#Literatura Los mundos de Julio Cortázar, 50 años después.

    Gisela Romagnolo

    Gisela Romagnolo

    Periodista | Staff de redacción de #CorriendoLaVoz
    Gisela Romagnolo

    Este 2017 se cumple medio siglo de La vuelta al día en 80 mundos, de Julio Cortázar que vio la luz gracias a la mano de Arnaldo Orfila Reynal, fundador y director de la Editorial Siglo XXI. Desde Corriendo la Voz, queremos rememorar a nuestro gran cronopio y a todos sus mundos, una vez más.

    Tapa del Libro de una de las ediciones.
    Tapa del Libro de una de las ediciones.

    La obra, se publicó en 1967 y puede entenderse -en las propias palabras del escritor – como un “collage”,  cortado y pegado en medio del éxito mundial de su novela Rayuela, que salió cuatro años antes. Cortázar tenía la sensación, luego de escribir su novela,  que le quedaban cuestiones por tratar. Y Así fue que junto a su amigo Julio Silva, pintor y escultor argentino, nacionalizado en Francia, crea esta nueva pieza, que es también, un espacio en el que liberó todo aquello que no hizo en Rayuela. Este Collage de recuerdos, de amistades y de citas de otros, cuenta con viñetas, fotografías e ilustraciones de Silva.

    Las intervenciones de su tocayo no aparecen solo en La vuelta al día en 80 mundos, lo hacen también en Las armas secretas, en la primera de las ediciones de Rayuela, en Todos los fuegos son el fuego y también en Modelo para Armar y Territorios.

    Julio Silva junto a su amigo Julio cortázar.
    Julio Silva junto a su amigo Julio Cortázar.

    En ésta vuelta al día, los diversos mundos de Cortázar se despliegan entre la infancia por las calles del conurbano sur de Buenos Aires, el siempre y eterno Banfield. Aparecen las manos de su tía, su amor por la lectura fantástica, su dificultad para relacionarse en el colegio, hasta su amor por la música de Jazz, el boxeo, el cigarrillo y sobre todo su amor por las mujeres y los gatos.

    Si bien el título de esta obra que nuestro entrañable (palabra que aprendí a copiar de Cortázar) escritor ha elegido nos lleva a una clara referencia a la novela de Julio Verne, también es cierto que está lejos de ser una simple lectura contraria de aquella vuelta ‘vernística’. La versión de Cortázar nos ofrece otras siluetas, detalles específicos de varios momentos en uno, de desandar ese día en todas sus dimensiones. Con sus texturas y colores. Y así vamos, dejándonos llevar de la mano de Julio y descubriendo su lectura de la vida, en cada cuento, con cada cita, damos un salto más hacia el sube y baja que nos ofrece nuestro gran cronopio, en un recorrido de 46 textos discontinuos e intervenidos gráficamente.

    La vuelta al día en 80 mundos, ya en su prólogo, apunta directamente a aquello que los lectores encontrarán a lo largo de toda la obra. Cortázar, siente la necesidad de aclarar que le debe el título a su tocayo, en clara referencia a Julio Verne. También nos aclara que elige ese título porque le funciona la analogía. Y concluye en una contundente afirmación “hay un mundo, hay ochenta mundos por día”.

    Pero el autor lejos está de detenerse allí, va por más y nos invita a entender lo que leeremos en las páginas subsiguientes y que mucho tendrá de autobiográfico: “En los ochenta mundos de mí vuelta al día hay puertos y hoteles y camas para los cronopios”. Entendemos que todos aquellos cronopios para los que él tiene camas, son sus amigos o, al menos, gente que él estima y admira mucho.

    Podemos ser más ‘cortazianos’ que Cortazar y jugar nosotros también con una analogía, llevando adelante la lectura de la entrevista “La vuelta a Julio Cortázar en (cerca de) 80 preguntas”, realizada por la escritora mexicana, Elena Poniatowska, en diferentes ocasiones y publicada en 1975 en la revista Plural, de México.

    Este encuentro entre Elena y Julio en el hotel Del Prado, nos regala testimonios directos de su boca, de la mano de una incuestionable y entrenada Elena que encuentra lo más político y lo más sensible en el mismísimo personaje.

    Al comenzar, Poniatowska nos sitúa en el momento histórico de su entrevistado y nos posiciona ahí, en ese instante: “Cortázar era miembro activo de la Amnistía Internacional, asociaciones de derechos humanos, frentes democráticos de defensa del pueblo, frentes de liberación nacional y otras causas revolucionarias de los pueblos de Centroamérica y de América Latina como El Salvador, Nicaragua y Cuba” y agrega que “fue jurado de los crímenes cometidos en Chile por Pinochet”, como miembro del Tribunal Russell.    

    En ese contexto, Poniatowska, descubre también a un Julio pequeño, con destellos de niño en todo su rostro, y ella capta de prisa que “cuando él ríe se ven sus dientes, los dos de enfrente separados y son de niño. Si no estuvieran manchados de nicotina, diría que son de leche, como los de Diego Rivera” y también, cae en la tentación de generarnos esa imagen, “si lo pienso bien, todo Julio es alimenticio, tan bueno que calienta el alma y se deja beber por cuantos se le acercan. No guarda distancia de nadie, nada hay de él de vedete, jamás se burla de sus interlocutores”.

    En esta charla entre ellos, a modo de entrevista, se hace visible que comparten entre ellos un mundo, todo ese mundo de lectura Latinoamericana creciente, en una agitada convulsión social. Y en ese universo, se encuentran, se entrevistan, se visitan y se cuestionan.  

    Elena va obteniendo las respuestas a sus preguntas sin ninguna aparente resistencia por parte de su entrevistado, quien comenzará rápidamente a describirse de pequeño “me sentí muy mal de niño. Fui enfermizo y tímido, con vocación para lo mágico y lo excepcional, que me convertía  en la víctima natural de mis compañeros de escuela, más realistas que yo”. Además de contarnos su infancia, también nos narra en La vuelta al día en 80 mundos,  el modo en el que sentía él su niñez: “pasé mi infancia en una bruma de duendes, elfos, con un sentido del espacio y del tiempo distinto al de los demás”.

    Poniatowska busca entender por qué Cortázar siempre describe a niños y adolescentes sufridos  a lo que recibió como respuesta que “de niño no fui feliz […] “de ahí mi interés en los niños, en su mundo. Es una fijación. Creo que soy muy infantil en el sentido de que no acepto la realidad. A los niños les cuento cosas fantásticas e inmediatamente establezco una buena relación con ellos”.

    Cortázar, le da amplia importancia a su infancia y a dar detalles de esos momentos vividos: “desperté a la literatura moderna cuando leí los cuentos de Poe, que me hicieron mucho bien y mucho mal al mismo tiempo. Los leía a los nueve años, y por él viví el espanto, sujeto a terrores nocturnos hasta la adolescencia. Pero me enseño lo que es una gran literatura y lo que es un cuento”. Allí nos aclara que es por Poe, y no por seguir la influencia de Borges, que escribió cuentos.  Y también, obtiene Elena, él porque de la afición a Verne: “Mi madre no era muy culta, pero era incurablemente romántica y me inició en las novelas de viajes. Con ella leí a Julio Verne”.

    La charla toma diversos matices y los temas son amplios. Tanto es así, que los encuentra hablando de sus propias ideas de Revolución, tengamos en cuenta que corrían tiempos revolucionarios en toda América Latina. Cortázar, despegándose de toda doctrina, igualmente acompaña la idea del Nuevo hombre que proponía El Che: “Mi deseo de revolución socialista, como la entiendo para América Latina, comporte un doble proceso simultáneo” […] “Siempre he sostenido que hay que hacer una revolución de afuera hacia adentro, y de adentro hacia afuera en todos los planos […] “Hay que acabar con nuestros enemigos pero también con los enemigos internos”.

    Aquí, es donde Elena se indigna con la Revolución mexicana que, considera, no ha cambiado nada, al menos de modo estructural, con respecto al rol de la mujer y declara que hasta los hombres del Partido Comunista les pedían a sus compañeras que hagan café y tortas. Asignándole un papel a las mujeres de meras amas de casa. Al mismo tiempo, reflexionan a través de una película postrevolucionaria, Lucía,  que se exhibe, en ese momento, en Cuba para combatir el machismo.

    En respuesta, Cortazar fustiga el machismo: “es una de las plagas de América Latina. En México, en Cuba, en Argentina, en Perú, en todos lados, somos los grandes machos y las mujeres están cosificadas implícita o explícitamente y dejadas de lado […] “en una sociedad socialista hombre y mujer tienen que ser realmente la pareja, no la dispareja”.

    Al finalizar su larga entrevista, la escritora nos concede su sentimiento hacia el autor: “ahora sé que el compromiso político y el arte narrativo de Julio Cortázar eran parte de su vida, así como la altura y la sonrisa formaban su aspecto físico” y nos cuenta que él “nunca se mostró distante, nunca hubo una barrera entre él y sus lectores, al contrario”.

    Elena Poniatowska junto a Julio Cortázar en México.
    Elena Poniatowska junto a Julio Cortázar en México.

    Una vuelta en palabras propias

    Para volver al libro en sí, nada mejor que sea Cortázar quien nos lo cuente con sus propias palabras. En una de las cartas al editor de La vuelta al día en 80 mundos, enviada en 1966, un año antes de la publicación, ya se delineaba por completo el concepto general que tenía el escritor de la obra: “Será un homenaje a Julio Verne” [….] “Un viaje interior, un recuento de experiencias, un balance de vida” [….] “Puedo asegurar que la estructura básica del libro seguirá siendo la que le esbozo, es decir la de un almanaque”. Más adelante, en otra de las cartas a su editor, profundiza en la explicación y aclara que “por lo que toca a una posible explicación del contenido, quizás sea útil entender el libro como un collage”.

    En el prólogo de La vuelta al día en 80 mundos, el escritor nos deja una especie de consigna de vida que nos invita rápidamente a seguir leyendo “aludo a un sentimiento de sustancialidad, a ese estar vivo que falta en tantos libros nuestros, a que escribir y respirar (en el sentido indio de la respiración como flujo y reflujo del ser universal) no sean ritmos diferentes”.

    Pienso que, de cierto modo, citar es en cierta medida citarse. Somos los lectores, tal vez parte de aquello que leímos y fuimos adquiriendo e hicimos propio. Somos entonces una parte, aunque sea ínfima de todos estos Julios, el citado y el que cita. No habremos sido testigos oculares de su día pero sí, lectores testigos de todos sus mundos.

    Medio siglo después de La vuelta al día en 80 mundos, Me caigo y me levanto sigue siendo uno de mis textos-mundos favoritos de esta obra: https://www.youtube.com/watch?v=PMWonO8jsdU

    Me caigo y me levanto
    Nadie puede dudar de que las cosas recaen,
    un señor se enferma y de golpe un miércoles recae
    un lápiz en la mesa recae seguido
    las mujeres, cómo recaen
    teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer
    pero lo mismo está sujeto
    sobre todo porque recae sin conciencia
    recae como si nunca antes
    un jazmín para dar un ejemplo perfumado
    a esa blancura
    ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo?
    el mero permanecer ya es recaída
    es jazmín entonces
    y no hablemos de las palabras
    esas recayentes deplorables
    y de los buñuelos fríos que son la recaída clavada
    contra lo que pasa, se impone pacientemente la rehabilitación
    en lo más recaído hay algo que siempre pugna por rehabilitarse
    en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda
    en los poemas de Pérez, en Pérez
    todo recayente tiene ya en sí un rehabilitante
    pero el problema, para nosotros lo que pensamos nuestra vida
    es confuso y casi infinito
    un caracol segrega y una nube aspira
    seguramente recaerán
    pero una compensación ajena a ellos los rehabilita
    los hace treparse poco a poco a lo mejor de si mismos
    antes de la recaída inevitable
    pero nosotros tía ¿cómo haremos?
    ¿cómo nos daremos cuenta de que hemos recaído
    si por la mañana estamos tan bien
    tan café con leche
    y no podemos medir hasta donde hemos recaído en el sueño
    o en la ducha
    y si sospechamos lo recadente de nuestro estado
    ¿cómo nos rehabilitaremos?
    hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña
    al terminar su obra maestra
    al afeitarse sin un solo tajito
    no toda recaída va de arriba abajo
    porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa
    cuando ya no se sabe donde se está
    probablemente Icaro creía tocar el cielo
    cuando se hundió en el mar …. y
    dios te libre de una zambullida tan mal preparada
    tía ¿cómo nos rehabilitaremos?
    hay quien ha sostenido que la rehabilitación
    sólo es posible alterándose
    pero olvidó que toda recaída es una desalteración
    una vuelta al barro de la culpa
    perfecto!
    somos lo más que somos porque nos alteramos
    salimos del barro en busca de la felicidad
    y la conciencia y los pies limpios
    un recayente es entonces un desalterante
    de donde se sigue que
    nadie se rehabilita sin alterarse
    pretender la rehabilitación alterandose es una triste redundancia
    nuestra condición es la recaída y la desalteración
    y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera
    que por lo demás ignoro
    No solamente ignoro eso
    sino que jamás he sabido en qué momento
    mi tía o yo recaemos
    ¿cómo rehabilitarnos entonces si a lo mejor no hemos recaído todavía?
    y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados
    Tía, no será esa la respuesta ahora que lo pienso…
    Hagamos una cosa:
    Usted se rehabilita y yo la observo
    varios días seguidos
    digamos, una rehabilitación continua
    usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo
    o al revés si prefiere
    pero a mí me gustaría que empezara usted
    porque soy modesto y buen observador
    de esa manera si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación
    mientras usted no le da tiempo a la recaída
    y se rehabilita como en un cine continuado
    al cabo poco nuestra diferencia será enorme
    Usted estará tan por encima que dará gusto
    entonces yo sabré que el sistema ha funcionado
    y empezaré a rehabilitarme furiosamente
    pondré el despertador a las tres de la mañana
    suspenderé mi vida conyugal
    y las demás recaídas que conozco
    para que, sólo queden las que no conozco
    y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos tía
    y será tan hermoso decir…
    ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado
    el mío todo de frutilla
    y el de usted con chocolate y un bizcochito
    .

     


    Facebook Comments