#LadoNerd ‘Logan’: La redención de Wolverine

Diego Scarpati
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Diego Scarpati

EDITOR Secciones CULTURA & LADO NERD.
Redactor y Guionista Freelance. Licenciado en Publicidad.
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A tan solo una semana de su estreno, Logan continúa destrozando la taquilla de la misma forma que a nuestros corazones. El film de James Mangold no solo significa (hasta el momento) la despedida de Hugh Jackman de su rol de Wolverine, sino también el cierre con dignidad de las aventuras cinematográficas de un héroe proveniente de los cómics. Una suerte de la que, lamentablemente, no han gozado otros significativos personajes como Superman o Spiderman, por ejemplo. Definitivamente este es el Lobezno de la gente; la espera valió la pena.

Alerta de Spoiler: NULA 

Algún tiempo atrás, cuando el proyecto de una tercera película de Wolverine en solitario comenzaba a tomar forma, las primeras sensaciones de los fans fueron un tanto de desconcierto, empujado por el desánimo y la desconfianza que crearon los dos fallidos primeros films del mutante. Poco después, vinieron los sanos indicios de que la cosa sería distinta: las noticias que llegaban hacían referencia a un guion inspirado en el fundamental cómic Old Man Logan (2008) y luego se mencionó la participación del personaje X-23. Pero realmente lo que terminó de convencer a la mayoría (y nos hizo querer aún más fuerte a Jackman) es que la película sería de calificación R (Apta para mayores de 16 en nuestra tierras) con la decisión del protagonista de resignar un cachet más elevado para mantener esa restricción

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¿En qué influía esto? Sencillo. Estamos acostumbrados (salvo excepciones) a que las pelis de Súperhéroes estén dirigidas a toda la familia. En el peor de los casos sólo aptas para mayores de 13 años, lo que convierte al largometraje en un producto liviano, carente de cierto sentido realista que le da la violencia y la profundidad narrativa. Además, existe el hecho fundamental de que los estudios quieren recaudar lo más que se pueda; y los ejecutivos siempre se basaron en que la fórmula para vender más entradas es llevar a los niños al cine. Sin embargo, los responsables de Logan dejaron bien claro que querían hacer algo distinto, y eso significó un giro de 180º en la receta para este tipo de producciones. Nada de cameos, nada de escenas post créditos y la atención puesta en el protagonista y su viaje y no en el villano de turno. Así, recién en la tercera entrega, nos topamos con el Logan que siempre quisimos ver y los estudios no se animaban: ese animal violento utilizando las garras en su máximo potencial mientras tiñe la pantalla de rojo. ¿Se habrán dado cuenta de una vez por todas que un buen guion junto a una calificación R también puede ser redituable, como indica la taquilla hasta ahora?  

Mangold se alejó por completo del resto de la saga mutante y toda su épica y parafernalia. En este caso nos brinda un producto intimista, una historia minimalista sin grandes pretensiones. Obtiene como resultante un film de género Neo Western con elementos de una road movie, que sin la inclusión de sus escasos mutantes encajaría tranquilamente como un drama. Junto a la brutalidad de Logan aparecen las intervenciones de la pequeña X-23 Laura Kinney y sus impactantes secuencias de acción, algo sin precedentes en la filmografía de Marvel.

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La estética nos sumerge en el polvoriento y desértico sur de los Estados Unidos, en El Paso, esa ciudad fronteriza que encuentra al protagonista alejado de su pasado heroico trabajando como chofer de una limusina. Un futuro cercano desesperanzador, deprimente con los mutantes casi extintos y en algunos aspectos con muchas semejanzas a nuestro presente en plena era Trump. Atrás quedó esa edad dorada donde Charles Xavier trataba de neutralizar los planes de Magneto. Hoy sólo hay polvo, un anciano inválido y decrépito experimentando lo peor del Alzheimer y los vestigios de una tragedia que terminó con la vida de varios mutantes de la escuela de Xavier y definitivamente convirtió a la cabeza del viejo mutante en “un arma de destrucción masiva” como dicen en el film. Atrás también quedó aquello de “Mutantes y orgullosos”; la batalla contra la discriminación y la xenofobia se perdió. Lo vemos reflejado en la escena donde los jóvenes e imbéciles clientes de la limusina gritan improperios a los mexicanos de la frontera.

Jackman desarrolla un papel que conoce de memoria, aunque esta vez con el plus de un agotamiento no sólo físico, también mental y espiritual. Rengo y repleto de cicatrices deambula como ese anti héroe del western clásico que retorna a su pueblo. La debutante de 11 años Dafne Keen, gran hallazgo de Mangold, compensa con creces la escasez de líneas de su personaje con sus expresiones faciales y sus movimientos. El trabajo de Patrick Stewart como un Profesor X senil y enfermo pero aún manteniendo esa chispa de mentor es verdaderamente extraordinario. Un desafío actoral a su altura.

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Como puntos más flojos habría que citar el hecho de caer en los viejos lugares comunes del género, de contener ciertos clichés y líneas argumentales ciertamente previsibles. Sumado a un estancamiento en la mitad de su trama del cual el director logra salir aireado llegando al momento de la resolución del conflicto con un gran climax. Es interesante la química entre los personajes que representan claramente tres generaciones, una familia poco convencional. Estructura que tal vez se podría haber explotado un poco más.

Más allá de estos pormenores, en el resultado final la balanza se inclina a favor de la cinta. Mangold le regaló a Wolverine el cierre que merecía: el mutante más popular de todos. El final de un camino (tal vez por ahora), la redención y la paz interior. Un film excelente que definitivamente se ganó un lugarcito privilegiado, no sólo entre las adaptaciones cinematográficas de cómics, sino también en nuestros corazones, aquellos humanos no mutantes que crecimos con estas historias.

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