Los juguetes como arma de construcción masiva

Florencia Bueno

Florencia Bueno

Campana ( Bs As), estudiante de Comunicación Social. Feminista. Hincha de River y feliz de ver a Messi. Cerati es la banda sonora de mi vida.
Florencia Bueno

Siempre de chicos soñamos con tener algún juguete, esperamos ansiosos nuestro cumpleaños o alguna de esas fechas que el mercado establece que merecemos regalos. Pero detrás de cada objeto hay una gran significación que nos establece un rol y construye nuestro lugar en la sociedad. Es fácil identificar para qué pequeño o pequeña está destinado un juguete, si está en la góndola inundada de rosa es para una nena, en cambio si se inclinan para el lugar dominante de colores azules es definitivamente para un niño.

Como ya sabemos, vivimos en una sociedad patriarcal y para mantenerla, nos asignan desde que nacemos un rol. Si somos niñas, nos toca un rol pasivo, de nenas bien. La que no escuchó la célebre frase “comportate como una señorita” no tuvo infancia. En cambio, si sos varón, tu infancia es mucho más “libre”. A vos te toca ser fuerte, ser el líder. No está demás aclarar que estos estereotipos de géneros los sufrimos todas y todos, cada quien debería poder elegir qué ser y cómo comportarse. Continuando con lo de los roles, para que esto se perpetúe existen construcciones sociales, como los juguetes sexistas, es decir, determinados por género. La industria de los juguetes debe ser una de las más importantes a nivel mundial. Sin que sea realmente notado, es la encargada desde la infancia de establecer la diferencia entre géneros.

En las góndolas de las jugueterías están divididos los productos según para quién son dirigidos. En una mirada general, podemos decir que el lado rosa (es casi imposible encontrar otro color) es el lado femenino. En el sector masculino, hay más variedad, no sólo en juguetes, sino en colores. El único que no vamos a ver nunca es el rosa. Cada objeto tiene una cualidad que, a su vez, es la cualidad que debe tener su dueño. Son delicados o son para la lucha, son para cocinar o para armar edificios. Nada está librado al azar. Todos ocupan un lugar importante a la hora de imponer los estereotipos.

Los juguetes sexistas reproducen los valores sociales asignados: las niñas tenemos que jugar con bebes; con cocinitas; escobas, máquinas de coser y todo eso que deberíamos utilizar de grandes si queremos ser unas buenas amas de casa – ese es nuestro rol, la casa. En cambio, los chicos tienen bloques; pelotas; guitarras; disfraces de superhéroes; espadas; juguetes para niños fuertes y creativos. En la niñez, nuestra modelo es la Barbie: rubia, flaca, con las medidas socialmente aceptables. ¿Quién no quiso ser Barbie? Su mayor cualidad era ser linda. En contraste, los nenes tenían muchos más modelos a seguir: Superman, Batman o Gokú.

Sus juguetes salvan el mundo, los nuestros se arreglan el pelo. Ése es uno de los grandes problemas. Los juguetes de nena tienen una importante carga de fondo, muchos parecen enseñar que lo que importa es la imagen, qué mostramos y no quiénes somos. Esto puede generar conflictos, ya que desde muy niñas somos expuestas a estos mensajes tóxicos.

Este sistema binario que nos identifica desde la gestación, según nuestra confección biológica, como nenas o nenes, crea miles de complejos dentro de los estereotipos que nos impone. La estigmatización que existe para los que salen de estos roles es enorme, y aún más para quien no se encuentra representado con la identificación que se le otorgó socialmente. Es casi inaceptable que un varón juegue con un bebote o con una cocinita. Mucha gente se puede escandalizar ante algo tan inocente. De la misma forma que si una niña quiere jugar a la pelota o a los autitos. Acciones tan simples se ven graves porque cada juguete trae consigo una significación mayor, la atribución de un rol.

La sociedad necesita de los juguetes para construir los estereotipos desde la infancia, incluso a veces sin la intención de los adultos. Es difícil creer que el que le regala una cocinita a una nena le está diciendo que su lugar es la cocina o el que le regala un juego de maquillajes le dice que lo que importa es que este bella. No, por lo general no se llega a tal reflexión, por ello, son mecanismos que actúan sutilmente y se generan sin que lo notemos.

Que los juguetes solo sean juguetes

La problemática de los objetos para nenas o para nenes es real. Por ello, hay muchos adultos que buscan juegos que escapen a este binomio y no corten con la libertad de decidir quién es cada pequeño. En Reino Unido existe una campaña que se llama “Let Toys Be Toys”, creada por un grupo de padres, madres y educadores que pide a la industria del juguete que deje de asignar la diferenciación entre niños y niñas en los juguetes y los embalajes. Entienden que estos objetos son para divertirse, aprender, avivar la imaginación y la creatividad de los menores, y no para promover comportamientos estereotipados. Si bien es cierto que están luchando contra el enorme monstruo del marketing y la publicidad, hay que destacar que ya está comenzando a generar conciencia sobre lo que le damos a los más chicos para que jueguen.

Siguiendo esta corriente, en Argentina existe Wonder Play, que crea juguetes de diseño pensados sin distinción de géneros. En su tienda online, explican que los productos nacen desde la premisa de entender que no hay juguetes para nenes o para nenas. También se creó, hace algunos años, la colección de cuentos Antiprincesas y Antihéroes, un claro ejemplo de un producto que busca romper con lo establecido. Los personajes son mujeres y hombres reales que forman parte de la historia (Frida Khalo, Juana Azurduy, Julio Cortázar, entre otras y otros) y se alejan de los relatos de fantasía que presenta, por ejemplo, Disney. 

Si bien regalar un juguete por sobre otro no parece gran cosa, lo es cuando se piensa en grande y en cómo cada pequeña cosa que sucede en la vida de una persona hace que se construya su rol asignado socialmente. Esta división del “universo-chica” y “universo-chico” se genera para enfrentarnos, entendiendo que somos diferentes, nosotras débiles y ellos fuertes. Esto desencadena en problemáticas mayores, como la desigualdad de géneros, el machismo y la violencia. Ni la princesa necesita que la rescaten siempre ni el príncipe tiene que salvarla, con los juguetes es igual. Ser nena no implica que quiera jugar con bebés ni ser nene hace que le gusten las espadas. Todo son construcciones sociales y nuestra mayor obligación hoy es entender eso y deconstruirnos para alcanzar la libertad personal y social.

Imagenes tomadas de internet
Liberation

Diario Crítico

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