#LadoNerd Especial GoT (2/6): la incertidumbre del mañana

Leonela Esteve Broun

Redactora at Corriendo La Voz
Estudiante de Letras. Feminista. Melómana. Tengo una frase de Friends para todo.
Leonela Esteve Broun

Pasó otro domingo de abril y con él, un nuevo capítulo de la última temporada de la serie más convocante de los últimos años, Game of Thrones. Por eso, hoy te traemos la segunda parte de las seis que componen el Especial #LadoNerd de GoT para que repasemos y repensemos todo lo acontecido en el episodio titulado A Knight of the Seven Kingdoms. Postdata: si no estás al día, guardate la nota para después porque se viene un ejército de SPOILERS.

Si el capítulo anterior tuvo el sabor de una seguidilla de (re)encuentros, guiños a los fans y de “último primer día”, el s08e02 se sintió casi como una despedida. El escenario fue sólo Winterfell: no supimos nada de lo que está pasando con Cersei en King’s Landing. Y la sensación de estar juntxs detrás de los muros del Norte, esperando la inminente llegada del fin del mundo, nos mostró el lado más humano de estos personajes que venimos siguiendo desde hace 8 años.

La llegada de Jaime Lannister a Winterfell les recordó a todxs lo que Samwell Tarly enunció tan sintéticamente durante la escena en la sala de guerra: “Eso es la muerte, ¿no es así? Olvidar. Ser olvidados. Si olvidamos donde hemos estado y qué hemos hecho, ya no somos hombres. Sólo animales.”. El episodio enfrentó a los personajes con sus propios fantasmas, con las consecuencias de sus decisiones y con su propio pasado. En especial, en el caso del “Matarreyes” que apenas puso un pie en la residencia Stark, se encontró con Bran Stark, mejor conocido como el Cuervo de Tres Ojos (o el pibito en silla de ruedas que te mira fijo y te canta la posta) y tuvo que hacerle frente no sólo a los reclamos de Daenerys y de Sansa sino también al error de haberle creído a su hermana, quien engañó a todxs, incluidxs lxs dos últimxs miembrxs de su familia. Pero Jaime parece estar dispuesto a redimirse y a revalorizar su palabra al asegurar: “Prometí luchar por los vivos. Pretendo mantener esa promesa.”

Y si hay alguien que sabe de honor y promesas cumplidas, es Brienne of Tarth, quien sale en defensa de Lannister y asegura que se trata de un hombre de honor. Jaime medio que no lo cree pero a lo largo del capítulo sigue demostrando que su interés es dejar en claro que “ya no es el guerrero que solía ser”: su escena con Bran junto al árbol de Godswood, en la que le pide perdón por sus acciones, se vuelve simbólica cuando él le asegura que las decisiones que Jaime tomó fueron lo que lo convirtieron en lo que es hoy.

Hay algo de este espíritu en la escena de la ronda junto al fuego que reúne a Tyrion, Jaime,

Brienne, Podrick, Ser Davos y Tormund. Todxs saben que se trata de, tal vez, la última noche antes de que el mundo que conocen cambie por completo y, sobre todo, que puede ser la última noche que pasen con vida. Y esa sensación del fin inminente los reúne y les recuerda que, más allá de las diferencias, todxs están ahí, dispuestxs a enfrentarse al enemigo que amenaza con destruir todo aquello que la vida representa. Un momento melancólico y emotivo, sin dudas; pero también, como Tyrion muy bien sabe, un momento que no deja de ser maravillosamente irónico: “Casi todos peleamos contra los Starks y aquí estamos, en su castillo, listos para defenderlo. Juntos”.

Durante esa ronda, tienen lugar dos de los momentos más emotivos y relevantes. Primero, el de la canción de Podrick, Jenny of Oldstones, que refuerza la sensación de espera e incerditumbre de los personajes. Pueden escuchar, además de la versión dentro de la serie, la versión oficial hecha por Florence and The Machine.

Pero, sobre todo, uno de los gran momentos del capítulo es, sin dudas, el nombramiento de Brienne de Tarth como “a Knight of the Seven Kingdoms” (una Caballero de los Siete Reinos). Cuando Tyrion la llama “Ser”, todxs caen en la cuenta de que, aunque sus logros, sus virtudes y su valentía son iguales o mayores a los de los hombres que la rodean, Lady Brienne no es una “Knight”. ¿La razón? Tradición, dice ella. Patriarcado, digo yo. O como dice Tormund: “al carajo la tradición”. Y sin dudas, el gesto de Jaime de nombrarla “caballero” tiene mucho de desafiante. Se trata de alguien que, a pesar de demostrar todas las cualidades esperadas en un caballero, sufrió burlas, escarnios y desdén por no ser del género correcto o, mejor dicho, por escaparse del rol asignado a las mujeres. Sentirse valorada por aquellos que parecen ser sus pares significa un reconocimiento increíble para ella, como lo deja ver su emoción y la enorme sonrisa que se dibuja en su cara.

Y, aún así, la escena tiene un sabor agridulce. La importancia del personaje de Brienne radica, principalmente, en su rol incómodo para las estructuras de género del mundo de GoT. Su fisonomía, su actitud, sus decisiones, su manera de vivir la vida desentonan con los lugares permitidos para las mujeres y el nombramiento, en un contexto de hombres, suena un poco a asumirla como “uno más de los hombres” y a quitarle algo de su potencial disruptivo como mujer que vive bajo sus propios términos.

Pero el caso de Brienne no fue el único momento en que la división de géneros estuvo bajo la lupa. El capítulo tuvo muchas escenas importantes para las mujeres de Game of Thrones porque cuando se viene el apocalipsis zombie, las estructuras patriarcales parecen tambalear más fácilmente.

La charla a solas entre Daenerys Targaryen y Sansa Stark dejó mucha tela para cortar. Mostró un intento de la Reina de los Dragones de acercarse a su ¿cuñada? a partir de las cosas que las unen: las familias complicadas y el sexismo. “Sabemos lo que es dirigir a personas que no aceptan el liderazgo de una mujer” enunció Dany, buscando una complicidad sorora. Pero la cercanía duró poco. Sansa tiene muy en claro cuáles son las prioridades de la reina Targaryen y no se dejó obnubilar por sus palabras; el Norte tiene derecho a ser libre y Sansa no se olvida, mostrando las dotes de líder que fue adquiriendo a lo largo de las temporadas. Dos maneras de pensar el poder encarnadas por dos mujeres que sufrieron violencias similares pero que las transformaron de maneras a veces opuestas.

Y el otro gran momento femenino (y me animaría a decir, feminista) lo protagonizó Arya. Luego de todo lo sufrido, la joven Stark parece no tenerle miedo a nada, ni siquiera a su propio deseo. Al contrario, sabiendo que todo se puede terminar, decidió buscarlo a Gendry y tener relaciones con él, en una de las escenas sexuales más reales y, tal vez, más sanas de toda la serie, que no involucró abusos, incestos o gente revivida.

La última gran escena del capítulo tuvo lugar, como en el capítulo anterior, en las Criptas de Winterfell. Parado enfrente de la estatua de su madre, Lyanna Stark, Jon Snow le confiesa a Daenerys su verdadera identidad. Como era sabido, Dany no lo toma de la mejor manera y le cuestiona el origen de esa información (su hermano Bran y su mejor amigo Sam) pero el sonido de un cuerno deja la charla en suspenso. El tiempo se acabó y los White Walkers están por tocar la puerta de Winterfell. Dentro de las paredes del castillo, aún viven las alianzas, los deseos de poder, las historias de amor y odio, las diferencias y las uniones entre familias. Pero afuera, está el enemigo que amenaza con no dejar rastro de nada. Nos resta saber qué pasará. En palabras de Bran, “¿cómo sabemos que hay un después?”.

Nota anterior: Especial GoT (1/6): La calma que antecede al huracán

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