#LadoNerd Dark: la adictiva y oscura apuesta de Netflix

Florencia Martinez

Florencia Martinez

Redactora at Corriendo La Voz
22. Periodista. Estudiante de Comunicación Social en la UNLaM. Amante de la comida. Compradora compulsiva de libros. Eterna cinéfila. Vincent Vega sigue vivo.
Florencia Martinez

A principios de este mes, la plataforma de streaming añadió al catálogo su primera serie alemana, en la que llevaba trabajando poco más de un año. Con una fórmula integrada por una narrativa atrapante, un impecable uso de la fotografía y maravillosas actuaciones, la producción se convirtió en un éxito para la crítica y ya es comparada con Stranger Things.

Es 2019 y el aparentemente tranquilo pueblo de Winden se ve revolucionado cuando un adolescente y un niño desaparecen sin dejar ningún rastro. Poco después, se encuentra el cadáver de un tercero en el bosque con ropa de los ochenta, los ojos quemados y los tímpanos rotos. El balance y la armonía que caracterizan a la comunidad se rompen rápidamente en la medida en que la historia de la misma se revela como una mucho más oscura de lo que el espectador esperaba.

La serie creada por Baran bo Odar y Jantje Friese trae a nuestras pantallas un misterio sobrenatural que presenta un innegable potencial adictivo. A tan sólo semanas del estreno de Dark, nos preguntamos por qué el producto funciona tan bien frente a la opinión del público, qué significa su lenguaje cargado de simbolismos y cuáles son los interrogantes que aún quedarán por resolver en caso de que Netflix decida renovar la serie para una segunda temporada.

Una mirada distinta

Desde un primer momento, la trama presenta la confluencia de dos cuestiones que han sido ampliamente tratadas desde la ficción: por un lado, la energía nuclear como epicentro de una situación problemática; y por otro, la posibilidad de viajar en el tiempo. Es así que los habitantes de Winden se ven inmersos en una realidad que los lleva a conocer estos bucles y saltos temporales con los que ya estamos familiarizados como televidentes pero que, de todas formas, tienen un resultado tan fresco como innovador.

El secreto se encuentra en el tratamiento de la historia. Cuando el primer joven desaparece, sus compañeros deciden adentrarse en la oscuridad del bosque para buscar las drogas que sabían que allí guardaba. Sin embargo, lo que aparenta ser una serie de misterio cargada de romance y aventuras juveniles da un giro inesperado: el pequeño y carismático Mikkel –representado por un brillante Daan Lennard Liebrenz-, desaparece en medio de la misión, justo después de que una serie de ruidos extraños y tenebrosos impulsaran al grupo a separarse y correr despavoridos.

Justo cuando pensábamos que sabíamos hacia dónde iba la historia, los adultos entran en acción. El foco de atención, que hasta ese momento estaba puesto en Jonas Kahnwald –un muchacho representado por Louis Hofmann, a quien ya conocíamos por su rol protagónico en El centro de mi mundo-, pasa a ubicarse en el desolado policía Ulrich Nielsen, padre de Mikkel. Con una determinación absoluta por encontrar a su hijo, se despierta en él la sospecha de que los hechos que están teniendo lugar son idénticos a los sucedidos 33 años atrás, cuando desapareció su hermano menor.

La serie gira en torno a tres fechas claves: 1953, 1986 y 2019, todas separadas por un período de tiempo de 33 años

Así, con un ritmo atrapante, la serie delinea una trama vinculada a la ciencia ficción y una adulta oscuridad. Desde la narración se remite continuamente a la central nuclear y a su participación fundamental en lo que está ocurriendo, aunque es el deber de los personajes encontrar el nexo entre ambas cuestiones.

De esta forma, tanto Ulrich como la detective Charlotte Dopper –con el rostro de Karoline Eichhorn– buscarán la verdad sobre lo que está ocurriendo y cuál es su vínculo con lo ocurrido tantos años atrás. Todo esto, por supuesto, acompañado por un curioso Jonas que intentará regresar a Mikkel a su tiempo y descubrir de qué forma se relaciona su desaparición con el suicidio de su padre, ocurrido meses atrás.

Algunas cuestiones familiares

Desde la publicación de su trailer, Dark ha sido comparada a Stranger Things a partir de ciertos puntos en común, a saber, el hecho de que se trata de una comunidad pequeña movilizada por la desaparición de niños y, cómo no, la presencia de realidades paralelas y una serie de protagonistas adolescentes. Sin embargo, la serie alemana se revela como algo más que eso en tanto su tono general es considerablemente más oscuro.

También reúne reflexiones filosóficas similares a las presentadas en Lost conforme a la predestinación, aunque el mensaje de la producción de Netflix parece ser mucho más negativo. A pesar de sus idas y vueltas temporales, los personajes no parecen tener mucho que decir al final del día con respecto al curso de sus vidas. Cada paso está marcado por el pasado, el presente y el futuro que se retroalimentan e influyen mutuamente: ya en los primeros minutos del piloto se presenta la frase de Einstein que habla de la ilusión de la linealidad y cómo en realidad los tres momentos coexisten.

Los viajes en el tiempo y el elenco numeroso también nos resultan referencias a la serie anteriormente mencionada, y sin embargo no es la originalidad de la historia la que hace de Dark un éxito sino su habilidad para desarrollarla.

Un producto exigente y complejo

Puede que el aspecto más criticado de la serie sean sus códigos narrativos un tanto lentos, en tanto el ritmo está basado en una clara dosificación de la información. Sin embargo, el tempo resuelto por Baran bo Odar y Jantje Friese se revela como fundamental a partir del momento en el que logra mantenernos en vilo, ansiosos por más detalles y resoluciones.

La trama, en conjunto, se presenta como una que requiere particular atención por parte del espectador. Esto no se debe únicamente a los saltos temporales –que ya de por sí requieren llevar la cuenta con respecto a qué época es cuál y dónde (o cuándo) se encuentran situados los personajes-, sino, además, al hecho de que el elenco está conformado por una gran cantidad de personas.

Es cierto que varias de las figuras de Dark carecen de construcción y que, por lo tanto, de a momentos es difícil no perderse en el reconocimiento de cada una. Esta será, con suerte, una de las cuestiones sobre las que se trabajará un poco más en la segunda temporada –en caso de que la misma se haga realidad, lo que con un puntaje actual de 8.8 en la plataforma IMDB y el éxito hacia el interior de la crítica es sumamente probable que suceda-, para que no sólo sean los rostros de los personajes principales los que logremos recordar sin complicaciones.

Las claves estéticas

Cada detalle artístico de Dark está pensado con precisión. Desde la vestimenta de los personajes, que utilizan prendas que destacan –la más llamativa siendo el piloto amarillo característico de Jonas-, hasta la fotografía apagada que genera un ambiente de lo más lúgubre aportan al extraño y enigmático mundo planteado por la serie.

También cabe resaltar una cuestión que se hace muy presente a lo largo de la producción de Netflix, tanto desde el desarrollo de los capítulos como en los títulos mismos: la de la dualidad. Existe desde la fotografía a cargo de Nikolaus Summerer la idea de la simetría como un tipo especial de duplicación. De hecho, un profesor de la escuela de Winden introduce la temática hacia el interior mismo de la narración cuando habla de una repetición que se refleja a lo largo de un eje central.

Nos encontramos como espectadores frente a planos perfectamente construidos, donde los personajes ocupan el centro mismo de la escena y están rodeados por una composición equilibrada y proporcionada que remite a la idea de diferentes líneas temporales, todas ellas sucediendo en simultáneo y con efectos las unas sobre las otras. En cualquier caso, el trabajo de dirección de Baran bo Odar resulta impecable.

Otro gran acierto es ni más ni menos que la banda sonora. La música está protagonizada desde el vamos por un tono similar al de un cuerno que sirve como alarma, que genera un ruido estridente y molesto que aparece frecuentemente logrando un efecto de incomodidad y alerta sobre el televidente. Nos llama la atención sobre lo que ocurre, nos dice que prestemos atención a los detalles y que cada cosa que sucede en la pantalla puede ser fundamental para lo que está ocurriendo.

En definitiva, Dark resulta un gran acierto por parte de la plataforma de streaming. Quedan aún varias incógnitas por resolver, lo que nos lleva a pensar que Netflix presentará pronto la confirmación de una segunda temporada. Por ahora, sólo queda esperar. Y, por supuesto, también recomendar un producto que con tan sólo diez capítulos ya se presenta como una apuesta prometedora.

 

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