La pluralidad como bandera en el Primer Festival de las Mujeres

Andrea Beltramo

Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

La Fundación Mercedes Sosa realizó su Primer Festival de las Mujeres con una programación amplia, diversa y completa. La propuesta abarcó una convocatoria que comenzó el lunes 11 de marzo y se extendió hasta el domingo 17 y sólo se interrumpió durante dos días dedicados a la despedida y velorio de Fabián Matus, hijo de la “Negra”, que falleció el pasado 14 de marzo y quien fue recordado, nombrado y valorado en cada una de las charlas, conferencias, conciertos y espacios expositivos del festival.

Valeria Tartara, integrante del  grupo organizador comentó agradecida y notablemente conmovida que “realmente fue un esfuerzo enorme y estamos contentas porque han tenido mucho éxito estos espacios. Tuvimos visitas de lujo y todas las charlas tuvieron su cuota de interés, de emotividad. Esto recién empieza, es un comienzo, las puertas del espacio están abiertas para cualquier propuesta, cuando quieran venir, la única manera de sostener estos espacios es con la concurrencia de todos ustedes.” Corriendo la voz acompañó las actividades del festival y estuvo presente en los encuentros desde el trabajo, curiosidad y mirada de Paula Ruíz, fotógrafa del medio, quien realizó una amplia cobertura de algunas de las actividades centradas en temas de mayor interés social de la actualidad.

La apertura del festival inició con una muestra fotográfica y durante la primera jornada se realizaron tres conversatorios donde las reflexiones giraron en torno a los ejes de acción y organización del movimiento feminista. La jornada del martes comenzó con una actividad en torno a la organización sindical de las mujeres y continuó con una mesa sobre las desobediencias de las mujeres y travas y cerró con un taller de ESI (Educación Sexual Integral). El miércoles, las actividades abrieron con una mesa que invitaba a pensar otras infancias, siguió con un conversatorio sobre la organización en torno a la Ley del Aborto y cerró con una actividad sobre las alianzas y estrategias al interior de los feminismos.

Ir por todo, no conformarse con las migajas

La jornada del jueves 14 se inició con una mesa sobre un tema que genera muchas controversias, desacuerdos, encuentros y disidencias como es la posición feminista abolicionista de la prostitución frente a otras voces que reclaman la regulación laboral de la actividad. Silvia Perugino, Florencia Guimaraes y Carolina Ibarra fueron las invitadas a conversar y abrir el diálogo.

La abogada feminista e investigadora de la Universidad de La Plata, Silvia Perugino, comenzó su intervención preguntándose “¿cómo podemos relacionar la lucha feminista con el tema que vamos a tratar hoy sobre la prostitución con el tema del territorio?” Propuso pensar el cuerpo de las mujeres, travas y trans como espacios territoriales con algunas particularidades. “Parte del feminismo, por ejemplo,  Rita Segato, plantea que el cuerpo de las mujeres, ella dice los cuerpos femeninos y los cuerpos feminizados, son territorios de disputa. Y  hace un estudio sobre lo que pasa con esos cuerpos específicamente en zonas de guerra, cómo los ejércitos de ocupación toman esos cuerpos y los violan y los matan y los convierten en botín de guerra. Es decir, son parte de la ocupación del territorio a ser apropiado a través de los cuerpos de las mujeres. Entonces, pensaba, cómo podemos empezar a relacionar la idea del feminismo que proclama la lucha  dueñas de nuestros cuerpos, en ese sentido. ¿Qué pasará cuando nosotras tengamos la soberanía de los territorios de nuestros cuerpos?”, destacó Perugino y reflexionó en torno a la prostitución como una operación de expropiación y conquista de los cuerpos enmarcados en la lógica del capitalismo para la ocupación y apropiación de territorios para producir riqueza.

Por su parte, Carolina Ibarra, activista travesti del conurbano, abrió su intervención con una pregunta acerca de la feminización de la pobre y qué efectos tiene sobre las travestis y sus condiciones de vida y oportunidades reales. A partir de su experiencia personal profundizó en la cuestión acerca de la libre elección en el ejercicio de la prostitución y se rehusó a llamarlo trabajo sexual porque como explicó «pensar la prostitución como un espacio a elegir implica que tenemos que tener esa posibilidad de elegir y no es así, para nosotras es un destino”, y relacionó esa condición diferencial de base con la necesidad de tener una perspectiva amplia sobre la idea de violencia: “Cuando hablamos de travesticidio no nos referimos solamente a un travesticidio físico, de muerte brutal hacia nuestros cuerpos, sino también al social y cuando hablo de travesticidio social es un poco esto, veo que conseguimos trabajo, pero luego cuesta sostenerlo porque nos faltan un montón de herramientas y eso es difícil de comprender”, afirmó en alusión a la tendencia homogeneizante entre travestis y mujeres cis. En este sentido, Carolina se preguntó “¿cómo podemos hacer para que aquellas travas que pudimos ingresar al sistema laboral podamos seguir sosteniéndonos en ese lugar y no seamos expulsadas? Como bien manifestó con la inclusión, que es una palabra que parece que lo soluciona todo, no alcanza, porque se necesita sentirse parte, se necesita sentirse integrada no como la pobre víctima. «Yo creo que tenemos que pensar estrategias en las cuales podamos integrar y relacionar desde otro lugar con las compañeras travestis y tras y entre todas las personas de la sociedad. Porque no quiero conformarme con un trabajo y listo, no, yo voy por todo. Porque estoy cansada de las migajas. Ya me cansé de las migajas del Estado, estoy cansada de las migajas de la sociedad, cansada de las migajas de amor de cualquier persona. Quiero disfrutar de tener un trabajo, quiero sentirme cómoda, sentirme contenida», puntualizó Ibarra. 

La posición de Florencia Guimaraes, activista travesti y feminista abolicionista, fue rotunda, presentó al abolicionismo como “una herramienta de lucha frente al discurso neoliberal de la prostitución y una herramienta de lucha por los derechos humanos”, y se refirió a la construcción de una falaz sobre esta posición: “se nos acusa de moralistas, de yutas, de un montón de connotaciones negativas. Casualmente las que muchas veces hemos sido violentadas, golpeadas y violadas siendo prostituidas.  No  hay sororidad alguna. Cuando habla una abolicionista parece que estuviera hablando la peor bazofia del planeta y no se tiene en cuenta que muchas de nosotras somos o hemos pasado por el sistema prostituyente.” Asimismo implicó y comprometió a la sociedad en su conjunto frente a este tema porque “la prostitución es un tema que afecta a toda la sociedad y no solamente a las putas, a quienes  estuvimos en una esquina, en un campo de concentración a cielo abierto, como dicen Sonia Sánchez y otras compañeras. Sino que afecta a toda la sociedad. Y atraviesa a todas las clases sociales porque la prostitución tiene que ver con el patriarcado.”

Tanto Florencia como Carolina hicieron hincapié en las secuelas del ejercicio de la prostitución como parte de las violencias que sufren, especialmente, las travestis. Con las diferentes formas de expulsión que, desde muy jóvenes, condicionan la vida al hambre, el abandono y la falta de recursos para una vida digna en cuanto a vivienda y salud, resulta de vital importancia abrir un diálogo que ponga en el centro la urgencia de la vida y no se disperse en egos y confrontaciones que silencian las consecuencias con las que conviven. “No se habla de las secuelas de la prostitución, físicas y mentales, pareciera que no pasa nada, que yo me subo al auto, cierro los ojos y me pongo a pensar que tengo que pagar el teléfono y la luz mientras el tipo me está penetrando, me la está poniendo sin forro, porque en la calle no decidís nada, es así de simple, vos hacés lo que el tipo te dice. Eso de que mi cuerpo es mi decisión, yo elijo, yo decido,  la verdad hay que mucho mito. Cuando el tipo te da la plata se termina todo tipo de decisión», apuntalaron.

Mercedes comunista, el rol de las mujeres en la música y la política

Una de las actividades sumamente interesantes en el marco del festival fue la que tuvo como invitada a Alexia Massholder, historiadora y autora del libro Todas las voces, todas, que revisa la figura de la “Negra” en su compromiso con la acción política enmarcada a su pertenencia al Partido Comunista.

“Me interesé por la relación arte y política y me dediqué particularmente a los artistas del Partido Comunista, entre ellos, Mercedes Sosa, sobre la que escribí este libro que viene un poco a decir en palabras lo que todo el mundo suponía pero nadie sabía. Mercedes era una mujer identificada con el compromiso social, con las causas humanísticas, con los pueblos pero, por algún motivo, nunca se decía que era afiliada al partido comunista. Con el devenir de la vida, la perspectiva histórica y la militancia política fui entendiendo por qué no se decía esto, en primer lugar, porque el Partido Comunista casi no figura, por ejemplo, en los programas de las carreras de historia», destacó la autora. Además añadió: «Los exilios de Mercedes no se entienden sin el partido comunista, no se entiende la amenaza de la Triple A, que era, Alianza Anticomunista Argentina”.

Al recorrer la historia de la vida artística de Mercedes Sosa, la autora recordó el primer momento masivo de Mercedes Sosa que fue el escenario de Cosquín en el año 1965 y de la mano de Jorge Cafrune. “A Mercedes no la dejaban porque era militante comunista. Y Cafrune, que era un renegado a cuatro mano dijo: “Yo me voy a atrever, porque es un atrevimiento lo que voy a hacer ahora, y voy a recibir un tirón de orejas por la Comisión, pero que le vamos a hacer -siempre he sido así, galopeador contra el viento-. Les voy a ofrecer el canto de una mujer purísima, que no ha tenido oportunidad de darlo y que como les digo, aunque se arme bronca, les voy a dejar con ustedes a una tucumana: Mercedes Sosa”, y la “Negra” subió al escenario y eligió cantar la Canción del derrumbe indio, nada más ni nada menos».

“Ahí nace la Mercedes Sosa más conocida”, dice Massholder. «Se produce un fenómeno que no es muy común, la grandeza de haber podido ser profundamente popular y convertirse en un fenómeno masivo. Y de ahí el efecto político de su arte. Hay momentos en la historia donde la posibilidad de esta maravillosa conjunción que se da en el arte y la política gestan momentos o épocas históricas como la de los calientes ’60, la revolución cubana, los artistas comprometidos, el Manifiesto del Nuevo Cancionera, la Nueva Trova Cubana, la Nueva Canción Chilena, Allende que, ¿cómo pudieron frenar a todo ese movimiento?, con tremendo genocidio», comentó la autora. 

Rita Segato, recuperar la música para hacer comunidad

Después de los dos días dedicados a despedir a Fabián Matus llegó el turno de la jornada de cierre y la esperada intervención de la reconocida antropóloga Rita Segato que inició su intervención recordando los tiempos en los que ella comenzaba su carrera como investigadora interesada por la musicología y trabajó en el archivo de música latinoamericana de Caracas, Venezuela.

Era el año 1975 y ella había dejado el país hacía muy poco tiempo. Recordó que llegó a escribir una tesis sobre el tema  dela transición de la música como un hecho comunitario, como un arte sin propietarios, o con la comunidad como propietaria. Una música de todos, para la celebración y para el vínculo.

De esta forma abrió una reflexión sobre la dimensión mercantil de la industria de la música como entretenimiento, algo que “puede venderse y comprarse” y, convertida en mercancía, ser parte de la estrategia de modernidad ¿Cómo hacer para que esa realidad de la música mercancía no destruya, no sustituya completamente a la música como vínculo? Uno de los principales obstáculos para el proyecto histórico del capital es justamente el arraigo local y comunal. «Hay que defenderlo porque el proyecto del capital ecualiza el mundo y ecualiza la música también. No hay nada más icónico, nada más alegórico de esa ecualización del planeta, que es consecuencia de la rasura sobre el paisaje que el proyecto histórico del capital va consiguiendo, que la ecualización de la música. Porque le saca eso que tiene la música de absolutamente no homologable, intraducible, lo que es absolutamente local, incluyendo algunas desafinaciones, algunos timbres que lo que no puede ser ecualizada.  De esto tenemos que tener consciencia porque a medida que tenemos consciencia vamos evitando, vamos amparando la diferencia, para que la diferencia pueda proseguir. Y la diferencia en el mundo es fundamental, un mundo con diferencia es un mundo vivible, un mundo sin diferencia es un mundo invivible, irrespirable, opresivo y monopólico”, señaló Segato.

La intervención de Segato puso sobre la mesa la confluencia de muchos de los temas tratados durante el festival. De una lucidez asombrosa y una capacidad de comunicar, propia de su convicción del pensar y hacer comunidad a través de la conversación, fue desplegando uno a uno los entretejidos sobre las consecuencias del colonialismo interno en la música folclórica argentina. ¿Dónde encontrar en el repertorio folclórico de nuestro país, que es tan rico, la voz de las mujeres?, ¿dónde está dentro de ese gran repertorio, de ese gran cancionero del folclore argentino, la voz del indio?

El silencio en la sala era absoluto, la escucha atenta y la cadencia de la voz de Segato permitió reflexionar con ella, a su lado, con cada pregunta. Hacer cuerpo cada pregunta. En sus pausas estaba la oportunidad de detenerse a pensar de forma amble, dimensiones de una profunda complejidad sobre la relación arte y política. “Eso es lo político”, continuó la antropóloga. “Me parece que un tema interesantísimo es ver dónde está la inscripción del indio y la inscripción de la vida comunal en ese gran cancionero folclórico argentino. De la misma manera, otro de los temas que tenemos pendientes es ¿dónde está la inscripción femenina, de la mujer, en ese gran cancionero donde la mayor parte de sus autores y cultores son hombres?, pero a pesar de eso, hay lugares, si uno presta atención, donde la voz de la mujer, la posición de sujeto femenina habla en ese repertorio, entonces, son dos cosas que me parecen que son interesantes y relevantes, no sólo la garantía de que la voz de las mujeres se escuche sino ser conscientes de esa dificultad y abrir caminos que den audibilidad. Y también encontrar dónde habla la mujer, dónde hablamos nosotras en ese cancionero, esa es otra cosa que se me ocurrió decirles hoy«, puntualizó la antropóloga.

La rueda de preguntas continuó con lo propuesto por Rita Segato y se plantearon cuestiones sobre la invisibilidad de los pueblos indígenas en la música popular y en los repertorios de una forma similar a la invisibilización de las mujeres como creadoras, músicas, compositoras e intérpretes.

También fue interpelada y se pidió su opinión sobre los debates que atraviesan los encuentros nacionales de mujeres por el cambio de nombre a Encuentro Plurinacional.

“me parece una idea interesante, la pluralidad de mujeres, un encuentro plurinacional de mujeres. A mí no me gusta tanto la idea de Nación sino la idea de país porque la idea de país se remite a paisaje y el paisaje remite al arraigo, pero entiendo la idea de nombrar que no hay un solo tipo de mujer, no está solamente la mujer porteña, metropolitana que se cree blanca pero no lo es, no los somos, pero que trabaja más con las instituciones, con las leyes, con el Estado, y las diversas mujeres arraigadas en sus espacios comunales, en sus territorios. Entonces eso de los feminismos plurinacionales me parece una idea que indica en esa dirección, que reconoce que no hay un solo feminismo ni una sola mirada sobre qué es lo que las mujeres quieren. En realidad, hay una diversidad de quereres, de deseos en las mujeres, estoy de acuerdo con marcar de alguna forma esa diversidad, esa pluralidad de formas de existencia de las diferentes mujeres.”

Interesante fue, también, su posición acerca de cómo la resistencia al cambio de nombre esconde una profunda matriz racista en la Argentina y produce, entre otras cosas, la invisibilidad de las mujeres afroargentinas y afrodescendientes y el poco reconocimiento de la figura de María Remedios del Valle como una heroína y madre de la patria. “Sí, es una gran lucha defender la recuperación de ese personaje en la historia. Mismo Juana Azurduy no era una mujer totalmente blanca sino mestiza. Yo creo que negar la pluralidad de pueblos que habitan dentro de la Argentina y que el Estado Nacional, en el pasaje del siglo XIX al XX, con estrategias muy precisas, como la escuela, la higiene y el servicio militar, haya intentado borrar y homogeneizar este país a sangre y fuego ha tenido como consecuencia un precio muy caro» . Además, aseguró:  «la pluralidad no es pobreza, es riqueza, es la riqueza del país su diversidad. Una de las grandes dificultades que existen es reatar los hilos de la memoria para que cada uno de los argentinos pueda tener claro de dónde viene y de dónde ese origen, ese lugar del cual venimos, esa diversidad de lugares de dónde venimos pueda contar su historia, hay una gran censura histórica que es una de las formas del racismo. Entonces yo sí creo que, siempre digo que antes que feminista son pluralista, una democracia que no es pluralista, es una dictadura de la mayoría.

A modo de cierre culminó con unas líneas a resaltar: «Nosotras, las feministas, estamos enseñando a hacer política, estamos creando una nueva era de la política que va a pasar por lugares muy diferentes de los habituales, hay que pensar por qué tejidos, por qué caminos, por qué estrategias y prácticas vamos, las mujeres, a rehacer la historia, a orientar la historia hacia un futuro más benigno para las mayorías, para más gente».

Así, pasó el maratonico Primer Festival de Mujeres y en éstas imágenes intentamos reflejar el espíritu que dejó este encuentro cultural, social y político.

Cobertura del evento y fotografía por Paula Ruiz 

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