La acción psicológica, dimensión oculta de la dictadura

Andrea Beltramo

Orillera y desobediente | Migrante feminista especializada en piononos | Curadora de artes mutantes, demasiado pragmática y amante de las entrevistas.
Andrea Beltramo

La editorial Tinta Limón acaba de publicar el libro La acción psicológica. Dictadura, inteligencia y gobierno de las emociones 1955 – 1981, una investigación de Julia Risler. La presentación oficial de este trabajo se realizó en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) en el marco de las actividades por el próximo 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La autora estuvo acompañada por Norma Ríos, presidenta de APDH, la historiadora y archivista Mariana Nazar y la reconocida investigadora Flavia Costa. Corriendo la voz estuvo presente y entrevistó a Julia Risler con la intención de profundizar en el valor de un trabajo de investigación de archivo tan importante acerca de las operaciones y estrategias ideológicas de las Fuerzas Armadas para incidir en la conducta social.

Fuente UBA

Julia Risler es doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), docente y comunicadora. Además, es miembro de Iconoclasistas, un espacio de experimentación, recursos libres y talleres, orientado a la investigación colaborativa. La investigación que llevó a cabo, y que hoy es el libro del cual hablará en la siguiente entrevista, se desarrolló entre 2009 y 2013 a partir de una beca doctoral de la UBA y en el marco de un grupo de investigación dirigida por Ana Longoni, a quien la autora agradeció por su entrega y por ser pilar en el proceso de trabajo.

Acerquémonos al proceso, ¿tu trabajo se centró especialmente en el análisis de materiales de archivos oficiales?

Sí, la investigación se basa en la construcción de un acervo documental muy amplio, desde propagandas que fui recolectando, relevando en distintas bibliotecas, en la hemeroteca del Congreso, en la Biblioteca Nacional, en archivos privados y en un archivo propio que fui armando a partir de mi interés por comprar ciertas revistas que me llamaban la atención.

El eje para organizar el archivo es una creación tuya, que no se había investigado todavía.

Claro, fue un proceso que fue surgiendo, primero el interés fue por la propaganda, y a partir de ir buscando empiezo a ver una sincronía de slogans, de palabras, no solamente en la propaganda oficial sino también en las campañas de propaganda privada, en las propagandas comerciales. Solicitadas que sacaban, por ejemplo. Eso, después, tiene que ver con hechos históricos que estaban aconteciendo en esos momentos, el discurso de Videla, nueva política pública y, bueno, me cruzo con un artículo de un colega y ahí mencionan que existía un departamento de acción psicológica. Fue mi primer contacto con este término y a partir de ahí empecé a tirar un poco más la cuerda, buscar en los archivos, primero en los archivos de derechos humanos, para buscar información, documentos oficiales, sobre todo militares. Memoria abierta, el Instituto para la Memoria, el Archivo Nacional de la Memoria, tenían distintos tipos de documentos bastante dispersos que fui consiguiendo, algunas órdenes de operaciones, informes de inteligencia, algunos planes de comunicación.

¿De qué período estamos hablando?

Del ’76 al ’83, era el período que yo estaba investigando en ese momento. Yo empecé la investigación en 2009, y en el año 2010 sale la desclasificación de los archivos de las Fuerzas Armadas, entonces, presenté una nota en el Ministerio de Defensa que giró a cada una de las fuerzas, pidiendo material sobre esto. Y hubo distintas reacciones, lo cuento un poco en la introducción del libro, el que realmente me proveyó la información fue el Ejército, que me mandó un CD a mi casa con todos los reglamentos. Información oficial, no me mandó nada secreto, obviamente. Pero a partir esos reglamentos tenía más información sobre la acción psicológica, vi el reglamento de operaciones subversivas, adiestramientos en áreas rurales y urbanas, me hicieron todo un imaginario de términos acerca de cómo concebían por un lado, la llamada lucha contra la subversión, y por el otro, cómo se construía la población y la figura del enemigo. Fundamentalmente eso es lo que relevé en los documentos y luego, en contacto con una abogada que estaba participando de juicios de lesa humanidad, también en las webs de organismos oficiales, ministerio de justicia, los alegatos y buena parte de las declaraciones, bueno, a ese material también accedí y la reconstrucción de ese organigrama de acción psicológica fue a partir de un montón de cruces de datos.

Claro, un entretejido…

Sí, y por eso la investigación tiene dos partes: una dimensión más oculta que fue reconstruir este organigrama que era la acción psicológica, que era realizado de forma sistemática y a nivel nacional y reconstruir qué dependencias estaban, quiénes eran los personajes, qué tipo de técnicas utilizaban, por dónde se desplazaban y leer los pasos a seguir hasta llegar al objetivo final que era la elaboración de este plan de comunicación; y una dimensión o aspecto más visible que es la propaganda, que es la principal técnica de la acción psicológica. En el libro es el último capítulo y ahí tenía mucho material e intenté organizarlo.

¿Material gráfico o de televisión y radio también?

Televisión mucho menor lo que vi. Sí, accedí a lo audiovisual pero mucho menos, entonces focalicé en lo gráfico.

La incidencia de la tele no era como la de hoy en la vida cotidiana…

Igual la tele estaba levantando su presencia pero me interesaban sobre todo los periódicos de tirada masiva y las revistas como Gente, Siete Días, Para ti, estas revistas, para ver ahí qué era lo que aparecía y por el tipo de consumo que generan esos medios. Así fue cómo se desarrolló la investigación.

¿Y con qué te encontraste?

A mí lo que más me sorprendió fue, primero, la formación teórica que tenía fundamentalmente este cuadro del Ejército que fue el Coronel Poli (Jorge Heriberto), el ideólogo de la acción psicológica, de la doctrina local, en realidad, porque fue una doctrina que si bien tiene esta formación local, la influencia en Argentina es primero en los años ‘50 del ejército francés, la doctrina de guerra revolucionaria, y luego en los ‘60 del ejército norteamericano, con la doctrina de seguridad nacional. Entonces, estaba influenciado por los dos pero él mismo dice que tomó de las dos doctrinas diferentes cosas pero le interesaba construir una doctrina local porque nuestra realidad era diferente.

¿Dónde tiene esos testimonios?

Él tiene tres libros, el primero de 1958, La acción psicológica, arma de paz y de guerra, porque entiende que es una técnica que se utiliza siempre, de hecho es una técnica histórica de todos los ejércitos. Históricamente han hecho acción psicológica pero en relación al ejército enemigo. La novedad que se plantea acá, el hallazgo, es cómo una técnica, a partir de un cambio en la hipótesis de guerra y de conflicto de las Fuerzas Armadas que pasan de interpretar el conflicto en las fronteras a interpretarlo al interior del país, el enemigo está mezclado entre nosotros, entonces, ¿cómo combatir a un enemigo mezclado entre los habitantes que realiza, sobre todo, una lucha ideológica? Por la imposición de normas, de valores, de comportamientos, que quieren cambiar la religión, todos presupuestos que ellos tenían.

Sería la construcción del enemigo interno y, a su vez, unos discursos que influenciaban y construían en otro sentido hacia lo que no debería ser.

Exacto, y hay algo interesante en relación a eso al momento del golpe.  En los momentos previos al golpe hay reglamentos donde yo voy viendo cómo cambia la figura de la población al interior de los reglamentos del ejército. Esos son los reglamentos que yo trabajé. Por ejemplo, al momento del golpe la definición del enemigo era tan amplia y ambigua que decía: “es enemigo todo aquel que altere el orden”. O sea, cualquiera. Por eso yo me agarro a esta figura nodal del orden para poder trabajar el tema de las propagandas, ¿el orden en relación a qué?, a la familia, al rol de la juventud, en relación de la exaltación del rol de las Fuerzas Armadas, de la nacionalidad, los valores. Entones, hallo que el aporte que hace la investigación viene en ese sentido, el interés que tenía el régimen militar por conocer lo que pensaba la población, a través de los sondeos y encuestas y poder tejer estrategias de consenso. ¿Cómo es crear el consenso de la población a la manera en que lo hace el régimen democrático? Bueno, igual.  El régimen autoritario también, para permanecer, necesita del consenso, de la participación de la población, necesita de la adhesión de la población, y esta cuestión de los sondeos y encuestas era un tema que casi no estaba trabajado. Se sospechaba, O’Donnell, el historiador, en un temprano artículo, menciona la existencia de unas encuestas, de unos sondeos, pero nunca se había encontrado ese material, y ese material está en el archivo BANADE (Banco Nacional de Desarrollo) que está en el Archivo Nacional de la Memoria. Ahí hay, sobre todo, encuestas de los años del período Viola.

Mire este video en Youtube.

¿Se reconocen trazos de esa forma de acción psicológica en el presente?

Primero pensemos que estamos en un régimen democrático, más allá de quién gobierne. La estrategia de acción psicológica se nutrió de teorías de la comunicación y teorías del marketing y la comunicación política y teorías de psicología social. Todas teorías que, dentro del marketing y el management y de todo lo que tiene que ver con las campañas para construir un político y cuidar su imagen, están muy presentes. Quizás lo que es diferente es el tipo de herramientas que se utilizan ahora, se maneja mucho el tema del Big Data. A mí una cosa que me parece muy interesante, además del uso del Big Data donde nosotros como ciudadanos brindamos espontáneamente nuestros datos y, sobre este material, ver cómo segmentar, a qué tipo de público dirigir determinada campaña, o ese tipo de cosas que, son cosas que no me sorprenden porque realmente son herramientas del marketing político que siempre existieron y se van cada vez sofisticando más. Sí es importante el tema del uso de la inteligencia. Ahora con lo que salió con este muchacho D’Alessio y el problema con Stornelli se evidencia cómo continúan trabajando estos aparatos, de forma orgánica e inorgánica, para construir causas o juicios a partir de apretar a ciertos personajes. Es un laburo de inteligencia clandestino. Por ejemplo, en la dictadura, el análisis de la información era clave. Realmente ellos recopilaban mucha información, sobre todo analizando los medios de comunicación, con unas planillas muy puntuales sobre qué se dijo sobre la Junta Militar, qué se dijo sobre Videla, sobre el Ministerio de Economía, qué se dijo del Ministerio de Cultura, Educación, etc. Estaba todo segmentado, opiniones favorables y desfavorables.

¿A nivel nacional e internacional?

Yo lo que tengo es a nivel de los medios de comunicación en Buenos Aires que eran periódicos que llegaban a todo el país. Ahí no figuran periódicos del interior, y sé que todo lo que tenía que ver con lo internacional estaba a cargo de Cancillería, el Centro Piloto de París, todo ese tipo de cosas, pero la Secretaría de Información Pública, junto a la ex SIDE, y la Subsecretaría dentro del Ministerio del Interior eran las encargadas de las publicaciones y todo lo que era análisis de teatro, espectáculos públicos, los sondeos y las encuestas. Eran dos grandes flujos de información que se analizaban y a partir de los cuales se construían los informes de situación psicosocial, así lo llamaban ellos que era, bueno, cómo estaba el ánimo de la población en relación a la economía, a la cultura, la Junta, el PEN, o sobre distintos personajes. En base a esos informes se elaboraban planes de comunicación que podían incluir campañas, ciertas políticas a nivel comunicacional, campañas de propaganda, o cursos sobre determinadas cosas, que vaya alguien a dar una conferencia o que vaya al colegio tal, tal persona, a dar una charla. Eran este tipo de acciones que llamaban “acciones recomendadas” y tenía que ver mucho con lo comunicacional.

¿Y cómo se vinculaban con el ámbito privado, cómo llegaba esto a afectar las estrategias de propaganda de empresas del sector privado?

Lo que yo relevé, específicamente al ámbito civil, tiene que ver con la coordinación que tenían con algunas agencias de investigación de mercado y agencias de publicidad. Las de mercado proveían todo lo que era material analítico sobre lo social y las campañas de propaganda que hicieron muchas de las agencias publicitarias que hoy están vigentes, incluso asociaciones, como el Consejo Publicitario Argentina, iban muy en la sintonía de ciertos eslóganes o presupuestos, frases, ideas o valores que salían desde la usina de la Junta y el Poder Ejecutivo Nacional. Ahí es muy claro el vínculo. Conozco a otros colegas que han trabajado el vínculo con la parte económica, con la parte política, pero yo me aboco específicamente a la parte comunicacional, porque lo que me interesa es la incidencia que tuvo en la opinión pública, la preocupación que había por controlar esa opinión pública y cuáles fueron las herramientas que desplegaron sobre ella para intentar conducirla.

¿El trabajo de campo que realizaste utiliza metodologías sobre las emociones de las personas?

No, para nada, y en parte porque yo no hago un análisis de efectos, yo no voy a la sociedad a entrevistar e intentar rastrear o analizar qué huellas, qué marcas, qué pasó ahí, no hago ese tipo de análisis. Yo me centralicé en el régimen militar, a mí me interesó ver cómo pensaban ellos desde la documentación oficial, cómo la venían planeando, de qué manera se organizaron, pero esto que vos mencionás si es muy interesante para pensar el efecto, porque todas las organizaciones que estaban en relación a la sociedad, las teorías comunicacionales que manejaban eran muy funcionalistas, imaginate, ya pensar que se puede conducir, modelar, regular el comportamiento, las actitudes, los valores, como si fuera fácil hacerlo y no hubiera del otro lado seres con libre albedrío, con capacidad crítica o con capacidad de supervivencia, con una cantidad de estrategias que ni siquiera estaban muy visibles para los militares. También habría que pensar en eso, la ambigüedad de la sociedad civil en relación a todo lo que estaba pensando.

¿Pensás que este libro puede abrir otras investigaciones en este sentido, que puedan servirse de este material y abrir otras derivas a partir de tu trabajo?  

Obviamente que es mi idea y por eso cuando finalicé mi tesis de doctorado doné el archivo al CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas), para que quede disponible para el público en general y también para que otros investigadores que tomen la posta puedan seguir trabajando y profundizando líneas que yo no pude, no tuve tiempo, ganas o posibilidades y, realmente, hay un material muy rico que merece ser trabajado con mayor detalle. Sí, mi idea es que se siga ampliando.

Un archivo como una zona de memoria viva, colectiva…

Incluso como aporte a los juicios que se están llevando adelante y que permiten pensar también esta otra dimensión. Yo insisto mucho en que si bien la dimensión represiva fue gravísima y merece ser recontra enjuiciada, trabajada y visibilizada, y es lo que se está haciendo realmente. Esta otra dimensión que es más la pata colaborativa, pero también esta mirada sobre lo social, yo creo que puede aportar herramientas para profundizar o problematizar un poco más cuál era el rol del régimen, que no era solamente matar, encerrar, desaparecer, torturar, sino que también era una idea de modelar o remodelar a la sociedad.

El presente y algunas lecturas posibles del libro

Desde la Editorial presentaron el libro con una amorosas palabras y una invitación a pensar que “el patrimonio de un libro no es únicamente el objeto, no es únicamente la investigación, sino que siempre es una discusión que ponemos sobre la mesa en la sociedad y, en este sentido, decir que para nosotros es muy importante que el libro abra un diálogo social. Y que el libro sea un instrumento en los juicios para seguir entendiendo los roles civiles en la dictadura. Entonces, un libro más que un objeto fetiche es una herramienta para que jueces, fiscales y toda la sociedad sigan encontrando argumentos fuertes en el camino de la Memoria, la Verdad y la Justicia.”

Norma Ríos participó de la presentación hablando desde su experiencia de haber vivido la dictadura y dijo: “no es lo mismo lo que le puede pasar a un joven nacido pos dictadura que a los que la vivimos, para algunos puede ser un excelente material de estudio pero para mí, especialmente, fue de alguna manera recorrer los días, o el día a día, de una época que aún perdura en treinta mil compañeros desaparecidos y con hijos y nietos robados por el Terrorismo de Estado. Fue un momento de conmoción, el libro me emocionó, me enseñó y me ayudó a ubicar algunas cuestiones de la dictadura y que, de alguna manera, gracias a aquellos que pueden poner en papel estos trabajos impresionantes de investigación, empezamos a ver qué nos pasó, por qué nos pasó todo eso que vivimos.”

Desde su saber en tanto historiadora y su experiencia en el oficio de archivista, Mariana Nazar destacó algunas cuestiones del libro que le llamaron la atención como la idea de empezar a estudiar las dimensiones productivas de la dictadura. “Una cosa que me llamó fuertemente la atención del libro fue esta idea de empezar a estudiar las dimensiones productivas de la dictadura, me pareció interesantísimo esto de pensar la gestión de la vida, qué políticas se habían dado en relación a esto y la propaganda, toda la lectura acerca del sistema de la propaganda me dio mucho escalofrío de ponerlo en la actualidad, es escalofriante leer el libro y pensar qué está pasando hoy con las políticas públicas que se dan al respecto», puntualizó.

Nazar fue convocada especialmente para profundizar y llevar a discusión cómo se vinculan las políticas de la memoria con la organización y valor de los archivos oficiales. En este sentido, su posición fue crítica: “en las políticas de memoria no incluyeron la necesidad de gestionar los archivos en base a los criterios propios de la disciplina para asegurar que esos archivos quedaran preservados a largo plazo. Por eso digo que una de las experiencias más exitosas fue la del Ministerio de Defensa, que aún hoy, se sostiene, muy raquíticamente porque el recorte fue feroz, pero aún se sostiene la normativa y las personas que habitan esas normativas».

Además, la historiadora sentenció que en materia de archivo nuestro país es «un desastre». » Los expedientes de niños que han sido entregados al Consejo Nacional del Menor y la Familia, por ejemplo, las historias clínicas de las personas hospitalizadas, los prontuarios policiales, los legajos del servicio penitenciario, toda la documentación está muy maltratada. Vivimos en un Estado que tiene graves problemas en materia de preservación de sus archivos y de acceso a los mismos. En ese sentido, estas políticas de memoria, que hicieron posible un montón de cosas en materia de investigación están asentadas en una ausencia total de política integral en materia archivística, sumada a la escasísima difusión de la disciplina archivística, que prácticamente no existe y no está reconocida la profesión. Entonces solemos encontrarnos con gente de muy buena voluntad pero que muchas veces, por la buena voluntad que tienen terminan distorsionando esos archivos en el tratamiento. Yo a eso le llamo la instrumentalización de los archivos. Los archivos cumplen una triple función social, no sólo sirven para darle información a un historiador sobre las batallas de Belgrano y de San Martín, sino que preservan posibles fuentes para la historia, pero también, preservan la memoria de las instituciones productoras sin las cuales no podrían funcionar. Pero fundamentalmente, los archivos preservan documentos que sirven como garantía en el ejercicio de derechos. Cuando el tratamiento de esos archivos está ordenado por una sola de estas perspectivas, lo que se hace es que se instrumentaliza, se ordena el archivo en función de un solo uso y se pierden las posibilidades de los otros.”

En su intervención, la investigadora Flavia Costa, reflexionó sobre el interés que tuvieron las Fuerzas Armadas, no sólo de reprimir y perseguir, sino de modelar la conducta social, incidir en ella. Al respecto, explicó: “la dimensión productiva del poder no sólo produce objetos sino, sobre todo, subjetivaciones, formas de vida. El trabajo de Julia fue mostrar que esa producción fue sistemática. Fue un sistema que abarcó lo que para nosotros, hoy, no es imaginable en su totalidad, es decir, ¿cuán totalizador fue ese intento? Desde el punto de vista de la política, pero también de la economía, en la dimensión cultural pero también en las formas de vida moral de las personas». En esta línea, Costa añadió: «En la medida que la población pasa a ser no sólo un objeto de gobierno sino también un sujeto de derechos al que hay que conquistar, bueno, hay que sugestionarla para que haga tal o cual cosa. Va junto con la democratización la idea, desde el poder, de que eso tiene que ser de alguna manera moldeado, conducido. Gobierno es justamente esa idea, la conducción de conducta.”

“¿Qué es lo que podemos ver en relación a este tratamiento de los archivos en el libro de Julia?”, pregunta Mariana Nazar. “Julia trabaja con toda una serie de puentes, documentaciones y publicaciones, con toda la parte de prensa de la sociedad civil habiendo recorrido hemerotecas, por ejemplo, pero la contrapartida de esas representaciones son todos esos reglamentos a los que ella puede acceder que dan cuenta de una lógica de un funcionamiento institucional que es espejo de esas propagandas, y ahí es donde ella nos ilumina con el horror de cómo estaba pensado políticamente este control social y cómo se iba implementando. Todo este acceso a esta normativa y documentación a Julia le permitió saber el funcionamiento de la idea acerca de cómo debían ser las cosas”.

 

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