#Literatura Manual para leer a Lucia Berlin

    Cecilia Chiaramello

    Cecilia Chiaramello

    Comunicadora Social. 25 años. Mi abuela me dijo que no estudie periodismo. No la escuche.
    Hablo sin S porque soy de Santa Fe. Escribo, leo, miro series y tomo tereré porque sino me aburro. No sé esperar los segundos entre capítulos de Netflix. Soy fan de la gente y me río con ruido.
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    Los primeros cuentos de Lucia Berlin pueden encontrarse en revistas literarias de fines de los 70’. Su primer libro fue publicado en 1981, al que le siguen tres volúmenes de sus mejores creaciones: Homesick: New and Selected Stories (1991), So Long: Stories 1987-92 (1993) y Where I Live Now: Stories 1993-98 (1999). Pero en 2015, once años después del fallecimiento de la escritora, Farrar Straus and Giroux, una de las editoriales más importantes de los Estados Unidos, recopiló sus cuentos en Manual para mujeres de la limpieza  y se convirtió en un boom literario amado por la crítica, la academia y los lectores.

    ¿Por qué relatos ya publicados logran tantos años después consagrarse como un éxito de ventas? ¿Qué elementos edifican la obra de esta autora? ¿Qué tiene este libro que nos identifica tanto?

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    Leer Manual para mujeres de la limpieza es como ver una temporada de Orange Is The New Black, recuerdos de todos los orígenes y dramas posibles, de todos los barros que forjaron mujeres fuertes, solas, viudas, alcohólicas, con infancias duras, madres, hermanas, profesionales, enfermas de cáncer, inestables, problemáticas, esposas de adictos y delincuentes, empleadas domesticas, profesoras, enfermeras, hijas sobreprotegidas, jóvenes, viejas, víctimas, culpables. Siempre escoltadas por la presencia corpórea o ideal de un hombre: un marido, un hijo, un abuelo, padre, un amor de la infancia o incluso un enfermo postrado en la cama de un hospital.

    En efecto, Lucia Berlin podría haber sido la guionista de la serie original de Netflix, como también podría haber sido reconocida en su tiempo, en su presente. Sin embargo, como ocurre asiduamente con los escritores olvidados, la contemporaneidad de sus relatos los vuelve vigentes. Las mujeres de estos relatos son reales, alejadas de las divas de porcelana  y siempre  actuales, pues en ellas se describe el alma y la esencia de lo femenino en un abordaje rudo y dulce, gracioso en comparaciones y adjetivos, con un humor perspicaz y efectivo.

    1461686913_788507_1461687494_sumario_normalNo obstante Berlin no es condescendiente para escribir, incluso parece no interesarle el lector. La sensación permanente es que necesita vaciarse de todas las palabras, de todos los calvarios, escupir todo lo que tiene.  Esa necesidad se palpa en el vértigo permanente de su escritura, se lee en la puntuación desprolija y alejada de la ortografía más estricta, pues escribe sin respiro, sin comas, como si todos los relatos fueran una catarata de pensamientos urgentes. Ella es una escritora urgente. Leer Manual para mujeres de la limpieza es una invitación a conocer sus mecanismos mentales. Su escritura pareciera una transcripción del diálogo intelectual que establece con el papel en blanco. Enumera, cita, canta, piensa en voz alta mientras escribe, utiliza saltos temporales casi imposibles. Sale del rol de escritora, va y viene, transita las personas gramaticales que necesita. Asimismo el uso de la primera persona como herramienta narrativa nos permite reconocer todas las mujeres reales e inventadas que fue, todas las Lucias posibles. Protagonista de una vida intensa vivió en Chile, México, California, New York, se crió en poblaciones mineras, se casó 3 veces, tuvo 4 hijos, luchó contra el alcoholismo, las adicciones y el cáncer, fue enfermera, profesora, telefonista, una chica de la limpieza y murió en el 2004 el mismo día en que nació, pero 68 años después.

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    Al igual que ella, los personajes sufren vacíos existenciales sin puntos ni coma, sufren en continuado sin corrección gramatical, así sin pausa. El indio de la lavandería que usa jeans, la empleada de limpieza que ya no quiere morir, las adolescentes que sienten temblar la tierra en el pasto de Chile, la profesora alcohólica adicta al Jim Beam, mujeres menopáusicas que lloran en la lavandería, una joven estudiante que se enamora de un viejo, una escritora que vive con pescadores, enfermeras que se enamoran de pacientes, hijas con padres en asilos, alumnas ricas que conocen la pobreza, mujeres que le salvan la vida a señores en la pileta, esposas de músicos.  Todos sufren por algo, por alguien, todos son dueños de un conflicto humano, a todos los aplasta una casa, una droga, una familia, la chatarra de la ciudad, los colectivos, o una cabaña recubierta de diarios olvidada en el medio de la montaña. Por esto mismo son historias que pueden situarse 40 o 50 años atrás, pero totalmente adaptables a nuestro 2017, pues en la obra de Lucia (sin importar el tiempo) las debilidades y las fortalezas se originan en la misma dimensión: la ineludible imperfección de la condición humana. Tal vez nos gusta no sólo porque interpela nuestras miserias, sino también porque conoce los vacíos existenciales, los cuenta y se ríe de ellos, de los miedos mínimos, los insignificantes y los dolores más grandes.

    Por esto mismo, la escritura es por momentos tan densa que atraviesa anímicamente y posiciona al lector en un sentimiento que perdura más allá de finalizada la lectura. La Berlin se queda un rato largo con uno. Quizás cuenta con lo que tienen los grandes escritores, se convierten en un sentimiento, en una emoción. «Hoy me siento como cuando leí a Lucia Berlin »

    Las descripciones sensoriales te asaltan y por pequeña que sea la escena, por insignificante que sea lo descripto, uno está ahí en un rincón espiando y oliendo lo que ella cuenta; como una especie de realismo mágico a la americana desbordante de detalles y descripciones por fuera de la norma. Si a veces la puntuación hace que la lectura sea rápida y vertiginosa, en otras ocasiones te envuelve en un ritmo interno lento, que se mastica letra a letra. En relación a la economía del lenguaje, Berlin usa las palabras justas para decir lo que quiere: pocas o muchas, usa las necesarias. Por ejemplo, Mi jockey es un relato de cinco párrafos, en los que narra en primera persona las sensaciones de una enfermera frente a Muñoz, un jockey mexicano accidentado.

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    Al inicio de esta nota, nos preguntarnos por qué después de tantos años este libro que reúne sus mejores letras fue el boom literario del 2016. Una posible respuesta es el hilo que une todos los relatos, un nombre, un aroma, un recuerdo: la presencia ineludible de lo femenino real, alejado de la idea cinematográfica de los años 50’. Las princesas ideadas por Lucia son de carne y hueso, sostén económico de los hogares, fuertes, olvidadas, madres y padres a la vez, sensibles y caóticas. Pues al fin y al cabo, su obra es un supermercado de debilidades, todos los personajes son alcanzados por alguna tragedia. Por eso es un libro incómodo de leer, pero honesto, tan verosímil como Lucia que se desdibuja siempre en la frontera de la ficción y su propio anecdotario. Porque más que un boom literario, es un boomerang de esos que se lanzan y tardan años en volver. Lucia es en sí su obra póstuma.

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