#LadoNerd ¿Por qué amamos a Fincher?

Belén Lescano

Belén Lescano

Redactora at Corriendo La Voz
Licenciada en Comunicación Social. Ariana. Fan de los soundtracks. Nolite te bastardes carborundorum.
Belén Lescano

Pocos directores han logrado dejar una huella y marcar un camino en el cine de autor y de género como David Fincher. Desde los ’90 hasta hoy sus films nos atrapan, nos envuelven y nos regalan finales que se nos graban en la retina. Fue de los primeros que se volcó al mundo de las series de televisión por streaming, convirtiéndose en una de los nombres reconocidos de los inicios de House of cards, cuando aún había reticencia y espacios como Netflix eran desprestigiados. Por lo tanto, motivos son los que sobran para responder a la pregunta inicial: ¿por qué amamos a Fincher?

La fascinación por el género policial         

Una de las primeras películas que seguramente conozcamos del estadounidense, y probablemente una de las que nos recomiendan si no vimos nada de su trabajo es El Club de la Pelea (1999). Aunque magnífica, si repasamos el total de películas que encabeza, no es la que más lo representa.

Películas como Pecados Capitales (1995), Zodíaco (2007) y La chica del dragón tatuado (2011), todas abordadas desde el género policial, son piezas a través de las que conocemos su marca y el tipo de historia que quiere contar. Incluso Mindhunter, la nueva serie de Netflix que dirige íntegramente, toma elementos de las películas mencionadas y las une para recordarnos en qué es bueno: pareja de policías con personalidades opuestas que investigan crímenes, alto interés por la mente y la psicología del asesino (que siempre es serial), misterios que parecen resolverse pero no, lo que lo hace llevar al extremo la incertidumbre y la confusión en todo momento.

La cuidadosa elección de proyectos   

Al no ser el guionista de sus películas, Fincher demuestra constantemente que elige con sumo cuidado lo que va a dirigir. A tal punto que en general, se encargó de adaptar grandes obras de la literatura. Es el caso de la novela Perdida de Gillian Flynn, La chica del dragón tatuado de Stieg Larsson, o la conocidísima El Curioso caso de Benjamin Button escrita por F. Scott Fitzgerald.

También centró su trabajo en situaciones y momentos de la vida real, como con Red Social estrenada en 2010 y basada en el libro The Accidental Billionaries que narra la juventud de Mark Zuckerberg y los inicios de Facebook. Pero sin dudas, da en la tecla cuando hace suya la historia real del asesino del Zodiaco, quien había acechado el norte de California entre 1968 y 1969. Acá, la combinación entre periodismo, representación de una época, crimen y obsesión es magnífica y puede considerarse como la obra por excelencia de Fincher.

Los detalles visuales

Si hay algo que distingue a las historias que Fincher dirigió es la obsesión por los detalles. Para él, los actores en escena sólo configuran una parte del plano y por eso siempre su atención está puesta en el todo, en darle significado a cada mínimo elemento y que todo se vea armonioso. Eso explica que sea uno de los directores que más tomas pide que se hagan por escena: en varias de sus películas llegó a repetir la misma 85 veces.

En algunas entrevistas contó que esta particularidad no es algo caprichoso. Para él, cuantas más veces realice el actor la misma escena, más metido en el personaje está, más natural le resulta la actividad que debe interpretar. Por ejemplo, da el caso de un actor que en determinada escena debe sacarse la mochila y sentarse en su sillón. Algo que suponemos simple, para Fincher no lo es, porque la repetición lleva a un grado mayor de familiaridad con algo que supuestamente el personaje hizo durante toda su vida de forma rutinaria y a los ojos del espectador tiene que verse así.

Otro de los sellos del director estadounidense es el magnífico movimiento de cámara. El lente parece acompañar cada paso que dan los personajes. Si se mueven, la cámara los sigue al mismo ritmo, si se detienen, la cámara también lo hace en el mismo momento. Incluso cuando un personaje asiente o mueve mínimamente la cabeza, notamos que un leve movimiento de cámara lo imita. Todo esto seguramente requiera horas y horas de ensayo y coordinación, pero los resultados son más que positivos: se genera un acercamiento mayor entre película y espectador porque su estilo de a poco nos va metiendo en la historia hasta hacernos parte de ella. En este sentido, podemos estar seguros de que Fincher no deja ningún detalle librado al azar.

La música

Aunque no es lo más común asociar Fincher y música porque hay otros directores como Tarantino o Wright que se destacan en combinar sus films con el sonido de manera sublime, utilizar temas musicales acordes a cada momento es un recurso que está muy presente en sus películas.

Sobre todo se destacan en sus films las canciones pop. Esto no es casualidad porque un tiempo antes de dedicarse de lleno al cine, Fincher fue director de comerciales y videos musicales, entre ellos los tan famosos “Express Yourself”, “Oh Father”, “Vogue” y “Bad Girl” de nada más ni nada menos que Madonna.

Así que si hay alguien que sabe lo que es usar buenas canciones en escenas clave, especialmente en los finales, ese es Fincher. Lo demostró en varias ocasiones pero las que más recordamos son la brillante “Where is my mind” de Pixies hacia el final de El club de la pelea, “The heart’s filthy lessons” de David Bowie en Pecados Capitales o “Baby you’re a rich man” de Los Beatles en las últimas escenas de Red Social. Todas ellas tienen la particularidad de estar íntimamente relacionadas con las temáticas de las películas, con el propósito de dejarnos un último mensaje, una última interpretación del director.  

La elección de los actores

Como sabemos, todo director reconocido tiene su favoritismo a la hora de elegir quiénes interpretarán a sus personajes. En el caso de Fincher, el primer lugar lo tiene Brad Pitt, que le dio vida a personajes interesantísimos en tres de sus films: El Club de la pelea, Pecados Capitales y El Curioso Caso de Benjamin Button.

Además, el director tiene la particularidad de rodearse con grandes actores, altamente reconocidos. La película que mejor ilustra esta característica es The Game (1997) protagonizada por Michael Douglas y Sean Penn, pero en las que ya mencionamos también hay nombres más que destacados, como Edward Norton, Mark Ruffalo, Robert Downey Jr. y Morgan Freeman, entre muchos otros.

Por último, su próxima película nos tiene a todos sus seguidores bastante intrigados porque se desprende de lo que nos tiene acostumbrados: se trata de la secuela de Guerra Mundial Z protagonizada por Brad Pitt, que probablemente estrene en 2019, aunque aún no hay definido. Mientras tanto, volveremos a ver sus películas una y otra vez para disfrutarlas, obsesionarnos, perturbarnos y reconfirmar que estamos ante uno de los directores más destacados del cine y la televisión contemporánea.

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