Recientemente, y supongo que debido a mis búsquedas en Google, técnicas para el squirting y relaciones abiertas sin hijos, recibí esta publicidad-rareza en el inicio de mi Facebook.

¿Has conocido a alguien y tienes la sensación de estar persiguiéndole todo el día? ¿El hombre con el que empiezas a verte sólo habla contigo por whatsapp y evita llamarte por teléfono? ¿Te propone planes que nunca cumple? ¿Es él quién lleva la batuta de la relación y tú sientes que no tienes lugar para decidir nada? ¿Aparece y desaparece asiduamente? Mmmm…. Puede que hayas dado con un hombre emocionalmente no disponible.”

Sí, mierda!” le grité a la pantalla. Alguna vez me pasó y a muchas mujeres que conozco también. Sin embargo, y después de ese fervor empático, más serena me obligué a preguntarme ¿qué quiere vender esta publicidad? Nada más ni nada menos que un curso a distancia para superar la pelotudez de andar regalando amor a quien no lo recibe. Valor: 35 euros.

El asunto del amor no correspondido tiene un carácter histórico y moderno. La concepción del amor en occidente requiere sufrir para acrecentar ese sentimiento. Todas las expresiones artísticas con esta temática desde el Medioevo hasta el último trap exaltan el “no amor”: lo estético del dolor, del ardiente deseo por aquello que se presenta imposible. Así como se sufre por un equipo de fútbol y eso te hace más hincha. Amar demasiado y con melancolía te convierte en un experto amador.

De solo decirlo me dan ganas de pegarme cachetazos. Es un oxímoron, una dicotomía, estúpido, contradictorio e inmaduro. Sin embargo, pasa. Y por esto de que no lo elegimos conscientemente pienso ¿realmente es el amor algo que solo sucede y no podemos dominar? Por supuesto que existe otra ley, la Ley del deseo, ahrre, que dice que el deseo es directamente proporcional a la distancia, pero ¿cuál es el límite a la indiferencia que nos pone el otro para todavía querer seguir amándolo? 

Erich Fromm, psicólogo y filósofo marxista de la escuela de Frankfurt en su best seller “El arte de amar” (1959) observa: “En la sociedad moderna el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. La gente cree que amar es sencillo y lo difícil encontrar un objeto apropiado para amar o para ser amado por él.” No hay que hacer ni aprender nada sobre el amor porque una vez encontrada la cosa, no importa más nada, sucede. Me cierra. Este es el mejor producto que encontré en el mercado de la personalidad y así como unx ahorra para comprarse algo que le gusta o necesita mucho, se empieza a derivar toda la energía en algo que muchas veces, o al menos en el caso que tratamos hoy no acusa recibo de toda esa ansiedad, deseo y pensamientos que le dedicamos.

Todos tenemos o tuvimos un amor a contramano. He vagado intencionalmente distraída por las esquinas donde nos besamos, lo he evocado en masturbaciones cinematográficas, y se me ha disparado el corazón cuando creí que entró por la puerta, es él, no, no es él, es muy parecido a él, pero lo que sentí fue real.

Si la cultura hasta nuestros días nos llevó a la exaltación de estas emociones ¿no existe un motivo más concreto y material de por qué lo hacemos, o nos empecinamos en este tipo de derivaciones energéticas? A veces siento que dar hacia la nada es en realidad más sencillo. Mirar a quien no nos mira, nunca encontrar esos ojos frente a los nuestros nos mantiene al resguardo de nuevas situaciones. Y gracias a tanta literatura, cine y canciones me siento un hidalgo a caballo que va a buscar a su doncella a la torre, o una heroína que baja al  inframundo para recuperar el amor de su prometido, cuando en realidad soy una cobarde. Intoxicados en la energía del rebote circular de nuestro amor evocador replicado mil veces, no alcanzamos espacios inexplorados. Un regocijo idiota, un hedonismo sin medida, el ego de MI forma de amar cierra las puertas a la posibilidad de otras formas y maneras.

Detrás de cada amor no correspondido hay una persona re cagada en las patas que vio muchas películas de Hugh Grant y Meg Ryan, que la hicieron re bien porque con la exaltación de este amor refinado ganan plata. En una frase que no usaría Erich Fromm sino la coach española del curso de la publicidad: una persona empecinada en el sentimiento de un amor no correspondido es una persona que no quiere salir de la “zona de confort”. Y en los términos de Beatrix Hedoné: «me parece que me quedé en casa sin cojer» Qué miedo me da la «inocente castidad» de tenerle la concha prometida a un imposible.

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