#LadoNerd ‘Black Panther’: la película de la que todos están hablando

Florencia Martinez

Florencia Martinez

Redactora at Corriendo La Voz
23. Periodista. Estudiante de Comunicación Social en la UNLaM. Amante de la comida. Compradora compulsiva de libros. Eterna cinéfila. Vincent Vega sigue vivo.
Florencia Martinez

El film de Marvel pisó fuerte y ya ha entrado en el podio de las películas más vistas en la semana de su estreno. Desde su lista de innovaciones hasta el buen manejo de su guión, repasamos algunas de las cuestiones por las que esta nueva producción se le presenta a cualquier fanático del género como una necesaria experiencia cargada de aire fresco.

(Esta nota contiene spoilers)

Ya conocemos la historia, pues no es la primera vez que vemos a nuestro genial T’Challa (Chadwick Boseman) en acción. De hecho, si vamos al caso, el debut de Black Panther en Capitán América: Civil War fue, vamos a admitirlo, bastante fantástico. Cuando se nos presenta, por primera vez, este hombre con sed de venganza que busca devolver el golpe frente a la muerte de su padre -y rey de Wakanda T’Chaka (John Kani), como resultado de un atentado, nos vemos inmediatamente atraídos hacia la aproximación que hicieron los hermanos Russo en ese entonces de este personaje tan digno de la pantalla grande.

Pero volvamos un poco hacia atrás. ¿Qué es Wakanda? ¿De dónde sale este sujeto misterioso que usa un traje antibalas y que claramente domina el arte de la pelea como pocos? ¿Y cómo es que se vincula esta habilidad con la de un rey, comúnmente asentado en un rol diplomático?

A continuación se los explicaremos, aunque les recomendamos que, en caso de que no hayan visto la película aún, regresen a esta nota luego de haberlo hecho. Porque la verdad es que no tiene desperdicio.

Vamos por partes…

Los primeros minutos del film dirigido por Ryan Coogler nos ayudan a comprender los aspectos que los espectadores del Marvel Cinematic Universe, aunque no lectores dedicados de sus cómics, debemos saber. Que la nación africana nace como resultado de la unión de cuatro de cinco tribus que se disputaban un territorio afectado por un meteorito cargado de un metal extraterrestre denominado vibranio es explicado de inmediato. Y que la “Pantera Negra” es el denominado defensor -y rey- del pueblo, que ingiere una hierba que le da habilidades sobrehumanas, también es un dato que recibimos con rapidez.

Los miembros de la realeza pueden enfrentarse con el legítimo heredero al trono para reclamar su puesto

De ahí en más, entendemos que el vibranio es utilizado por los wakandianos como la fuente de un desarrollo tecnológico sin igual. Decididos a mantenerse bajo el radar de los países que significarían una amenaza potencial hacia su tranquilo y equilibrado modo de vida, se presentan ante el mundo como una nación agricultora que no interviene en problemas ajenos a ella y ocultan la verdad sobre la cantidad de metal que poseen en realidad.

Pero eso no es todo. El conflicto principal de la película se nos presenta cuando un temprano flashback nos lleva a conocer la disputa, años atrás, entre el padre de nuestro protagonista con su hermano, el príncipe N’Jobu (Sterling K. Brown), con respecto a cómo deben manejarse dichos avances tecnológicos.

Es así como se nos aparece una primera confrontación que atravesará lo largo y ancho de la película, en tanto empezamos a ver las diferencias entre quienes buscan mantener el status quo de Wakanda y no dar lugar a posibles intentos de conquista y quienes dejan de lado esta mirada pacífica y pretenden someter al resto del mundo a la capacidad de vivir en armonía a través de la conquista wakandiana, aparentemente con la idea de que así se vivirá una realidad mejor.

La Wakanda desconocida al resto del mundo, a la que sólo sus habitantes tienen acceso real

No obstante, la gran pregunta que plantea el film es hasta qué punto se puede llegar para buscar el bien común. Y este bien común, ¿es una promesa desinteresada, en pos de poner fin a los desastres diarios a los que estamos acostumbrados, o son más bien una nueva excusa para la dominación? El dilema es uno que le tocará resolver al protagonista con su primo, que reaparecerá tantos años después para reclamar su derecho al trono, con una mirada de alguna manera similar -aunque más beligerante- a la de su padre.

El planteo, que se nos aparece como una cuestión tan ligada a la trama como de carácter profundamente moral, nos tiene en vilo a lo largo de más de dos horas de una forma extraordinaria. Lejos de adentrarnos más en el tema, procederemos a señalar algunas de las innovaciones que le concedieron a Black Panther, a tan sólo días de su estreno, la aclamación del público y una gran ventaja por sobre muchas de las producciones del MCU. ¿A qué se debe la amplia aceptación de esta nueva película de Marvel?

Una crítica política y social

Si hay algo en lo que Black Panther se destaca es en poner el foco de atención sobre algunos de los problemas tan actuales como antiguos. El hecho de que en más de una ocasión el primo de T’Challa que reclama el trono, Erik (Michael B. Jordan), haga énfasis en la posibilidad de los wakandianos de hacerse del poder mundial como resultado de una guerra entre represores y reprimidos que, él dice, no tardará en tener lugar, es un claro ejemplo de ésto. 

Dos hombres, dos historias, dos formas diferentes de ver el potencial de Wakanda

La película en sí se presenta como un gran análisis de las condiciones históricas que llevaron a la opresión de muchas comunidades en manos de otras. Es una historia sobre el racismo y la dominación. Cuando Erik le plantea a su primo que la Tierra está a punto de estallar, y que las posibilidades de los wakandianos les facilitarían un gobierno absoluto sobre el resto del mundo, resulta muy interesante la manera en la que se niega a pertenecer al lado de los vencidos y conquistados, como sucedió con sus ancestros.

Y no sólo esto, sino también la realidad de un planeta alimentado por el caos, la corrupción y los asesinatos demandan la atención del gobernante del país africano. Teniendo los medios para generar armonía, ¿cómo se supone que mire hacia otro lado mientras mujeres son asesinadas, niños robados y hombres masacrados? Claro que el bien común no es su objetivo final, pero aún así Erik, con el apoyo de uno de los amigos más cercanos de T’Challa, W’Kabi (Daniel Kaluuya), no se frena a la hora de enfrentarse a su primo.

Black Panther nos demuestra que es mucho más que una película de superhéroes. El debate que lo atraviesa es mucho más profundo, y puede verse resumido en uno de los momentos finales del film, cuando nuestro querido protagonista declara que los débiles levantan muros mientras que los fuertes construyen puentes. Una perfecta toma de conciencia con respecto a la necesidad de ayudar a quienes más lo necesitan, sobre todo en una actualidad en la que la guerra en Medio Oriente y el drama de los refugiados demanda nuestra atención.

Y, quizás… ¿un comentario muy acertado hacia el muro de Trump?

Los imprescindibles roles femeninos

Si hay algo que no podemos negar es que las mujeres juegan un papel fundamental en la película. Esto se ve claramente reflejado en el hecho de que tanto nuestro protagonista como su reino dependen de ellas en más de una ocasión para salir adelante. Ejemplos sobran, y van desde una Shuri monitoreando el automóvil que conduce su hermano a la distancia hasta una Nakia que rescata la flor que lo ayudará a sobrevivir.

No es como si Marvel no nos hubiera dado nunca personajes femeninos fuertes. Por supuesto que Black Widow, Peggy y Sharon Carter son algunos de los aportes más significativos en esta cuestión. Sin embargo, Black Panther propone un nuevo e interesante ángulo para analizar, en tanto las mujeres que nos presenta no aparecen sexualizadas o relegadas a un segundo plano, sino como engranajes necesarios para que la trama se desarrolle. Después de todo, sin ellas, el rey de Wakanda se vería en aprietos mucho mayores e imposibles de resolver.

Las figuras más destacadas se encuentran en Nakia (Lupita Nyong’o), la líder de las Dora Milaje -Fuerzas Armadas de Wakanda- Okoye (Danai Gurira), Shuri (Letitia Wright) y Ramonda (Angela Bassett). Cada una juega un papel tan importante en el desarrollo de la trama que su ausencia sería imperdonable. Son poderosas, fuertes y decididas. No son sólo la familia -o, en caso de Nakia, el interés amoroso- de T’Challa, sino que simbolizan mucho más. El hecho de que sean las únicas en defender los intereses de su reino cuando el mismo parece estar a punto de colapsar en las manos de Erik ya dice mucho.

Si bien es cierto que los personajes femeninos han ido ganado potencia en las películas basadas en cómics durante los últimos años, también lo es que en muchas ocasiones aparecen representadas a partir de su sexualidad y sensualidad. La Mujer Maravilla de DC vino a romper con el molde establecido por sus antecesoras, y el éxito de esta película puede haber influido en la visión de Marvel hacia el modo de representar a la mujer.

¡Enhorabuena! El resultado es una producción en donde ellas tienen tanta importancia como ellos -puede que hasta más- y se resuelven como figuras portadoras de sus propios valores y capacidad de accionar, en lugar de como personajes que aparecen sólo cuando es conveniente. Un gran punto a favor de la película desarrollada por la agencia de cómics y Disney.

Sin embargo, y si bien es cierto que Black Panther nos propone estos temas tan interesantes para contemplar, también es cierto que no se nos presenta como un proyecto perfecto. A pesar de consagrarse como un gran logro y de abordar cuestiones conocidas desde un nuevo enfoque, algunas cuestiones estéticas parecen no aportar sino restar, y nos llaman al debate como espectadores.

Aciertos y desaciertos estilísticos

Sobre gustos no hay nada escrito, y es muy normal que lo que a un director y guionista les parezca una buena decisión resulte no serlo en la pantalla. Si bien desde la trama Black Panther resulta muy interesante y entretenida, existieron ciertos aspectos que no terminan de cuadrar.

Uno de ellos se encuentra casi de inmediato en la película, cuando el fallecido T’Chaka visita a su hermano, años atrás, para confrontarlo por no estar realizando su trabajo como espía, sino complotar para desatar el caos en la Tierra para lograr el gobierno absoluto de Wakanda. Cuando el tercero que los acompaña, Zuri -en su versión de 1992 interpretado por Denzel Whitaker, luego por Forest Whitaker-, mira a cámara en un momento cargado de tensión que pretende ser un alivio cómico, la verdad es que falla. Black Panther no es una película con guiños a la audiencia en su mayoría, ni una que busque interpelar al espectador de manera continua, por lo que aquel intento de llamarnos la atención es desafortunado y no resulta en el efecto buscado.

Pero también es cierto que otras miradas a cámara sí aportan, como es el caso de cuando desde la ONU se le pregunta a T’Challa qué puede aportar Wakanda -hasta ese entonces entendido por el resto del mundo como un país agricultor del Tercer Mundo- a mejorar las condiciones internacionales y el protagonista no responde, sino que mantiene con nosotros un momento de cómplice silencio. Un muy buen aporte.

Otra de las cuestiones a tener en cuenta es el empleo del CGI, y cómo puede resultar muy bien o mal dependiendo de la escena en particular. La lucha en el casino ilegal nos remite a un videojuego, pero no termina de calar tan profundo como, por ejemplo, la matanza en la iglesia de la primera película de Kingsman. El recurso de planos largos nos remite a lo irreal de lo que estamos viendo, y no nos permite conectar con ese momento en particular. Sí cabe destacar, no obstante, las imágenes que vemos en la batalla final, donde todo es un escenario caótico muy bien resuelto.

Por último, pero no por eso menos importante, tenemos que hacer una mención hacia la música utilizada. Por un lado, la sociedad wakandiana se ve representada por los sonidos e instrumentos adecuados, en cuanto irrumpe en la escena la tecnología podemos escuchar un bass drop que resulta confuso de a momentos. Ambos estilos, si bien cargados de significado individualmente, no parecen funcionar bien en conjunto. Sin embargo, podemos recalcar algunas geniales introducciones que dan pie a un nuevo ritmo, como cuando el desquiciado pero divertido Klaw (Andy Serkis) le exige al conductor del automóvil en el que se escapará que ponga algo de música, dado que no se trata de un funeral.

En definitiva, no deja de ser cierto que hasta los aspectos un tanto débiles de la película encuentran su contraparte y hacen de ella una experiencia maravillosa. Por eso mismo, y por la forma de tratar temas tan actuales y contundentes, no podemos dejar de recomendarla. Y a ustedes, nuestros lectores, ¿qué les pareció?

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