#LaSexión: Hablemos de ghosting

Beatrix Hedoné

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“Fantasmear”, “tirar bomba de humo”, “la del mago» (echarse un polvo y desaparecer) o “colgar” son algunas formas criollas y antiquísimas de ausentarse pero hasta que no aparece la palabra en inglés no surge el concepto. Así pasó con bullyng, grooming, gaslighting y andá a saber cuántas más ¡la concha de su madre colonialista! Lo cierto es que hay una nueva forma de fantasmear que se relaciona bastante con los rituales de apareamiento en tiempos tecnológicos: el ghosting. Así llamamos a las no explicaciones que se dan las personas sin ninguna confianza cuando una de las dos partes decide no seguir adelante con lo que se generó hasta ahí. Simplemente me invisibilizo, te clavo el visto, no respondo, te bloqueo, me borro de todos nuestros contactos compartidos para ser un NN más en el placard de tus muertos.  Ya no más persona, ya no más palabra, ni orgasmos ni birra. El antepasado más visual que yo recuerde: el muñequito del MSN en estado ausente. 

Harto conocido es el debate de si estas prácticas son culpa de la tecnología o de la sociedad y no quisiera meterme demasiado en eso, pero voy a citar a Anthony Giddens: “La clave para entender el orden social (…) está en las relaciones cambiantes entre la producción y reproducción de la vida social por sus actores constituyentes (…)”. O sea todo producto social, produce y reproduce. Aquello que elaboramos viene de la creatividad social pero una vez lanzado al mundo genera otras dinámicas. Si lo ponemos en términos estructuralistas opino, y Giddens me avala, que la tecnología genera nuevas prácticas sociales pero remueve nuestra mierdita. Fomenta y exagera las formas pedorras de ser con el otrx, que ya teníamos desde antes, especialmente con el que tanto no nos importa, con el verdadero otrx, el que no conocemos, el que no amamos, el que no nos interesa. En términos cristianos, el prójimo; en términos escolares, el compañero; en términos peronistas, el otro peronista; en términos urbanos, el que está al lado en el bondi o adelante en la fila.

¿Para qué voy a ser sincerx? ¿Para qué voy a dar explicaciones a aquella persona que puedo simplemente ghostear, sin siquiera sentirme mal, avalado por la popularidad de la práctica? Si casi no lx conozco y nunca más me lx voy a cruzar, si puedo brillar en el anonimato de la cyber realidad no tiene ningún sentido dar explicaciones. Sin embargo, a pesar de que ambas partes no se conocen lo suficiente, a pesar de que hayan vivido las mismas y escuetas vivencias, el ghosteado no se siente igual que el ghosteador. La desaparición se percibe porque viene justamente después de cierta intimidad, si bien no todos apreciamos las cosas de la misma manera, hay cierta construcción que queda trunca cuando el otrx desaparece, como una especie de obra pública en el corazón.

Pareciera que en la cantidad total de energía que tenemos no nos queda casi nada para el otrx. Entonces vamos de acá para allá por el mundo puteando a un taxista, empujando a una vieja, ventajeando a un desinformado y etcéteras. Si vivo para trabajar, para llegar a fin de mes, para darle lo mejor a mi familia, si la galgueo todos los días para ser feliz en un contexto en el que me cagan todo el tiempo, si trato de mantener mi trabajo aguantándome todas las decisiones del empresario patrón y del empresario que me gobierna ¿cuánto me queda para aquellas relaciones sociales breves, aquellas que comienzan en pocos minutos en el Banco, o aquellas que duran un par de citas? Allí dónde debería estar el foco, dónde está el vivir bien para todos, en realidad hay un sálvese quien pueda, y así no avanza nada a ningún sitio y nos la siguen poniendo desde afuera. 

La práctica del ghosting habla de la sociedad toda. ¿Qué mejor que saber lo que  pasa y hasta dónde llegamos? Ser respetuoso con el tiempo y las emociones del otrx, simplemente avisar, ya no quiero, ya no puedo, no me gusta. Lo que sea, pero con la cordialidad suficiente, semejante a la que se usa cuando se pide un favor. Para que el otrx no quede rebotando en la espera, la mental y más desesperante de todas, y luego en el sin respuesta, dominado por las conjeturas de su ego que siempre juega malas pasadas.  

No ghostear es un ejercicio de la democracia, del socialismo y de la buena onda. Es kármico, conducente y bien valorado por mi abuela, que era moderna y piola. Es inclusivo y un ejercicio del respeto por el otrx. Cueste la paja que cueste. 

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