Las guerras invisibles, de Julieta Grinspan

Andrea Beltramo

Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

Las guerras invisibles es una obra de teatro escrita y dirigida por Julieta Grinspan. Con localidades agotadas cierra una segunda temporada que pasó por la sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación. “Justito pasó que el agua les quedaba del otro lado”, es el subtítulo de una pieza que desde la sinopsis nos plantea un campo de batalla y resistencia:

“Las guerras invisibles están en los cuerpos, los rostros y las almas de quienes no se resignan a la derrota. Un pueblo, El Paraíso, encerrado entre palos y alambre. Tres mujeres a las que el agua les quedó del otro lado de la alambrada condenándolas a la sequedad. Tres mujeres que intentan derrumbar, quemar el cerco para recuperar el Paraíso perdido. Con sus recuerdos, sus sueños truncados y sus cantos emprenden la reconquista de su Paraíso. Para eso, los alambres deben caer y los postes arder. Lo intentaron, las esperaban, salió mal. Pero volverían sabiendo que, quién se arriesgue en el fuego puede arder.”

En escena, Nelly Scarpino, Claudia Villalba, Mariana Trajtenberg, Julia Nardozza y José Ríos, dieron vida a una historia entre la aventura, el delirio de las empresas imposibles y, sin lugar a dudas, la acción colectiva como esperanza transformadora. Como intervención subversiva. En esta conversación con Corriendo la voz, la autora y directora de la obra, profundizó sobre el texto, los personajes, la expulsión, la pérdida de todo lo cotidiano, la resistencia y la desobediencia.

Las fotos que contiene la nota son de Paula Ruiz, fotógrafa de Corriendo La Voz.

Ph. Paula Ruiz

CLV: ¿Cómo empezó todo?, ¿cómo te llega el texto?, ¿cuándo viste que era posible llevarlo a escena?

JULIETA GRINSPAN: La cosa empezó de una manera muy casera, me regalaron una novela y fue leerla y sentir que quería verla arriba del escenario. Porque Redoble por Rancas, el libro de Manuel Scorza, tiene una teatralidad muy grande. Viene del realismo mágico y los personajes te enamoran cuando la vas leyendo. Lo que pasa es que tiene un mundo muy lejano, en este caso Perú. Yo vengo de una tradición europea, clase media, muy lejana de todo esto, si bien todos latinoamericanos…

CLV: ¿Lejano de nuestros teatro nacional, del sainete, el grotesco…?

JG: Completamente. Otro lenguaje. Otra cosmovisión del mundo completamente distinta. Pero por eso atractiva. Pero sí, el conflicto de la obra, el tema, es universal, pasa acá también. El tratamiento es otro pero sí que pasa. Me puse a hacer un juego de adaptación y pensaba quiénes eran estas personas que hablaban y dije, bueno, esto hay que universalizarlo y qué de eso tiene que ver conmigo, con mi historia, mi teatro, con mi manera. Hice un boceto del texto que se fue modificando con los ensayos, bastante. Y con las actrices.

CLV: ¿Ya las conocías?

JG: Somos parte de la Compañía El Nudo, yo trabajo con ellos como titiritera desde hace seis años y se re entusiasmaron en hacerla. Y que la dirigiera. Fue todo un desafío. Estuvo buenísimo.

Las guerras invisibles. Ph. Sebastián Ochoa

CVL: Además con el trabajo de objetos que tienen junto a lo titiriteras que son, el oficio se nota en escena.

JG: Sí. Quise hacer una síntesis entre la experiencia de ellas y la que yo traía de otro palo. Estuvo buenísimo. Ensayamos como un año y medio entre una cosa y otra.

CLV: ¿Desde el comienzo del montaje y ensayos siempre fueron cinco personajes?

JG: La figura de la relatora se sumó después, no estaba. Ese personaje no existía, sí las tres mujeres, y con el devenir de las canciones su sumó José, el músico, el bajista. Él trabaja con El Nudo hace muchos años. Compone las canciones de las obras de títeres para chiques.

CLV: Ahora que la nombraste, es muy interesante el personaje de la relatora. Hace de guía o, mejor, te acompaña en la mirada. Pero muchas veces hace de público y entonces propone ese desdoblamiento dentro/fuera de la escena…

JG: Laburo hace muchos años con el teatro épico de Brecht. En algunas de sus obras la figura del relator o relatora, no existe, y en una obra que tiene, que está fragmentada, que son unidades escénicas, no tiene la línea de continuidad, bueno, la relatora cumple un rol que era necesario, que está bueno.

CLV: ¿En esta obra también?

JG: Sí, sí, que termine como de sostenerse de alguna manera.

Ph. Paula Ruiz

CLV: Ellas son las protagonistas de la historia, la relatora te da un marco de lo que está pasando a nivel social

JG: Y te distancia también de esa situación que es un poco terrible. Por momentos cumple ese rol de contar lo que está pasando y por otros aliviana. Porque yo a veces no me doy cuenta pero, a veces, los comentarios que recibo son: “che qué terrible, qué doloroso.” Y claro, yo perdí la perspectiva de que se cuenta algo sufrido o que se las ve como personas muy sufridas a las tres protagonistas.

CLV: Claro, son vistas como víctimas, como desposeídas, en la expulsión del paraíso sobre todo, pero hay momentos donde hay mucho empoderamiento también…

JG: ¡Completamente! Yo siempre me quedo con eso.

CLV: Porque nunca estamos en una situación de absolutamente sin poder, ¿no?

JG: No, porque han tomado sus propias decisiones…

CLV: …incluso en los márgenes hay….

JG: …ahí tiene que ver un poco, me parece, la historia de quién la ve. Si uno es militante o activista, la ve desde esa perspectiva. Pero el que no, por ahí, la perspectiva de la vida individual de la persona que está mirando. Como un reflejo, el teatro tiene eso de la necesidad de la catarsis, aunque yo trato de alejarme un poquito de eso, pero se la busca igual.

Las guerras invisibles. Ph. Sebastián Ochoa

CLV: ¿Te interesa ese impacto?, la devolución de la gente, ¿te gusta que te cuenten lo que les pasó con la obra?

JG: Sí, me pone muy nerviosa. Porque es un lugar de exposición al que yo no estoy acostumbrada, pero sí, las lecturas son muy variadas y eso está bueno, porque en definitiva, no sé… No se brinda una respuesta sino que son situaciones que se van contando.

CLV: No es un espejo tampoco, es una historia contada desde el teatro… Sería injusto para la historia que se cuenta.

JG: Sí, sí… Y tiene algo esperanzador también, pero muy costoso. A costa de poner como mucho el cuerpo. Alguien puede salirse de ese lugar pero cuesta y eso también creo que es duro de ver, de alguna manera.

CLV: Porque aunque no sea un espejo, algo se refleja. Por ejemplo, da cuenta de las fronteras interiores, la más cercana. El agua les queda del otro lado de un cerco que alguien puso. Imposible evitar esa ostentación del poder. Te plantan una pantalla gigante en el Obelisco con alguna fiesta de quien sea y esté de turno, eso es una publicidad en la que no siempre querés participar…

JG: Y estás ahí… Me acuerdo el día que estrenamos, el año pasado, habían cortado Avenida Corrientes para empezar los arreglos y la gente lo linkeaba directamente con lo que pasaba en la obra, ¡era un lío! Pero bueno, está esto de rescatar que ellas no tienen la conciencia construida a priori, sobre la organización y la lucha. Decís, bueno, qué miércoles está pasando y qué vamos a hacer. Para mí, que soy militante, fue un desafío poder decirlo, las cosas cuestan. Que me dé bolilla quien tengo al lado cuesta un montón, no te voy a convencer así porque sí, es muy complicado. Para las mujeres también es muy complicado.

CLV: Además que la realidad que se está viniendo abajo en el caso de las protagonistas es su vida cotidiana. No es un panfleto social. Tiene que ver con las necesidades diarias, el uso del agua, la falta del agua y sus consecuencias en la vida.

JG: Y que en todo caso, el panfleto va a surgir después de esa experiencia, si tuviera que surgir. No es una cantata en contra del panfleto. Todo bien con el panfleto. Pero digo, al panfleto hay que construirlo de alguna manera, tiene su asidero en la vida real, de lo que yo no me quiero olvidar.

CLV: No se llega del panfleto a la toma de conciencia, sino al revés…

JG: Es como un juego, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina?, posiblemente exista un juego entre ambas cosas. A los fines dramáticos, si se quiere, yo elegí ese camino. Por eso tampoco la obra tiene un camino lógico. Tiene un climax, bueno, son unidades, en la vida pasan estas cosas, tenemos estos conflictos que son múltiples.

Ph. Paula Ruiz

CLV: Los desplazamientos en la escena, de tiempo, espaciales, de toma de posiciones y conciencia. El dispositivo que crearon mostró los hilos, el cómo está hecho. Y en una sala donde estás tan cerca todo quedó expuesto…

JG: Sí, eso está bueno porque la intención no era crear la ilusión de que estamos en el medio del campo, no, la verdad es que es una obra de teatro. Y está bueno porque así y todo se crea una ilusión teatral, no de sentido de verdad, sino una ilusión teatral.

CLV: No te interesa la posición de verdad en el teatro.

JG: No, no. Creo que hay distintas maneras como para poder abordarla, desde la estética, el juego con el lenguaje, buscar la ilusión de que eso que sucede, sucede aquí y ahora, diríamos, a priori no es algo que a mí me interese. Creo que la razón más fuerte de eso es que, para lo que en esta obra en particular se está diciendo, lo que yo requiero del espectador es su actitud de pensar de eso que se está hablando, como diría Brecht, tomar distancia. Entonces una ilusión de realidad completa no me estaría aportando. Pero todo esto en teoría, después cada uno la verá. Habrá momentos donde podrá distanciarse y otros donde se meterá por completo y está bien. No somos máquinas, pero no es la búsqueda.

CLV: Tomé algunas notas cuando vi la obra, por ejemplo: “La fiera, una vez encerrada no descansa hasta poder escapar.” Una frase que viene después de decir muchas veces que el paraíso era esa realidad que estaba ahí, al alcance. Me gusta mucho la idea de las huidas como empoderamiento, ¿estaba en el texto o esta idea es algo que te interesó a vos proponer?

JG: Es un texto de la obra. Yo creo que hay algo de la animalización de las protagonistas que es terrible, por un lado.  Ante una tragedia en vista, yo creo que los impulsos animales los sacamos. Y por el otro, se trata de la bestia que toma conciencia de sí misma. Deja de serlo, también. Al tomar conciencia, ya está, podés obviar el problema, pero nunca más dejás de verlo.

CLV: Esto que decís de la tragedia es interesante porque, de alguna manera, ellas van a cometer el “error trágico” que decía Aristóteles, el error fatal que pensando hacer lo correcto, termina por hundirlas…

JG: ¡Mirá, que loco! Ellas van a aprovechar ese momento de fiesta de los poderosos para prender fuego el cerco. Ese puede ser un error, pero también, ¡está buenísimo esto! También pasa eso de que no está reflexionado. Está todo mal, me voy a juntar con los malos, pero yo también me quiero ganar el chancho que sortean. Porque no soy un ser unidireccional. Porque al final todos somos un poco miserables. Hay una fiesta y yo quiero ir bien vestida. No importa que no sea mi fiesta, aunque estén los otros. Como ese juego que sucede también en la vida. Sí, es un error trágico.

CLV: De alguna forma también es pelear por cierta pertenencia, ellas las expulsadas, pero su sola presencia es incómoda del otro lado del cerco.

JG: Cuantas veces uno, no sé, tal vez soy un poco yo la que habla. Pero, pienso, la gente se casa, tiene hijos, va al supermercado, en cualquier momento, te juntás a comer con tus amigos y la vida pasa y pasan cosas terribles y a veces sos parte de eso. Porque no tenemos la claridad para tomar distancia de nuestra propia coyuntura. Lo que yo no quiero hacer es juzgar a esas personas, que a veces confundimos como el enemigo. Entonces si no me hablás con la “e” te pego un palo.

CLV: ¿Es un castigo divino lo que les sucede?

JG: Es castigo, sí. Pero problematizar eso para mí era importante y acá sí tiene que ver bastante con la historia del libro, donde se piensa en este sentido del castigo. Por eso no hay agua.

CLV: Y no hay escape, es un tipo de castigo que no admite subversión

JG: Lo que pasa es que está bueno que ellas crean un poco esto y que después se den cuenta que no.

CLV: ¿Siempre pensaste a las protagonistas mujeres y tres?

JG: Sí. Siempre las pensé mujeres. Aparecieron tres. Sí. No a priori, es decir, no porque sean mujeres entonces serán esto o aquello…

CLV: No son las abanderadas de una causa, para vos son tres personajes en una historia…

JG: Sí. Yo creo que no es casual tampoco porque uno no está escindido del contexto en el que está viviendo. Y muchas veces son las mujeres las organizadoras de una comunidad. Pero eso va apareciendo. Yo no las planté ahí porque son las mujeres las que, en fin. Pero sí despiertan esas lecturas y me parece que es válido, que está buenísimo. Fui consciente de eso al toque.

Mire este video en Youtube.

CLV: ¿Son heroínas?

JG: No. Fue un gran trabajo no hacerlas así. Fue mucho texto tirado para que no fueran. Yo voy como por un tubo a eso. Alguna de ellas, tal vez la más joven, parece que la tiene un poco más clara. Pero ninguna es la esclarecida.

CLV: De hecho todo lo que deciden que van a hacer en la historia es del orden de lo urgente. No hay tiempo para armar una estrategia, incluso delirante.

JG: ¡Y siempre con alguna cagada en el medio!, algo pasa. Por eso esa frase del paraíso como realidad, es decir, que era eso tan real. Bueno, se trata de no idealizar las situaciones de las personas, podemos cambiarlo. Eso seguro, soy una convencida de eso. Pero dale, es esto. No es otra cosa.

CLV: Tampoco sería, el paraíso, la promesa de acceder a un orden moral superior… sino que es una materialidad.

JG: Sí, claro. Sí. Que puede no estar bueno. O incluso no querer volver al paraíso. No es que es bueno. No son incorrecciones políticas arriba del escenario pero, por lo menos, pensémoslas. Podría ser pesimista la obra, pero no tiene que ver con eso.

CLV: ¿Con qué tiene que ver?

JG: Yo creo que está más cercana a la esperanza. Pero no es una esperanza ciega, sin reflexión. No es una esperanza sin acción. Y todo eso cuesta. Visto así es un poco pesimista. Pero yo creo que lo que estos personajes demuestran es que es posible accionar sobre algo, materialmente accionar sobre algo. Aunque sea una porquería.

 CLV: Otra frase que anoté: “Al paraíso, si está en problemas hay que ayudarlo”.

JG: Pero viste cómo termina la frase: “hay que ayudarlo, ¡sí! hay que ayudarlo…” Y aparece la relatora que dice que “no es cierto, quién podría creerse semejante cosa.” Porque todos estamos re dispuestos y después capaz sólo estamos nosotras dos mirando.

CLV: Porque tiene una exigencia sacrificial eso de ayudar al paraíso. Hay que poner el cuerpo, casi entregarlo.

JG: Sí. Y no sucede eso. Sin malas intenciones lo pienso, pero está rozando la crítica. Estamos todos convencidos hasta que no estamos. El individualismo es feroz, esto del autocuidado, la autopercepción, la autopreservación, que no sale de ese lugar, también es un riesgo. No hay una organización perfecta, eso es así. Pero por otro lado, el enemigo es más fuerte y hace estragos. Culturalmente también. Además de las armas. Con todas las armas que tiene hace estragos.

Ph. Paula Ruiz
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