Las Garzas Brujas celebraron su primer año de avistajes y sororidad

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Patricia López

Docente de inglés en varios niveles educativos. Curiosa por naturaleza. Amante de la literatura, la cocina y las plantas. Escucha de radio desde niña. Lectora incansable. Trabajadora docente en lucha por la educación pública.
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Treinta mujeres, naturaleza, conocimientos diversos y la voluntad de compartirlos fueron puestos en juego para celebrar el primer aniversario de la agrupación Colectiva de Observadoras de Aves Feminista.

La colectiva nació hace un año como iniciativa de un grupo de mujeres estudiosas de la naturaleza desde distintos ámbitos; algunas desde sus carreras de guardaparque, otras como biólogas, ambientalistas, observadoras de aves aficionadas o fotógrafas. Si bien se inspiraron en el grupo norteamericano Feminist Bird Club Molly Adams, decidieron que no se convertirían en una rama de esta agrupación sino que crearían una de acuerdo a las particularidades, necesidades y deseos de las mujeres y disidencias de nuestra región, que por ahora incluye la ciudad de Buenos Aires y muchas localidades del Conurbano Bonaerense.

Varias de las fundadoras eran y son parte de agrupaciones de Observadores de Aves. Como en todo ámbito, han soportado comportamientos machistas, desde comentarios desvalorizantes de su conocimiento solo por el hecho de ser mujeres, hasta no ser tomadas en cuenta en las decisiones -aún en las mínimas-, pasando por la invisibilización del material fotográfico aportado por ellas a estos colectivos.

Al calor de la movilización feminista que viene agitando las mentes y las cuerpas en estos últimos años, decidieron armar su colectiva eligiendo para ella el logo de un ave cuyo nombre vulgar en Argentina es Garza Bruja. El lema que se despliega en su bandera es “somos las nietas de todas las brujas que no pudieron enjaular”. Este estandarte atrajo muchas miradas de sorpresa y consultas durante la última marcha del 8 de Marzo. Varias de las mujeres que se sumaron recientemente a la colectiva comentaron haber sido interpeladas por esa bandera con su simpática imagen de la garza bruja vestida con gorrito en punta y pañuelo verde durante el último Paro Internacional de Mujeres y disidencias.

A lo largo de este primer año se eligieron salidas de observación en lugares que se encuentran en disputa por distintos motivos. En algunos casos, se trata de áreas de reserva desde lo formal pero sin sustento de desde lo real. En otros, hay intereses inmobiliarios en pugna o construcciones aledañas incompatibles, como es el caso del Aeroparque de Palomar. Durante la  visita en el mes de junio a la reserva de Santa Catalina en Lomas de Zamora, no solamente se apoyó el reclamo del grupo de Vecinos Autoconvocados que abogan por el efectivo manejo del área como Reserva, sino que también se unieron al pedido del esclarecimiento del crimen de Anahí Benitez, la adolescente asesinada cuyo cadáver fue arrojado en la reserva en agosto de 2017.

Para celebrar el primer año de la colectiva, el último fin de semana de julio se realizó una salida a la Reserva Ecológica Costanera Sur de la ciudad de Buenos Aires. El buen clima invernal y el fácil acceso al lugar ayudaron a que el encuentro se convierta en récord de asistencia con treinta mujeres y una niña pequeña, con muchas primerizas. A la entrada del lugar, como en cada salida, cada una contó cómo había llegado, por quién se había enterado y qué esperaban del encuentro.

Desde la reunión inicial en la entrada del predio, las nuevas asistentes pudieron sentir el clima de hermandad y bienvenida por parte de las integrantes del grupo. Si bien en un principio se había planteado que una de ellas sería la guía, luego, espontáneamente y debido a la cantidad numerosa y a la dificultad de la escucha al aire libre, las asistentes se fueron separando en grupos más pequeños. Cada quien fue rotando, según si la pregunta refería a aves, vegetación, hongos o anfibios. En esos casos, se indicaba quién era la persona más idónea y cada una iba aportando sus conocimientos en los distintos campos. Del mismo modo se iban compartiendo los binoculares con aquellas que no tenían y se les enseñaba el mejor modo de usarlos. También circularon los mates, las galletitas y el uso del telescopio, en el enclave final a la orilla del agua, donde se pudo disfrutar del avistaje de diversas aves acuáticas.

Pasado el mediodía, llegó el momento de poner en común la experiencia, sobre todo para las nuevas asistentes. Lo que abundó fue el sentimiento de cálida  bienvenida y de generosidad a la hora de transmitir conocimientos específicos a quienes tenían poca o ninguna experiencia en el área. La mayoría de las principiantes expresaron en su entusiasmo por seguir asistiendo a estas salidas en lo venidero. Las garzas brujas, a un año de su creación, pueden darse por satisfechas de que su objetivo de avistar aves y recorrer la naturaleza promoviendo su conservación en un espacio seguro y sororo está siendo ampliamente cumplido.

Fotogalería: Nadia Bascopé

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