La polémica por el Presupuesto 2019 impacienta a Macri y parte aguas en el peronismo

Pedro Lacour

Pedro Lacour

Periodista | Columnista en Misiones Opina | Colaborador en #CLV | Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires
Pedro Lacour

En la Casa Rosada se mostraban confiados. El camino a la sanción definitiva del Presupuesto 2019 parecía estar lo suficientemente allanado luego de la luz verde dada por Diputados. Pero cuando todo indicaba que su aprobación en el Senado transcurriría sin mayores inconvenientes, como se lo había anticipado Miguel Ángel Pichetto a los representantes del oficialismo, surgió un imponderable que complicó los planes de Mauricio Macri: el inesperado enojo de un sector de los gobernadores por la eliminación por decreto del Fondo Sojero, una de las medidas del Gobierno que más golpea a las cuentas de las provincias.

*| Los pasillos del Senado se convirtieron por estas horas en el escenario central de una interna peronista cada vez más caliente. Durante una reunión en el despacho del mismísimo Pichetto, un grupo de ocho mandatarios le pidieron al jefe del Bloque Justicialista que se plante y presione al oficialismo para dar marcha atrás con el DNU presidencial que eliminó el reparto automático a las provincias del 30% de lo recaudado en concepto de retenciones a la soja.

Los gobernadores, entre los que sobresalían Gildo Insfrán y Rosana Bertone, afirmaron ante Pichetto que la Casa Rosada no cumple nada de lo que promete. Y que había que hacer lo mismo y exigir la reposición total de los fondos perdidos. El jefe de bloque fue tajante: adujo que era un tema cerrado, ya que todos los líderes provinciales así lo habían acordado al firmar la actualización de la adenda fiscal, que incluye su respectiva compensación, considerada insuficiente por los mandatarios. “Te estás cortando solo y negociando a nuestras espaldas”, le retrucó uno de los presentes. A lo que el rionegrino, notoriamente ofuscado, respondió: “Me importa tres carajos la continuidad de este cargo”.

Las esquirlas del tenso momento vivido en territorio pichettista se sintieron el pasado martes, durante la presentación de Rogelio Frigerio ante la Comisión de Presupuesto de la Cámara alta. La sesión quedó signada por el fuerte cruce de Pichetto con su compañero de bancada, el formoseño José Mayans. Tras acusar al Gobierno de querer “blanquear el brutal endeudamiento que han tomado con este presupuesto”, Mayans aseguró que el Poder Ejecutivo eliminó el Fondo Sojero “para poder castigar a las provincias”. Y acusó a Frigerio de “dar instrucciones” para que el proyecto se debata en sesión especial y así evitar que en la misma reunión pueda discutirse la derogación del decreto. Al tomar la palabra, Pichetto recogió el aguante. “A mí nadie me dio ninguna instrucción y menos el ministro del Interior”, contratacó. Para, acto seguido, acusar a los gobernadores díscolos de haberse comprado “el traje cubano de la revolución”.

Aunque lejos de haber bajado de Sierra Maestra, uno de esos mandatarios provinciales acusado por Pichetto de guerrillero es Gerardo Zamora. El santiagueño es uno de los gobernadores clave para el esquema del rionegrino. Un eventual acercamiento de los senadores del Frente Cívico de Santiago del Estero, sumándose al interbloque Argentina Federal, podría garantizarle al PJ los dos escaños por el Senado que tiene hoy en el Consejo de la Magistratura y que deberán renovarse antes de fin de mes.

Lo cierto es que, más allá de la polémica en torno al Fondo Sojero, Zamora está enojado porque el bloque de Cambiemos le congeló el nombramiento como juez federal del presidente del Superior Tribunal de Justicia provincial, Sebastián Argibay, cuestionado por Elisa Carrió y los senadores de la UCR. Su pliego tuvo la llamativa falta de acompañamiento de los peronistas. Pases de factura.

El reclamo por el Fondo Federal Solidario por parte de las provincias coincidió, a su vez, con una queja del conjunto de los intendentes del país. Especialmente, los del conurbano bonaerense, que tienen en la obra pública su principal activo político. Detrás de esas demandas, Pichetto ve la mano del kirchnerismo. Lo acusa de querer cuestionar su liderazgo sin voltearlo de la jefatura del bloque. Las sospechas del rionegrino son compartidas por los gobernadores Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey, ambos protagonistas, junto al Pichetto, de aquella foto que los mostrara reunidos alrededor de una mesa en una oficina del barrio porteño de Retiro. El restante participante de ese encuentro, Sergio Massa, juega al misterio. Y ensaya acercamientos con todos. Luego de su prolongado silencio, salió a expresar preocupación por que la provincia de Buenos Aires salió perjudicada en el reparto de los costos del ajuste. ¿Un guiño de Massa a la gobernadora María Eugenia Vidal, con quien almorzó la semana pasada?

La exposición pública de los descontentos y las divisiones al interior de la bancada del PJ hizo sonar con fuerza la posibilidad de una ruptura. La realidad es que Pichetto se juega mucho más que la continuidad en su puesto como líder de bloque. Es pública su pretensión de ser candidato a presidente. Una ambición personal de larga data, que se dibuja sobre el protagonismo que el incombustible senador peronista cobró desde la llegada de Cambiemos al poder. Y que hoy aprovecha, acentuando un discurso que lo emparenta a las políticas de mano dura en las que se embandera la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

El inevitable adelantamiento de la campaña electoral genera un sinfín de movimientos, algunos todavía indescifrables. En la Casa Rosada prestan particular atención a los análisis realizados por Federico Aurelio, el director de la consultora Aresco, una de las pocas que encarga mediciones semanales. Pese a que la crisis que comenzara el pasado abril hizo a Macri tocar su piso más bajo de popularidad, la imagen del Presidente se mantiene relativamente estable. Su núcleo duro es inmutable. Según Aurelio, el mayor peligro para la subsistencia política de Cambiemos estaría dado por alguno de estos dos escenarios: que la alianza gobernante se rompa, o que el peronismo logre finalmente unificarse detrás de una sola figura. Desde las usinas del macrismo ven con preocupación esta última posibilidad, por eso se juegan el todo o nada a la confrontación con Cristina Kirchner. Polarización o muerte.

Sin embargo, las principales inquietudes de Macri se inscriben hoy en un plazo más corto. Es entendible: necesita el aval del Congreso al ajuste fiscal plasmado en el presupuesto, un requisito excluyente para que el FMI desembolse el préstamo acordado y le asegure al Gobierno los fondos que le permitirían transitar el año que viene sin más sobresaltos. Además, en tres semanas estarán arribando a Buenos Aires los distintos presidentes del mundo que participarán del G20. En el oficialismo quieren dar una imagen de previsibilidad y evitar cualquier cimbronazo que pueda empañar la cumbre.

La hora de la verdad será el próximo miércoles 14, día definido para tratar el proyecto en el recinto. En un principio, el poroteo cierra: de los 24 senadores que conforman Argentina Federal, 12 votarían afirmativamente. La sesión especial incluirá, a su vez, el tratamiento de la ley que sube las alícuotas de Bienes Personales, con la modificación propuesta por Pichetto que excluye del gravamen las viviendas únicas de hasta 18 millones de pesos. Es otra de las medidas que reduce la coparticipación que recibirán las provincias el próximo año. Y que motivó la fallida cruzada de los gobernadores por la restitución del Fondo Sojero.

La inminente sanción del Presupuesto 2019 expresa una de las pocas certezas que es capaz de dar la coyuntura argentina: la recesión será profunda, quizás más de lo imaginado. Con el objetivo de Macri puesto en lograr el déficit cero, los recortes estimados deberán ser de unos 200.000 millones de pesos del lado de la Nación y otros 100.000 millones por parte de las provincias. El proyecto prevé una caída de la economía del 0,5% del PBI, un dólar promedio de 40,10 pesos y una inflación del 23%. Son solo dibujos. Será la calle la encargada de marcar las coordenadas reales sobre las que se desplegará la disputa por el poder.

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