La noche que inicia el embate al conocimiento

Fernando Paludi

Fernando Paludi

Redactor at Corriendo La Voz
Casi sociólogo, Menottista y musicalizador ocasional. Redactor en #CorriendoLaVoz
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Hace 51 años, cientos de profesores y estudiantes de la Universidad de Buenos Aires fueron duramente reprimidos mientras se los desalojaba de las facultades que habían tomado en protesta por la intervención de la universidad. Este suceso fue conocido como la Noche de los Bastones Largos, es difícil tomar la verdadera dimensión del acontecimiento y hasta podemos establecer que el daño que produjeron a la ciencia, la cultura y el desarrollo argentino tiene consecuencias en la actualidad.

El 28 de junio de 1966, Arturo Umberto Illia, presidente de la Nación, fue derrocado por un golpe de estado liderado por el general Juan Carlos Onganía. El 29 de julio de 1966, un mes después, el gobierno de facto decidió terminar con la autonomía y el cogobierno universitario que habían permitido uno de los períodos más fructíferos de la Universidad Argentina. La determinación fue a través de la sanción de la Ley 16.912, que establecía la intervención de las universidades; anulaba el gobierno tripartito universitario de docentes, estudiantes y graduados, subordinándose las autoridades de las ocho universidades nacionales al Ministerio de Educación que, a su vez, fue convertido en una secretaría dependiente del Ministerio del Interior.

Al mismo tiempo, les dio a los decanos la oportunidad de que continuaran en sus cargos con la condición de que anularan el estatuto universitario. El rector de la UBA, Hilario Fernández Long, y las autoridades de Exactas, Rolando García y Sadosky, se opusieron. En exactas, los estudiantes y docentes tomaron los edificios. Lo mismo sucedió en Filosofía y Letras, Ingeniería y Arquitectura y Urbanismo. Numerosos estudiantes protestaron en todo el país. A modo de represalia, esa misma noche la policía cercó varias facultades, no se tolerarían protestas o acciones del movimiento universitario. La policía Federal irrumpió a caballo en la UBA, tomando por asalto la institución y ordenando a los estudiantes y a los docentes que la desalojaran; golpeando con indiscriminada ferocidad contra los desobedientes y finalmente, detuvieron a estudiantes, profesores e investigadores.

La Noche de los Bastones Largos significó la puesta en práctica por parte de la dictadura de un modelo neocorporativista que tenía su base ideológica en el integrismo católico, que critica fuertemente a la doctrina social de la iglesia, además de temer por la propagación de las ideas marxistas. Esta disciplina se desarrolló fuertemente en varios países europeos en un contexto de guerra fría y tuvo su máxima expresión con el franquismo español. En Argentina, podemos calificarlo como Nacionalismo Católico. El propio Alejandro Lanusse, presidente de facto entre 1971 y 1973, en su obra “Mi Testimonio reconoce que Onganía “adopta el modelo de Franco contra los civiles”. El nuevo gobierno de facto veía a las universidades como un foco de actividad marxista por lo que había que actuar inmediatamente e imponer la autoridad por encima de la ciencia.

La Doctrina de Seguridad Nacional fue la expresión de este modelo ultraconservador que se extendió por todo el entramado de la sociedad. El proyecto de Onganía, concebido como una intervención de largo plazo pretendía abolir la política para reorganizar la sociedad, se inscribía en el contexto de la Guerra Fría y la confrontación que de ella derivaba contra la infiltración marxista antipatria y anticristiana. Había que alinearse con Estados Unidos dejando de lado la centralidad del nacionalismo económico.

Uno de los efectos más visibles e inmediatos de La Noche de los Bastones Largos, fue el masivo éxodo de docentes e investigadores de primer nivel de la Universidad de Buenos Aires. En agosto de 1966, renunciaron muchos de los docentes de Ciencias Exactas y otros del resto de las facultades. Entre las renuncias y los expulsados suman 1.378, es indudable que el año 1966 dejó su huella en la historia de las universidades nacionales.

Una parte importante de estos profesionales debió emigrar, eran algunos de nuestros mejores científicos. Entre ellos Risieri Frondizi, Rolando García, Manuel Sadosky, Sergio Bagú, Gregorio Klimovsky, David Jacovkis, Tulio Halperín Donghi, Telma Reca, Mariana Weissmann y tantos otros.

Esta consecuencia tiene un resonancia trascendental en lo que refiere al desarrollo de nuestro país ya que provocó la ruptura de un proceso de producción de conocimiento y de formación de profesionales y científicos consignados para fortificar un evolución autónoma, sólidamente vinculado a las necesidades de las mayorías. En esos años se habían creado las carreras de Psicología y Sociología, el Instituto de Cálculo y el CONICET, además EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires) había lanzado al mercado casi once millones de libros. Debemos marcar este momento como el inicio del fuerte deterioro que sufrió el sistema educativo y científico-tecnológico. Esta embestida a la educación y la investigación académica fue profundizada durante los tiempos dictatoriales iniciados en 1976 y tuvieron su momento de mayor arremetida en épocas democráticas neo-liberales cuando mandaban a “lavar los platos”  a los científicos poniendo en evidencia que no plasmaban ningún rol en el modelo de sociedad que los que gobernaban en la década ´90 querían construir.

El proyecto de Onganía bajo una cortina propagandística dibujaba dos posturas antagónicas con sombría precisión: de un lado el integrismo moral católico y por otro la influencia marxista que había penetrado los claustros académicos. El onganiato venía a devolver la fe, la confianza y el orgullo y lo iba a realizar a través de la represión a universidades y obreros, de la censura artística y de la destrucción de laboratorios y bibliotecas universitarias junto con la quema de grandes obras literarias. El modelo de Ongania, que era el bastión de la moral, va a estallar por los aires con el Cordobazo, en junio de 1969, esta revuelta que surge en Córdoba pone de manifiesto que el gobierno militar había fracasado en lo que debería estar mejor preparado: mantener el orden social. Una vez más el poder del sector trabajador pudo hacer caer un movimiento oscurantista.

La noche de los Bastones Largos fue el inicio de la denominada “fuga de cerebros”, como volvió a suceder con la dictadura de los 70´ y como se repitió con el ataque producido desde el gobierno neo-liberal de Carlos Menem en los 90´. Tres momentos cumbres en la ofensiva contra la excelencia académica. Las universidades públicas no recuperaron jamás la calidad académico-científica ni la gravitación social que habían alcanzado.

 

 

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