#LaSexión : Asexuate

Beatrix Hedoné

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Hoy empiezo esta columna porque ya no aguanto más, porque me la escribo encima, porque es suficiente y es necesario. Columna: quiero inaugurarte hoy. Quiero hablar de sexo y de amor pero contrario a lo que dicta el marketing básico no empezaré por el deseo ni lo húmedo sino por lo seco y lo negado. 

Existen personas que no tienen deseos sexuales, no son la mayoría pero tienen una bandera: la asexualidad. Y lejos de una vida que puede parecer sencilla sufren muchísima presión social. En un mundo encargado de venderte  los medios para obtener sexo: cremas, cigarrillos, perfumes, autos, etc. debe ser solitario no querer lo que se pretende que desees para poder venderte lo que está estipulado que compres. 

En la expresión de la calle sucede parecido, la gente, la sociedad, siempre sentencia con el “hacete coger” y  el “necesitas pija”. Siempre. Se te cortó el gas, pija, se murió tu papá, pija, ¿estás presionado en el trabajo? metela en cualquier lado. Esos son los mensajes implícitos y explícitos de la cultura sobre las personas asexuales pero también sobre todas las sexualidades que existen en este sitio hermoso: el mundo occidental.  

Dicho esto, no voy a hablar de esto, no voy a hablar de la asexualidad como condición, como minoría reivindicable que hay que respetar y conocer, sino que voy a hablar de la asexualidad forzada, aquella que simulada como elegida, no lo es. La asexualidad que ejercen las personas sexuales. 

¿Cuántas veces elegiste no pensar en sexo (no calentarte mentalmente) para no enloquecer? ¿Cuántas veces pasaste por largos periodos, soporíferos y anestésicos, sin ningún contacto sexual? ¿Cuántas veces elegiste quedarte un sábado en casa , viendo TV, matándote a pajas, para no salir a buscar y sufrir un vacío mayor y posterior? Personalmente la asexualidad se me presenta perfecta en vigilia. Simplemente vivo, vivo sin coger, pienso que no lo quiero, que no me interesa, que no lo deseo, pero luego por las noches al dormir y soñar… ¡Boom! Cohetes rojos reventando en lo azul, sexo desenfrenado, orgiástico, pluralidad de compañeres sexuales, pero de eso hablaré la próxima vez. 

Ahora que te tengo acá, de mi lado, que sentiste algo de todo eso alguna vez, preguntémonos juntes ¿por qué sucede?  Y yo casi sin respirar, grito: ¡¡¡PORQUE EL SEXO Y EL AMOR TRAEN SUFRIMIENTO!!! Está científicamente comprobado (ponele) que abrirse a estas dos experiencias nos expone y que aquello que sacamos a la luz tiene altas chances de ser pisoteado, golpeado, desmenuzado y roto de por vida, entonces, ¿ganas de qué dijiste que tenías? Nahh dejá, quedate piola mejor. 

Ya las veo venir, todas las frasecitas motivacionales de facebook juntas. La mala filosofía de los buenos sentimientos que reza que hay que abrirse a los demás, y que uno se vuelve más fuerte con el sufrimiento y bla bla, pero no, ¿sabes qué? no pasa eso, te volves más sensible, más dévil (demoníaco) y tenes el pecho lleno de agujeros, y cuando te va bien decís qué copado y qué bueno pero secretamente sólo estás esperando el sogazo. 

Y así, mientras todas esas ideas orientales mal aplicadas se esparcen por el sentido común, entre otras miles de nuestra cultura, yo digo que no, que las dificultades del sexo y el amor no están en un problema individual, que son costosas por miles de motivos que tienen que ver principalmente con estructuras ideológicas y sociales. 

No entiendo por qué pasa todo esto, ni por qué se nos niega lo más hermoso de este tránsito por la Tierra, pero como que me llamo Beatrix Hedoné que lo voy a descubrir, ah re, bueno no, pero lo voy a cuestionar desde esta trinchera del cuerpo y la palabra en la que quiero abrir el debate sin fin del que pareciera ser el último bastión de la deconstrucción. Es urgente. 

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