Los Skinhead y La Cultura del Barrio: una historia de encuentro y unión

Juan Agustin Maraggi

Juan Agustin Maraggi

Redactor en #Corriendo La Voz
Periodista | Colaborador en Revista Mascaró | Estudiante de Sociología en la Universidad de Buenos Aires
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La Cultura del Barrio se transformó en el primer Club Social y Deportivo Skinhead Antifascista de América Latina. Desde Corriendo la Voz asistimos a la inauguración oficial, conversamos con ellos y nos animamos a hacer un relato de cómo los medios y los prejuicios terminaron tergiversando una cultura inclusiva, interracial y disconforme como si fuera una fascista.

If The Kids are united

The Specials, histórica banda de Two-Tones.
The Specials, histórica banda de Two-Tones.

Hablar de la historia de los Skinheads es, básicamente, contar una historia sobre clases sociales, pertenencia, y expresiones culturales.

Vivir en Inglaterra durante los ’60 y ’70 y ser de un barrio obrero no era cosa fácil. Tampoco lo continua siendo hoy, en Inglaterra, Argentina o Guatemala. Los hijos e hijas de los trabajadores eran estigmatizados, segregados e incluso rapados para ser reconocidos en las diferentes instituciones y espacios. La policía hacía su trabajo cotidianamente, ese trabajo que tan bien sabe hacer y que nada tiene que ver con su supuesto rol. Las oportunidades laborales eran casi nulas y la economía no sólo se estancaba, sino que arrastraba a las familias más pudientes, o clasemedieras, hacia los barrios más bajos.
La música comenzó a responder ante estas problemáticas, el punk se enarboló como bandera de toda una generación que no encontraba, ni tenía, un lugar donde pararse siquiera a fumar un cigarro.

Los Skinheads no sólo no se salvan de ésta narración, sino que tal vez, son su representación más cabal. Su historia tiene origen con el punk, es verdad, pero a su vez arranca muy lejos de Inglaterra, con la tardía independencia de Jamaica y un gran número de jóvenes que deciden emigrar a Europa en busca de mejores condiciones de vida. ¿Y dónde podían ir a vivir estos viajeros que llegaban sólo con sus pertenencias sino era a los barrios proletarios ingleses?

Ésta Cultura callejera nace con la creciente interacción e intercambio cultural entre los ‘Rude boys’ jamaiquinos y los jóvenes ingleses. Para explicarlo mejor hagamos un juego simple, en la misma batidora pongamos Ska, Reggae, Two-Tone, Soul, Dr. Marteens, jóvenes jamaiquinos, Mods, subculturas, Punk, el sello Trojan Records y la hermandad. Lo único que falta es esperar que la mezcla se bata bien y tendremos como resultado la formación de una nueva cultura, nuevas maneras de vestirse, actuar, pensar e interactuar.

Nada importaba menos que la nacionalidad, la etnia o el color de piel. Se dio inicio a la formación de grupos de skins con objetivos inmediatos: sobrevivir y hacerlo desde la unión.

El fútbol y la cerveza eran culto de aquella generación segregada que muy pronto comenzó a hacerse de ciertos valores que los caracterizaron: el compañerismo, el orgullo de clase y el descontento con el sistema.

Richard Weight, investigador de la Cultura Mod y Hard-Mod, cuenta una anécdota que bien puede aggiornar el relato. En la primera visita a Inglaterra que realizó el mítico artista jamaiquino de Ska, Prince Buster mientras viajaba a tocar fue advertido de la peligrosidad que generaba para un negro ahondar por los barrios bajos de Londres. Un rato más tarde, el príncipe del Ska, relata que llegó una caravana de Skins y mods en sus lambrettas y a pata y lo rodearon para escoltándolo hasta el local, y luego hasta la salida del barrio. Un ejemplo, mil ejemplos, una forma de vida.

Durante los ’70 la crisis se llevó puesto el mundo y en las barriadas obreras inglesas algunos partidos de derecha vieron su oportunidad para echar semillas. Encontraron en cientos de jóvenes amantes del fútbol, unidos y con un fuerte odio de clase, un caldo de cultivo para acrecentar sus filas. Partidos de extrema derecha, como el National Front, buscaron formar un caudal de personas en las cuales introducir sus consignas xenófobas y anti inmigratorias.

El partido Fascista, British National Party arribó a los escenarios a los gritos, pidiendo la expulsión de los inmigrantes y el regreso a una Inglaterra anglosajona y blanca. Gritos que pronto se vieron acompañadas de acciones. Surgió Blood & Honour de la mano de Ian Stuart, un skinhead, cantante de la banda Skrewdriver, que en la cárcel se volcó hacia el fascismo. Su banda y ésta organización llevaron a que muchos jóvenes adoptaran la estética Skinhead, sin comprender la intrínseca contradicción que eso significaba.

Esta ola creció tanto que incluso comenzaron a existir boliches donde su ingreso estaba permitido sólo a los afiliados a alguno de éstos partidos. Pero si el fascismo crece, la respuesta también lo hace. Si bien los Skinheads, buscaron visibilizar sus tradiciones y su perspectiva original y la  para los medios, ya era demasiado tarde. Era mucho más rentable política y económicamente hablar de unos grupos de Neonazis violentos que de una Cultura rebelde.

El movimiento SHARP (SkinHeads Against Racial Prejudice) nacido y crecido en EEUU trascendió las fronteras. Consiste en la reivindicación de la verdadera lógica Skin y la noción de la necesidad de impedir que se continúe desvirtuando su cultura por los intereses políticos de ciertos grupos de ultra derecha. Se generaron campañas como “Rock Against Racism” y Roddy Moreno, cantante de la banda The Oppressed fundó el sello Oi Records.

Ser Skinhead y Fascista es una contradicción hasta biológica.

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No existen Skinheads fascistas, o, aunque así se reivindiquen, por lógica no pertenecen a ésta Cultura Callejera. Ser Skin y fascista es un oxímoron, tal vez, hasta paradójico.

Sin embargo, negar su procedencia teórica y lógica no es lo mismo que negar la existencia de grupos nacionalistas que así se reivindican y actúan en consecuencia. Durante la inauguración de La Cultura del Barrio hablamos con Luis, uno de sus integrantes. Le preguntamos qué podía decirle a todas esas personas que, influenciadas por las películas o los medios,  no se acercan a ésta movida por los ‘bonehead’, y nos comentó que “Hay que informarse, buscar, escuchar Ska, reggae y todo lo que generó ésta movida callejera. Tienen que indagar en las raíces de nuestra Cultura y no hacerle caso a la prensa que dice un montón de estupideces, cuando es una contradicción misma ser ‘Skinhead’ y racista. Estamos construyendo, siempre desde el lado positivo, dejando atrás todo tipo de violencia sin sentido que tantos dolores de cabeza nos trajo en el pasado.

Hoy internet te da la facilidad de ver qué es realmente ser un skin y pueden buscar en su ciudad que hay siempre un montón de movidas. Hablen con la gente, pero no se dejen engañar por algo que es un supuesto, un prejuicio hacia una Cultura”.

La Cultura es del barrio y para el barrio

Cobertura Nicolás Avelluto para CLV
Cobertura Nicolás Avelluto para CLV

La historia de los Skinheads en Argentina se originó en Jose C. Paz de la mano del Negro Varela. Hace 20 años, escribio un zine llamado “Golpe Justo” (Se pueden ver acá), pilar inicial de la difusión de la Cultura Sharp en el país.

La Cultura del Barrio (LCDB), por su parte, surgió en 2011 de la mano de un grupo de jóvenes que, cansados de estar incómodos en recitales, bares, boliches y donde fuere que cayeran, decidieron abrir un espacio pensado por ellos/as y para ellos/as.

Luis, como muchos pibes y pibas durante la crisis del 2001, arrancó a moverse cuando las injusticias brotaban de cada desagüe de cada barrio y ciudad y el hambre removía hasta el último síntoma del cuerpo.

“En dos mil y pico toma la posta ‘Acción Antifascista’, ocupando una esquina en Avellaneda que se transformó primero en un Centro Cultural y después en una Cooperativa de Trabajo.

Existían, en ese momento, un montón de experiencias por todos lados desorganizadas, aisladas unas de otras y fue la Cooperativa un primer lugar de encuentro. Empezaron a tocar bandas del subgénero del Punk “Oi!”, bandas de Ska y reggae que comienzaron a darle identidad a la cultura Skinhead en Argentina.

La organización y el encuentro fue creciendo y se decidió comenzar a hacer ‘Festivales antifascistas’ en la calle. El primero fue en el Pasaje Discépolo un 24 de Marzo, ya que queríamos hacer un homenaje a las y los compañeros desaparecidos. En total fueron doce ‘festi antifa’, y durante el quinto, también un 24 de Marzo, hubo una represión con más de cincuenta detenidos.”

Staya Staya tocando en la inauguración del Club. Cobertura de Nicolás Avelluto para CLV
Staya Staya tocando en la inauguración del Club. Cobertura de Nicolás Avelluto para CLV

Es así que llegaron a la primera Sede de la Cultura. En sí, éste nuevo proyecto nace y vive en Villa Crespo, por lo que, posiblemente, vivirá eternamente en éste histórico barrio porteño. La idea fue siempre tratar de generar espacios, hasta que encontramos un lugar, una maderera abandonada, que terminó siendo la primera sede” nos cuenta Luis.

En su inicio se decía que si uno caminaba por Villa Crespo, por ahí andaba la LCDB. Era como la búsqueda del tesoro, había que encontrarla entre las calles bohemias. Existía el mito que si uno quería llegar, siempre lo hacía. La primera sede era un caserón antiguo abandonado, un pasillo, un patio con ladrillos a la vista y techos de chapa. Los y las integrantes de éste movimiento, comenzaron la remodelación entera con un arduo trabajo. Básicamente podemos hablar de la típica historia de arrancar desde cero, levantando lo nuevo desde los cimientos, pero ésta vez de manera real, y literal.  Como nos cuenta Luis, Arrancó como un lugar de encuentro de nuestra movida y se fue abriendo hacia otras. Se empezó a entrenar kick boxing, se pasó al boxeo y empezó a venir cada vez más gente. Se hacían un montón de cosas a la par y el lugar empezó a quedarnos chico. Apostamos por crecer y nos movimos a la sede que estamos hoy, en el mismo barrio. “

Es que la vieja sede ya no daba a vasto. Ferias de comida, zines, bandas, deportes, todo metido y dándose a la par en esa antigua maderera hizo que necesitaran cambiar de locación. En 2015 se dio la mudanza a un nuevo espacio, un par de cuadras más adentro. Dos pisos, un sótano, y a arrancar la construcción nuevamente. Los Skins anduvieron trabajando despaciosa pero eficazmente, acondicionaron las instalaciones eléctricas, rehicieron los baños, armaron el gimnasio, el ring, instalaron extractores, ventiladores, aires acondicionados, el escenario, el sonido, los instrumentos. ¿Lo único que faltaba? Llenar el espacio

La Cultura del Barrio - Escuela de Boxeo

El Club, al ser de carácter Social y Deportivo, poco a poco se ha convertido en un lugar de referencia en el barrio. Tal es así que, en su inauguración oficial, un camión de Precios Justos (directo del productor al consumidor) estaba estacionado en la puerta. 

Más allá de un camión, las vecinas y vecinos, sin importar las vestimentas, los prejuicios o los medios, se adueñaron del lugar. Existe una anécdota que no sólo viene a cuento, sino que es representativa. En el año 2016 cayó en el Club una inspección y lo clausuró. Esa semana, durante la noche, pasaron pibes y pibas del barrio, y al grito de “si se meten con la Cultura se meten con todos” arrancaron la faja.

Los por-qué son simples, y a la vez producto de un arduo trabajo: ésta movida se formó por Skins pero con la idea de lograr la unión de todas las culturas callejeras. En el barrio bohemio de la Capital, ese barrio que se ve cada vez más acotado por los nombres inmobiliarios palermitanos que empiezan a revalorizar las propiedades, donde la policía hace uso y abuso de su autoridad en cada esquina, donde los lugares – viejos y nuevos – pretenden homogeneizar la vestimenta y relojean desde los pelos, las caras y las zapatillas, lograr un espacio donde cada uno/a se pueda sentir libre, cómodo y sabiendo que no importa la música que escuches, si el flequillo se corta ¾, ¼ o no está, es un logro gigantezco.

En LCDB son todas y todos bienvenidos, siempre y cuando comprendan y respeten dónde están. Las normas son básicas: respeto al lugar, a los vecinos y a los que te rodean.

Imagen de Mariana Pardo
Imagen de Mariana Pardo

En cuanto a lo deportivo el objetivo es el de crear una nueva forma de vivir y sentir el deporte, una transformación en la forma de practicarlo. La competencia, la discriminación y las distinciones son algunas de las pautas y cosmovisiones que se repiten en casi todos los lugares donde se pueden hacer disciplinas de combate en el país. En la Cultura, por su parte, se busca erradicar esta idiosincrasia capitalista del deporte, el crecimiento no es sólo individual, sino también colectivo. Los precios son completamente populares y no se discrimina a quienes no lleguen a pagarlo.  La lógica se expresa, no sólo en sus acciones y en la cotidianeidad, sino también en la consigna, impresa por todas las paredes del gimnasio: “Sin xenofobia, sin racismo, homofobia, machismo ni ningún tipo de discriminación. Otra forma de hacer deporte es posible”.

Parece irreal pero no lo es. La construcción de espacios como este son más que necesarios para comenzar a crear una nueva forma de ver y sentir las cosas. Le consultamos a Luis cómo había sido posible el funcionamiento de éste espacio y su respuesta es un estandarte de que sin lucha, no hay pequeñas victorias: “Es un proceso que estamos viviendo todos y todas. El machismo, la lesbo-homo-transfobia, por ejemplo, está metido en nuestra movida y en todas. Estamos haciendo un trabajo tanto desde cada persona como a nivel grupal. Pasaron cosas que no habían pasado nunca dentro del Club como la formación de un grupo feminista que el 8M estuvo en la calle representando nuestra movida. También hay muchos chicos y chicas que usan el espacio que aportan a éste debate, por ejemplo, los Funerales que metieron algunas inquietudes en la escena. Históricamente nosotros y nosotras pensamos que estaba todo dicho, que se entendía de antemano que uno está en contra de ciertas cosas pero realmente no se entiende nada. No hay que dejar nada sobreentendido porque es necesario dar pelea constantemente. Incluso, una de los últimos festivales que se hicieron desde el Club consistió en mezclar performances de Drag Queens con música Oi!, que nunca se había hecho creo… en el mundo y además, exhibiciones de nuestras disciplinas. Creemos que lo más interesante de esto, por ejemplo, es que fue un evento que se realizó de manera natural, no hubo imposiciones ni obligaciones. Estamos en contra de esa actitud de “tenemos que hacerlo porque es lo que hay que hacer”,  no nos imponemos esas cosas, sino que sentimos que debemos hacerlas y creemos que hay un cambio que se empieza a dar en toda la sociedad que es buenísimo.

Podríamos decir que hoy en día estamos en una madurez política como para hacerlo. Buscamos que este lugar sea para eso, que vengan y puedan usarlo todos y todas y prueben para qué lo necesitan, para qué no, buscamos la confluencia, organización y unión porque, básicamente, para esto existe La Cultura del Barrio“.

Lo social pesa mucho. En los diferentes espacios de la Cultura se realizan un sinfín de actividades, festivales, proyecciones, exhibiciones y eventos de difusión y concientización de diversas problemáticas. Las bandas que allí tocan no sólo tienen la libertad de fijar el precio del ticket, sino también esa plata queda en sus bolsillos. Este es un factor esencial de su crecimiento ya que vivimos rodeados de una escena e industria musical donde existe un lucro bestial y creciente.  Más allá de no cobrar, las bandas pueden de igual manera ayudar a continuar con la autogestión del lugar, ya sea desde lo monetario, ayudar en la limpieza y difusión del lugar, o simplemente, estar y compartir, aportando al crecimiento de esta familia Skin.

Los integrantes de LCDB, además de apostar por la construcción de espacios de igualdad y unión dentro del Club no le escapan a la realidad por fuera de sus paredes y buscan aportar a la lucha en la calle: “Creemos que tenemos que hacerle frente a los problemas que tenemos como Sociedad. Con este Gobierno nos salió el debate y la cuestión de los migrantes. Intentaron instalar una cárcel para migrantes en Pompeya, a lo que se le suma el Decreto de Necesidad de Urgencia de Macri. Nuestra posición es clara, nos encontramos completamente en contra. Gracias a nuestras protestas y marchas fuimos escuchados por primera vez en el Congreso, más allá que a nosotros el lado parlamentario no nos interese mucho, no somos muy creyentes en el sistema democrático y demás pero al ser una pelea que se da en todos los ámbitos, creemos que fue un gran paso.
Antes, la calle como acción directa era nuestra única forma de actuar. Hoy, creemos más en la construcción de base, con un laburo que llevamos hace quince años y buscamos como jóvenes, ya no tan jóvenes, y todos los chicos y chicas que se vienen acercando ahora no dejar de mirar lo Social. Como Cultura Skin venimos de la clase laburante, y no sólo eso, sino que además, somos trabajadores entonces vamos a defender todos nuestros derechos sea en la calle, en éste lugar o donde estemos”.

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Para todos aquellos y aquellas que están cansados de ir a recitales, entrenar o simplemente no encontrar su lugar, acá tienen uno en Villa Crespo, ese que muchas y muchos comenzaron a denominar cariñosamente “el mejor lugar del mundo”, ese que viene creciendo y no le teme afrontar las épocas venideras.

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