Bianca Coleffi

Estudiante de Historia y Comunicación Social. Colabora en Corriendo La Voz y Rock and Ball.
Bianca Coleffi

En la semana de la Salud mental, la desmanicomización sigue siendo una de las reivindicaciones más fuertes que hace el campo de la salud. El histórico hospital psiquiátrico Melchor Romero de la ciudad de La Plata es uno de los ejemplos más brutales de las consecuencias del abandono del Estado y de la necesidad de la efectiva aplicación de la Ley de Salud Mental.

En la localidad de Romero, ubicada a 40 km de la capital provincial, sobre la calle 520 se encuentra el Hospital Alejandro Korn. Se divide en dos mitades conectadas a través de un puente peatonal: de un lado, el Hospital General, y del otro, el Servicio de Atención en Crisis (SAC). El edificio, construido en 1884, entrega una impresión de abandono no solo por los años que carga encima, sino también por las malas condiciones edilicias en las que se encuentra. Detrás del edificio, se extiende un descampado con árboles y pabellones enrejados donde, hasta hace poco, las personas del hospital eran encerradas.

Uno de los sectores más grandes del hospital, que lleva el popular nombre de “manicomio”, alberga alrededor de 500 usuarios con padecimientos mentales. Éste, a su vez, está compuesto por diferentes salas que trabajan casos particulares. A medida que une se acerca al sector del neuropsiquiátrico, el deterioro se descubre a simple vista: paredes manchadas, variedad de insectos que recorren los pisos, ventanas rotas, camas a punto de romperse, y poco abrigo para dormir por las noches.

– Poné agua para el mate Carlito – le grita uno al otro cuando vé que se dirige hacia la cocina
Traé yerba que acá no queda más.
– ¿Me prestas un poquito de yerba?– le dice el primero, a uno que está a su lado en la mesa.
El otro no emite sonido y con la mano le pone la yerba al frente de su cara.
– Gracias. 

Antes, las horas para tomar mate eran restringidas, y gracias a la propuesta de uno de los movimientos que interviene en los derechos humanos de los pacientes del hospital, se resolvió que puedan tomar mate en horarios extendidos. Casi que cuando deseen”, dijo una de las enfermeras.

Desde hace unos años, varios organismos por los derechos humanos, movimientos y organizaciones, han puesto el foco en el Hospital, dando cuenta la falta de recursos y el abandono por parte del Estado, que lejos de mejorar la situación de los y las pacientes, empeora.

Un informe de la Comisión Provincial Por la Memoria (CPM) denuncia las “malas condiciones edilicias, falta de agua potable y calefacción, mala alimentación, pocos recursos humanos y falta de actividades terapéuticas como talleres, educación y deportes”. A partir de una demanda colectiva iniciada por el Movimiento por la Desmanicomización en Romero (MDR), el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la CPM, en el 2014 la justicia ordenó la intervención del hospital, determinando que: “se constató la ausencia de procesos de rehabilitación, la situación de abandono de las personas internadas, la inexistencia de privacidad, la deficiencia de controles externos eficaces que garanticen sus derechos” e hizo especial mención a “las prácticas que pueden constituir trato cruel, inhumano o degradante, como la sujeción física (ataduras), el aislamiento y el uso abusivo de la medicación con fines de control social”.

El 18 de abril del 2018, salió en varios medios locales que un paciente internado en la sala Penfield del hospital de Romero había amanecido dentro de un pozo en el patio del hospital. El señor, de más de 70 años, sufría de una incapacidad visual y demencia.

En 2019 el Estado argentino reconoció violaciones a los derechos humanos en el hospital, y a partir de ahí, y luego de las grandes discusiones que trajo la nueva Ley de Salud Mental N°26.657 sancionada y promulgada en el 2010, el Ministerio de Salud de la provincia se comprometió a cerrar los manicomios para el año 2020. Según integrantes del MDR, tal cosa no será posible dada la ausencia de presupuesto para garantizar dispositivos comunitarios que reemplacen al manicomio.

Dicha ley surgió como una herramienta para asegurar los derechos de las personas internadas.  La misma prevé el cierre definitivo de los manicomios, el reemplazo por dispositivos comunitarios, el abordaje interdisciplinario y la atención de salud mental en cualquier hospital general. Pero a casi 10 años de sancionada, su aplicación es escasa. 

“Hoy ese presupuesto no existe, ni tampoco un plan de externación. Lo que intentarán cerrar es el ingreso del lugar para no recibir nuevos internos”, aseguró Astor Llanos, integrante del MDR.

Las violaciones a los derechos humanos son una práctica frecuente: las prácticas de abuso y violencia hacia los internos en la institución son sistemáticas, y la falta de insumos es preocupante. La suma de estos factores arrojan una tasa de mortalidad dentro del hospital siete veces mayor que en el resto de los hospitales públicos de la provincia. “La historia de los manicomios es la historia de las torturas, de una forma muy invisibilizada. Acá vienen a parar los locos y los pobres, la peor condena de éste mundo”, nombró Astor citando a Basaglia.

Las pequeñas resistencias

Mientras los pacientes deambulan por la sala, las personas con ambo azul se camuflan entre ellos. Sumergidos en la rutina cotidiana, se encuentran los y las trabajadoras del neuropsiquiátrico de Romero: enfermeres, médiques, psicólogues, trabajadores y trabajadoras sociales y acompañantes terapéutiques. Algunes más que otres en la rutina diaria, pero todes componen el cuerpo de trabajadores de la salud dentro del hospital.

Varios de elles entienden de manera diferente a la salud mental y cómo abordarla, gracias a la formación en cada una de sus disciplinas. La medicina tradicional viene de la mano de una excesiva contención mecánica (atar al paciente), la sobremedicalización y violencia física, a fines del control o del castigo. Las corrientes más modernas no niegan el uso de la medicalización como parte del tratamiento, pero sólo como un instrumento más que debe ser moderado y bien diagnosticado, evitando cualquier tipo de exceso. Al igual que la contención mecánica, que sigue existiendo: se trata de que sea en casos de suma violencia o alteración del paciente, como en momentos de crisis.

Las prácticas violentas ejercidas por parte de los profesionales hacia los pacientes también son parte de la vulneración de derechos en el hospital. “Lejos de juzgar o apuntar con el dedo, es necesario incorporar el contexto de encierro, las condiciones laborales, y la propia violencia que existe en todos esos espacios, en donde les trabajadores de allí no están exentos. El contexto manicomial deja expuestas a las personas a vulnerar derechos”, dijo una de las trabajadoras del sector de Atención en Crisis.

Esas prácticas fueron cambiando a medida que entraron nuevas generaciones de trabajadores. Antes el concepto era bastante carcelario. El enfermero de la noche era un guardiacárcel prácticamente. Había rejas por todos lados. Ahora fueron apareciendo formas diferentes de atención. Desde hace unos siete años que el cuerpo profesional comenzó a renovarse”, añadieron desde el SAC.

El crecimiento en humanización de las prácticas dentro del hospital ha crecido. Se trata de nuevas generaciones de profesionales, con perspectivas más humanas en su formación. También añaden que la apertura a la interdisciplinariedad en el campo de la salud mental, ha permitido que haya más trabajadores sociales, acompañantes terapéutiques y psicólogues, con formaciones menos ortodoxas y tradicionales como trabajadores del área de la medicina y la psiquiatría.

No hay salud pública en manos del neoliberalismo

El 26 de agosto del 2019 se realizó la sexta marcha por el Derecho a la Salud Mental. Una de sus principales reivindicaciones era la desmanicomización. Se denunciaron las prácticas de expulsión y abandono, la ausencia casi total de dispositivos sustitutivos, la ausencia de acompañamiento de las personas externadas, el ajuste presupuestario y  la continua precarización de las condiciones de trabajo que generaron las políticas de gobierno durante los últimos años.

La marcha, que tendrá su continuidad el 18 de octubre de éste año, seguirá reclamando por “Puentes que tiendan procesos hacia la comunidad, hacia un sistema integrado de salud mental y hacia una Salud Mental de la Dignidad”.

La comunidad de la salud mental repudia la degradación a secretaría del Ministerio de Salud nacional, el paquete de medidas de ajuste que ha tomado el actual gobierno en materia de salud y el recorte del 8,1% en el presupuesto de 2019 en comparación con el del 2018 (que ya había sufrido recortes),

Todo en un contexto de pobreza, hambre y desocupación; de crisis económica, de políticas de ajustes y restricción de los derechos humanos, una crisis que también es política, ambiental y cultural. Un contexto marcado por un saqueo planificado que ha generado desigualdades, exclusiones y empeoramiento de las condiciones generales de vida de la sociedad. Con evidentes efectos en la salud mental de las mayorías”, detalla  el comunicado oficial.

No hace falta buscar mucho para ver los ejemplos de abandono, violencia y precarización estatal que existen en materia de salud dentro de la provincia de Buenos Aires. Sin irse muy lejos, el Hospital de Melchor Romero expone de la manera más brutal las consecuencias del abandono del Estado y la marginalidad, y la necesidad de la Ley de Salud Mental. Para eso, es necesario discutir qué modelo de país hay que construir, aunque queda claro, que bajo las manos del neoliberalismo, ningún hospital público podrá alejarse mucho de la realidad del Neuropsiquiatrico de Romero.

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