#Literatura Ser eterno o vivir cien años

    Cecilia Chiaramello

    Cecilia Chiaramello

    Comunicadora Social. 25 años. Mi abuela me dijo que no estudie periodismo. No la escuche.
    Hablo sin S porque soy de Santa Fe. Escribo, leo, miro series y tomo tereré porque sino me aburro. No sé esperar los segundos entre capítulos de Netflix. Soy fan de la gente y me río con ruido.
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    Gabriel José de la Concordia García Márquez. Un hombre y un universo literario inmensamente rico, único, tan suyo, insondable. Gabo. Marcado a fuego por La metamorfosis de Kafka, fanático de las flores amarillas que inundaban su casa como un amuleto contra la mala suerte, amante de la música, cinéfilo, admirador de  William Faulkner y de Ernest Hemingway. Periodista narrativo y un cronista de excelencia, que conoció el mundo y tenía miedo a los aviones.

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    El martes 30 de mayo de 1967 Editorial Sudamericana publicó Cien años de soledad. Eran sólo 8 mil ejemplares. Hoy lleva vendido más de 30 millones de copias, en más de 35 idiomas. ¿Qué representa esta novela, medio siglo después, para la literatura latinoamericana?

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    Cien años de soledad es un libro sobre la ilusión. Sin querer revolucionó las bases de un movimiento literario esencial en la manera de identificarnos, pues el realismo mágico borra las fronteras entre los países latinoamericanos.  Así un argentino, un mexicano o un chileno reconocen en esta obra su tierra;  las revoluciones, los modos de hacer la política, las muertes, las fundaciones, los santos, las desapariciones, lo mundano, los mitos, las tragedias. Cien años de soledad, nos narra a nosotros mismos, nos cuenta, describe nuestras entrañas, nos desnuda frente al mundo. Macondo nos delata. Pues existen Macondos en todos y cada uno de los rincones de la Latinoamérica profunda, heterogénea, vasta, infinita. Nuestras familias son fragmentos vivos de Macondo. Cien años de soledad es un libro sobre las formas de ser latinoamericano. ¿Quién no tiene una Amaranta de tía? ¿Una Remedios de ojos verdes como prima? ¿Un Melquíades que predice todo lo que va a suceder?

    Para Gabo, El otoño del Patriarca era muchísimo mejor que Cien años de Soledad. Sin embargo, esta última aparece siempre como la trampa que lo detiene: en esas hojas, en ese premio, en ese pueblo inventado. Macondo es un árbol, y es el nombre de una plantación de bananos.  García Márquez  leyó el cartel de esa finca en un viaje que hizo con su mamá de vuelta a su Aracataca natal. Simbólicamente Macondo es su madurez literaria, el embudo en el que decanta toda su obra. Un filtro que atraviesa todos sus esfuerzos anteriores.

    ¿Es acaso esta novela, una especie de Biblia Latinoamericana? ¿Una versión moderna del Popol Vuh de los mayas? Definitivamente es un libro sobre los orígenes: el apogeo y el fin de la estirpe de los Buendía. Una especie de dinastía de la que sólo sobreviven dos.

     “En aquél Macondo olvidado hasta por los pájaros, dónde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa dónde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas coloradas, Aureliano y Amaranta Úrsula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la tierra.”

    Gabriel en su laberinto

    Cien años de soledad dio vueltas en su mente durante 15 años, y le costó 2 más de encierro para escribirlo. En ese período la pobreza golpeó la puerta de su casa. Él, a veces, acompañaba a Mercedes -su mujer- al Monte de Piedad a empeñar y vender objetos. Y otras veces permanecía encerrado con su máquina de escribir, abollando papeles y oliendo a tinta. Ella vendió una licuadora para enviar una parte de la novela a Buenos Aires. No les alcanzó el dinero para enviarla completa.

    Esta novela es un perfecto laberinto, donde las situaciones imposibles, propias del realismo mágico, son coherentes desde la estructura, la elección de los adjetivos, y hasta desde la sonoridad de las palabras. Las relaciones endogámicas (frecuentes en comunidades aisladas) también son esenciales en la estructura narrativa de la novela, pues siete generaciones de Buendía comparten un hilo de sangre, por lo que todos están destinados a padecer incluso siendo felices, el final de su era. Los Buendía pueblan la tierra, inventan un lenguaje para nombrar los objetos, y para poder nombrar el sufrimiento de dejar de existir. Ellos mismos son esa aldea de la que nadie puede irse del todo, y a la que todos vuelven, en la que el afuera es difuso y el pertenecer es una emboscada.

    Hacia el final de la obra, García Márquez nos obliga a asomarnos al borde del abismo y a mirarlo de lleno sin caernos. Allí termina la historia y por eso narrativamente es perfecta: inicio y fin como un círculo armonioso, la historia de un clan que pasó por la tierra, y su historia fue contada por un colombiano creativo. Y si, nos lleva hasta el abismo, pero él tampoco salta.

    Cien años de soledad ilustrado de la artista chilena Luisa Rivera
    Cien años de soledad ilustrado de la artista chilena Luisa Rivera

    García Márquez era y es un escritor absoluto, completo, imperfecto, despojado. Tuvo la enorme capacidad de crear un universo literario, darle forma, estructura y estilo. Tal vez sin proponérselo, sin una pose, sin espamento. Así se convirtió en un clásico.  Un irreverente riéndose de los académicos, de los críticos, incluso de los lectores desorientados.

    “Por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente”. Estas palabras escuchó el gran colombiano cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. Era el 8 de diciembre de 1982. Tenía 55 años.

    Desmesurado, fabulador, dueño de una abundancia de recursos o de recursos de abundancia poética utilizados con total naturalidad lingüística, García Márquez no escribe forzados, su obra no se lee como algo impuesto y exigido. En una entrevista le confesó a Ernesto McCausland, que para él era innato captar de una forma mágica lo real, pues así se habla y se narra en el Caribe. Entonces, lo extraordinario es ordinario con una sinceridad casi inocente. Las mentiras aparentes son verdades, simplemente suceden y sin más se transforman en cuestiones de fe.

    Más allá de las corrientes narrativas y las posibilidades literarias, Cien años de soledad es un libro sobre el amor, el poder, sobre el olvido. Una historia que aborda con el humor más crudo, el sufrimiento  sobre los destinos ineludibles; una historia sobre la fuerza de lo preestablecido, y sobre la lucha efímera de la humanidad por transcender. Es un intento desesperado por no morir, por no pasar por la vida y por el Macondo nuestro de cada día, así como pasa el agua del río Magdalena. Cuando García Márquez nos asoma página a página al abismo, nos obliga  a mirar de frente  la soledad de venir y marcharnos solos de este mundo.

    En el inicio nos preguntábamos ¿Qué representa esta novela, medio siglo después, en la literatura latinoamericana? Quizás, García Márquez con su Macondo inventado nos hizo creer torpemente que todos podíamos escribir. Gabo tramposo se nos metió en huesos, en los teclados, en los adjetivos, en las ideas. Cien años de soledad representa eso, y todos los esfuerzos por escribir mágicamente lo cotidiano.

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