#LadoNerd Especial GoT (3/6): Del crepúsculo al amanecer

Diego Scarpati
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Diego Scarpati

Redactor at Corriendo La Voz
Redactor de Cultura y Lado Nerd.
Autor y Guionista Freelance.
Cuervo. Fan del cine, el teatro, la cerveza artesanal, la coctelería y Batman.
Contacto: diego@corriendolavoz.com.ar
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Este domingo hemos presenciado un maravilloso hecho histórico de la cultura pop. Correrá mucha, pero mucha agua debajo del puente hasta que nuestras retinas vuelvan a toparse con semejante momento épico. Y se fue nomás la esperadísima Batalla de Winterfell, dejando en su camino un indecoroso número de muertes, momentos emotivos, extrema tensión y, sobre todo, mucha tela para cortar de cara a lo que resta, la recta final con destino al Trono de hierro o vaya a saber a dónde. Trataremos, en esta tercera entrega de nuestro Especial GOTero, de desmenuzar lo que nos ha dejado la Madre de todas las batallas pero, además, trasladarles las sensaciones que experimentó quien suscribe durante la emisión del episodio.  Desde ya, si de casualidad llegaste aquí sin aun ver menudo episodio, te advertimos que vienen SPOILERS.       

¿Qué mejor que mencionar la tristemente célebre frase Pasaron Cosas porque para llegar a este momento realmente ha pasado de todo? Pasaron decesos, saqueos, peleas, combates, complots, discusiones, casamientos -algunos terminaron muy mal- momentos románticos, ajustes de cuentas, traiciones, grandes revelaciones, coitos en demasía, primeros e innecesarios planos a órganos erógenos y genitales y, sobre todo, batallas. Y quizá ni siquiera todo este combo nos preparó como corresponde para el inmenso ballet bélico que acabamos de disfrutar -y sufrir- en el  tercer episodio de la última y actual temporada de Game of Thrones. Quizá ninguna de las batallas vistas a lo largo de todas las temporadas nos mentalizó para esta orgía de sangre, fuego y hielo. Quizá solo podamos decir que a nivel audiovisual hay un antes y un después de la Batalla de Winterfell.       

Sin olvidar que las comparaciones son odiosas, tras ver este verdadero orgasmo audiovisual no sé si estoy a la altura, si soy digno de comparar lo visto con la batalla del Abismo de Helm, de El señor de los anillos: Las dos torres, pero es que verdaderamente hemos sido privilegiadxs testigxs de un film de ochenta minutos. Una verdadera película de terror con momentos de suspenso, acción y drama. De hecho, su director afirmó en una entrevista que este episodio puede calificar dentro del género de Survival Horror, que identifica a videojuegos como por ejemplo Resident Evil.

Preparadxs para la batalla.

Un domingo cualquiera

Pasadas las 20 hs del domingo llegamos, cuatro pintorescxs nerds, a un bonito espacio cultural de las lejanas tierras del barrio de Boedo (con reserva previa, desde ya). La larga escalinata nos condujo a un hall con un pequeño pero llamativo showroom de remeras con ingeniosos diseños basados en la nombrada serie. Más allá encontraríamos el lugar que nos albergaría durante los casi 82 angustiantes minutos que duró  The Long Night –O La larga noche, para estos pagos-. Un escueto pero eficaz menú nos hizo el aguante hasta la hora 22, momento en que los acordes de la apertura comenzaron a propagarse junto con todo tipo de exclamaciones de todxs lxs presentes que rebalsaban de excitación. No había marcha atrás.

¿Qué sabíamos desde la previa? Que iba a ser el episodio más largo de la temporada y que la batalla duraría más que el épico asedio al Abismo de Helm de la saga de J. R. R. Tolkien, que mantenía el récord con casi 39 minutos, marca que superó la serie de HBO con un conflicto bélico que pisa los 70 minutos –dejando afuera apertura, créditos y las escuetas escenas previas al combate. Y que los responsables del guion eran los propios showrunners, David Benioff & D. B. Weiss, bajo la impecable dirección de Miguel Sapochnik. Y primero me quiero detener un instante en la figura de este realizador británico de origen argentino. Desde su incorporación –durante la temporada 5- fue el responsable de plasmar desde la lente momentos clave: la batalla de Casa Austera (Hardhome; 05×08), la inolvidable batalla de los bastardos (Battle of the Bastards; 06×09) y la maravillosa secuencia de la destrucción del Septo de Baelor –y con él todos los enemigos de Cersei– (The Winds of Winter; 06×10).

Una delicia desde la puesta, el montaje y la fotografía (que le faltara nitidez a la imagen tiene que ver con otra cosa). Supo resolver planos con maestría en diferentes acciones dramáticas. Capitalizó cada recurso, como por ejemplo el plano – contra plano) para llevar adelante desde la narrativa audiovisual una trama con muy poco diálogo, lo cual se agradece. Y si hasta acá no se quitaron el sombrero, pues con la secuencia final de la batalla lo deben hacer. Un bellísimo epílogo que nos mantuvo en extremo angustiadxs durante unos nueve eternos y desgarradores minutos, gracias, además al aporte magistral que hizo Ramin Djawadi con una banda de sonido que nos puso al borde de la gastritis nerviosa.

«Yo soy tu amigo fiel»

Como en la final del mundial, pero con dragones

Corrían los primeros atormentadores segundos junto a un hermoso plano secuencia que arrancó con Sam para terminar en Tyrion y un cameo de nuestra querida Lady “Osita” Mormont. Lo único que tengo para criticarle a Sapochnik fue que se quedó cortó con ese plano secuencia. Vaya a saber cuál fue la razón para no haberlo continuado mostrando la tensión desde el punto de vista de los personajes centrales.

Los planos abiertos nos mostraban la disposición del ejército de los vivos mientras que del otro lado solo había oscuridad y nada más. Y así, de la nada, cuando asoma Melisandre, se percibe en el ambiente un barullo de desaprobación. Y en complicidad con el Dios de la luz, los Dothraki –que ciertamente hicieron menos que Rickon Stark en la batalla de los bastardos-  cabalgan hacia un exterminio asegurado. No soy quien para hablar de estrategia militar y, en efecto, hace muchos años que leí El arte de la guerra, pero me da la sensación de que realizar un ataque pleno hacia un enemigo -del cual no sabemos su número y ni siquiera vemos-, fue una de varias decisiones incorrectas desde la planificación. Sólo puedo justificarlo por el pavoroso escalofrío de enfrentar a la muerte propiamente dicha.

Me seguiré preguntando qué demonios hacía Samwell Tarly en el frente de batalla, si ya no tiene que demostrarle nada a nadie. Sólo espero que la muerte del pobre Edd le dé, en lo que queda de serie, la oportunidad de hacer algo que marque la diferencia. Y hablando de muertes, el gran golpe bajo de la serie tuvo como protagonista a Lyanna Mormont, que hasta su fin demostró tener un par de ovarios del tamaño del gigante que le quita la vida. Claro está que su primo Jorah se adueñó del momento más triste, a tal punto que en el instante en que el gran Drogon se unió al lamento de su rubia madre, puedo jurar que yo tenía basuritas en los ojos.

Otro gran acierto de lxs responsables de la serie fue darle a cada grupo de personajes unas breves sub tramas en distintos lugares. Habrían sido muy tedioso ochenta minutos de cruce de espadas en el oscuro campo de batalla.               

¡Oh! No Lyanna. ¡Lyanna no!

El camino del Héroe

Finalizado el episodio y tras disipar mi profunda emoción, no pude dejar de pensar en la performance de Jon Snow, a tal punto que le comenté a la Directora de este medio que “Jon hizo menos que Verón en el Mundial 2002”, para lo cual su lapidaria respuesta fue: “parecés lxs que piden que Messi gane el Mundial solo”. No sólo que tenía razón, sino que comprendí que esperamos lo mismo del legítimo heredero del Trono de hierro. Y en general siempre esperamos que sean lxs mismxs lxs que resuelvan los problemas.

La batalla de Winterfell nos dejó bien en claro por un lado de que todos pusieron su granito de arena y por otro lado que nuestros héroes y heroínas a veces simplemente no tienen una buena noche. Lo mismo pasó con Daenerys, que fue mucho ruido y pocas nueces. En ese sentido no puedo olvidar el concepto que presenta Oesterheld en El Eternauta,  el de “El héroe colectivo”. La madre de los dragones junto a Jorah rodeada de espectros y Jon bajo las garras de Viserion posibilitaron que el premio al Jugador Más valioso (Jugadora en este caso) recayera en manos de nuestra amada Arya Stark.

Una forma de observar esto es que las dos mujeres más importantes del castillo: la Reina y la Señora de Winterfell, esta vez pasaron a un plano secundario, dejando lugar a que el protagónico (y una vez más el momento del poder femenino) recaiga en Arya, Lyanna y en menor medida Brienne.

Volviendo a Jon, vale recordar lo que gritó un espectador sentado a un par de mesas detrás mío: “Este pibe no aprende más”. Insiste en tomar decisiones tan heroicas como estúpidas, que desembocan en ser salvado por la campana. Igual lo bancamos.        

La redención de Winterfell

La batalla nos dejó también momentos para que un par de personajes tengan una digna despedida del show. Melisandre, que tenía a un costadito al bueno de Sir Davos (que dicho sea de paso, también pasó bastante desapercibido en la batalla) esperándola con el cuchillo y el tenedor, cumplió un rol fundamental, cerrando el círculo que ella misma abrió con una Arya más pequeña años atrás. Eso y aquello de encender el fuego fue una salida decorosa para un personaje que aun carga la pesadísima mochila de haber quemado viva a una nena. (Se me vuelve a meter basurita en los ojos de solo recordar a la adorable Shireen Baratheon).

La otra gran redención fue sin dudas la de Theon Greyjoy. Hay mucha gente que a lo largo de estas siete temporadas y media la pasó feo, pero si hay un personaje que realmente la pasó muy pero muy mal es el hermano de Yara. Afortunadamente pudo cerrar su arco sin guardarse nada: primero rescatando a su hermana y luego defendiendo a Bran hasta el final. De hecho, las últimas palabras que le dice el Cuervo de tres ojos de alguna manera le quitan de encima un inmenso dolor que venía arrastrando durante todo este tiempo. Nada más que decir.   

El rey de la noche, verdugo de Theon.

Deus Ex Machina

Si hay algo que abunda en las batallas de Game of Thrones es este concepto literario (“Dios surgido de la máquina”) que se remonta al teatro de la Grecia Clásica cuando, al final de la obra, aparecía colgado de una grúa uno de los dioses del Olimpo para solucionar la trama. Entonces se denomina así a toda trama que se resuelve a través de un elemento, personaje o fuerza externa que no haya sido mencionado con anterioridad y nada tenga que ver con los personajes ni la lógica interna de la historia. Y aunque en realidad Game of Thrones hace trampa sobre ella misma porque los “personajes o fuerzas externas” que aparecen sí guardan cierta lógica, siempre termina siendo un elemento externo el que “saca las papas del fuego” y no algo propio o interno. Obviamente la madre de todas las batallas también tiene su Deus Ex Machina, pero veamos primero algunos ejemplos que se dieron en otras instancias.

En la Batalla de Aguasnegras fue la llegada del ejército de los Lannister y los Tyrell al mando de Tywin. En la Batalla de los bastardos se trata de la llegada de los ejércitos del Valle de Arryn a cargo de Lord Baelish. Cuando Jon cruza el muro para llevarse a Mance Rayder (otra estúpida idea, por cierto) tras el ataque de los salvajes a Castillo Negro, llegan las tropas de Stannis Baratheon. O cómo olvidar la emboscada que le hacen los Hijos de la Arpía a Daenerys y su gente en la arena de combate que termina con ella arriba de Drogon y su fuego estomacal. O cuando Jon es rescatado de los espectros por el Tío Benjen. Si se ponen a pensar Jon es un gran receptor de Deus Ex Machina, a tal punto que hasta su resurrección podría considerarse como este tipo de elemento narrativo (además de Fan Service). Hasta la batalla del abismo de Helm tiene una Deus Ex Machina, Gandalf llegó, tal como le había dicho a Aragorn, “al amanecer del quinto día” junto con los jinetes de Rohan.

¿Está mal usar este recurso? Técnicamente no, porque como se explicó más arriba, se guarda cierta lógica con los elementos externos que aparecen. El tema es que ya estamos tan cancherxs con esa estructura que caía de maduro que este gran episodio se iba  resolver también de esa forma. Toda esta explicación fue el preámbulo para describir la infartante secuencia final, una estructura similar a la de la explosión del Septo de Baelor, con una tensión que va en aumento junto con los acordes de la banda de sonido. Cualquiera familiarizado con esta cosa rara de la Deus Ex Machina –también en este caso funciona como Plot Twist o Vuelta de tuerca- sabía que se venía algo grande y tal vez épico.

Y ahí estábamos, unas cuantas decenas de personas desesperadas por liberarse de tanta tensión acumulada, y de la nada salta Arya Stark para repetir un movimiento de manos que se vio cuando practicaba esgrima con Lady Brienne en la temporada anterior. Ese efímero y a la vez eterno instante en que le da muerte al Rey de la noche fue celebrado como un gol de Messi en la final del mundial. Y créanme cuando les digo que grité “Gol” a los cuatro vientos. Lo juro por los antiguos y nuevos dioses, un grito tan emotivo y desgarrador que quemaba mis entrañas, un grito que en otro contexto me hubiera hecho ruborizar hasta morirme de vergüenza, pero no, estaba rodeado de estrafalaria gente que también festejó con locura ese momento grandioso de la historia de la televisión y la cultura pop… el Rey de la noche había sido destruido. ¿Por quién? Nada menos que por una chica que no tiene nombre.    

«Hasta la vista, Baby…»

Sobre la oscuridad, la nitidez y los críticos de sofá

Mucho se habló sobre los inconvenientes técnicos que ocasionaron que la transmisión en vivo haya sido de una baja calidad y se haya visto más “oscuro” que lo habitual, hasta incluso pixelado. Temas de la compresión del archivo para transmitir en un determinado ancho de banda y cosas por el estilo. Puedo entender que haya algo de eso, pero no puedo razonar con Niños Rata que sentados en la comodidad de su hundido sofá critican el trabajo del equipo técnico por filmar de noche o por “mostrar poco”. ¡¿O es que acaso dentro de la estructura mental del centennial ofendido que tiene que tener todo servido en bandeja no existe la posibilidad de pensar por un momento que el suspenso nace de sugerir más que de mostrar?! ¡Nunca vieron Alien: El octavo pasajero! Como diría el legendario Mario Santos: “Temo el advenimiento del diluvio”.

Crecí viendo un viejo televisor en blanco y negro de tubos de rayos catódicos, mirando películas por los cinco canales de aire que recibía la señal por una antena que hacía que viera la imagen borroneada y con fantasmas. Y aun así crecí sano y fuerte (¿¿??). Y modificando una frase de CFK: “si quieren una serie con mejor nitidez, hagan su propia serie y preséntenla a los ejecutivos de HBO”. Relajen, chicxs… y disfruten.

Lo que viene      

Ahora que nos quitamos de encima al ejército de los muertos: ¡Vamos a por Cersei! Y tenemos que empezar a especular con algunas cuestiones, sin antes dejarles un pequeña curiosidad que salió de este episodio: todxs los personajes que aparecieron en el segundo capítulo en la secuencia de, llamémosla, “la última curda” frente a la chimenea salieron ilesos –bueno, al menos con vida-.

Volviendo a lo que nos compete, empezamos a cranear con lo que vendrá:

  • ¿En qué aspectos se modificará la relación entre Daenerys y Jon? (Aunque ya a esta altura debo decirle Aegon)
  • Ahora que la batalla por los vivos terminó, teóricamente Jaime cumplió su juramento. ¿Volverá con su hermana o se quedará en Winterfell para finalmente concretar algo con Brienne?
  • ¿Qué onda con Sansa y Tyrion? ¿Es el principio de algo más que una bella amistad o solo estuvimos presenciando un simple pacto suicida?
  • ¿Finalmente nos regalarán ese hermoso momento en que Gregor Clegane se enfrente con su hermano Sandor?
  • ¿El pintoresco Bronn cumplirá la orden de la Reina o esperará la contra oferta de Tyrion? (Recuerden que él siempre le ofreció el doble…).
  • Y a todo esto… ¿Dónde están los elefantes de Cersei?

Todos estos interrogantes (quizá) sean respondidos en el próximo capítulo, a la misma hora y por el mismo canal. Mientras tanto, a seguir manijeando. 

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