#Literatura Las Desafiantes Escritoras Uruguayas

Sofia Formoso Echetto

Redactora de Corriendo La Voz Uruguay
Comunicadora Social | Periodista & Prensa | Montevideo (Uruguay)

Con el “modernismo” literario comenzaron a surgir talentosas escritoras en Latinoamérica. En el movimiento literario hispanoamericano, liderado por Rubén Darío en Chile, uno de los temas más prominentes era el amor y el erotismo. Las escritoras uruguayas, María Eugenia Vaz Ferreira y Delmira Agustini, tomaron estos puntos para expresar en sus poemas lo que significaba ser mujer en esa época, para luego dar paso a Juana de Ibarbourou, quien también abordaría esos temas desde su pluma.

Estas autoras son consideradas las que iniciaron la larga pelea por los derechos de la mujer, ya que de a poco modificaron a través de su escritura las reglas que las mujeres debían seguir. Les brindaron un escape a la vida mundana que las encerraba, trayendo la importancia del deseo sexual femenino en la temática de sus poemas. Si bien dentro del Modernismo la sexualidad era algo muy importante, luego del asesinato de una poeta, Uruguay tuvo la desgracia de verse obligado a hablar de uno de los primeros femicidios reportados en la historia del país.

En la opinión de quien redacta, estas mujeres son el inicio de un feminismo que tal vez se ha retirado de la literatura, ya que nadie escribe con esa valentía. En cambio, se le dio paso a lo que da más “rating” porque, después de todo, la editorial hace su negocio, y la rebeldía que ellas representaban ya no es tan popular en las uruguayas contemporáneas.

María Eugenia Vaz Ferreira
Nació el 13 de julio 1875 en Montevideo y falleció el 20 de mayo 1924. Fue integrante, junto a Florencio Sánchez y Horacio Quiroga, de lo que se conoció como La Generación del 900 que unía a los escritores uruguayos que se identificaban con el “modernismo”. Aquellos autores presenciaron el Uruguay que fue reconocido como “La Suiza de América”.

Maria Eugenia Vaz FerreiraMaría Eugenia provenía de una familia culta con una buena posición económica y social, que le brindó una excelente educación musical y en el arte plástico, áreas que logro combinar con su escritura.

Si bien no tuvo un libro publicado del cual apoyarse para conseguir prestigio en el ambiente literario, tan solo con las publicaciones de sus poemas en diversas revistas alcanzó un gran prestigio dentro de ese círculo. Ella consigue vivir libremente sin estar atada a las obligaciones que la sociedad le imponía a las mujeres. Fue concertista y compositora.

El Teatro Solís expone con orgullo sus obras como La Piedra Filosofal (1908), Los Peregrinos en 1909 y Resurrexit, cuya música fue escrita por César Cortinas.

María Eugenia asume la cátedra de Literatura en la Universidad de las Mujeres (1915-1922), en donde ella ya tenía la posición de directora. Luego, abandona la enseñanza cuando sufre una enfermedad. Esto le permite continuar con la edición de su libro La Isla de los Cánticos, el cual lo termina su hermano Carlos, ya que ella fallece antes de concluirlo.

Sus poemas demuestran la necesidad de escapar de uno mismo, de viajar a otras tierras, lo cual para las mujeres de su generación era completamente imposible, aún para estas escritoras que tenían recursos económicos para hacerlo. Ellas querían librarse de los roles femeninos impuestos por la sociedad, y eso unía a esas poetas intelectuales con las mujeres que tenían una vida común, más adecuada, quizás, a los tiempos.

Delmira Agustini
También montevideana, nació el 24 de octubre de 1886 y falleció de 6 de julio de 1914. Su familia notó su prematuro talento literario y ayudaron a fomentarlo brindándole cursos de francés, música y pintura a la niña que ya con 10 años escribía versos.

Su poesía, llena de pasión y erotismo, le permitió estudiar la sexualidad femenina, algo que no debía existir y mucho menos publicarse en revistas populares, como hizo Agustini. Si bien se le permitía este tipo de rebeldías, sus padres la trataban como a una niña. Tal vez por eso, decidió casarse con Enrique Job Reyes el 14 de agosto de 1913, y pasó del rol de hija al de esposa.

A diferencia de Vaz Ferreira, los poemas de Agustini son sinónimos de una extrema libertad sexual, el deseo de amar pero, más que nada, de ser amada, que no era común para ellas. Ella le pidió el divorcio a su marido; a pesar de estar separados, continuaron teniendo visitas a escondidas. Al final, Reyes la asesinó para luego terminar con su propia vida.

El título del libro de Diego Fischer sobre la vida de Agustini lo deja bastante claro: Serás mía o de nadie, deseo o frase de muchos ex maridos/parejas que deciden que la vida de aquella mujer inalcanzable no vale la pena sin ellos.

En cuanto a su bibliografía, Delmira editó su primer poemario, El Libro Blanco en 1907, y los demás fueron Cantos de la Mañana (1910) y Los Cálices Vacías (1913). Luego de su asesinato, se publicaron las obras completas Tomo I, El Rosario de Eros y Tomo II, Los Astros del  Abismo y en 1969 fue publicada su correspondencia íntima.

‘Juana de América’
Juana Fernández Morales, de Melo, Uruguay, nació en 1892 y con 20 años se casó con el capitán Lucas Ibarbourou, y tomó su apellido para firmar sus obras. Luego de su matrimonio se mudaron a Montevideo, en donde ella viviría hasta su muerte en 1979.

Ibarbourou es considerada una de las voces más personales de la lírica hispanoamericana de principios de siglo XX. Al igual que las escritoras previamente mencionadas, ella se dedicó a documentar lo que significaba ser mujer en una estructura machista, como cuando habla de cómo le gustaría poder escapar en su poema ‘Mujer’ pero revela que, para poder hacerlo, debía ser un hombre antes que nada.

En sus poemas, Juana habló de su experiencia con la maternidad, la belleza física y de la naturaleza. También se destaca por el erotismo en sus líneas.

La escritora recibió un premio importante por sus obras en una ceremonia cuyo anfitrión fue nada menos que el gran poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín (el abuelo de la actriz China Zorrilla), y de la que formó parte el ensayista mexicano, Alfonso Reyes.

En el Salón de los Pasos Perdidos, en el Palacio Legislativo del Uruguay, Juana de Ibarbourou fue bautizada Juana de América, cuando Juan Zorrilla le dio un anillo. Muchos historiadores ven a ese anillo como otro matrimonio, otra obligación para Ibarbourou. Juana se desposaba con América de alguna manera, algo que pesaba en ella, debido a que sentía que otros autores eran mucho más merecedores de dicho honor.

Juana de Ibarbourou
Juana de Ibarbourou “Juana de América”

Estas mujeres son tan solo algunas de aquellas que abrieron paso a las actuales generaciones para hablar de temas tan horribles pero de necesaria discusión como el femicidio, o temas que desgraciadamente siguen siendo tabúes hasta el día de hoy, como el deseo sexual femenino, donde aún en 2017 se hace presente la estigmatización a la mujer con vida sexual plena y activa. Ellas pusieron los cimientos, pero no cabe dudas, el edificio está muy lejos de ser construído. 

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