado, nuevamente, en ese lugar. La familia presentó un hábeas corpus, que fue rechazado en primera instancia. Un mes después, lograron destituir a la fiscal a cargo Roxana Castelli, quien fue acusada de entorpecer la causa y darle la búsqueda a la misma policía que había desaparecido a Luciano.

En el año 2011, se logró cerrar el destacamento policial de Lomas del Mirador y fue entregado a la familia como un espacio de lucha y memoria. En 2012, tras tres años de búsqueda, Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires en aquellos años, recibió a la familia. En 2013, se logró cambiar la caratula de la causa a ‘Desaparición Forzada’ , y pasó a manos de la justicia federal. Ese mismo año, el comisario Torales fue destituido y apresado por el delito de «severidades, vejaciones y apremios ilegales a un detenido» (Art144 bis inc. 3 en  función del art. 142, inc. 1 del Código Penal), sumándole el agravante de haberlo cometido contra un menor.

En octubre, amigos y familiares hicieron un acampe en el ex destacamento para exigir que un grupo de antropólogos forenses especializados intervenga en el caso. En abril de 2014, la familia, en compañía del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), presentó otro hábeas corpus, que fue aceptado por la Cámara de Casación en julio de ese año, lo que permitió que la búsqueda se intensifique. Luego de esto, las huellas del expediente del 2008, fueron cotejadas con el registro AFIS (Automated fingerprint identification) del Ministerio de Seguridad. En septiembre de ese año, comenzó la primera audiencia para poder reconstruir el caso y obtener justicia. Un mes después, las comparaciones de pruebas dactilares con los registros de la Policía Científica, dieron que ese cuerpo de un «supuesto adulto de 26 años» enterrado hacía cinco años y ocho meses en Chacarita, era el de Luciano.

Muchas fueron las trabas y amenazas que Monica, Vanesa y todo aquel que buscara respuestas, tuvieron que pasar. El cuerpo de Luciano fue encontrado, pero aún hoy, tras 10 años de su desaparición, se sigue pidiendo juicio y castigo para los verdaderos responsables políticos y materiales del asesinato de este pibe pobre y villero de 16 años al que no dejaron crecer.

El caso de Luciano se convirtió en un emblema de la lucha contra la policía y el aparato represivo estatal, pero Monica no quería que su hijo sea una bandera, ella sólo quería que su negrito siga creciendo junto con sus hermanos, en su casa y en el barrio que lo vio crecer. Pero miralo bien, no lo dejaron.

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