#LadoNerd ¿Por qué amamos Cobra kai?

Diego Scarpati
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Redactor at Corriendo La Voz
Redactor de Cultura y Lado Nerd.
Autor y Guionista Freelance.
Cuervo. Fan del cine, el teatro, la cerveza artesanal, la coctelería y Batman.
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En un 2018 que dejó grandes y variadas producciones seriales en las distintas plataformas de streaming, Cobra Kai pasó de convertirse en un producto que nadie esperaba a una de las ficciones más divertidas e interesantes de la temporada.

Apelando una vez más a la nostalgia esta refrescante comedia nos reencuentra con el elenco de la saga original al mismo tiempo que nos quita al amarguísimo sabor que nos dejó lo último que vimos de esta franquicia: la malograda remake de 2010 con Jackie Chan y el sobrevalorado hijo de Will Smith. Repasamos en esta nota los aspectos fundamentales de esta serie que incluimos, según nuestra mirada, en lo mejorcito de este año.   

Treinta y cuatro años después de aquella “grulla” que le significó la victoria a Daniel Larusso (Ralph Macchio) en el torneo sub 18 de All Valley del ’84, pareciera que la vida no ha sido fácil para Johnny Lawrence (William Zabka), quien supo ser el archirrival de Daniel y líder de los ya extintos Cobra Kai. En pleno 2018 apenas le alcanza con su salario de empleos informales para pagar la renta de un decrépito departamento. Habiendo fracasado en su matrimonio y con una pésima relación con su hijo adolescente, Johnny suele pasar más tiempo ebrio tratando de escapar de este presente alejado de aquella época dorada donde vivía en la lujosa mansión de su padrastro mientras era un prometedor karateka.

Un capricho del destino hará que Johnny se cruce con Daniel Larusso, ahora un importante empresario, dueño de una cadena de concesionarias. Y de alguna manera, este encuentro despierta en Johnny una idea que se convierte no sólo en una forma de ganar algo de dinero, sino también la posibilidad de reencontrarse con aquel adolescente tan distinto a este adulto. Así es como reabre el dojo que lo tuvo como alumno en los ochentas y le da nombre a la serie: Cobra Kai. Por supuesto que Larusso no ve con buenos ojos esta reapertura –más que nada por toda la carga emotiva que lo conecta con el pasado- y de aquí en más comienza una sucesión de desencuentros y malos entendidos que hará que ambos personajes transiten por la delgada línea que divide la amistad de la rivalidad.    

Johnny Lawrence (William Zabka) y Daniel Larusso (Ralph Macchio) vuelven a estar frente a frente.

La estructura de la trama y sus personajes hace que de manera muy inteligente el show esté dirigido claramente a dos públicos: por un lado, aquellos más grandes que hemos visto el film original (algunos en el cine) y, por otro lado, al público adolescente que se identifica con los personajes más jóvenes. En este sentido la serie toma un elemento que hoy está en boga como la nostalgia ochentosa y lo revitaliza mezclándolo con las problemáticas que hoy atraviesan los adolescentes; que a decir verdad no difieren tanto de las de hace 30 años, pero si están aggiornadas.

El ejemplo más claro es el bullying, elemento presente tanto ahora como en la película original, incluso para ambas historias funciona como un disparador de la trama. Claro está que en este caso, la interacción de los personajes más jóvenes no puede dejar de darse sin convivir y hacer parte de la estructura narrativa a las nuevas tecnologías como internet, smartphones o las redes sociales.

En definitiva, Cobra kai se posiciona de manera clara como una comedia de enredos con muy buenos toques de acción. Tal vez en algunos pasajes estos enredos, un tanto exagerados o un poco forzados, nos recuerden a alguna de las comedias de Pol-Ka. Sin embargo, la excelente química entre los personajes hace del resultado final un producto redondo.  

Sin duda el punto más fuerte es la compleja y divertida relación entre Daniel y Johnny, la cual está al borde del desastre, incluso pasando por momentos que, teniendo en cuenta lo ocurrido en 1984, resultan tan inverosímiles como hilarantes. Para finalizar, el otro gran acierto es que, por lo menos al principio, la historia se desarrolle desde la perspectiva de Johnny, personaje con el cual podemos sentir cierta empatía, más allá de que haya sido el gran “Villano” de la película original.

Si aún no la viste, Cobra kai es una muy buena alternativa, más teniendo en cuenta que se trata de sólo 10 episodios de casi media hora cada uno. Salvo el último que dura un poquito más. Esta serie es el caballito de batalla de You Tube Red -que ahora se denomina You Tube Premium– versión paga de esta plataforma de streaming, que tiene también en su catálogo nada menos que a Impulse, la serie basada en la película y novelas Jumper.           

Radiografía de Cobra Kai

Si ya viste la serie, te va a interesar leer nuestro punto de vista más detallado. Pero si aún no lo hiciste te recomendamos que no sigas porque para nuestro análisis hemos incluido varios Spoilers.  

El sueño americano siempre presente

Treinta y cuatro años después nos encontramos con un Daniel Larusso que parece haber alcanzado su Sueño Americano (ese que buscaba su madre en 1984 cuando deja Nueva Jersey por una vida mejor en la costa oeste). Ahora es el propietario de una cadena de concesionarias, felizmente casado, padre de dos hijos y dueño de una hermosa mansión. Hasta acá parece la conclusión de un cuento de hadas, pero suele pasar que no todo es color de rosa.

Tal vez, lo que no nos cuentan aquellos que pregonan el Sueño Americano es que pareciera que quienes lo alcanzan obtienen como una suerte de efecto secundario que les produce algo similar a un vacío existencial. Algo que bien podría explicarse desde la Pirámide de Maslow (1) al entender que esta persona ha llegado a la cima de dicha estructura, por lo cual ya tiene resuelta la totalidad de sus necesidades y sólo puede ser feliz o completo al generar otras tantas; que por supuesto no son las básicas. Así, indagando un poco más en su vida cuasi perfecta, observamos que su matrimonio es tan maravilloso que roza lo aburrido. Y por otro lado, la relación con sus hijos no lo satisface: la plena etapa de adolescencia de Samantha (su hija mayor) provoca que naturalmente no tenga el mismo vínculo que tuvieron años atrás- incluso cuando él era una especie de sensei para ella- mientras que su hijo menor es un verdadero desastre, un chico caprichoso, demandante y soberbio que prefiere estar inmerso en internet y sus juegos de consola antes que pasar tiempo con su padre haciendo algo tan cursi y anticuado como practicar karate.

Daniel Larusso y la concreción de su “Sueño Americano”.

Por otro lado, Johnny es todo lo contrario: separado, peleado con su hijo, sin trabajo estable, con problemas de alcohol y viviendo en un departamento que parece haber sido limpiado por última vez hace como 30 años. Es como si Johnny saliera de un letargo que lo mantuvo dormido desde 1984 hasta el presente. Su casa parece un basural, rodeado de botellas de cerveza, un viejo televisor de tubo de rayos catódicos y los trofeos de su pasado karateca prácticamente ocultos, todo eso mientras suena en un viejo reproductor una serie de hits del hard rock de los ochenta. Su vida se quedó, se estancó. Duro para alguien que en algún momento vivió ese Sueño Americano; porque durante los ochentas vivía en la lujosa mansión de su padrastro.

De alguna manera, el fortuito encuentro con su nuevo vecino Miguel funciona de detonante para que pueda recuperar su pasión –tal vez la única que le queda y puede revivir, el karate– una forma de alcanzar su Sueño Americano. Es comprensible entonces que Daniel, tras el encuentro con su viejo rival y observando a su alrededor, quiera ocupar ese vacío existencial, ese lugar que su familia parece no darle, tratando de conseguir un aprendiz. Y quizá no pueda digerir el hecho de que una persona que prácticamente no tiene nada, como Johnny, tenga algo que él no tiene, discípulos, alumnos, gente que lo siga y respete por lo que él vale y pregona y no porque paga un sueldo.                     

La naturaleza del bien y del mal

La narrativa audiovisual evolucionó de manera importante en los últimos 20 años, incluyendo por supuesto la construcción de los personajes, sobre todo el antagonista, o sea el “Villano de turno”. Quienes tengan más memoria –y por qué no, más años- recordarán la estructura de las series de los años setenta y ochenta. Tiras con tramas que se desarrollaban y finalizaban en un mismo capítulo, lo que se conoce como episodios auto conclusivos. La otra característica era la estructura unidimensional de los personajes, sobre todo del antagonista: para llevarlo al extremo, veíamos a una persona muy mala que se regocijaba de hasta quitarle el dulce a un niño, algo sin término medio. La audiencia sabía con exactitud quien era el bueno y quien el malo.

Pero claro está que con el correr del tiempo la audiencia se vuelve más exigente, y esta exigencia se volcó en la estructura del guion. Hoy, el antagonista (y en general todos los personajes) están construidos de manera multidimensional, lo que le otorga más complejidad a cada rol. Hoy un villano deambula por una delgada línea entre el bien y el mal (línea que de por sí en ciertas ficciones cuesta mucho delimitarla), tiene reparos morales, tiene lazos de amistad o familiares que lo hacen ver como una persona provista de buenos sentimientos. No hay manera de que esta complejidad no enriquezca el resultado final de la serie.

Esta complejidad es justamente la que se encuentra en Cobra Kai, con distintos personajes que no califican completamente para ser encasillados en el mero rol del villano. No hay buenos y malos. Hay personajes que, según las situaciones que se van presentando, fluctúan su accionar. Distinto es al film original donde claramente Daniel era el “Bueno” y Johnny el “malo”. Treinta y cuatro años después de Karate Kid, esta serie nos muestra una faceta más completa de ambos personajes –cosa que también se hace con el resto de los roles protagónicos. Daniel Larusso ya no es tan inocente, tiene sus fantasmas. Por otra parte, Johnny ya no es el despreciable chico rico que era antaño. La serie nos da la oportunidad de conocer en profundidad la relación con su aborrecible padrastro millonario, una razón para entender su comportamiento adolescente. Ahora Johnny quizá se asemeje más a aquel villano que busca redención o al adulto que ha fracasado en sus relaciones familiares y en su faceta profesional y ve una oportunidad de salir de esa mediocridad, entendiendo lo patán que era cuando joven, aunque aún guardando algo de esa personalidad revoltosa.

Johnny junto a sus alumnos en el nuevo dojo de Cobra Kai.

En definitiva, esta ficción no tiene un antagonista definido, pero sí tiene relaciones antagónicas, extremos que mantienen la tensión de la trama: Daniel – Johnny; Miguel – Robby (los aprendices de ambos); y en un aspecto más general, la pandilla de chicos “No populares” vs. “Los populares” dentro del ámbito de la escuela. Lo interesante también es el crecimiento del arco de estos personajes, algo que se ve mejor en Miguel y Robby. Tomando esta vieja estructura del “bien y el mal” pareciera que las personalidades de ambos se intercambian para el cierre de la temporada. Robby ya no parece ser ese patán busca pleitos que vimos al principio, mientras que Miguel pasó de ser el objeto de las burlas a ser el que reparte los golpes.

Finalmente, a quien puede quedarle justo el título de antagonista es nada menos que al malvado John Kreese, el antiguo Sensei de Johnny que hace su entrada triunfal al final de la temporada, para dejarnos a todas y todos con la boca abierta y súper manija.                    

Si tuviste la oportunidad de ver la totalidad de la serie, seguramente estés esperando la segunda temporada (en lo personal aún no me he cruzado con gente que se haya sentido defraudada por el producto). Y si aún no la viste, acabás de leer los argumentos suficientes para hacerlo. Nada mejor que repasar desde la comodidad de tu casa, ya sea con la PC, la notebook o el celu, los tres pilares del dojo de Johnny: “Golpea primero. Golpea Fuerte. Sin Piedad”.  

 

(1) La pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en su obra Una teoría sobre la motivación humana de 1943, que posteriormente amplió. Obtuvo una importante notoriedad, no sólo en el campo de la psicología sino en el ámbito empresarial del marketing o la publicidad. Maslow formula en su teoría una jerarquía de necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide).

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