La loca, la santa y el desafío de encontrarse a pesar de la Historia

Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

Desde hace varias semanas, está en cartel la obra Estrategia de la luz, dirigida por el prestigioso actor y director peruano Alberto Isola. Una historia con dos protagonistas, Juana “la loca” y Santa Teresa de Ávila, encarnadas de forma excepcional por Teresita Galimany y Laura D’Anna. Un encuentro imaginario entre la reina y la monja en el que subyace la fuerza de las voces que, desde el encierro y la soledad, trascendieron en la Historia.

Escribe Isola: “¿Cuál es la «estrategia de la luz» de la que habla Adriana? Lo primero que me viene a la mente son los versos de una canción de Leonard Cohen: “There is a crack in everything / That´s how the light gets in”. “Hay una grieta en todo / Y por allí entra la luz.” Como metáfora, la luz, para el encuentro y abrazo entre dos mujeres. Tal vez esta metáfora se cruce con el deseo de Alberto, Teresita y Laura, de homenajear a la autora de la obra, la gran actriz y dramaturga uruguaya Adriana Genta, fallecida en 2017. De ella, del texto y la experiencia de este trabajo escénico hablan en la siguiente entrevista para Corriendo la voz, las dos actrices y el director.

Laura D´Anna, Alberto Isola, Teresita Galimany, actrices y director / Foto Soledad Ianni

¿Cómo les llegó este texto, este cruce de dos mujeres tan importantes?

TERESITA GALIMANY: La obra es de Adriana Genta, una compañera nuestra de muchos años que murió hace un par de años. Y esta es la última obra que ella escribió. Siempre le estaba dando el último arreglo, la estaba ajustando. Había ido a Perú para el estreno de otra obra con Alberto. Adriana enferma y, bueno, como ellos habían estado conversando en Perú sobre esta obra, un día él me escribe y me dice: “qué te parece si hacemos Estrategia de la luz, la última obra de Adriana.” Y a partir de ahí, se fue armando el equipo. Le dijimos a Carlos Ianni que podía ser un proyecto entre Perú y Argentina y que Iberescena nos diera una mano con eso. El coreógrafo también es de afuera y se fue armando así, a raíz de esta invitación de Alberto, en realidad.

ALBERTO ISOLA: Es una linda obra, Adriana es una persona muy querida y, de alguna manera, es un homenaje a ella. Eso lo hace más importante todavía.

¿Cuándo viste que el texto podía llevarse a escena y dijiste, es este?

AI: A mí me fascinó desde el comienzo la mirada sobre estas dos mujeres, que son dos mujeres históricas de las que se ha escrito mucho. Me fascinaba cómo ellas llevan al final algo que Adriana llama la fe, la luz, y que para mí es la solidaridad. Entonces me gustó mucho eso. Me pareció, además, sin jalarlo de los pelos, muy contemporáneo. Y eso es lo que más me atrae. Cómo estas dos personas, tan distintas, tan particulares, y al mismo tiempo tan parecidas, porque eran dos mujeres, con muchas dificultades en las sociedades de la época, se llegan a comprender y abrazar. El abrazo final es una imagen maravillosa. Creo que dice algo de lo que yo sigo creyendo a pesar de todo, que es que la única posibilidad real que tenemos somos nosotros mismos.

Como un asidero en nosotros mismos…

AI: Exacto, exacto. Porque uno se pregunta, ¿a qué nos vamos a aferrar hoy en día?, y yo siempre pienso que a los demás. Jean Paul Sartre decía que el infierno son los otros. Sí, pero también el cielo. ¡Las dos cosas!

Y la posibilidad del trayecto entre uno y otro.

AI: ¡Exacto…! hay un trayecto hacia el encuentro. Al comienzo parece imposible. Es más, todo está dado para que no se dé. Es demasiado. Son demasiado distintas, hay mucha desconfianza de parte de una. Hay una cierta soberbia de parte de la otra y, entonces, lo apasionante de la obra es como eso se va quebrando y al final llegamos a donde llegamos. Además, lo interesante, es que Adriana me habló de esta obra por primera vez en un convento, en Lima, donde hicimos Estrella negra, que es una obra de ella y participó del festival. Las funciones se daban en el claustro de un convento. Y en el jardín de ese claustro ella me contó sobre la obra y me pareció increíble. Me dijo simplemente, estoy escribiendo sobre esto. Y hoy, ahora, nosotros, estamos aquí.

¿Ustedes conocían el texto, o sabían que ella trabajaba en este texto?

TG: Yo creo que había leído una primera versión hace unos años. Al que conocía era a Alberto. De mucho tiempo atrás, de Venezuela. Yo vivía allí y él fue mi primer director. Entonces seguimos en contacto y por eso es que me pregunta. Y por la relación que tenía con Adriana.

Claro…

TG: Se armó un poco así, ganas de un homenaje a ella y ganas de volver a reunirnos. Y la posibilidad de Iberescena que nos permitió hacer una producción así entre los dos países, Argentina y Perú.

Y cuando decidieron hacerla, ¿cómo fue el proceso de ensayo, investigación?

LAURA D’ANNA: Yo me enteré de esto en diciembre e inmediatamente fue empezar a trabajar. Mi relación con Teresita viene de hace muchos años y mi relación con el CELCIT también porque es como mi casa. Me formé acá con Juan Carlos Gené y Verónica Oddó. Mi encuentro con el texto fue en diciembre y fue empezar a leer, porque, claro, son personajes reales, de la Historia. Entonces, te han llegado cosas de estos personajes pero lo primero a lo que te agarrás es a la Historia. Después empezás a ver películas, después empezás a leer libros y después… ¡empezás a estudiar el texto!

TG: ¡No quería acotar, ni interrumpir!, pero después empezás a estudiar la letra…

De hecho era una de las preguntas, si conocían a los personajes, a las figuras reales antes de los personajes de la obra…

LDA: Sí, claro, y eso a veces te juega en contra porque son monstruos, son muy grandes y están como muy imponentes…

TG: Muy instalados…

LDA: Y muy relacionados con la sabiduría, la mujer literata del Siglo de Oro español, la Santa, en el caso de Juana…

TG: ¡La Loca!

¡Claaaaaro!, toda la construcción sobre su locura… ¿A vos Alberto, te interesaban desde antes del texto de Adriana?

AI: Te confieso que Juana no. Porque uno la ve como un cliché, cosa que la obra destruye completamente. Inclusive las películas, hacen lo mismo. Teresa siempre me había interesado, porque además una de sus frases es uno de mis mantras, cuando dice “nada de turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza”, esa frase, que siempre vuelve a mí.

Impecable… en cambio Juana…

AI: …yo creo que la Historia ha sido más justa o más gentil con Teresa que con Juana. Esta imagen de “la loca”. La loca por pasión. Y después te das cuenta lo que Adriana muestra, que el tema de la locura es mucho más complejo. Que además es una locura que, indudablemente, se acrecienta con la situación en la que vive, cuarenta años encerrada. Creo que lo fascinante de la obra es que la mayoría de nosotros llega a Juana como Teresa llega a Juana. No sabemos, y nos preguntamos por el personaje. Creo que el primer día les canté una cancioncita infantil limeña que era mi única imagen de Juana, te la voy a cantar, es terrible: Juana la loca / tiene una toca / llena de caca / para tu boca

TG: Me acuerdo…

AI: Esa era la imagen. Y Juana “la loca” para mí siempre fue eso, es alucinante. ¡Es una cosa que cantan los niños! Decía qué curioso, de dónde viene eso.

Actrices en escena / Foto Soledad Ianni

Creo que acá no queda ni huella de Juana…

AI: Es una cancioncita de niños y yo la cantaba también. Una imagen muy violenta.

LDA: Pero mirá, mi mamá me hablaba de Juana “la loca”. Es hija de catalanes y me hablaba con cierto romanticismo de Juana. Entonces, mi mamá, sumisa, madre de cinco hijos, enamoradísima de su marido y que se llama Dora Juana. Ella tenía el discurso de la sometida, como que Juana era una bandera silenciada.

TG: Y una más de las mujeres encerradas de por vida, prácticamente, para sacarla del medio.

AI: Exacto, claro…

Y eso que mencionaba Laura es tan importante. Cómo lo que parece silenciado tiene una dimensión más profunda que subyace, que a veces son voces que están gritando, como dice Galeano, y que en la vida cotidiana sí se escuchan entre mujeres, aunque no se escucha desde afuera, ¿no? Aunque no tenga el reconocimiento del afuera, público, pero que son historias de las vidas cotidianas que de alguna forma sí reconocemos. Y que han gestado grandes subversiones y resistencias.

AI: Absolutamente, y eso pasa en la obra. Hay un momento hacia el final donde Juana le dice a Teresa: “monjita, esa es mi historia.” Hablan de lo mismo. Yo nunca más hablé con Adriana sobre la obra pero me da la sensación de que eso era lo que más le importaba. Esta capacidad de trascender las limitaciones, los prejuicios y realmente mirarnos y creo que en ese sentido la obra es absolutamente contemporánea.

Además está el relato oficial y luego la apropiación que se hizo desde, por ejemplo, las narrativas feministas. Difícil acercase a la historia de estas mujeres con todas las interpretaciones y reescrituras que se hicieron sobre ellas desde diferentes posiciones ideológicas y teóricas…

TG: ¡Claro!, porque vos leés a Juana, pero lo mismo pasa con Teresa, leés la Historia oficial y es una cosa, leés la escrita por mujeres y es otra mirada, más abierta sobre el poder y el encierro de la mujer, la estigmatización. El famoso empoderamiento que se le negaba por el cual termina encerrada. Bueno, con todo eso vas haciendo de esos dos caminos de lectura e investigación, vas haciendo tu combo.

LDA: Sí, y de alguna manera Teresa se autoencierra, elige el matrimonio por conveniencia de la religión para zafar del otro programado para la mujer de ese momento. Entonces puede leer todos los libros, un libro nuevo. Si no leía todos los días un libro le faltaba algo, podía escribir y podía, sobre todo, que creo que es la singularidad de Teresa, tener esa consciencia introspectiva. Esto de autoexigirse escribir todos los días su discurrir de la consciencia. Inspirada en San Agustín, incitada por su confesor, lo que sea. Nos da como un reflejo muy vivo, muy interesante de una… ¡como un Hamlet!, tal vez, de una mina que se está cuestionando todo el tiempo. Y hay una sinceridad…

Y que abre esa otra dimensión que no sólo se trata de encierro y estigmatización sino de libertad en su escritura que nos importa hasta hoy, trascendió.

LDA: Igual acá se encuentran…

TG: …en la vida real nunca se encontraron de verdad. Coexisten en el tiempo pero Teresa era mucho más joven y Juana ya está en el final de su vida cuando Adriana Genta ficcionaliza ese encuentro.

Claro, y ustedes luego tienen que olvidarse de esa historia real y apropiarse del texto y construir el personaje…

TG: Y construir este encuentro…

LDA: …eso es lo más difícil, ese es el desafío…

Y a partir de ahí, ¿qué personajes construyen?, ¿quiénes son esta Teresa y Juana que presentan?

TG: No sé, yo eso no lo definiría. De verdad, es como… Yo como actriz trato de aproximarme, es una mezcla de lo que me fue quedando, lo que investigué, descubrí y de lo que mi sensibilidad acompaña de eso. También de lo que el director ve y te va pidiendo, de lo que el texto da. Yo creo que fue una genialidad de Adriana producir un encuentro entre estas dos mujeres y que en el escenario pasa algo, que es la gente la que define los personajes. Yo por lo menos no la defino. Creo que con las funciones voy sabiendo más cómo es, quién es, pero ahí, en este encuentro con Teresa, en las circunstancias de la obra. Porque yo te puedo decir, bueno, es una mujer encerrada, muy preocupada por sus hijos, que fue perdiendo la razón, para mí, por el mismo encierro. Pero me parece que nada de eso va a definir quién es este personaje. Que es mucho más grande que lo que nosotras podamos llegar a representar. Muy compleja. Juana es muy compleja, tiene muchas aristas. Tiene delirios, un amor inmenso por sus hijos y esta cosa de que nunca los ha visto a todos juntos, se los quitaron a todos. Cosas muy crueles, mucho maltrato. ¿Qué va quedando de todo eso al final de la vida?

¿Te resuena en el presente todo eso?

TG: Me resuena, sí. Creo que sabemos que el maltrato hacia la mujer, el quitarle poder, el no dejarla hacer tal cosa u otra. En algún punto no son dos mujeres tan alejadas, en algún punto son dos mujeres muy modernas. Representan la problemática de las mujeres hoy y quizás de todos los tiempos. Pero hoy hay una lucha muy abierta.

Y tal vez una consciencia para leerlas, para mirarlas.

TG: Sí, se las mira desde otro lugar.

¿A vos con Santa Teresa te pasa lo que comentaba ella sobre la escena y cómo se van a ir resolviendo los personajes?

LDA: Sí, yo creo que lo desafiante es eso que te decía antes, pasar al cuerpo todo esto que sabemos con la cabeza. O que va dando vueltas y de alguna manera te presiona, te define, te incita, bajar al cuerpo pero, además, como lo escribió Adriana es un encuentro. Y ese encuentro tiene que suceder. Y es de una impotencia atroz lo que le pasa a Teresa, que viene con toda su santidad y todo su discurso, con toda su alianza con dios y no lo puede transmitir.

Claro…

LDA: Entonces todos los días es una lucha, cada ensayo. Cada función. Yo creo que la grandeza de la obra es que va más allá del encuentro entre dos mujeres, es el encuentro de dos universos diferentes. Que piensan distinto. Que tienen concepciones de la vida distintas.

TG: Y que empezamos desde lugares muy distantes. La obra trata de llevarnos a algún territorio común que es lo que creemos que es la estrategia de la luz. Esa posibilidad de llegar a algún lugar, de conducirnos hacia ese encuentro.

Alberto Isola, Laura D´Anna, Teresita Galimany, en el CELCIT / Foto Soledad Ianni

¿Qué tipo de encuentro?

TG: Yo creo que Adriana, por cómo era ella, tenía una enorme necesidad de unir lo místico, lo divino, con lo corporal, lo terrenal, la pasión. El misticismo era muy importante para Adriana. Era una persona muy apasionada, de convicciones muy fuertes y un sentido de justicia muy fuerte. Pero además con una corporalidad seria, una encarnadura muy firme. Entonces estos dos aspectos de ella, lo religioso, ella tenía una fe… No religiosa, dogmática, pero era conocedora, tenía fe profunda. Creo que fue la persona de más fe verdadera que yo conocí en mi vida. Yo creo que ella quería unir esto en ella.

Una osadía unir la carne con la fe, es realmente una insolencia, por lo tanto es una campaña dificilísima…

AI: Además es una de las características más importantes de Teresa…

LDA: No por nada es Teresa de Jesús, su nombre. Ella toma lo más carnal.

AI: Lo vuelve, al mismo tiempo, todo muy concreto. Era alguien que fundó conventos, que caminaba por todos lados, que tenía una mirada no aristocrática de la Iglesia sino todo lo contrario.

Hoy tendría Instagram…

AI: ¡Por supuesto!

TG: ¡Peero la carne al asador la ponía Juana! Es mezcla, porque creo que si estuvieran en Teresa esos dos polos no habría obra. Porque tiene que unirse algo. Es casi ideal este misticismo teresiano tan sensual, sensible. Pero la otra pone los ovarios. Esa unión es clave.

Sobre esto que decís y volviendo un poco a lo que decía antes Laura sobre cómo Teresa de Ávila se apropia del cuerpo desde su nombre mismo al referir a Jesús.  Que es también una separación insalvable. Por un lado, la construcción histórica, poética y mística del cuerpo de Jesús y, por otro, su contradicción con el espíritu.  Esa división de la carne y el espíritu. Porque hablar de Dios es entrar en otro territorio, metafísico, se nos escapa, se fuga mucho más rápido, pero a Jesús lo podemos anclar y traerlo… Ahora estoy diciendo tonterías pero pienso en que tal vez fue una estrategia de Teresa para escribir, para abordar la escritura, una alianza con esa contradicción…

AI: Puede ser, sí. Además, su libro es…

LDA: El libro de la vida, lo tengo. Que es donde te decía de esas confesiones constantes que ella hace donde todo el tiempo se está poniendo en jaque a ella misma. Con una capacidad de introspección, de amarrarse a sí misma que es increíble. Por eso, no  en vano, es un exponente de la literatura.

Es ella también un personaje en su propia obra…

LDA: …exacto…

AI: Una de las contradicciones y una de las frases más lindas de la obra es un momento, cuando Juana dice: “a mí me llaman loca, y a ti te llaman loca pero igual te envían para convertirme, pero te llaman santa.” Es muy interesante esa mirada, ¿qué hubiera sido de Juana si no la hubieran encerrado, si hubiera tenido la posibilidad de acceder a cierta cosas? Pero cuarenta años… ¡la encerraron de por vida! Entonces es muy interesante esta mirada de una sobre la otra. Son dos mujeres sumamente inteligentes, dos personas difíciles también.

¿Qué es lo difícil?

AI: El contacto entre ellas, sólo cuando una deja de hablar, de alguna manera, con la cabeza y aparece el corazón y los ovarios, es que realmente la cosa… ¡Es bien interesante! y creo que por eso las eligió Adriana. Además, a nadie se le hubiera ocurrido una idea así.

LDA: Y también hay algo importante, se trata de una moribunda. Y se trata de alguien que está al lado de una moribunda. Y eso lo vivimos todos, todo el tiempo. Y entonces hay momentos muy reconocibles, desde el olor, hasta el hartazgo, la bronca, caprichos.

El encuentro es el objetivo que tienen en común, de alguna forma, como un destino o llegada y no tanto un punto de partida, tal vez…

TG: Exacto…

AI: El abrazo…

LDA: Esa es la estrategia de la luz. Alguien dijo que era la estrategia del afecto.

TG: Sí, también.

LDA: Lindo fue eso…

Teresita Galimany como Juana «la loca», Laura D’Anna, como Teresa de Ávila / Foto Soledad Ianni

 

Ficha técnica:
Dramaturgia: Adriana Genta
Elenco: Laura D´Anna, Teresita Galimany
Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo
Iluminación: Soledad Ianni
Música original: Osvaldo Aguilar
Coreografía: Franklin Dávalos
Producción ejecutiva en Buenos Aires: Mercedes Kreser
Producción ejecutiva en Lima: Juan Carlos Adriánzen
Producción ejecutiva: Carlos Ianni
PrensaOctavia Comunicación
Asistencia de dirección: Andrea Albano
Dirección: Alberto Isola
Duración: 70 min

Funciones: sábados, 20 hs.
Lugar: CELCIT (Moreno 431, CABA)
Entradas: $350 general | $250 estudiantes, jubilados, docentes | $150 invitación especial | 2×1 club La Nación, Escena Club, Clarín 365
Informes: 4342-1026

 

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