#LadoNerd Especial GoT (1/6): La calma que antecede al huracán

Blas Martin

Redactor at Corriendo La Voz
Bahiense, daltónico y tesista: tres dolencias crónicas. Docente y comunicador.
Blas Martin

Finalmente, el momento televisivo más esperado, comentado y anunciado de los últimos dos años llegó. El comienzo del fin: largó la octava de Game of Thrones. La última. Y desde Corriendo la voz comenzamos también el Especial #LadoNerd de GoT que acompañará toda la temporada. ¿Qué nos dejó y que le faltó al primer episodio de la temporada?

La previa fue larga como largo el verano que vivió Westeros hasta la temporada anterior. Los cuadraditos del calendario se fueron tachando -con o sin rewatch- hasta llegar al 14 de abril, cuando la ansiedad se vivió a través de grupos de whatsapp, de la multiplicidad de pestañas abiertas con notas y videos de repasos, teorías y especulaciones en torno a lo que llegaría esa noche. En eventos corporativos, reuniones de amigues, proyecciones especiales en bares y centros culturales, o simplemente en la soledad del home-cinema (de pantallas más grandes o más pequeñas), y con el ya tradicional cuelgue de los streaming web oficiales (abiertos al público para la ocasión), miles de espectadores vibraron con el estruendo inicial de la apertura de Game of Thrones, temporada ocho, episodio uno: Winterfell.

De más está decir: ALTO CONTENIDO EN SPOILERS

Un recibimiento amistoso bajo la amistosa mirada de la amistosa Brienne.

Si de comienzos hablamos, la primera sorpresa fue la apertura. Por primera vez en sus ocho temporadas, GoT innovó en su apertura: con el estilo habitual, metió F5 en calidad y recorrido. Tras el sol de la ciudadela ya queda sólo oscuridad, y no aterrizamos en King’s Landing sino en un muro que ya no es: la verdadera grieta se abrió gracias al fueguito azul del Viserion zombie y los muertos avanzan hacia el sur. Breve parada en Last Hearth y tour por las profundidades de Winterfell y la casita de Cersei, adonde el frío llegó hace rato. Como siempre, un anuncio de los lugares que visitaremos durante el episodio.

En resumidas cuentas, tenemos un capítulo de comienzo de temporada de manual, aunque plagado de guiños a los fans y citas a temporadas anteriores, en ocasión de ser una suerte de Último Primer Día de los personajes de la entente George R.R. Martin y Weiss & Benioff. Como en el comienzo de la serie, casi diez años atrás, la corona y su –pequeño- cortejo llega a Winterfell: entonces, el Roby Baratheon llegaba para honrar (sí, claro) a su amigo Ned como Mano del Rey. Ahora, la Reina Daenerys Targaryen, la Madre de dragones (Leer más títulos…), llega con (¡otro rey! … ¿otro rey?) Jon Snow para armar trinchera en la Gran Guerra. Ahí un niñato corre entre los no-muy-amables norteñes para pispear a la Reina y su ejército, como en su momento lo fueron Brancito (ahora en su particular transición a cuervo de tres ojos) y Arya.

Todo muy lindo, pero se viene la noche (literal). Bran guion bajo cuervo corta un poco la onda de los reencuentros (que los hay en cantidades en este episodio) batiendo la posta: el Night King avanza y tiene el gondra que te mató. Mientras los señores y las ladies del norte le tiran mala onda a Jon por traer una reina que no votaron ante elles, los reencuentros se suceden: Jon con almost-Bran, Jon con Arya, Arya con The Hound y con Gendry (¿guiño, guiño?) y Sansa «¿alguien quiere pensar en el morfi?» Stark con su ex dorima Tyrion (“Te creía el hombre más inteligente”, ¡japish, iluso!). Todos con sus condimentos cómicos, guiños e indirectas (“No olvides eso”, Jon Snow), pero los más fuertes fueron dos: el momento clave del episodio, y el cierre.

Será un enojado Samwell Tarly el encargado de contar a Jon Snow lo que sabíamos hace ya tiempo les seguidores de la serie, revelado letra por letra en el final de la última temporada. “No sos hijo de tu padre, sino más bien de quien creías era tu tía, y del hermano de tu verdadera tía, con quien compartiste camarote…”. Sam, dolido por la fogosa ejecución de su padre y hermano, hace lobby contra la Khaleesi: “Renunciaste a tu corona para salvar a tu pueblo, ¿ella haría lo mismo?”. El segundo gran reencuentro, algo trunco para ser considerado un buen cierre de episodio, fue el de Bran con Jaime Lannister (que en otro déjà vu con el s01e01, llega al norte un tanto menos esplendoroso que entonces), un “viejo amigo” que estaba esperando. Claro que ni uno ni otro son los mismos que aquella primera vez, algo que Bran sabe (porque #sabelotodo) pero el mellizo deconstruido no.

De cara.

En la capital del reino, por su parte, la Reina de lo que queda de los Siete Reinos, la que tiene la llave del cuartito donde está el tan nombrado trono, la que no se dobla ni se rompe Cersei Lannister sigue en su plan de ignorar la guerra del norte hasta que el ejército que triunfe vaya por ella. El ejército de mercenarios de la Compañía Dorada no parece ser gran cosa: veinte mil tipos, dos mil caballos, y CERO elefantes no parecen ser mucho frente a las huestes dothraki, los Inmaculados, los Pueblos Libres y/o el Ejército de la Muerte. Eso, y el verse inevitablemente asediada por el denso de Euron Greyjoy (tanto va el cántaro a la fuente…), parecen mostrar una Cersei debilitada, no tan convencida de sus cartas y algo preocupada por el bebito (¿será?).

Por último, no podemos –aunque quisiéramos- obviar el momento cringe de la noche: el paseo en dragones y todo lo que siguió entre Jon y Dany, con un pico alto de Disney en la mirada celosa de los hijitos que miran a su madre con novio nuevo. Olvidable.

Con todo eso (y más, porque ahí repuntó Theon, duda Bronn, marchan Tormund, Beric y lo que quedó de la Knight’s Watch, y hacen artesanías los White Walker), y los pendientes (al pasar nomás vimos a Greyworm y Missandei, a Brienne de Tarth que también tendrá sus reencuentros… ¡¿y Fantasma?!), el episodio uno cumplió con todo y todes. Dando material para conversación, para celebrar y cuestionar, para aflojar un poco la ansiedad de tanto meterle actualizar al streaming hasta que agarre alguno, para generar diez toneladas de memes, y para disfrutar esta pequeña calma que antecede al huracán, a las guerras por venir. Hacia allá vamos.

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