#LadoNerd Star Trek Discovery: Diferente al resto de la saga

Diego Scarpati
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Diego Scarpati

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Redactor de Cultura y Lado Nerd.
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El estreno de Star Trek: Discovery a fines de septiembre significó el regreso de la franquicia televisiva más prolífera de la cultura pop a la pantalla chica tras 12 años de ausencia. Una ficción que no tardó en ganar adeptos y detractores, principalmente, porque tiene muchos elementos novedosos para la saga (y otros tantos que son motivo de debate para los fans más intransigentes). Finalizada hace un par de semanas la primera parte de su primera temporada es buen momento para analizar qué nos dejó. (Así que si todavía no vieron todos los epidosodios recomendamos NO seguir con esta nota)

En mayo de 2005 se emitía el último episodio de la cuarta temporada de Star Trek: Enterprise, cancelada por los bajos números de rating (algo que no pasaba –paradójicamente- desde la cancelación de la serie original en 1969). La trama se centraba en los viajes de la primera nave de los humanos lanzada con fines de exploración y bajo la celosa y sobreprotectora presencia de los Vulcanos, quienes por aquel entonces consideraban que lo humanos aún no estaban maduros para llevar adelante esta empresa. El argumento también exploraba las intrigas que desembocarían en la necesidad de unir a las distintas especies, lo que años después se concretaría con la fundación de la legendaria Federación Unida de Planetas. La serie tenía puntos interesantes pero lamentablemente no cautivó a un público que, tal vez, venía muy acostumbrado a las tres ficciones de los noventa recreadas en pleno Siglo 24 (The Next Generation, Deep Space Nine y Voyager). Como si se tratara de un manotazo de ahogado, se trató de mejorar sus números haciéndole notorios cambios desde la temporada tres, pero tal vez fueron los que se convirtieron en su tiro de gracia. Probablemente haya sido una serie un tanto adelantada para su época por tener muy presente a las anteriores y porque no contó con la posibilidad de ser emitida por un servicio de streaming.

La USS Discovery. ¿Adelantada para su época?

Pasaron 10 años y medio (tiempo para que el bueno de JJ Abrams nos ofrezca su reboot cinematográfico que resultó en tres filmes de los cuales no hablaremos en esta nota) y llegaban importantes anuncios. Así, el 2 de noviembre la cadena CBS anunciaba una nueva ficción sobre la franquicia que se estrenaría cerca del 50 aniversario de la serie original (septiembre de 2016). Finalmente su producción se demoró, se la anunció para abril de 2017 para finalmente concretar su estreno en septiembre de este año. Este nuevo show estaría ambientado diez años antes de las aventuras del Capitán James Kirk en la serie original. Pero la noticia más destacada fue que se trataba de una producción realizada exclusivamente para CBS All Acces, o sea, el servicio de streaming de la cadena, y por supuesto emitido luego por Netflix. Pero después del estreno de su primer tráiler y tras ver los primeros episodios, pudimos comprobar que venían muchos más cambios.

Con el espíritu de la saga pero distinta a todas

La primera gran diferencia con sus antecesoras es que Discovery se adapta a la estructura de la mayoría de las actuales ficciones televisivas: una tira de continuidad episódica (dejando de lado totalmente las tramas unitarias) y temporadas con pocos episodios (15 en este caso) que se compensan en calidad a través de sus guiones y producción que le permite tener un formato más cinematográfico. Deep Space Nine  (1993-1999) tal vez fue de todas las antecesoras la que más se acercó al formato de continuidad episódica. Tal es el tiempo que se toma la nueva serie para desarrollar su historia, que los dos primeros episodios (El “two hour premiere”) se centra en el personaje principal y tenemos que esperar hasta el tercero para conocer las instalaciones de la Discovery y su oficial al mando. De hecho la incorporación de otros oficiales (que conforman el elenco principal) se va dando paulatinamente; sólo citemos el ejemplo del teniente Tyler. Esta estructura narrativa fue ratificada apenas hace unas semanas cuando uno de sus showrunners aseguró en una entrevista que el principal modelo de inspiración es Game Of Thrones, claro está que no en un universo tan oscuro o pesimista (que sería traicionar directamente el espíritu de la serie creada por Gene Roddenberry) pero sí en cuanto a sus tramas y arcos argumentales de sus personajes.

Sonequa Martin-Green y Jason Isaacs

Y si de personajes hablamos, acá viene otra de sus importantes novedades. A diferencia de todas sus series anteriores, el rol protagónico de la serie no recae en el oficial al mando de la nave o estación, por el contrario, está narrada desde un punto de vista (aunque no completamente) distinto. Aquí aparece Sonequa Martin-Green interpretando a la cuestionada ex comandante Michael Burnham  (otrora Sasha en The walking Dead), como una oficial caída en desgracia y a bordo de la Discovery de manera casual (¿En serio fue casual?) que en varias oportunidades le sacará las papas del fuego al Capitán Gabriel Lorca (en una estupenda interpretación del británico Jason Isaacs). No dejemos de lado que el protagónico además de no ser del capitán, recae en un rol femenino. De hecho, esta reivindicación del rol femenino en la ficción se expone claramente durante los dos primeros episodios con la interpretación de Michelle Yeoh como capitana y mentora de Burnham. La cuestión de Género no es algo casual, teniendo en cuenta además que apenas en la primera secuencia del primer episodio (antes de los títulos iniciales) se supera el Test de Bechdel (1).

Sobre la diversidad

La relación amorosa entre el Ingeniero en Jefe Stamets y el Doctor Culber, no solo significa la inclusión por primera vez de personajes de la comunidad LGBT al elenco protagónico, sino también la introducción de una pareja estable. Descartemos el antecedente del film Star Trek Beyond donde de la noche a la mañana deciden hacer del Teniente Sulu (un rol ya con 50 años de historia) un personaje homosexual, incluyendo sólo un elemento forzado a la trama, que de hecho no tiene peso dramático en la película. Sonó más como una decisión de marketing que otra cosa. En el caso de Stamets y Culber, se trata de dos personajes concebidos desde cero y lo que hace la trama es naturalizar esta relación.

La homosexualidad y la problemática de la homofobia se han tratado, aunque de manera muy leve y metafórica, en episodios de sus anteriores series a través de personajes de otras razas, lo cual de alguna manera eleve la discusión a una cuestión general de sexualidad de otras especies. La misma siempre involucró también los Géneros.

Roddenberry tenía en mente incluir un personaje homosexual al elenco estable de The Next generation (1987-1994) pero finalmente la “moral puritana” de los ejecutivos de la cadena de TV ganaron esa pulseada y vimos a un Teniente Comandante Geordi La Forge algo distinto al que Roddenberry tenía en mente originalmente. Si bien muchos fans pueden expresar que “en el Siglo 23 la homosexualidad ya no es un tema tabú entonces no es necesario un tratamiento al respecto en las series”, la realidad es que si está tan naturalizada no habría nada de malo en mostrar parejas homosexuales cuando en su lugar solo se mostraban relaciones heterosexuales. En ese sentido se cumple con una de las premisas de la serie original: la diversidad.

Anthony Rapp como Teniente Stamets y Wilson Cruz como el Doctor Culber.

Por otra parte, podríamos afirmar que Discovery todavía nos deja una deuda pendiente. A esta diversidad sexual debemos recordar que desde el estreno de la serie original allá por el ‘66, la idea era mostrarnos una tripulación de diversa culturas y nacionalidades terrestres. Así hemos tenido a lo largo de todas las series personajes principales no sólo yankees sino también asiáticos, africanos, europeos (incluyendo un Soviético) y hasta un descendiente de Pueblos Originarios. Pero hasta ahora se sigue relegando el rol de los latinoamericanos a un plano sólo de personajes totalmente secundarios o solo menciones de terceros.

El Capitán Gabriel Lorca tiene el honor de cargar con un fuerte apellido, pero de hispano sólo tiene su nombre y tal vez algún antepasado lejano. Distinto sería ver en el puente a un personaje con rango de oficial que provenga de México, Puerto Rico, Brasil o algún otro lado. Aunque si se mantiene la estigmatizante concepción hollywoodense del “latino”, entonces antes de ver a un personaje extremadamente servicial, siempre de tez oscura y cierta apariencia poco pulcra que come tacos, intelectualmente limitado y que confunde todo fenómeno científico con un milagro de la virgen María, entonces gracias pero no, preferimos seguir sin latinos.

El verdadero debate

Lo que vimos hasta ahora puede ser realmente cartón pintado si tenemos en cuenta que lo que realmente está dividiendo las aguas es, por un lado, alguna que otra cuestión del canon y la continuidad, y por supuesto la nueva apariencia de los Klingons. Esta precuela nos ubica desde el comienzo de un conflicto bélico entre Federación y Klingons en un universo con tecnología y vehículos que parecieran corresponder a un período de 100 años en el futuro.

Más allá de eso, hay que entender y, sobre todo, contextualizar cada época en la que se produjeron las anteriores series y, por supuesto, los avances tecnológicos de hoy. Dicho esto, no deja de hacernos ruido la existencia de un “motor de esporas” en el año en que trascurre la serie cuando es una tecnología que ni los mismísimos Borg manejan. Al menos, algo discutible.

Permitiéndonos esta licencia aún tenemos por delante el tema más candente, y es la nueva fisonomía de los enemigos más antiguos y queridos de la saga Star Trek. Durante décadas nos hemos acostumbrado a ver a los Klingons con esas imponentes crestas rodeadas por vastas cabelleras y barbas. Y una personalidad tan salvaje como primitiva que a más de uno seguramente nos hizo pensar cómo semejante troglodita podía pilotear una nave interestelar. Pero más allá de las entendibles opiniones, hemos dado por sentado que los Klingons eran así.

Los nuevos Klingons

Lo que nos dio esta serie son seres con más látex que construcción del personaje, con cresta pero sin pelo y, sobre todo, con muy poquito de algo que los hace reconocidos en toda la galaxia: su concepto de honor. El vestuario no los ayuda, pasaron a ser una versión shakespeariana, con mucho voladito más renacentista y barroco que un uniforme guerrero. Sin duda los avances tecnológicos y nuestras nuevas perspectivas sobre el mundo hacen que muchas cosas se modifiquen. O sea, viajamos miles de millones de años luz para encontrarnos con alienígenas cuya única diferencia física es apenas alguna que otra protuberancia en la frente. Pero acá es donde aprendimos a contextualizar y a aceptar ciertos elementos. Los cambios son necesarios, pero tal vez haya ciertas cosas que sea mejor dejar como están: como por ejemplo a un Klingon.

Lo que resta

En enero volverá la serie con los restantes 6 episodios que completarán esta primera temporada, ya con una segunda confirmada. Y más allá de que a muchos les cueste asimilar algunas de las cuestiones que envuelven a este nuevo show, siempre es un placer reencontrarse en la pantalla con algún vehículo entrando en velocidad warp, personajes teletransportándose o pistolas phaser en acción.

Tal vez le falte a Discovery contar historias que se identifiquen más con la cultura Trekker: aquellas tramas que exploraban lo filosófico, ético o metafísico. Hubo episodios que se acercaron pero dejaron un sabor a poco. Por ahora, la serie de CBS está más volcada a una trama bélica con un capitán dispuesto a todo para ganar esa guerra, que a la clásica posición del ser humano frente a la inmensidad del universo y sus secretos. Sea lo que sea que nos depare los próximos episodios, ya sabemos que hay toda una temporada para corregir algunas cuestiones mientras seguimos viajando “a donde nadie había llegado antes”.     

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