La doble cara de los Juegos Olímpicos

Florencia Bueno

Campana ( Bs As), estudiante de Comunicación Social. Feminista. Hincha de River y feliz de ver a Messi. Cerati es la banda sonora de mi vida.
Florencia Bueno

Las transmisiones y coberturas que se están dando en Río de Janeiro por estos días muestran Copacabana, el Maracaná, la Villa Olímpica y  la innumerable cantidad de turistas que llegaron para disfrutar del evento a nivel deportivo más importante del mundo. Pero mientras las cámaras apuntan a la fiesta de Río queda oculta la otra cara, las favelas, las protestas, el hambre y la pobreza. La realidad del otro Brasil que persiste luego de que la euforia olímpica finalice.

Existen 750 favelas en la ciudad de Río de Janeiro y según el último censo viven en total unas 11 millones de personas, casi el 20% de la población carioca. La más conocida es el morro Rocinha, habitan casi 500 mil ciudadanos. Está ubicada en Gavea, que curiosamente es una de las zonas más ricas de la ciudad.

El alcalde  de Río reveló qué se gastaron en la organización de  estos juegos 12.733 millones de dólares entre infraestructura propia para las competencias, trasporte y reformas para la zona turística de la ciudad. En cambio, lejos de invertir también para mejorar las partes más carenciadas de Río redoblaron las fuerzas de seguridad en las zonas aledañas para evitar robos a los turistas.

Pese a que los asentamientos en los barrios pobres de Brasil  no pasen desapercibidos fácilmente debido a su gran tamaño, la alcaldía de Río ordenó cubrir lo que sea visible con carteleras de imágenes de los JJ OO. Lo feo hay que ocultarlo, eso es mucho más sencillo que generar políticas públicas para mejorar la calidad de vida de los brasileños.  Lo fundamental para la organización gubernamental de los juegos es que los turistas y los medios queden encantados con la belleza de las playas y no consternados por el alto nivel de marginalidad que sufre gran parte de la población.

El narcotráfico es un problema central que sufren las personas que habitan allí, es que por su estructura irregular las favelas son un ambiente propicio para las organizaciones ilegales. La inseguridad es uno de los temas principales que preocupaba a los organizadores del evento, por ello aumentaron considerablemente la fuerzas de seguridad, pero aun así en un lugar donde existe un nivel desigual tan amplio estos hechos son casi inevitables. Aún más con la sombra del narcotráfico detrás, dentro de las favelas pero también fuera, lavando el dinero de la droga en estos eventos de convocatoria masiva. Los robos estilo piraña, el trabajo infantil y la explotación sexual representan los males mayores a los que se ven sometidas  las personas de bajos recursos.

También se pueden ver a las afueras de los estadios, las protestas que se están llevando a cabo en las calles de Brasil. Bajo el lema “Fora Temer” los manifestantes se convocan para reclamar contra la destitución que sufrió Dilma Rousseff . Por este motivo el Comité Olímpico decidió  sancionar con la expulsión del evento a todo aquel que mostrara carteles con mensajes alusivos a Temer, o a cualquier protesta política.

También se hacen extensivas las marchas que ya se vieron durante el Mundial de Fútbol en el año 2014, debido al alto índice de desempleo y la falta de oportunidades para los jóvenes. Con los ojos del mundo puestos en Rio cada protesta cobra un papel fundamental porque su notoriedad es mucho mayor. La organización de dos eventos deportivos tan importantes de forma consecutiva es una apuesta muy alta para Brasil. aún más teniendo en cuenta que muchas de las construcciones que se hicieron no van a ser rentables para seguir manteniendo luego del 21 de agosto cuando las olimpiadas finalicen y deberán buscar  alternativas de uso, como sucedió con muchas canchas que se construyeron para el mundial.

Lejos de querer establecer qué inversión es gasto, es cierto que existen prioridades pero darse el lujo de gastar más de 10 millones de dólares para ser sede de los juegos olímpicos cuando hay gente que vive en condiciones muy precarias no demuestra un serio interés del Estado en generar políticas de inclusión.

Comenta

Print Friendly, PDF & Email